Nota de autor: ¿He dicho ya que amo a estos dos? En la colección debían tener un espacio, de lo contrario estaba abandonando mis creencias (?) Espero no haberlos arruinado en estas ochocientas-algo palabras, de lo contrario ahogaré mi decepción en base a comer galletas rellenas.
Basado en la imagen #26 - Pareja frente a estantería llena de libros, propuesta por jacque-kari.
Pairing: Michi
Problemas de orden
Mimi siguió su recorrido por las estanterías, haciendo barridos panorámicos a las secciones que podían servirle y coleccionando libros para agrandar la pila que sostenía con destreza entre sus manos. Llegó al punto donde estaba Tai, encontrándolo ensimismado con un ejemplar sobre fútbol que parecía tener fotografías en todas sus páginas.
—¡Tai! —exclamó indignada, procurando mantener un volumen moderado para no alterar al resto de los clientes—, ¡suelta eso y ayúdame a seguir buscando!
—¡Pero si en eso estaba! —contestó, poniéndose a la defensiva y soltando el libro para tomar otros tres que había dejado apilados en la cercanía—. Creo que estos son buena opción.
—Son los mismos que tengo aquí—dijo, dándoles una rápida mirada y quitándoselos con rapidez para así traspasarle la pila que ella había recolectado.
—¿Ahora soy la mula de carga? —preguntó, acomodando mejor el peso de las obras para evitar que se cayeran.
—Necesito ver si tu hermana me mandó la lista de libros que Takeru ya tiene—le informó, guiñándole el ojo y buscando su teléfono dentro del bolso (uno que era "un poco demasiado grande", le había dicho él cuando se juntaron esa misma tarde). Tai sonrió brevemente ante el gesto, contemplándola mientras se esmeraba por abrirse paso entre todas las cosas que tenía guardadas.
—Podríamos ahorrarnos tiempo y meter toda una sección ahí—comentó burlonamente.
Ante eso, Mimi se limitó a dedicarle una mueca de desprecio, dando por fin con su celular y empezando a revisarlo. Entrecerró un poco los ojos a medida que leía la lista que Hikari le había mandado, abriéndolos como platos una vez que terminó su labor.
—Ya tiene todos los que había escogido—refunfuñó, volviendo su vista a la pantalla del aparato al mismo tiempo que caminaba con Tai siguiéndola detrás—. Nos escribió que buscáramos uno que se llama Red Rising.
—¿No es ese que está en las estanterías de la entrada? —Tai aprovechó de dejar el cúmulo de "intentos fallidos" en un rincón que eligió al azar.
Comenzaron a inspeccionar a medida que avanzaban, hasta que Mimi se detuvo de pronto para agacharse a recoger un tomo de los estantes inferiores.
—Éste sería el regalo ideal para tu cuñado—lo miró, exhibiendo el título con una sonrisa coqueta.
KAMA-SUTRA: Las 101 posturas más sensuales.
No tuvo tiempo de prepararse para el ataque de cosquillas que se le vino encima, comenzando a dar grititos y tratando de apartar a Tai por las malas.
—¡Ya, basta! —exclamó cuando finalmente logró sostener las manos del chico y apartarlas de su metro cuadrado—. Compórtate—le advirtió, empleando la seriedad más mortífera que le fuera posible.
El aludido alzó sus manos al aire, haciéndose el desentendido. Mimi le sacó la lengua y él tuvo que aguantarse la risa para que pudieran retomar la búsqueda.
—¡Aquí está!
Estiró su mano para tomar el ejemplar y, súbitamente, otra palma se posó sobre la suya y vio aparecer la cabeza de su compañía arriba de ella, observándola con una sonrisa traviesa.
—Hormiga atómica.
Y en menos de un segundo, Red Rising estaba siendo usado como arma de batalla, estrellándose repetidas veces contra el cuerpo de Tai y armándose un alboroto que mezclaba las carcajadas de él y las quejas de su contrincante.
—¡Disculpen!—les llamó la atención uno de los trabajadores de la biblioteca, deteniendo el enfrentamiento y dirigiéndose a Mimi poco después—. Señorita, no juegue con los libros, por favor.
—Lo siento—respondió, sintiendo sus mejillas escocer por la vergüenza.
—Sí, deja de jugar con los libros—agregó Tai, fingiendo estar indignado.
Sin dirigirle una sola palabra al pasar a su lado, fue a la caja para esperar que atendieran a dos personas antes que ella, aún con la cara ardiendo.
—Mimi—la llamó, colocándose a su lado y siendo ignorado sin compasión—, preciosa, no te enfades—se acercó para besarla en la mejilla, recibiendo su apartamiento como respuesta.
Optando por una acción inmediata, la aprisionó entre sus brazos para estrecharla contra su pecho. Volvió a sentir su resistencia, pero esta vez con menos intensidad, por lo que prosiguió a agachar la mirada para encontrarse con sus ojos enfurruñados.
—¿Se te pasó? —quiso saber, intentando nuevamente besarla en la mejilla y consiguiéndolo esta vez.
Lo miró frunciendo el ceño, intentando reprimir la sonrisa que quería escapar, y negó con la cabeza.
—¿Y ahora? —la besó en la frente, aguardando.
—No—fue su respuesta lapidaria.
—¿Y ahora? —repitió, yendo a parar de lleno en sus labios.
Mimi le correspondió sin demora, tardando en darse cuenta que ya era su turno de pagar y viéndose enfrentada a la mirada impaciente de la vendedora.
—Quizás, solo quizás—concedió, estirando su mano frente a él y exhibiendo esa sonrisa que a Tai tanto le gustaba, porque era de esas que solo le dedicaba a él.
Sacó la billetera del bolsillo de su chaqueta para pasarle unos cuantos billetes, su parte para comprar el regalo. Volvió a besarla, esta vez en la parte superior de su cabeza, pensando en lo poco que le molestaban los pequeños enfados de su princesa y lo mucho que disfrutaba haciendo que los olvidara por completo.
