Capítulo 2
- ¿Ya estás lista para nuestra apuesta? – dijo Kurt Hummel
- Bien, que mas da, es solo una nerd que tiene que caer este año, todos ustedes saben que nadie me ha vencido jamás… - Rachel Berry, pequeña, de gran voz, cuerpo de infarto y preciosos ojos cafés, la debilidad de toda la escuela.
- Pero que humilde Berry, a veces me pregunto si ese genio vino en el paquete correcto, o no muchachos… - decía Santana López, capitana de las porristas y mejor amiga de Rachel Berry
- Pero hay que destacar que esta enana es la más perra de toda la escuela, pero te queremos Berry – Kitty Wilde, porrista
- Gracias Wilde, siempre es bueno tener algo de "ánimo" extra…
- Bueno, bueno, dejen en paz a mi chica – Finn Hudson, bobo – es hora de ir a clases.
La apuesta estaba corriendo, todo era simple: enamorar a la nerd de la escuela, obligarla a tener su primera vez con una chica espectacular y luego divulgar esto delante de todos los estudiantes, para hacerle la vida más miserable…
- Quinn, reacciona – mientras Sam la sacudía – Hey, ¡reacciona!
- ¿Qué?, oh, lo siento amigo… - reconocía apenada la rubia – solo estoy recordando lo que hablé con mi papá
- Pues yo sé que es sorprendente lo que te dijeron, pero siéntete alegre, son buenas noticias…
- Salvo el detalle de que yo quisiera a una persona en especial para que pueda cumplir mi sueño, aunque, siendo realista estoy soñando tonterías…
- Mira rubia – dijo Sam tomándola de las manos – nunca pienses que eres menos que nadie, tu eres la tipa más inteligente de este lugar, eres bella y cualquier chico o chica moriría por estar contigo, date una oportunidad a ti misma Quinn.
- Gracias por tus palabras amigo, realmente siempre sabes que decir para hacerme sentir mejor.
Ambos amigos se abrazan, sin darse cuenta que muy cerca de ellos se encuentra Rachel, viendo toda la escena enternecida, pero ahora más segura de que su plan podría ser perfecto. Marley Rose, ojos azules y precioso cabello castaño, vivía enamorada de la rubia, pues sabía que era una persona noble y amable con todos, a pesar de no tener muchos amigos.
- Hola Quinn, ¿cómo te va?
- Muy bien Marley, y a ti ¿qué tal te está yendo?
- No me puedo quejar- decía sonriente – logré aplicar a la decatlón y estoy segura de que ganaremos
- Que gusto saberlo, eso significa que seremos compañeras de equipo eh…
- Si rubia, estaremos juntas en esto – ambas se acercaban a darse un abrazo…
- Ejem… perdón – aparecía Rachel – eh, ¿puedo hablar un momento contigo Quinn?
- Eh, pues, si…Marls, ¿te importaría reunirte luego conmigo para revisar los temas de la decatlón?
- No hay problema rubia, paso por tu casa luego
- Gracias, eres la mejor – decía Quinn al ver a Marley alejarse- bueno, dime Rachel, que puedo hacer por ti.
- Pues es simple, verás, necesito algo de ayuda en un par de temas de química y como sé que se te dan muy bien estas cosas, pues pensé que podrías ayudarme un poco…
- Bien, puedo hacerlo, tú dime cuando te viene bien.
- Sería genial si hoy por la tarde fueras a mi casa, allí tengo más libros de consulta y estaremos más cómodas – dijo Rachel acercándose sugerente a Quinn – quizá y me puedas mostrar algunos trucos…
- Eh, yo, eh - decía Quinn rascándose la nuca – es-está bien, y-yo puedo enseñarte.
- Te paso luego mi dirección, nos vemos Quinn – dándole un beso cerca de la comisura de los labios – adiós
- Adiós Rachel.
Las horas pasaron muy rápido, las clases acabaron y cuando Quinn se disponía a abrir la puerta de su auto, algo, o mejor dicho, alguien la detuvo:
- Pero si es la rarita – dijo Hudson
- Que se te ofrece Finn, tu y yo no tenemos nada que hablar o en común.
- Pues yo creo que sí, y para que veas que me importas un poquito, pues te digo que te cuides mucho, no seas tan crédula con todos…puedes acabar muy mal…
- Gracias por tu preocupación, pero puedo cuidarme sola
- ¿Y qué hay de Evans?, creo que es tu fiel sabueso…
- Con él no te metas – dijo Quinn enojada – él no te ha hecho nada y yo tampoco, ¡déjanos en paz!
- Yo no hago nada, solo te aviso, tu estupidez puede ser tu ruina Fabray – dicho esto, Finn se alejó del aparcamiento.
- Maldito Finn – decía Quinn sin percatarse de Rachel – ojalá y no tengas razón…
- Quinn, ¿qué ha pasado?, te ves molesta – pero adorablemente molesta, pensó Rachel – vine a dejarte mi dirección
- Oh, sí, claro, lo había olvidado, disculpa – aceptando la nota con la dirección – ¿te parece bien vernos a las 4 en tu casa?
- Por mi perfecto – primera parte en avance, decía la morena en su mente – incluso si quieres puedes venir más temprano, mis padres están de viaje y yo estoy sola en casa…
- ¿De verdad?, pero no es bueno que estés sola en casa, a veces es peligroso, déjame llamar a mi padre, iremos ahora mismo – dijo mientras marcaba al celular de Russell
- Excelente Quinn, pero no tengo auto aquí, lo tuve que llevar al taller…
- No hay problema, dame un segundo… si, papá…no, no llegaré a almorzar….si, no te preocupes, estaré para la cena….bien, adiós, te quiero. Bien, Rachel, yo te llevo en mi auto
- Gracias, eres un amor...
- Eh, gracias, pues sube, adelante.
- Que galante – decía la morena sonriendo – todo un caballero de brillante armadura…
- Bueno, nunca me habían dicho algo así, supongo que es bueno
- Y que lo digas, eres como un héroe moderno…
Y así se fueron por todo el camino a casa de la morena, bromeando. En ese momento Rachel comprendió porque era tan especial la rubia: habían hablado de sus pasiones, de su pasado, de las cosas que le hacían feliz y las que no; sin darse cuenta ya habían llegado a la puerta de la casa de la morena.
- Bienvenida a mi humilde morada Quinn
- Muchas gracias Rachel, es una bonita casa – dijo mientras observaba el salón principal
- Gracias a ti por el cumplido y aceptar ayudarme con mis deberes
- No te preocupes, puedo permitírmelo de vez en cuando…
- Cierto, con todo lo que me has contado debo entender que no tienes mucha vida social… - mientras iban a la cocina
- Pues no, solo la suficiente para tener dos amigos
- Eso vi, Evans y Rose ¿cierto?
- Exacto, a Sam lo conozco desde pequeña y Marley simplemente apareció en mi vida para ser mi confidente y darme alegrías…
- Ya veo, ambos son especiales para ti - ofreciéndole un vaso con refresco – pero aún no he oído hablar del chico especial que te haga suspirar…
- Pues no existe tal chico, en realidad no existe nadie que haga eso en mí.
- No puedo creerlo, eres muy inteligente y bella para que nadie se fije en ti – tomando un mechón de su cabello y ordenándolo un poco – tu podrías gustarme Quinn...
- Eh, no creo Rach, yo soy un bicho raro, solo quiero acabar la escuela tranquila y poder estudiar la carrera de mis sueños… - dijo la rubia mientras ponía un poco de distancia entre Rachel y ella
- Mira Quinn, siempre me has parecido inalcanzable, pero ahora que te tengo aquí, en mi casa y tan cerca, sé que eres real, que puedo tocarte y saber que no estás solo en mi mente – plan en marcha, pensaba la morena – me gusta verte concentrada cuando estas en clase, o a veces oír tu risa cuando Marley te dice algo gracioso, realmente no me había dado cuenta de que tú me gustabas…
- Rachel, yo…
- No necesitas decir nada ahora, solo quería que supieras lo que pienso y siento, espero no incomodarte…
- Eh, entonces…bueno, hagamos algo de tus deberes y luego hablamos de esto. – dijo la rubia nerviosa por lo sucedido.
- Está bien, mis libros están en la sala, pero los demás apuntes siguen arriba…
- Bueno, tú me guías…
- Bien, a mi habitación.
