Disclaimer:Todo el universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.


Este fic participa en el Reto #16: "Los opuestos" del foro Hogwarts a través de los años


II. Crueldad

—Lo tiene, mi señor, ha recuperado a Harry Potter —dice Regulus, luce increíblemente incómodo estando en la habitación.

Suelta el aire que no sabía que estaba conteniendo, todos estos años fueron una lucha constante por obtener al niño, subestimó al vejete y en la primera oportunidad que tuvo lo mandó a vivir con los muggles. Asiente con la cabeza, quiere preguntarle cómo está, pero viniendo de él sería ridículo.

—¿Qué ha pensado tu hermano de mi propuesta? —Son pocos los que saben que todavía vive, además de sus seguidores, pero Sirius pasó por demasiadas cosas como para correr a contarle la información a Dumbledore.

—Todavía no se decide, pero estoy seguro de que aceptará, mi señor.

—Puedes retirarte.


Harry Potter tiene trece años cuando Sirius y Regulus le hablan sobre la existencia (o más bien la "supervivencia") de un Lord que se ha estado moviendo en las sombras desde hace un largo tiempo y que pronto obtendrán el mundo. Al cumplir catorce los grupos que apoyaban a Voldemort comienzan a resurgir y una batalla silenciosa se ve en las calles; se siente en el ambiente. Sin embargo, es hasta los quince que lo arrastran hasta la mansión en que él reside, la guerra está estallando.

Lo dejan en la sala y, con reticencia, se van del recinto. Voldemort lo ha especificado de ésa manera. Después de varios minutos Harry ve entrar a un hombre alto, vestido completamente de negro, tiene un rostro hermoso y hace que la marca sobre sus costillas le arda, no puede evitar hacer una mueca de dolor. La taquicardia es debido a la aparición repentina, eso se dice.

—Harry Potter —saluda con una sonrisa, su voz tan suave como terciopelo.

Su cerebro reacciona, se levanta de un salto y hace una torpe reverencia que le duele en el ego. Nunca en su vida se ha inclinado ante nadie, ni siquiera cuando vivía con sus tíos lo hizo.

—Mi señor —Si las palabras han salido demasiado forzadas, el hombre no parece notarlo.

—Llámame Tom —hace una breve pausa—. Mi nombre es Tom Marvolo Riddle —Los ojos rojos lo evalúan atentamente.

—Tom… Tom Marvolo Riddle, ¿cómo TMR?

—Así parece, HP.

Harry (olvidando todo lo que le ha dicho Sirius sobre mantener la decencia y la buena educación) se quita la túnica y se levanta la camisa para mostrarle de lo que habla. Casi le sorprende ver un HP tatuado en la pálida piel del contrario.


Si alguien le preguntara, lo definiría como justicia, pero nadie (ni siquiera su padrino o el tío Reg) se atreven a hacerlo por temor a que la respuesta sea demasiado para ellos y Tom no necesita preguntarlo, se conocen tan bien que las palabras sobran.

Sólo fue un año y medio de guerra antes de que la oposición supiera que estaba perdida y decidieran tomar el camino democrático a exponer más vidas inocentes en el campo de batalla. Los cambios apenas se gestan, todavía hay deliberadas revueltas por aquí y por allá, falta tiempo para que el calor de la batalla se difumine lo suficiente como para darle cabida al nuevo mundo. Y es perfecto para lo que hace ahora.

De algún modo Tom ha rastreado a los muggles que volvieron su infancia un infierno, los confinó a una parcela del bosque y le permitió tener un descanso para ir tras ellos.

Es Duddley al primero que encuentra, llora totalmente aterrorizado y suplica piedad; en su corazón no existe algo como eso. Levanta la varita y se deleita del grito que se produce cuando el Crucio golpea el pecho de su primo, es una de las más dulces melodías que ha escuchado (aunque no se compara con la voz de Tom). Disfruta haciéndolo sufrir con lentitud y finalmente realiza la maldición asesina antes de proseguir.

Vernon es el siguiente, trata de lucir amenazante y falla por completo, le tiemblan demasiado las manos. Harry sonríe divertido, lo aturde con un Crucio antes de comenzar a hacer heridas y sanarlas a la perfección; sus gritos estrangulados le parecen graciosos. Lo deja con el abdomen abierto todavía vivo, esperando que algún animal llegue a concluir el trabajo.

A Petunia, de hecho, no la odia tanto; así que ignora su llanto y simplemente se deshace de ella con un Avada Kedavra.

Es hora de regresar junto a Tom y seguir construyendo su imperio.


Así que aquí termina esto, háganme saber qué tan mal lo hice, siento que quedo raro. ¡Gracias por leer esto y no abandonarlo en las primeras dos palabras de Lucius en la viñeta anterior! (?)