Capítulo II.

–Ay hermanita ¿qué haré contigo?

–Amarme Joshua, amarme. Me voy a preparar, mientras acomoda las pinturas como te especifique ayer ¿sí?

–Sí, si ya ve a ponerte hermosa.

–Hermosa ya estoy –le dedicó una sonrisa pícara a su hermano.

–Bueno, aún más hermosa. No tardes.

Clarisa salió del museo, su casa se encontraba a un par de calles, era de donde venía en la mañana, cuando se cruzó con Tom. Tom Hiddleston, el famoso actor que había interpretado a Loki, el Dios del engaño en varias ocasiones, había sido engañado por una linda muchacha de escasos 21 años, quien acababa de terminar su carrera de artes plásticas y ahora se encontraba a punto de entrar en el extraordinario mundo de las artes en París. No es que no la conocieran, de hecho era hija de una familia de buen apellido y buena posición económica, el museo era uno de tantos que tenía la familia Silvertone, su madre era una famosa escultora, su padre un magnate y sus abuelos tanto paternos como maternos se habían dedicado a algún tipo de arte, lo traía en las venas.

Tom no sabía porque estaba más emocionado que de costumbre, tarareaba en lo que se afeitaba y vestía un pulcro pantalón de satín color azul marino y una sencilla camisa blanca. Esperaba que nadie lo reconociera tal como ocurrió en la mañana, aunque si eso pasaba pensó que sería bueno para el artista que se presentaría, pues la gente se interesaría aún más si veían a un actor famoso merodeando por ahí. Aún no comprendía cómo era que ese par de hermanos no lo habían reconocido, no le molesto, de hecho le encanto que así fuera. Por otra parte acepto ir al evento según él porque adora el arte, lo cual es verdad pero esa no era la única razón, la otra, la cual escondía para sí, era porque la muchacha, Clarisa, lo intrigaba. Ese había sido el día que más se había hecho preguntas durante toda su vida, no estaba seguro de las reacciones de ella, eran diferentes, le extasiaba solo el pensar que nueva reacción adaptaría en cada situación. Y estaba dispuesto a verla toda la noche si era necesario para descifrar su extraño comportamiento.

La noche llegó, y en punto de las ocho, el evento daba inicio, Joshua les dio la bienvenida a los invitados y presentó a su hermana y a su colorida colección de pinturas. Clarisa, quien lucía un sencillo vestido de un tono turquesa como toda la decoración del museo, les hablo de algunos temas que trataban sus pinturas y su inspiración para realizarlas. También les recomendó iniciar el recorrido de izquierda a derecha, así lo había diseñado ella, pues creía que el efecto de una a otra sería mucho mejor. Los invitó a comenzar el recorrido, y les dijo que estaría rondando por ahí, por si tenían algunas preguntas, y que se acercaran sin pena; a ella le encantaba hablar personalmente acerca de su trabajo y aceptaba cualquier tipo de comentario, pues ella creía que esto le ayudaba a mejorar.

Después de un rato, Tom llegó al evento y quedó sorprendido porque había gente de muy buen nivel social, era obvio. El artista debía ser alguien importante y esto lo animo mucho. Camino entre la gente y divisó a Joshua, quien lo reconoció como "el tipo del jarrón", como Joshua estaba muy ocupado con varios invitados, apenas pudo recomendarle que iniciará el recorrido de izquierda a derecha y que esperaba le gustará.

Así pues Tom comenzó el recorrido, le impresionó mucho lo que veía, la mayoría eran pinturas al óleo que parecían imágenes tomadas de una cámara fotográfica, una muy buena cámara. Los colores eran variados y esto le encanto, pues le chocaba que varias pinturas del mismo autor fueran de tonos similares. El cambió de una pintura a otra, tal como lo planeó Clarisa, lo extasiaba demasiado, al igual que a los demás invitados, cambiaba de una en blanco y negro para dar paso a una con colores vívidos, está a su vez daba paso a una con colores ocre. Se quedó bastante tiempo admirando una pintura de un ángel un tanto oscuro, devastador, al menos en el exterior, pero sus ojos daban a entender que no era lo que parecía; trataba de encontrarle sentido a esta pintura cuando alguien le toco el hombro y lo sacó de sus cavilaciones.

– ¿Qué te parece? –preguntó Clarisa con una sonrisa.

Tom se sobresalto un poco al verla, no lucía como aquella muchachita de esa mañana, a pesar de que su vestido era sencillo, lucían sus atributos y su rostro denotaba madurez, parecía al menos de 27 años. Esa mañana tampoco había reparado lo suficiente en sus hermosos ojos almendrados que daban a entender más de lo que decía y su cabello suelto y libre le terminaba de dar a su silueta una forma muy sensual. Por un momento creyó que era otra persona, pero la risa de Clarisa que lo volvió a la realidad le hizo ver que realmente era ella.

–Pues interesante –respondió al fin –me gustaría poder hablar con el artista, ¿no sabes si ya se fue? –preguntó con inocencia.

–Me parece que sí, es un poco pesado a veces.

– ¿En serio? –Preguntó sorprendido –por lo que expresan sus pinturas no creí que fuese así. En fin me quedé con mis dudas.

– ¡Hum! No necesariamente, puedes decírmelas a mí y quizá te pueda ayudar a resolverlas –sonrió muy contenta.

–No creo que puedas –dijo Tom muy tajante.

–Ponme a prueba.

Tom pensó que ella insistiría, además quería ver sus reacciones, quería conocerla.

–De acuerdo. –Respondió al fin –Es que está pintura me resulta un poco contrariada. Desde una perspectiva exterior, el ángel es aterrador, es como un ángel de la muerte, muy oscuro, pero veo sus ojos, los cuales demuestran ternura, aflicción, amor, no sé, simplemente no creo que sea lo que parece, sus ojos no me engañan. Quisiera saber si lo que digo es verdad o si estoy chiflado, como te dije es algo que solo el autor de la pintura puede responder.

Clarisa se sorprendió ante tal comentario, él había visto algo que nadie hasta ese momento y le mostró una sonrisa de completo gozo.

– ¿Tú crees que es un autor? Digo, un hombre el que pinto esto, ¿o una mujer?

La pregunta de ella le sorprendió, no lo había pensado así que contesto que no estaba seguro.

– ¿Por qué?

Esta chiquilla y sus preguntas, pensó Tom.

–Por qué hay ciertas cuestiones que me parecen de hombre y a veces de mujer, no sabría decirlo, aunque no creo que eso realmente importe, es muy bueno sea quien sea, aunque si dices que es un poco pesado ya no es tan bueno para mi gusto.

Ella rió un poco fuerte y la gente a su alrededor la volteó a ver, no es que no lo hicieran, pues lucía hermosa y la mayoría de los presentes sabían que ella era la pintora, pero su risa les dio oportunidad de verla con un pretexto y a sus anchas.

Tom se desconcertó por enésima vez durante ese día y la vio con cara dudosa.

Ella lo estaba disfrutando, pero quería responderle a su pregunta, se daba cuenta de que él veía más allá y eso la animaba a querer entablar una plática más profunda sobre su trabajo, para ello tenía que decirle que ella era la artista y quería hacerlo a su manera.

–Pues regresando a tus dudas, te puedo decir que no estás chiflado –dijo Clarisa muy segura.

Tom vaciló, no sabía qué clase de cosa iba a sacar está niña. Si, niña, para él era una niña.

– ¿Por qué estas tan segura?

–Por qué tienes razón, la autora quería plasmar justo esa imagen, que lo que ves por fuera no siempre es lo que hay dentro. Lo importante es el interior, la esencia de la persona, lo que desprende, lo que transmite, ese es el principio en toda su obra.

– ¿La autora? –Preguntó Tom – ¿así que es mujer?

–Ja ja me sorprende que no te dieras cuenta por ti mismo, si viste más allá de la pintura.

– ¡Hum! Lo que dijiste es interesante. ¿Cómo sabes que ese es el principio de su obra? ¿Ella te lo dijo?

–Algo así, digamos que ella y yo somos muy buenas amigas.

– ¿Es tu amiga? ¿No que es un poco pesada a veces?

–Que sea mi amiga no le quita lo pesada –rió – ¿te gustaría conocerla?

–Claro, aunque sea una pesada –sonrió.

–Pues… –Clarisa estaba a punto de decirle que era ella, cuando un joven la interrumpió.

–Disculpa, tengo una duda acerca de la última pintura, la de tonos grisáceos –dijo el joven con pena en su voz.

–Por supuesto, vamos a verla y me la cuentas en el camino –volteó y le dijo a Tom que volvería guiñándole un ojo.

Él se quedó pensativo, ¿por qué el muchacho vendría justamente por ella para que le resolviera sus dudas? Eso era extraño, quizá sea porque conoce a su amiga, y el muchacho lo sabía, dado que la amiga no está supuso que Clarisa podría ayudarle. Estaba pensando esto cuando Joshua con rostro cansando se le acerco.

–Hola, disculpa que no te atendiera bien antes pero estaba un poco ocupado, ya ves, lo que un hermano tiene que hacer –dijo teatralmente – te vi con Clarisa y decidí no interrumpir, pero dado que se fue por ahí a tener a gusto a sus fans pude venir un momento.

– ¿Sus fans? –dijo Tom con sorpresa.

–Sí, ya sabes, ella dijo que estaba dispuesta a responder dudas o hacer aclaraciones sobre sus pinturas.

– ¿Sus pinturas? –sus ojos se abrieron como platos y Joshua comprendió.

–Oh oh, esa niña ¿cuándo entenderá a no tomarle el pelo a la gente?, ya van dos veces en el día, discúlpala, su temperamento es así.

Tom no cabía del asombro, ella había jugado con él los últimos quince minutos y él ni en cuenta, sus mejillas ardían de la vergüenza. Ella le había estado dando pistas, y ni así pudo adivinar que era ella, ni porqué el joven fue a buscarla. Por un momento se enojo, más consigo mismo que con ella, pero el sentimiento desapareció cuando se percato de que podía cobrárselas.

– ¿Entonces ella es la pintora? ¿Es su debut? –preguntó para asegurarse.

–Sí –contestó Joshua –Estoy muy orgulloso de ella, nuestros padres no pudieron venir por algunos compromisos en Alemania, así que estoy aquí apoyándola el triple.

–Vaya, ¿podría pedirte un favor?

–Por supuesto, te debo mucho por aguantarle sus bromitas todo el día.

–No le digas que ya sé que es ella, quiero un poco de ventaja –sonrió.

–De acuerdo –le guiño un ojo y lo dejo porque vio que su hermana se acercaba.