KHR no es mío, solo tomo prestados a sus sexys personajes.


Capítulo 2: Apoyo

Tras lo que pareció una decisión difícil, Tsuna logro convencer a su abuelo que el seria quien iría en persona a buscarla para que viviera en la mansión ya que pese a no estar muy feliz con ese detalle prefería ser el quien fuera a buscarla en persona para así protegerla por si algo pasaba en el camino además así aprovecharía la ocasión para visitar a sus padres.

Justo en esos instantes Tsuna y sus guardianes abordaban el avión privado para ir a cumplir su misión; una vez que la nave se estabilizo todos empezaron a realizar algunos pendientes personales.

- ¿Y que harás? – en eso el castaño noto que Kyoka estaba sentada frente a él, mirando con calma mientras cruzaba de forma elegante las piernas.

- … - el castaño solo dejo escapar un suspiro – aun no estoy muy seguro del todo – contesto angustiado.

- Creo que ya es hora de que tomes una decisión, herbívoro – indico con calma mientras reclinaba su asiento.

- Lo haces sonar tan sencillo… - indico con algo de amargura mientras igual se recostaba en su asiento y cerraba los ojos.

- Tu eres el que lo complica – le contesto sonriendo de lado.

- Porque lo es.

- Solo porque así lo quieres tú.

- Kyoka…

- Deberías buscarlo, aprovechando tu estadía porque eso es lo que te impide decidir – menciono con calma arqueando una ceja - ¿o me equivoco?

- … - el castaño le miro impresionado antes de sonreírle – a ti no te puedo ocultar nada verdad.

- Eres muy obvio herbívoro – menciono sonriendo de lado levantándose de su asiento y sentándose al lado del castaño.

- Pero… tu sabes como son las cosas en la mafia además yo no…

- Deja de ser un herbívoro cobarde – le regaño sacando sus tonfas dejando una de estas pegada al cuello del castaño – ya no eres ese herbívoro pesimista, así que solo piensa.

Ante esas palabras el castaño la miro a ver sorprendido antes de sonreírle de forma cálida.

- Sabes… creo que tienes razón.

- Siempre la tengo – menciono ella sonriendo mientras guardaba su arma.

- Pero… que pasara si lo encuentro y el ya hizo su vida – menciono preocupado, pero ante esas palabras recibió un tonfanso en su cabeza – itte… - se quejó.

- Por herbívoro – se defendió la otra quien ahora estaba parada frente a el antes de colocarse encima de este – ahora lo buscaras y ya después decidirás que hacer, pero al menos inténtalo para que ya olvides ese remordimiento.

- Gracias – dijo el castaño, quien enseguida se movió y abrazo a la chica quien al principio se sorprendió por esa acción, pero luego solo se dejo abrazar por este ya que siempre había sido así desde pequeños.

Por su parte los demás observaban todo desde una distancia prudente.

- Kufufu y luego dicen que no.

- Creo que estas malinterpretando piña – le regaño Hayato.

- Ellos hacen una pareja extrema – menciono Ryohey.

- Porque dices que lo malinterpretamos – pregunto Lambo.

- Porque la friki de las peleas y Tsuna se conocen desde que tenían 7 años – explico Hayato.

- Bueno eso explicaría porque ellos dos se complementan – indico aburrida Mukuro.

- Pero nunca e visto que lleguen a algo romántico – menciono cero Ryohei.

- Supongo que no se gustan de esa forma, es de esas raras ocasiones donde pese a la química solo desean ser buenos amigos – explico Hayato mientras se acomodaba sus lentes.

- Buu que aburrido – menciono Lambo ahogando un bostezo para volverse a acomodar en su asiento.

Ante ese comentario tanto la piña como el boxeador asintieron para dar por zanjado el tema e ir a descansar un rato ya que el viaje era un poco largo y debían descansar por el cambio de horario.

El vuelo tras eso estuvo mas relajado, donde al llegar al aeropuerto se podía notar la actitud mas optimista del castaño a lo que todos dedujeron que el ya habia aclarado su mente lo cual se le notaba.

- Bueno por la hora creo que ella no estará en casa – dijo Hayato revisando su reloj.

- Pero podemos pasar a ver a mi madre y darle la sorpresa – indico el castaño con una gran sonrisa.

Ante esa orden todos asintieron y subieron a la limusina que los esperaba para ir a la residencia del castaño y en el camino hicieron una parada en una florería para comprarle unas hermosas rosas para que Tsuna obsequiara a su madre.

Tras unos 30 minutos de viaje, lograron visualizar una casa muy conocida para todos: una hermosa casa en la esquina de dos pisos, color crema con techos de teja color rojo, algunos arboles que adornaban el pequeño jardín de la casa, así como unos arbustos que decoraban las paredes y algunos que estaban cerca de las rejas, en la pequeña terraza junto a la puerta se podía apreciar una linda campana de viento que provoco que cierto castaño sonriera con nostalgia al verla, al entrar a la casa se encontró a su madre: una hermosa mujer de cabello corto color castaño, tes clara, ojos color chocolate, quien en ese momento tenía una blusa color azul cielo con una falda negra y un mandil blanco encima y pantuflas, de nombre Nana Sawada; la cual se notaba que estaba terminando de tender la ropa que recién había terminado de lavar.

Tsuna sonrió ante esa visión tan nostálgica ya que siempre le gustaba ayudar en casa más cuando nació ella donde prometió ser el mejor hermano y ayudante de su mama, a pasos sigilosos se acerco hasta donde ella estaba bajo la mirada divertida de sus amigos donde en un movimiento rápido la abrazo por la espalda.

La mujer se asusto por un momento al sentirse abrazada por la espalda y sentir como era pegada al cuerpo de alguien donde al girarse rápidamente su mirada cambio de susto a una de asombro para después sonreír con alegría y que su mirada reflejara infinito amor al ver a su primogénito frente a ella, donde sin pensarlo se lanzó a sus brazos para abrazarlo ya que tras su partida a Italia solo habían hablado por teléfono y le extrañaba muchísimo.

- Tadaima – menciono el castaño correspondiendo el abrazo de su madre.

- Okaeri Tsu-kun – le contesto ella con algunas lagrimas de felicidad mientras seguía con una gran sonrisa, hasta que se percato de que era observada – ara, veo que es una visita especial – indico separándose un poco de su hijo para saludar a todos, quienes le saludaron moviendo ligeramente la cabeza.

- Ten son para ti – dijo algo apenado Tsuna mientras le enseñaba el bello ramo de rosas blancas y rosadas que compro para ella.

- Ah… son hermosas, gracias hijo – dijo ella dándole un beso en la mejilla.

- Vengan, pasen ahora preparo algo de té – indico ella de forma risueña mientras les invitaba a pasar al interior de la vivienda.

Todos agradecieron el gesto donde Kyoka se ofreció a ayudar a la madre del castaño a poner en agua las flores mientras ella hacia el té, algo que agradecía ella.

- Waaa que nostalgia es estar en esta sala – opino Lambo mientras se acomodaba en el sillón.

- Kufufu supongo que tienes razón – opino Mukuro quien se sentó de forma elegante en el sofá y miraba todo el lugar.

- ¡Es extremadamente nostálgico! – grito animado Ryohei.

- Al parecer algunas cosas no han cambiado mucho – indico Hayato, notando que el castaño igual sonreía ante ese comentario.

Tras unos minutos aparecieron la castaña con una bandeja de galleas seguida de Kyoka quien le ayudo con las tazas de té.

- ¡Siii! las galletas de mama son las mejores – dijo emocionado Lambo quien no dudo en tomar varias apenas la mayor las dejo asentadas en la mesa.

- Hehe veo que no han cambiado mucho todos – indico con una gran sonrisa mientras los miraba a todos.

- Kufufu tomare como cumplido su comentario mama – dijo divertida la piña mientras tomaba algo de té.

- Y como vas en tu relación con Dino – le pregunto mientras se sentaba a su lado.

- Kufufu ya sabe, uno debe darse a respetar – indico sonriendo de lado de forma divertida.

- Yo solo se que el bronco es un masoquista de primera – opino aburrido Hayato.

- Jeje bueno supongo que es algo normal para todos en las cuestiones del amor – contesto divertida Nana.

Estuvieron un rato platicando donde la castaña buscaba preguntarles cosas a sus acompañantes ya que habia convivido con todos ellos desde pequeños porque casi siempre se reunían en su casa después de clases, algo que le agradaba ya que eran los mejores amigos de su hijo.

Al pasar unos 10 minutos se escuchó que alguien abría la puerta.

- Tadaima – se escucho el saludo de una voz femenina, para después escuchar sus pasos apresurados a la sala revelando a una adolescente de 15 años de cabello alborotado largo de color rubio, ojos azules y tes clara, quien portaba su uniforme de la escuela, donde al ver a sus invitados se le dibujo una gran sonrisa antes de lanzarse a los brazos del castaño – Tsuna-nii – grito emocionada.