La vida de Blaire no era tan mala como todos en el ministerio de magia pensaban que sería estando bajo la tutela del joven jugador Ludo Bagman. Por lo menos no del todo.
Podría decirse que aunque su infancia no fue como la que la mayoría de los niños tienen, fue una infancia agradable. Siendo ahijada del golpeador de las Avispas de Wimbourne tenía muchos privilegios, ningún niño o niña había asistido a tantos partidos de quidditch como ella lo había hecho y ningún infante mágico era tan bueno volando una escoba de carreras como la pequeña Rookwood. Desde que tenía memoria, Blaire ha pasado la mayor parte de su corta vida en campos y estadios que en su propia casa.
El tío Ludo (como a Bagman le gustaba que le llamase la niña) era muy divertido y la llevaba consigo a todas partes, aunque eso cambió un poco cuando éste se tuvo que retirar del mundo del quidditch, siendo jugador claro, porque curiosamente obtuvo el puesto de jefe en el 'Departamento de Deportes y Juegos Mágicos' (como si el viejo Augustus hubiese cumplido su promesa) así que se podría decir que seguía haciendo algo que le apasionara tanto como jugar.
Se podría decir que a Blaire no le faltaba nada, pero era evidente la ausencia de sus padres. Constantemente preguntaba a su tío Ludo por ellos, y éste le respondía que no se preocupara por ellos, que se encontraban bien pero que por situaciones fuera del alcance de muchos no podían estar con ella. Y cuando preguntaba por dichas situaciones Bagman respondía: "Cuando seas mayor te lo explicaré para que lo entiendas mejor, y ya no hagas más preguntas".
Obviamente la niña no quedaba del todo satisfecha con esas respuestas, si no les pasaba nada malo ¿entonces por qué tanta desidia de decirle la verdad? Si supuestamente nada había que temer. Pero dado que no había nada que pudiese hacer al respecto mas que esperar no le quedaba de otra que ser paciente. ¿A quién le gustaría crecer sin saber absolutamente nada acerca de sus padres mas que sus apellidos?.
Los continuos pensamientos que tenía respecto a sus padres ya no agobiaban tanto su mente como años atrás. La joven Rookwood tenía ahora once años y acababa de recibir su carta de admisión al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería y eso era todo que tenía en la cabeza desde que Deméter (la lechuza del tío Ludo) llegó a casa con dicho pergamino en el pico. Estaba tan ansiosa que no podía esperar para ir al callejón Diagon a comprar todo lo que venía escrito en la lista anexada a su carta, pero no tuvo oportunidad de ir enseguida sino que tuvo que esperar hasta que faltaban dos semanas para el día primero de septiembre, en el cual iniciarían sus clases.
Blaire aun recordaba cómo había sido aquél día en el que visitó el callejón Diagon, viajó con polvos floo y llegó junto con el tío Ludo a una chimenea no muy lejos de Gringotts, el banco de los magos. Por primera vez en su vida entraría a la cámara Rookwood, ni ella ni Bagman la habían visto antes y éste sólo pudo observar un pedazo de la fortuna puesto que los duendes no le permitieron pasar y no dudaban en que fuera a robar algo de la fortuna de la familia de Blaire. Ludovic no tenía la mejor reputación con los duendes al parecer.
El tío Ludo le indicó donde estaban las tiendas donde compraría sus útiles y se retiró porque tenía asuntos que atender en el ministerio. La primera tienda a la que llegó fue Flourish y Blott's. Había una gran fila pues al parecer no era la única que decidió ir precisamente ese día a conseguir las cosas que necesitaría para el colegio.
Delante de ella pudo ver a una gran familia de ocho personas; el papá, la mamá, y seis hijos. Cada uno de ellos con un distinguible cabello pelirrojo. La madre de la gran familia era una señora de estatura no muy alta y regordeta que tenía de la mano a los niños que parecían ser los más pequeños, y tenía una platica con su esposo. Dos de los hijos más grandes hablaban sobre la copa de la casa (lo que sea que eso fuera, Blaire no comprendía del todo), otro estaba parado muy derecho con los brazos cruzados esperando a que fuese su turno de ser atendido, y dos chicos idénticos andaban muy inquietos de un lado para otro, recibiendo de vez en cuando un grito de su madre para que se calmaran. A simple vista se podía observar lo diferente que eran todos y cada uno de los integrantes de esa familia pero se veía que eran muy unidos y Blaire no pudo evitar notar el contraste que hacían aquella familia y ella.
Blaire se quedó profundamente hundida en sus pensamientos y perdió noción del tiempo y el espacio hasta que algo, o mejor dicho, alguien la empujó haciéndola caer en el piso.
"¡George! ¿Qué te dije acerca de andar corriendo por toda la tienda? ¡mira lo que haz hecho!" gritó muy furiosa la madre de los niños idénticos.
"No soy George mamá, soy Fred, ¿qué no me reconoces?" dijo el que niño que la había tumbado con un tono hasta cierto punto pícaro, pensando que tal vez su madre se distraería con eso y así evitar el sermón.
"¡Quien sea el que la haya tirado!¡les dije que estuvieran quietos!" la señora volteó a ver a su marido, "¡Arthur diles algo!" reclamó.
"Ah, si" le tomó un rato pensar en lo que diría, "Niños, obedezcan a su madre, ella tiene razón" dijo tratando de ser autoritario, pero era obvio quién era la que llevaba los pantalones en la casa. El niño al que regañaban empezó a reír junto con sus hermanos más pequeños pues la contestación de su padre causó que la señora también lo regañara a el por 'no imponer respeto' como ella decía.
Blaire casi olvidaba que estaba en el suelo porque se quedó viendo la escena que ocurría frente de ella, pero luego se acercó uno de los niños que estaban correteando por la librería y le ofreció la mano para levantarla.
"Disculpa que te hayamos tirado" sonrió un poco "Bueno, en realidad no fui yo pero no creo que Fred se disculpe" Blaire aceptó tomar su mano y la ayudó a levantarse, "¿También vienes a comprar tus libros para Hogwarts?" le preguntó el muchachito.
"Si, es mi primer año, y gracias por ayudarme" dijo amistosamente Blaire.
"Nosotros también vamos por el primero" contestó George, lo supuso porque era al que su mamá había confundido con el otro hijo, "Mis otros tres hermanos van más avanzados, Bill ya está en su último año, Charlie está en el sexto y Percy en el tercer grado" dijo señalando cuál era cual, "Todos están en Gryffindor, Fred y yo estaremos ahí también" dijo muy seguro de si mismo.
"Eso aún no lo sabes" dijo sonrientemente Blaire.
George estaba a punto de responderle algo pero escuchó la voz de su madre llamándolo para que cargara su bonche de libros como los demás ya lo hacían. Blaire pudo notar que muchos de los libros que habían comprado estaban ya muy gastados y con las portadas viejas. Aunque era de imaginarse, lo más probable era que quisieran economizar consiguiendo libros más baratos para conseguir mejores cosas con más dinero, pensó la niña, después de todo si que era una familia abundante.
Blaire fue a pagar su paquete de libros y fue a buscar un lugar donde recargarlos en lo que sacaba su bolso que había sido encantado con un hechizo de extensibilidad. En lo que buscaba una mesa George junto con su hermano gemelo se acercaron cargando sus libros.
"¿Quieres que te esperemos en lo que llegan tus padres para que te ayuden a cargar?" preguntó amablemente Fred sin saber que la niña estaba en el callejón Diagon completamente sola. A Blaire le tomó por sorpresa esa pregunta y se entristeció un poco, que fue evidente para los gemelos.
"No… mis padres no me han acompañado, gracias" dijo con la cabeza baja y con un tono de que no le agradaba hablar de ello.
"¿Cómo que no te han acompañado? Deberían estar aquí contigo en tus primeras compras escolares, ¿cómo esperan a que cargues todas esas-?" pero no pudo terminar lo que iba a decir porque George lo interrumpió, pues éste notó que la plática la estaba poniendo incómoda .
"¡Espera un momento!" dijo George tomando una pausa para pensar que diría para desviar el tema de las padres de la chica, habló algo fuerte y los ojos de Blaire y de Fred estaban sobre de el como si esperasen a que les dijera algo importante. ¿Por qué otra razón habría casi gritado? .
Así que dijo lo primero que se le había venido a la mente.
"Aun no sabemos cómo te llamas " dijo un poco apenado porque se dio cuenta de lo tonto que pudo haber sonado.
Por otro lado, Blaire estaba agradecida de que no hubiera comentado nada más sobre con quién o quien no fue acompañada al callejón y se animó un poco.
"Yo soy Blaire Rookwood" dijo sonrientemente y les extendió la mano, primero a uno diciendo: "Y tu debes ser George" y después al otro "Y tu Fred". Los chicos también extendieron su mano y se quedaron sorprendidos.
"¿Qué? ¿dije algo mal, me confundí?" preguntó la joven bruja.
"¿Cómo es que pudiste distinguir cuál es cuál?" preguntó Fred aún asombrado por eso y por el hecho de que por lo general siempre iba mencionado primero él y después George.
"Bueno, supongo que por la voz, no lo sé" dijo también un poco confundida ella, ¿cómo explicar quién era quién? Simplemente podía decir cual era cual sin pensar por qué, era algo confuso.
"Debe ser alguna clase de don o poder" dijo George, "Ni nuestra propia madre nos puede diferenciar" dijo divertido, pues era cierto y los tres rieron un poco. Blaire guardó sus libros en el bolso y se despidió de los gemelos diciéndoles que esperaba verlos en el expreso de Hogwarts.
Compró después el caldero de peltre, las túnicas y el uniforme, el telescopio, la balanza de latón y el juego de redomas. Dejando para el final su varita y la mascota, pero decidió ir primero a Ollivander's, para su suerte cuando entró se estaba yendo un cliente, siendo atendida de inmediato. La varita que la escogió (como decía el viejo dueño de la tienda) le agradó bastante, era de acacia con pluma de fénix y medía veintinueve centímetros y medio, a pesar de ser quebradiza a Blaire le parecía bonita.
Se dirigió por último a la tienda de animales, nunca en su vida había visto tantas jaulas o lechuzas, pues eran las que predominaban en la tienda. Pasó por donde estaba la zona de los sapos pero le parecieron repulsivos. Comprar otra lechuza teniendo ya al buen Deméter no era tan buena elección, de todas formas no tenía a nadie a quien escribirle mas que a su tío Ludo. Se estaba dando por vencida sobre conseguir una mascota hasta que pasó por una jaula en la que vio los ojos más preciosos que jamás haya visto, el ojo izquierdo de color azul hielo y el derecho de color verde amarilloso. Era un elegante gato de angora y no lo pensó ni dos veces en comprarlo. Cuando lo estaba pagando, la vendedora le comentó que era el mejor ejemplar cruza de kneazle con angora turco que ha vendido. Blaire decidió que la llamaría Felicia y pronto se encariñó con la gata. Ahora si estaba lista para ir a Hogwarts y no podía esperar más.
