Ya en la profunda soledad de cuatro paredes se encierra en dolor un alma destrozada, Uki jamás imaginó que de un momento a otro su vida dejaría de tener sentido. En su habitación acostada sobre la cama solo le queda llorar por el error que cometió horas atrás, repudiando sus sentimientos que le hicieron perder a ese ser especial.

Pero aunque odiara sus emociones tenía que tener en claro que de ellas depende, la felicidad que quería, la alegría. Más de todo el dolor que siente en su pecho, de todo ese mar turbulento surge a ella la imagen de su diosa Kohane, aquellos segundos instante el cual pudo verla superar su belleza y como magia guiada por las estrellas ella demostró querer saber sus verdaderos sentimientos.

¿Qué fue lo que hizo mal? Se pregunta una y otra vez

Creyó que Kohane quería lo mismo, incluso aun entre sus labios temblorosos por sollozos ahogados sigue sintiendo la calidez de aquel beso, no fue mentira, no era actuado, sus movimientos, su calor, el amor, ¿era eso real?. Debía de serlo, entonces ¿Por qué?

— Kohane… lo siento…

No logró atraparla luego de que Kohane huyera, no pudo contactar con ella, no respondió ninguno de sus correos.

— no me odies… por favor

Uki deseaba que aquello no fuera odio, todo menos eso.

— yo… yo no te odio

Uki abrió los ojos con sorpresa ante una respuesta que ella no esperaba escuchar, además de que se supone que estaba sola en su habitación. Lentamente y con los nervios surgiendo de su ser, se giró hacia la fuente de esa angelical voz. Su corazón se detuvo y su voz se perdió producto del impacto revelador.

— Solo… deseaba que fuera real… — Uki talló sus ojos limpiando lo empañado que estaban dudando de lo que veían en ese instante — quería pensar que no era mentira.

Kohane estaba ahí a un lado viéndola desmoronarse nuevamente, ella sin efecto no parecía estar muy bien pero de nada comparado con una Uki que se lanza a sus brazos y llora fuertemente ocultando su rostro en el delicado de Kohane. Kohane la abraza con fuerza mientras siente desprender unas pocas lágrimas que aflojan sus sentimientos.

— ¡lo siento lo siento! — grita en el llanto Uki queriendo devolverse al pasado

— Fue mi culpa — Uki reacciona dudando de seguir pero las disculpas de Kohane no la dejan entender bien — me gustas mucho...

Uki la mira fijamente con gran afán se detiene a pensar, pero en ella no encuentra las palabras que Kohane desea oír. Una vez más como hace horas, Kohane tímida y llorosa se le acerca cautelosa y en un segundo de sus besos queda prisionera.

— Estaba mal — dice ella alejándose y negando sus ojos — Uki yo… no pude resistirlo y caí en la tentación… yo… yo te amo

Uki no entiende lo que sucede ni lo que sucedió hace horas, pero eso no le importa y lo demuestra atacando a la chica frente a ella. Kohane la mira con temor pero rápidamente cambia su expresión a una que volvería loca Uki, la rubia cae en ese efecto y sonriéndole la besa con amor.

— ¡te amo Kohane!


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