D.o.t.E: ¡Lo sé! ¡Me querrán matar después de esta short story, pero fue inevitable para mí! ¡Lo supe, lo supe desde la primera vez que los vi en Inazuma Eleven Go…! A pesar de todas mis esperanzas que fuera cierto…simplemente tenía todo en mi contra, el universo, los derechos del creador, la lógica matemática…pero lo único que puedo decir ante eso…
¡A LA MIERDA TODOS!
Esta es mi historia y yo puedo jugar a Diosa en este espacio…por lo cual…
Antes de iniciar, he de decir que esta historia no tiene nada de romance. Es un especial navideño un tanto…diferente, y a pesar que mencionare brevemente algunas parejas, recalco, este fic no es de romance, es de familia.
Como dije antes, la lógica matemática está en mi contra por lo tanto para evitar tal contradicción, por el bien de esta historia y mi loca fantasía Shindou Takuto tiene 13 años (debido a que no encontré su edad en wiki) y el lapso de tiempo que hay entre Inazuma Eleven e Inazuma Eleven Go es de 15 años en vez de 10 años como originalmente es. Por lo tanto, Otonashi Haruna tiene 29 años (considerando que ella tiene 14 años en Inazuma Eleven).
Repito, esto NO es romance.
-.-.-.-.-.-.-.-
¡Ah, Navidad! Una época para celebrar las fiestas navideñas, reflexionar sobre el año que termina, estar con la familia y los amigos y comer y beber algo más de lo normal. Todo es alegría…todos menos para un joven chico de cabello ondulado castaño-gris y ojos color cafés. Navidad sin duda era la época más alegre que existe pero también la más estresante pues gracias al comercio en la sociedad, esta hermosa época donde uno demuestra el cariño y amor a sus seres queridos se basa en la cantidad y calidad de regalos que una persona ofrece y eso, para Shindou Takuto, era el infierno. Él no tenía mucho dinero (A/N: Obviamente ignoraremos que Shindou teóricamente hablando, es multimillonario en la serie) y estas eran las épocas donde los precios incrementaban el doble, triple y hasta cuádruple (A/N: Lastimosamente así es en mi país T-T). Este año estaba decidido a comprarle algo lindo a su amada madre, Otonashi Haruna (OoO). Ella siempre daba su mayor esfuerzo para darle lo mejor a él, consiguió tres empleos con el fin de que él aprendiera a tocar el piano, noches enteras desvelándose llevando tres turnos para poder celebrar su cumpleaños o días enteros en los cuales ella hacia lo imposible con tal de llegar a sus recitales o eventos escolares. No importaba que tan dura fuera la situación, ella siempre estaba ahí para él, dándole todo el apoyo y amor que una madre le puede dar a su hijo.
Siempre daba todo de sí misma y no obtenía nada a cambio…pero este año será diferente. Takuto logro conseguir un permiso especial para poder trabajar de medio tiempo, todo con tal de ahorrar lo suficiente para poder comprarle algo muy bonito a su madre. Gracias a su tío Yuuto, él no debía de preocuparse por los gastos escolares o medicamentos. Sabía que su tío, al igual que su madre, estaría dispuesto a dar todo por él pero Takuto no se sentía del todo cómodo con la idea de pedirle más favores a su tío. Lo amaba, su tío Yuuto fue aquel gran héroe que le enseño a jugar soccer, a ser el genio del campo considerado "Kami no Takuto"…ama a su tío con locura pero sentía que estaba dependiendo mucho de él, y ahora que su madre enfermo, la idea de pedirle algo más a su tío quien pagaba los gastos médicos de su madre, era inaceptable. Es tiempo de entrar al mundo de los adultos.
Corría como pudo hasta el "Maid Café," donde Kirino lo esperaba. La nieve caía y el frio golpeaba su cuerpo entero a pesar de estar usando una vieja chaqueta. –Tal vez debería comprar una chaqueta nueva también…- pensó el estratega de Raimon, suspirando y agregando a su lista de gastos otra cosa más. Ser pobre realmente es difícil. -¡Kirino, lamento la demora…fui a visitar a Oka-sama antes de venir y me entretuve…-" trato de explicar el de cabellos ondulados a su amigo, quien acostumbrado a la tardanza de s mejor amigo, simplemente le sonrió y ordeno un chocolate caliente para ambos.
-Cálmate, entiendo todo…mejor siéntate y relájate, dentro de poco tendremos que ir al centro comercial a encontrarnos con los demás.- sugirió Kirino. Antes de las vacaciones navideñas, el equipo de soccer de Raimon decidió organizar una salida al centro comercial con el fin de pasar tiempo entre amigos y ayudar a los demás a comprar regalos para sus seres queridos. Esta era la oportunidad perfecta para Takuto, quien a pesar de ser un gran estratega en el campo y un gran economista (siendo el único capaz de comprar toda la comida para dos meses a base de cupones y ahorrar más de 1200 yenes) en el momento de comprar algo con el fin de regalarlo…bueno, simplemente él no serbia. -¿Y? ¿Qué tal sigue Otonashi-sensei?- pregunto Kirino.
-Bien, el doctor dice que el tratamiento ha avanzado de maravilla y que dentro de poco le darán de alta.- dijo con alegría Takuto, sonriendo a más no poder, pensando que por fin su madre regresaría a casa. Cuando llego aquel día a su pequeño apartamento, a Takuto casi le da un ataque al corazón cuando vio a su madre tirada en el suelo con la respiración agitada e inconsciente. Lo primero que hizo fue llamar a su tío, quien ni en dos segundos estaba golpeando su puerta con la ambulancia esperando afuera por ella. Resulta que su madre escondía una enfermedad cardiaca llamada miocarditis que consiste en una infección, de la cual el sistema inmunitario del cuerpo produce células especiales para combatir la enfermedad. Si la infección afecta el corazón, las células que combaten la enfermedad entran al corazón. Sin embargo, los químicos producidos por estas células también pueden dañar el músculo cardíaco. Como resultado, el corazón se torna grueso, inflamado y débil. Nadie supo el como ella contrajo el virus que la afecto, pero según el doctor eso era lo de menos. Ahora su madre debe de tomar varios medicamentos altamente costosos y reposar lo más que pueda. Que le dijeran que ella estaría bien eran las mejores noticias que Shindou pudo recibir en todo el año, incluso ganándole a la beca completa que gano para ir a Alemania a estudiar música.
-Me alegro por ti. Realmente nos hace falta que regrese Otonashi-sensei…Mikado-sensei es muy estricto y está completamente loco.- dijo Kirino en un suspiro, recordando a su maestro suplente que siempre lo fulminaba, diciendo que era muy afeminado y que debía de hacerse un corte de cabello.
-Mikado-sensei no es tan malo…-trato de decir Takuto, pero la sola mirada fulminante de Kirino lo callo. Si algo era conocido del de cabellos rosados es que NADIE se podía meter con su cabello.
Kirino Ranmaru era el mejor amigo de Shindou Takuto, desde pequeños ambos jugaban en el campo siendo guiados y enseñados por Kidou Yuuto, el legendario estratega de Inazuma Jipan, por lo tanto, el de coletas sabia la situación actual en la cual su mejor amigo estaba ahora era muy dura. Cuando Takuto lo llamo avisándole lo que había pasado en su casa, él no dudo ni dos segundos en darle hospedaje en su casa. Era una pena realmente la situación, Otonashi-sensei era la mujer más dulce y cariñosa del mundo y que pasara por todo lo que ha pasado era muy difícil de creer.
–Bueno, creo que será mejor irnos pronto, de lo contrario Tema convencerá a los demás de jugar soccer…-dijo el de cabellos rosados, pensando en cómo era posible que uno de primer año tan inocente como Tema lograra ser tan manipulador.
Ambos chicos caminaron juntos, hablando de cualquier trivialidad que se les ocurriera, siempre evitando temas como dinero. Se tardaron unos cuantos minutos cuando divisaron a todo el equipo y a algunos extras más, como Minamisawa que estaba alado de un sonrojado Kurama, o a Taiyou quien hablaba animadamente con Tema o a un Yuuichi, quien miraba con una sonrisa burlona a su hermano menor quien mataba con la mirada a Hakuryuu quien hablaba tranquilamente con Fudou Alice. -¡Shindou-kun!- llamo una chica de largos cabellos castaños y ojos negros como la noche, saludándolo desde la distancia con una sonrisa de niña pequeña.
-Ya cálmate,- le dijo Alice fulminando a su amiga de la infancia. La quería pero sus actitudes de niña pequeña la sofocaban de sobremanera.
-¡Alice-chan, eres malas!- le reclamo en un puchero digno de una pequeña de cinco años. La rubia suspiro cansada. ¿Cómo era posible que esta chica se mantuviera igual de infantil? -¡Vamos Kirino-kun, Shindou-kun, apresúrense o se llevaran las mejores cosas!-
-Ya vamos, ya vamos.- respondió Kirino a su lado con una sonrisa. Aquella chica nunca cambiaba. Una vez que el capitán y el defensa estuvieran con ellos, todos caminaron hacia adentro, cada uno opinando donde debería ser la primera tienda que visitar o preguntando que deberían comprar. Takuto estaba perdido en sus pensamientos, haciendo cálculos y preguntándose que podría comprarle a su madre que fuera igual de especial y bello. No tenía mucho dinero pero estaba determinado a encontrar algo especial para su madre. Este detalle no pasó desapercibida por ciertos ojos verdes.
-.-.-.-.-.-.-.-
-¡WOW! ¡Esto ha sido muy divertido!- exclamo Yuuka desde su asiento. Pasaron horas y horas comprando, buscando tiendas y eligiendo regalos "perfectos", todos decidieron tomar un pequeño descanso e ir al lugar de comidas para comer algo, ya era las tres de la tarde y todos morían de hambre. -¡Deberíamos hacer esto más seguido!-
-¡NO!- gritaron todos de golpe, asustando a la chica. A pesar que todos admitirían que si fue divertido pasar tiempo con amigos, novios o lo que fueran que fueran, la idea de perseguir a la loca morena amante de las compras, quien hemos de decir es muy rápida y escabullida, no era del todo agradable. Hubo un momento en el cual Alice tuvo que atar a Yuuka de la muñeca con esposas para evitar que esta saliera corriendo atrás de otra oferta de ropa.
-Malos…-susurro en un puchero, mirando a todos con unos ojos tiernamente fulminantes. -¿Ne, Takuto-kun, que has comprado?- pregunto, sus ojos negros brillando por la curiosidad de saber que compro su mejor amigo. Takuto, al escuchar la pregunta, solo aparto la mirada decepcionado. ¿Qué podría decir? No ha comprado nada aun, todo lo que vio era muy caro y no lo suficientemente especial para su madre.
-Aún no he comprado algo.- dijo, tratando de sonar normal. No era ningún secreto que él era pobre y tampoco es algo que Shindou Takuto sintiera vergüenza alguna, pero tampoco era algo que quería que se comentara por todos los rincones. Lo último que necesitaba era la lastima de sus compañeros de equipo.
-¡No te preocupes, nosotros te ayudaremos a elegir el mejor regalo para Otonashi-sensei!- lo alentó Sangoku con una sonrisa, siendo apoyados rápidamente por todos los demás. Otonashi-sensei era la maestra más amada del instituto, asique no era raro que todos quisieran ayudarlo.
-Minna… ¡Gracias!- dijo con alegría.
-¡Bien, vamos!- grito Yuuka, levantando el puño al aire como si en un partido estuviera.
-¡SI!- gritaron los demás.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
-Al final, no logre encontrar algo para Oka-sama…-dijo Takuto, un aura depresiva a su alrededor. Ya era de noche y aun no tenía nada especial para su madre. Quería llorar de la frustración. ¿Cómo era posible que fuera tan malo incluso para encontrar algo para su propia madre? ¡No lo comprendía! –Quería darle algo especial a Oka-sama…pero al final no pude encontrar algo…-
Horas y horas más buscaron pero no encontraron mucho que convenciera al estratega y lo poco que si lo convenció, era demasiado caro, algo que obviamente él no podría pagar, por lo cual tuvo que recurrir a sus aparentemente talentos como actor y fingir que no le gusto y no era suficientemente bueno para su madre. -¿Qué hare ahora?...- se preguntó. Eran las 7 de la noche, aún tenía dos horas antes de ir al hospital para pasar navidad con su madre. Naturalmente esto esta rotundamente prohibido, pero gracias a Fuyuka-san, él consiguió un permiso especial. Estaba vencido y cansado, tanto que opto por sentarse en un banco cerca del parque, tratando de distraerse y calmar sus emociones…algo que le estaba resultando muy inútil ya que las lágrimas siempre se estaban haciendo paso sin permiso. –Lo lamento Oka-sama…yo…-
-Eh… ¿Qué te ha pasado querido?- pregunto una voz suave y cálida de la nada. Takuto, al buscar la voz, observo a una anciana de cabellos blancos atados en moño y de suaves ojos color negro. Vestía una camisa de cuello de tortuga morada y un simple chaleco color crema, su sonrisa era suave y alentadora, como la de su madre. -¿Acaso alguien ha roto tu corazón?- pregunto de la nada, confundiendo al joven mientras este observaba como la mujer se acercaba a su lado y tomaba asiento, nunca dejando su linda sonrisa. –Escuchare todos tus problemas si a ti no te molesta hablar con una anciana como yo. No lo parezco, pero tengo mucha experiencia con el amor.-
Takuto, al escuchar esas palabras le sonrió de la misma manera. Había algo en esta señora que lo calmaba y le hacía pensar que él será capaz de lograr todo. –Arigaou…pero no es algo que le preocupe a usted, Oba-sama…-
-Bueno, si es algo que no me preocupa, entonces no debe de haber algún problema si me lo cuentas ¿no?- pregunto la mujer con experiencia.
-Tiene un buen punto…-respondió el pianista. –Yo…Mi familia es pobre y mi madre…ella siempre ha estado a mi lado, sin importar que tan feas o difíciles se pusieran las cosas, ella siempre ha logrado animarme y sacarme adelante con su sonrisa y determinación…ella ahora está enferma y…a veces me pregunto si hubiera sido mejor para ella si yo no hubiera nacido…-dijo el chico. Una vez que abrió su boca, las palabras ni las lágrimas dejaron de salir.
-¿Te estas culpando por la enfermedad de tu madre?- Pregunto la mujer sorprendida por las palabras del joven.
-¡No es solo eso!- soltó Takuto de golpe, dejando que años y años de preocupaciones, culpa y baja auto-estima salieran al final. –Si no fuera por mí, Oka-sama estaría con sus padres en un hogar cálido y alegre, ella no hubiera sufrido toda la discriminación de ser una madre joven, ella no tendría que trabajar tres veces más que los demás, ella podría ver a Yuuto Jii-sama sin problema alguno…todo por mi culpa…-las lágrimas ahora salían sin cesar. –Ni siquiera puedo comprarle algo a Oka-sama…yo…-Trataba nunca pensar en ello, siempre manteniendo sus horribles pensamientos ocultos, pero habían momentos que aquello lo perseguía…Nunca se lo conto a su madre o tío, pero hubo un día en el que por casualidades de la vida se encontró con sus abuelos, o lo que deberían haber sido sus abuelos…aquel odio, discriminación, frialdad y asco que vio en sus ojos lo marco para siempre, aquellas horrorosas palabras estaban escritas en su mente de manera permanente.
-Mmm… ¿Si piensas así, eso significa que huiras de tu casa?- pregunto la mujer con delicadeza, sorprendiendo a Takuto.
-¡No puedo hacer eso! ¡Amo a Oka-sama!- aseguro sin pensarlo dos veces Takuto. –Además…si me voy, Oka-sama estaría completamente sola y triste…-
-¿Sabes? Estoy segura que a tu madre no le importa el dolor y la soledad que enfrento todo este tiempo, ni que ella te ha culpado…pero en el muy improbable caso que ella te haya culpado por algo…el corazón de una madre es un abismo profundo en cuyo fondo siempre encontrarás el perdón - le dijo la anciana viendo directamente a Takuto, como tratando de trasmitirle esa calidez y felicidad que ella misma cargaba consigo.
-Ya veo…yo…yo quiero ser alguien que pueda apoyarla en todos los momentos, justo como ella lo ha hecho conmigo…-dijo Takuto mas para sí mismo que para la mujer, las lágrimas por fin deteniéndose y una sonrisa naciendo en su rostro. –Pero…ni siquiera soy capaz de encontrar algo para ella…-
-No hay regalo de parte de un hijo que una madre no aprecie.- le aseguro la mujer con la sonrisa mientras le daba una cuantas palmaditas en la muñeca a Takuto. Esta mujer debía de ser un ángel en carne y hueso. Bueno, por eso el dicho dice: "Mas sabe el diablo por viejo que por diablo,". –Sea lo que sea que le regales, estoy segura que tu madre lo amara porque eres tú quien se lo da.-
-Creo que tiene razón…-dijo Takuto sonriendo, sintiendo como el mismo amor y determinación que tuvo hace meses nacía una vez más. Todo por su madre.
-Esfuérzate.- Animo la misteriosa mujer mientras se levantaba y decía –Bueno, he pasado mi descanso hablando con un gran chico, creo que continuare con mi camino, adiós.- para luego salir caminando.
-D…Disculpe,- detuvo rápidamente Takuto. –Muchas gracias, Oba-sama…-
-Todo está bien.- dijo y siguió su camino con una sonrisa.
-.-.-.-.-.-.-.-
-¡Buenas noches, Oka-sama!- llamo alegre Takuto, una sonrisa de oreja a oreja estaba en su rostro y sus ojos cafés brillaban con orgullo y satisfacción. ¡Por fin lo había logrado! Después de hablar con la mujer, de camino a su casa para traer unas cuantas cosas, paso por una tienda que juraba jamás había visto antes. Era una pequeña tienda de antigüedades, pero igual no importaba, la curiosidad le gano pues era muy tarde para que aun se mantuviera abierta y el pianista entro. Era vieja y estaba llena de polvo. ¿Cuánto tiempo habrá estado ahí? Tras ser atendido por un anciano de ojos grises con una sonrisa noble y cálida que le hizo recordar a la mujer que lo ayudo, Takuto siguió observando hasta que aquel bello objeto llamo su atención.
-¡Oh! Esa es una muy buena elección…estoy seguro que la persona estará encantada cuando lo reciba.- habían sido las palabras de aquel bondadoso señor. No sabía porque pero aquellos dos ancianos le trasmitían una paz y alegría que solo su madre lograba hacer. Tras pagarlo, y sorprenderse por lo barato que era, este corrió hasta el hospital, no importándole que su regalo estuviera envuelto o no. ¡Había encontrado el regalo perfecto!
-¡Takuto! ¿Cómo ha estado tu día?-pregunto Haruna con una sonrisa maternal, dejando alado un viejo libro que estaba leyendo hace poco. –Sabes que no tienes por qué estar aquí, puedes ir con tus amigos a celebrar navidad.- Le dijo, preocupada de poner tanta carga y preocupación a su hijo. Su hijo era y siempre será su mayor orgullo. Cuando supo que estaba en cinta, se asustó, no sabía qué hacer. Hablo con el que sería él padre, pero este solo les dio la espalda. Hablo con sus padres adoptivos, pero obtuvo el mismo resultado. Su hermano y amigos fueron su única salvación, pero lastimosamente eso tampoco duro. Después de todo, ellos también tenían vidas por separado y debían luchar por su propio futuro. Los primeros meses de vida de Takuto, ellos los pasaron en una habitación alquilada del hostal de Aki, y gracias a Hiroto, Midorikawa y los amigos de Sun Garden, ella pudo seguir estudiando mientras seguía su rol de madre. Con el tiempo y mucho esfuerzo, logro conseguir un trabajo estable en la escuela Raimon como maestra, dándole la oportunidad a Takuto de tener una mejor calidad de educación. Siempre estaría agradecida con todos ellos por su gran ayuda. –Lo lamento, siempre hago que te preocupes…-
-¿De qué hablas? ¡Navidad es para pasar en familia!- le reprocho Takuto como siempre lo hacía cada vez que ella decía algo que a él no le gustaba. –Todo está bien, con tal de estar alado de Oka-sama…-admitió con un sonrojo, ya que según el estratega, él ya estaba demasiado grande para actuar de esa manera. Tras esta reacción, Haruna rio como niña pequeña y con unos cuantos movimientos, le indico a su hijo que se acostara a su lado en aquella pequeña cama del hospital. No importa que edad tenga Takuto, para ella, él siempre será aquel tierno y frágil bebe. Esta, aun sonrojado, obedeció y se acomodó a su lado, recostando su cabeza en el hombro y sintiendo como los delicados dedos de su madre acariciaban de manera lenta su cabello. -¿Qué estabas leyendo?- pregunto al ver el pequeño libro.
-Es uno de mis libros favoritos…mis padres me lo regalaron cuando tenía cuatro años…-dijo con una sonrisa, tomando entre su mano el libro de portada vieja y maltratada. Se sorprendió por unos segundos para luego sonreír tiernamente al sentir el cuerpo de su hijo tensarse. Definitivamente este saco la actitud sobreprotectora de su hermano. –Tranquilo, hablo de mis padres biológicos…no recuerdo mucho de ellos, este debe de ser el único recuerdo que tengo de ellos.-
-¿Crees que si ellos estuvieran ahora…ellos me querían?- pregunto suavemente Takuto. Haruna lo miro por unos minutos, preguntando si aquellas palabras de su hijo venían como pregunta o como pensamiento.
-Estoy segura que te hubieran amado.- aseguro sin pensarlo Haruna, besando la cabeza de su hijo. –Donde quieran que estén, estoy segura que ellos estarían orgullosos de ti y te cuidan siempre en todas tus locuras.-
-¿Oka-sama…me podrías leer algo?- pregunto Takuto sonrojado, abrazando con un poco más de fuerza a Haruna, como si temiera que al despertar él estaría solo. Con una sonrisa, la mujer comenzó a leer mientras acariciaba los sedosos cabellos de su hijo tan similar a los de ella y a la vez tan diferente. El tiempo parecía haberse congelado porque cuando menos lo supieron madre e hijo, ya era media noche y afuera se escuchaban los fuegos artificiales que iluminaban el cielo y la gente gritar de alegría. -¡Feliz Navidad, Oka-sama!- le dijo Takuto, abrazando aún más a su madre.
-Feliz Navidad Takuto.- le respondió Haruna correspondiéndole el abrazo. Sip, siempre será su pequeño.
-¡Es cierto!- dijo de repente el pianista, saltando de golpe de la cama y buscando entre sus cosas algo. Haruna lo miraba divertido, era sorprendente ver como en las clases él suele ser tan puntual y serio, pero en el hogar es completamente diferente. -¡Aquí!- anuncio sacando a Haruna de sus pensamientos al ver como entre sus manos había una pequeña caja de madera. Confundida, tomo la pequeña caja entre sus manos y al abrirla, una suave y linda melodía comenzaba a sonar, dentro de la caja había una foto de una joven Haruna de 17 años con un pequeño bebe de apenas un año de edad, a su lado derecho Kidou, Kazemaru y Endou y a su izquierdo Aki, Goenji, Fubuki y Midorikawa, todos y cada uno sonriendo como si no hubiese un mañana. –Sé que no es mucho…pero al ver la caja y abrirla, recordé en Oka-sama y la canción que siempre me cantabas cuando tenía pesadillas…- explico apenado Takuto.
Haruna no sabía que decir. Se mordió levemente el labio, tratando de evitar que las lágrimas de felicidad y nostalgia salieran. Aquel regalo era simplemente hermoso. Muchas madres presumirán los regalos caros y sofisticados que sus hijos les compraron, pero ella sabía que ella tenía el mejor de todos los regalos. Ella tenía a un hermoso hijo que, estaba más que segura, busco por tierra y mar por algo especial para ella. –Takuto…yo…- y sin pensarlo mucho, se abalanzo a abrazar con todas sus fuerzas a su hijo amado. Este niño es la bendición más grande que Dios le pudo dar. –Te amo Takuto.-
-También te amo, Oka-sama…-respondió el pianista, correspondiendo el abrazo a su madre.
-¿Eh? ¿Y a mí no me amas? ¿Después de todo lo que hice por ti y ese mocoso mal agradecido?- pregunto una tercera voz muy conocida y amada por los dos presentes…aunque, no tanto por el joven. -¡Feliz navidad!- grito Midorikawa a los tres vientos, recibiendo un golpe fuerte por parte de Nagumo.
-Cállate, estas en un hospital.- le reclamo Suzuno, el esposo del hombre de cabellos rojos. –Suficiente tengo con tratar de controlar a este.- dijo apuntando a su esposo, quien lo miro con cara de ofendido.
-Feliz Navidad Haru-chan, Takuto-kun.- dijo educadamente Kazemaru. A decir verdad, estaba él también listo para lanzarse encima de su mejor amiga pero un muy amenazante Kidou y un celoso Endou les dejo en claro que no lo hiciera.
-¿Eh, asique Takuto-kun es un mama boy?- pregunto en burla Kurama, entrando alado de Minamisawa.
-C-Cállate.- respondió apenado Takuto. ¡Claro que él era un mama boy!...pero no era como que quería que el resto del equipo se diera cuenta.
-Feliz Navidad, Haruna-san.- dijo educadamente Alice, llegando alado de su hermano, Tsurugi y Yuuichi, todos con regalos presentes.
-¡Shindou-kun, Feliz Navidad!- grito Yuuka, lanzándose encima del pianista e ignorando la mirada fulminante que le tiraba su hermano. -¡Toma, mi regalo para ti!-
-¿Oye, no se supone que lo haríamos todos juntos?- pregunto Kurumada confundido, también sacando su regalo.
-¡Quiero comer helado!- dijeron Masaki y Midorikawa a la vez, para luego verse de manera fulminante entre ellos dos. Hiroto miro la escena con una gota en la cabeza…definitivamente su esposo e hijo adoptivo tenían una relación muy rara.
Entre risas e historias, todos celebraron la navidad, disfrutando la compañía de su muy rara pero especial familia. Todo alrededor de una suave melodía que sonaba, llenando el ambiente con paz y amor. Desde afuera, una anciana de ojos negros y un anciano de ojos grises miraron sonrientes a la ventana que iluminaba. –Quisiera haber estado más tiempo con ellos.- dijo la mujer mientras sentía como su esposo tomaba su mano suavemente.
-Yo también, pero ahora nuestro deber es el de guiarlos y esperar el día en que todos estemos reunidos una vez más.- le respondió. –Son nuestros hijos y nieto después de todo…¿Vamos?-
-Si…-dijo la mujer para dar media vuelta, aun sujetando la mano de su esposo y caminar hacia la nada, ambos siendo rodeados por una luz blanca y desapareciendo por completo.
-Oba-sama, Ojii-sama…muchas gracias por todo.- pensó Takuto, recordando a los dos ancianos que lo ayudaron a sanar su dolor oculto. –Espero que nos podremos ver otra vez…-
Haruna abrazo una vez más a su hijo, todos ahora pendientes del hermoso cielo nocturno que era iluminado por las luces de los fuegos artificiales. La mujer de cabellos azules beso la cabeza de su hijo y este le sonrió. Para Otonashi Haruna, Shindou Takuto era, sin lugar a dudas, el mejor regalo que ella pudo recibir.
"Este es el mensaje de Navidad: Nunca estamos solos"
-Taylor Caldwell
-.-.-.-.-.-.
D.o.t.E: ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS! Ignorando el hecho que aún faltan como dos o tres días, vale pepino. Antes de que me maten, si lo sé, es raro pero para mí loca y definitivamente rara mente, esto es lo más bello. ¡Desde que los vi en los primeros capítulos, supe que tenía que escribir de ellos como madre e hijo! ¡Es que son idénticos…bueno, al menos la forma del cabello y los ojos…el punto, el amo como madre e hijo y nadie me va a convencer de lo contrario!
watch?v=U7OtzSohWRc (este es la melodía de la caja musical)
Espero que les haya gustado…o entretenido al menos…y dejar un review, todo es bienvenido! Gracias!
Una vez más, feliz navidad/feliz hanukka/ felices fiestas!
Matta-ne!
