Cerró la puerta tras de ella, pasando su mano por su rostro para despejarse.
— ¿Ya está dormida la pequeña monstruo? — Ella asintió con su cabeza, acercándose a su amiga quien se encontraba en el sofá en medio de la sala.
— Sí, insistió en que Tikki se quedara con ella para jugar, pero quedo rendida en la cama por el cansancio — Suspiró.
Se encontraban en su apartamento luego de un ajetreado viernes, perfecto para compartir unas cervezas entre ellos.
— ¿Entonces el chico muerto, no está muerto? — Aquella voz la saco de sus pensamientos, era Nino quien salía de su cocina con unas cervezas Heineken en mano, dejándolas en el centro de la mesa donde se encontraban un par de envases vacíos.
— ¿De verdad es lo que te sorprende? — Levanto sus manos, sorprendida — ¡Mi Marinette lo insulto abiertamente! Me hubiera encantado ver su cara — Una sonrisa cómplice apareció en su rostro, junto con Nino.
— Alya, por favor no hagas esto — Su rostro tomo un leve tono rojo — Insulte al hijo de mi jefe —.
— Más bien insultaste a tu antiguo crush del instituto y vaya que se lo tenía merecido — Nino tomó la botella para darle un sorbo — Realmente me sorprendió que lo vieras, no hemos sabido nada de él en siglos —.
— Estoy con Nino — Marinette hizo una mueca — Estoy con él porque tiene razón, no porque sea su prometida, nena — Marinette tomó un gran sorbo de su cerveza — Se lo merecía, se largó sin decirnos nada a los que decía que eran sus amigos, incluso si yo lo viera lo haría —.
— Creo que fue el estrés — Comentó ella, recostándose por completo — Nunca me había sentido más avergonzada durante el trabajo —.
— Más bien creo que es por qué no soportas a los rubios — Bromeó Nino, recibiendo el golpe con un cojín de parte de Alya — ¡Auch! Vamos mujer, tranquila — Se quejó, haciendo ademan de acomodarse la quijada.
— Cambiemos de tema, gracias — Les dijo ella, riendo levemente ante aquel comentario.
Aunque de cierta manera aquello le había calado en lo más profundo.
— Bien, ¿Cómo va mi sobrina con su creciente carrera teniendo solo seis años? — Preguntó Nino, dejando la botella en el centro de la mesa.
— Ella está feliz, se le da increíblemente bien — Admitió suspirando — Además disfruto verla y es una gran oportunidad para pasar tiempo extra con ella —.
— Y por lo que me has dicho, Gabriel la adora — Añadió Alya, con una sonrisa sincera — Emma se gana a quien pase por su camino —.
— Lo sé, en ocasiones no sé dónde meter la cara cuando Emma se refiere a él como Abuelito ¿Sabes todas las preguntas incomodas que he tenido que contestar? — Recordó varios sucesos, riendo levemente.
Los presentes rieron levemente, eran buenos tiempos.
Marinette pensó que no podía ser más dichosa: Trabaja en algo que amaba, tenía a su hija con ella, a su familia y amigos con los que podía contar.
No necesitaba nada más, pensaba.
Aunque en el fondo sabía que eso era una mentira, porque no estaba completa.
Sonrió, eliminando esos absurdos pensamientos de su mente, levantando la botella de cerveza al aire.
— Brindemos chicos — Dijo, con una radiante sonrisa en su rostro — Por nosotros —.
La pareja alzo sus botellas, chocándolas entre ellos.
— ¡Salud! —.
[…]
Se dejó caer en su cama, derrotado.
Sabía que ese no iba a ser un buen día en definitiva, pero por lo menos había conseguido algo de tiempo.
Tiempo que sabía que no iba a servir de nada, pero por lo menos podría pensar un poco más.
Levantó su mano izquierda al aire, observándola y recordando cuando por poco destruye aquel retrato con este.
Cerró sus ojos con frustración.
Siete años había pasado el fuera de Paris, viajando por el oriente para encontrar respuestas.
Hasta llegar al Tíbet.
Y aunque encontró cosas que podrían ser de ayuda, simple y sencillamente no encajaban en aquellos momentos.
Por suerte no había hecho viajes a ciegas, aunque el Maestro Fu no se encontrara de acuerdo con su decisión no tuvo más opción que apoyarlo y aconsejarlo, previniéndolo de los peligros y que no se dejara engañar por su padre.
Él sólo era el guardián y la guía que podían tener, más no podía detenerlos.
Se preguntaba ahora si era lo correcto, claro, de manera egoísta.
Recordó aquel momento durante el día, donde observó a dos de sus antiguas amigas interactuar de manera cordial cuando antes no podían estar cinco minutos cerca la una de la otra.
Cada una con una vida diferente, de la cual no era parte.
Y con Marinette la sorpresa era más, tenía una familia, por una parte sintió una opresión en su pecho al pensar cuanto de la vida de sus amigos se había perdido.
¿Cuántas bodas? ¿Cuántos nacimientos? ¿Cuántas reuniones en donde no estuvo presente?
¿Lo odiarían? No podía saberlo.
Rió levemente cuando a su pensamiento llegaron las palabras toscas de Marinette, mostrándose como alguien de un gran carácter, quien luego le entregó una mirada de arrepentimiento.
Ella no lo odiaba, de ser así, nunca le hubiese dirigido esa mirada.
— Pensé que ibas a buscar hoy a Ladybug — Mencionó Plagg, acomodándose a un lado suyo en la cama.
Adrien suspiró.
— Tengo que pensar bien las cosas, hace años que no la veo — Un pequeño gruñido salió, estaba levemente molesto — ¿Voy a llegar y decirle "Dame tu Miraculous, no te lo quiero arrebatar"? — Dijo en son de burla.
— Si llegas de esa manera te va a odiar — Acepto el Kwami, encogiéndose de hombros — Adrien, pienso que deberías hablarlo con el Maestro Fu — Su mirada mostraba preocupación.
A lo largo de los años que había estado con su compañero, él sabía que Plagg se encontraba preocupado por la situación, y lo demostraba.
Ya no eran solo malos comentarios sarcásticos, o molestarlo por su preciado queso.
Plagg se preocupaba por él.
— Él no está de acuerdo en esto —.
— Estaría loco si lo estuviera — Le respondió, rodando los ojos.
— Plagg — Adrien llamó su atención, girándose hacia él — Te prometo que lo derrotaré en cuanto mi madre este bien — Acarició su cabeza — No dejaré que nada malo pase, confía en mi —.
— Confió en ti, Adrien —.
Él también quería confiar en sí mismo.
— Gracias Plagg —.
[…]
Habia pasado una semana y media desde que había vuelto a parís, y aun no obtenia el valor suficiente para buscarla.
Lo primero que hizo al despertar fue recibir una llamada de su padre, preguntándole si al fin había tenido éxito, donde por supuesto había recibido una respuesta negativa, logrando un exasperado suspiro por parte de Gabriel, quien lo cito (De manera obligatoria) en su oficina, para después colgar la llamada.
Adrien tuvo que reprimir todas sus ganas de destrozar la habitación del hotel, pero logro controlarse.
Volvió a sentirse como un niño.
Tomo su chaqueta y con Plagg dentro, salió rumbo a "Gabriel's".
El movimiento en el edificio no era mucho, eran las primeras horas del día y apenas los empleados estaban llegando a su puesto, esperando el día agitado como era diario en aquel lugar.
Camino hacia donde se encontraban los ascensores, percatándose que alguien esperaba ahí.
Era Marinette.
— Esta vez no me dirás rubio oxigenado ¿O sí? —.
Ella giro, dando un leve respingo para abrir con sorpresa sus ojos.
— Eh, no — Volteó su mirada, evadiéndolo — Realmente estoy apenada, espero pueda disculparme — Suspiró, pasando su mano por sus cortos cabellos — Aunque también en parte es su culpa por su poca caballerosidad — Añadió, más para ella misma que para él.
Adrien escucho a la perfección, rió nervioso, tenía carácter.
Como cuando en el instituto enfrentaba a los abusos de Chloé.
— Disculpa — Respondió, rascando su nuca — Ese no fue mi mejor día que digamos —.
Marinette lo vio por el rabillo del ojo.
Estaba diferente.
Podía notar su barbilla levemente más ancha, y una barba de varios días sin llegar a ser frondosa, algo descuidada.
Su cabello más corto desde la última vez que lo vio, que acostumbraba a usar en una coleta rebelde.
No le dijo nada, y en cuanto la puerta del ascensor se abrió, entro sin mirarlo.
Él la siguió, tosiendo levemente para eliminar aquel incomodo silencio.
— Gabriel me comentó que tienes una hija — No sabía que decir, o como iniciar una conversación decente con ella —.
Bueno, no solo con ella, con cualquiera que no hubiese visto en todos esos años.
— Sí — Respondió, acariciando su propio brazo incomoda.
— Entonces ¿Te casaste? — Pregunto curioso — ¿Qué hay de Alya y Nino? ¿Por fin se animaron? — Una leve risa inundo el ascensor.
— ¿Qué hay de ti? — Se atrevió a mirarlo — Te fuiste sin despedirte de nadie, todo mundo estaba preocupado por ti y nunca pudiste comunicarte con quienes llamabas tus amigos — Descargó ella un poco de su frustración — Por lo tanto supongo que todas estas preguntas que haces son por cordialidad, no por genuino interés — Finalizó, justo cuando las puertas se abrieron para después salir a paso apresurado de ahí.
La boca de Adrien estaba completamente abierta, aquella había sido una confrontación directa.
Escucho un pequeño Auch por parte de Plagg, disfrutando levemente de aquello.
Sacudió su cabeza, y salió del ascensor, siguiendo los pasos de ella.
— Marinette, espera — La llamó, pero no se detuvo. Se puso a su altura, caminando de espaldas para poder mirarla — Sé que estuvo mal, y sé que también está mal que no les pueda dar ninguna explicación —.
— No tiene que darla — Agregó ella.
— Deja las formalidades, acabas de tirarme una bomba en la cara — Contraataco contra ella — De verdad lo siento —.
Ella se detuvo, sobando su sien con su mano derecha.
— Mira Adrien — Suspiro — Está bien, es tu vida, solo no hagas como si todos estos años no han pasado —.
Y comenzó a caminar, desapareciendo cuando giro la perilla de una puerta y entró al cuarto de textiles.
Bueno, no lo odiaba, no del todo.
Pero estaba claro que había perdido a sus amigos.
Intentó regular su respiración, para después dirigirse en dirección a la oficina de Gabriel.
Al llegar con él pudo observar que se encontraba revisando la carpeta que Marinette había dejado el día anterior, se encontraba concentrado en ello.
— Pensé que no tardarías en intentar convencer a tu bicho — Le dijo sin despegar la vista de lo que revisaba.
— No me presiones más ¿Sí? Lo haré cuando lo crea necesario — Se acercó al escritorio, tomando asiento frente a él — ¿Qué era de lo que en verdad querías hablar? —.
— Estas de regreso en Paris, ya no eres un niño — Comento, cerrando la carpeta — No estarás en ese hotel ya, conseguí un departamento para que te mudes, debido a que no quieres volver a la mansión —.
— Pensé que ya no era un niño — Agregó sarcástico.
— Actúas aun como uno — Suspiró — Trabajaras en el departamento de finanzas como Director general, espero que tus conocimientos de la universidad no se hayan esfumado —.
— Quiero trabajar de mi otra carrera —.
— Cuando termines lo que iniciaste, así tendrás la plenitud para concentrarte en ello —.
Gabriel no era del todo un mal padre, y Adrien sabía bien eso, pero aun así era difícil no sentir desesperación.
La puerta de la oficina se abrió con lentitud, llamando la atención de ambos hombres.
— Abuelito — Llamó una pequeña niña, a quien Adrien reconoció como la hija de Marinette.
Le sorprendió el hecho que la presencia de la niña relajara las expresiones de Gabriel.
Y también que se llevara con tanta confianza con alguien como él.
— ¿Emma? — Preguntó él, poniéndose de pie.
La niña se acercó a ellos, saludando con la mano a Adrien.
— Nathie me dejo pasar — Comentó ella, con inocencia mientras abrazaba las piernas de quien llamaba abuelito.
— Déjame adivinar, te saliste de las pruebas de vestuario —.
Ella solo sonrió de manera traviesa, dando a entender que aquello era verdad.
— Emma, quédate aquí, iré a hablar con algunas personas —.
«Diablos, hay gente que está en problemas» Pensó Adrien al observar el rostro de su padre hecho piedra.
¿Tanto poder tenía en él esa niña?
Sintió la mirada sobre él cuando su padre salió.
Ella lo observaba curiosa.
Con dificultad logro subirá la silla que tenía a un lado del, quedando de rodillas sobre ella para estar más o menos a su altura mientras hacia un leve puchero.
— ¿Hola? — Solo atinó a responder.
La niña inmediatamente le sonrió, dejándolo deslumbrado.
— ¡Hola extraño, Soy Emma! — Se presentó ella, dándole su mano para que la tomara en forma de saludo.
Observó su sonrisa, tan inocente y apacible.
Definitivamente aquello era lo que veía su padre en la niña, una sonrisa parecida a la de su madre.
Él le devolvió el saludo, sonriéndole.
— Yo soy Adrien, un gusto —.
— ¿Entonces eres el hijo de mi abuelito? — Pregunto, ladeando su cabeza levemente.
— Sí ¿Te ha hablado de mí? — Ella asintió con su cabeza, de una manera poco delicada, logrando que el peinado alto que tenía se viniera abajo y unos mechones cubrieran su rostro.
— Él me habla de ti — La pequeña sintió como las manos de él le quitaban el cabello de su frente.
Se sorprendió levemente cuando escucho aquella pequeña revelación, realmente no esperaba que Gabriel no hablara mucho de él ahora.
Incluso cuando era joven dudaba que lo hiciera.
— ¿Y tú eres hija de Marinette, no? —.
— Sí, ¿Conoces a mi mamá? —.
— Éramos buenos amigos cuando éramos jóvenes, ella era alguien increíblemente talentosa — Los ojos de la pequeña niña parecieron brillar ante ese comentario, logrando que se acercara un poco más a Adrien.
El retrocedió un poco, sintiéndose un poco intimidado.
— ¿Por qué no has ido a nuestra casa entonces? — Pregunto sin dejarlo de observar.
— Eso fue hace mucho pequeña — Intento alejarla, logrando que ella se sentara correctamente — Digamos que cometí varios errores —.
— Puedes disculparte —.
— No es así de fácil preciosa — Rascó su nuca en señal de nerviosismo.
— Si lo es, cuando rompo algo en casa y me disculpo mamá me perdona, me castiga pero no se enoja conmigo — La niña comenzó a hacer un recuento mental de los jarrones que había terminado destruyendo ese mes accidentalmente.
— Lo mío seria condena perpetua — Murmuro, sonriendo ante él comentario.
No sabía qué edad podía tener, pero algo era seguro, hablaba con demasiada propiedad.
— Emma —Una voz femenina los saco de su plática, era Marinette quien se encontraba en la puerta, llamando a su hija.
La voz de ella era firme.
Emma volteo a verlo, guiñando su ojo de manera traviesa.
— Mira — Le susurro, saltando de la silla para correr en dirección a su madre.
Adrien se puso de pie, girando para observarlas a ambas.
— Lo siento — Murmuró la menor, sacando su labio inferior levemente mientras hacia una mueca de arrepentimiento.
Marinette rodó los ojos, cambiando su expresión seria a una comprensiva.
— Hablaremos en la casa ¿De acuerdo? —.
Y ahí, Adrien pudo observar como la pequeña niña se salía con la suya con una simple disculpa.
Tal y como él lo hacía con su madre cuando era niño.
Rió levemente, llamando la atención de Marinette.
El al notar esto, guardo silencio alejando su risa con una pequeña tos fingida.
— Tu niña es muy inteligente para tener cinco años — Fue lo único que pudo decir, un tanto nervioso.
— Tiene seis — Emma se colgó de su brazo — Si quieres seguir el consejo de Emma, creo que deberías empezar por Nino — Saco un bolígrafo de su bolsa, junto con una pequeña tarjeta grabada donde empezó a escribir un número, para después caminar unos pasos hasta él y entregársela — Quizás funcione —.
Comenzó a caminar hacia la puerta, cerrándola tras ella y Emma.
Observo la tarjeta con cuidado, era completamente blanca por la parte trasera y tenía escrito el número telefónico de Nino.
Le dio la vuelta, notando que era un diseño simple y elegante, era una tarjeta de presentación de Marinette.
Tenía su nombre y su teléfono también.
Debía agradecerle a Emma, la niña sabia dar consejos.
[…]
Tenía una sensación extraña que no podía ignorar, algo tan fuerte que incluso le provoco un dolor de cabeza intenso.
Quería golpearlo, quería tirarlo desde la torre Eiffel y no volver a saber nada más de él.
Desde las primeras horas de la noche comenzó a escuchar algo que creía nunca volvería a escuchar.
Alguien gritaba por ella, por Ladybug.
Y no, no era la voz de un civil pidiendo ayuda, era claramente la voz de Chat Noir.
Maldijo internamente para no mostrar aquel nerviosismo frente a su hija ¿Qué diablos quería él de ella?
Más tarde fue cuando Alya le envió varias fotografías muy poco nitiditas de él, deambulando por los tejados de Paris.
Y según ella, no había dejado de llamarla.
Abrazo a su pequeña hija, quien se encontraba profundamente dormida en su cama, completamente ajena a todo aquel torbellino que ella tenía en su mente.
No quería verlo, pero quería que se callara de una vez, ¿Necesitaba lanzarle un zapato o algo así?
— ¿Piensas responder su llamado? — Le preguntó Tikki, sacándola de sus pensamientos.
— No lo sé, no quiero — Respondió en un susurro — ¿Qué puedo hacer? —.
— Han pasado muchos años, Marinette, quizás realmente tiene algo importante que decirte —.
Cerró sus ojos, recordando fugazmente el último encuentro que habían tenido, las últimas palabras que habían intercambiado y sintió un nudo en el estómago.
Recordó que él la dejo inconsciente sobre una plataforma de la torre Eiffel para asegurarse que lo dejara marcharse en paz.
Justamente la noche en que ella le iba a dar la noticia de que estaba embarazada.
Y, fue doloroso verlo partir sin decirle que haría, sin decirle si estaría bien.
Supo que todo aquello que le dijo era verdad cuando los Akumas dejaron de estar presentes en Paris, cuando todo había vuelto a la normalidad.
Cuando él se fue.
Pero el daño estaba hecho, no había confiado en ella ¿Cómo ella iba a confiar en él luego de tantos años?
No, no lo haría.
No le confiaría lo más importante para ella ahora, no le confiaría a Emma.
Pero de algo estaba segura, tendría que averiguar qué era lo que quería.
Salió de la cama con cuidado, tomo aire y observo a Emma dormir plácidamente, sin preocupaciones.
Se abrazó a sí misma, tomando el valor necesario.
Valor para volver a estar cara a cara frente a él.
— Tikki, transfórmame —.
[…]
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Bueno, terminado el capítulo, creo que fue un logro terminarlo hoy, ¿Les gusto la interacción de la bonita Emma?
Es una niña traviesa e incluso un poco descarada, sin dejar de ser alguien educada y con porte.
Una preciosidah!
Besos!
