Capitulo 2. Quisiera hacer algo por ti.

Tenía dos días que había llegado a Zarnack, estaba buscando algún tesoro, pues el dinero se le había agotado con el tiempo, no se animaba a pedirle a alguno de sus amigos, que sin duda le prestarían y tampoco era de esas personas tan formales que se mantenían siempre en un solo lugar, ella normalmente siempre estaba viajando o planeando un viaje, el durar mucho tiempo en un lugar era solo atarse a el.

Atravesó las ruinas lentamente de Zarnack, distraída, algunas personas pasaban alrededor de ella intentando evitar, golpearla con el hombro por los estrechos caminos, de aquellas ruinas.

Camino tan rápido y aprisa que no se dio cuenta, de lo mucho que se había alejado de todas las personas, simplemente quedaba ella sola, patio un poco de polvo, que se encontraba, acumulado en una esquina; se sentó en una solida roca, a descansar y pensar lo que una vez fue las gaviotas y lo que había quedado de ellas.

Pensó en Yuna, Rikku, Gippal, Baralai y Nooj, pensó en cada uno de ellos desde que los había conocido, hasta el momento en que sus vidas habían tomado rumbos diferentes, no pudo evitar derramar una lágrima traicionera, se la limpio con coraje del rostro.

-No vale la pena llorar, al menos no ahora – se reprendió así misma por dejarse ver tal débil y vulnerable, ella no era así, ese no seria el momento en que doblara las más, nadie lo vería nunca.

El suelo vibro bajos sus pies, y aquella piedra donde estaba sentada se movió, arrogándola al suelo, su espada voló por los aires, lejos de ella; retrocedió para no darle la espalda al monstro que se erguía orgulloso frente a ella.

Había tenido unas semanas tan pesadas, estaba agotada, no había parado de trabajar, junto con su hermano y Cid, le dolían las piernas y sentía sus pies palpitar, además del color bronceado que estaba tomando su piel, a causa del ardiente sol, se dejo caer en la cama para tan solo unos minutos descansar, antes de que la volvieran a llamar.

Y solo se dio cuenta, que el no hacer nada, así que pensara en todo (si Rikku piensa) y en Yuna y Paine, no se había dado cuenta de ello porque siempre tenía la cabeza en algo que estuviera reparando o construyendo, o simplemente haciendo algo.

-¿Qué haces?- hermano entro a su cuarto, asustándola y haciéndola brincar de su cama.

- ¡Hermano! – se sobo la pierna con la que había caído al suelo antes de dirigirle una mirada fulminante. - ¿Qué haces aquí? Deberías estar cuidando el negocio de papá.

-Si y lo estaba haciendo, pero te buscan a ti – Rikku se levanto del suelo y se acerco a su hermano.

-¿Me buscan a mí?- se apunto con un dedo y alzo la ceja incrédula de lo que su hermano acababa de mencionarle.

-Si a ti, ¿Qué te robaste esta vez?- Ignoro a su hermano y se acerco a la cortina que separaba la tienda de un pequeño cuarto de descanso. Era un hombre que jamás había visto en su vida. – Ve y arregla todos tus problemas.

Su hermano la empujo hasta que quedo frente al mostrador, con la cara del hombre a centímetros del rostro de ella. Le sonrió nerviosamente, no lo recordaba por más que intentara, y nunca lo había visto en su vida.

-¿Qué necesita?- se alejo un poco de el y se puso seria.

-Yo señorita Rikky necesito de usted- le respondió el hombre en Albhed.

-¿De mi? Discúlpeme usted pero no le conozco – respondió alejándose de el. - ¿Qué ocupa de mi?

-Salga a fuera y le mostrare- respondió el hombre dirigiéndose a la salida.

Rikku giro para buscar a la mirada aprobatoria de su hermano, pero lo encontró dormido en una silla, se puso nerviosa como siempre lo hacia, sin embargo aquella era una oportunidad perfecta para salir de su vida cotidiana, y tal vez regresar al campo de batalla, liberarse de estar en un solo lugar y huir.

Siguió al hombre atreves del pasillo, el sol del desierto, nublo su vista por unos segundos, cuando vio al joven delante de ella lo siguió, aun con desconfianza, no podía permitirse seguir a una persona así como así.

-¿A dónde vamos? Disculpa te estoy hablan…. – no pudo terminar la frase cuando alguien la metió y tapo su boca con una sustancia que le hizo perder el conocimiento.

Camino desesperada por la playa de Besaid, conocía y reconocía que en cierta parte ella había tenido la culpa de que se rompiera la amistad entre las gaviotas, lo sabia, ella había encontrado su manera tranquila de vivir, pero no se detuvo a pensar por Paine o Rikku, solo vio su bien y no el de las demás, como hacia una buena líder; lo mismo había ocurrido con sus eones, no vio por ellos y en un inicio no le importo pero después cayo en cuenta de sus errores.

-¿Quieres ir a buscarlas? – escucho detrás de ella mencionar a Tidius. El se acerco lentamente a ella y la acaricio suavemente.

-No lo se- respondió a secas.

-¿Qué no sabes? Después de todo eres una invocadora, se supone que conoces la verdad absoluta. – El no era muy bueno para animar a las personas, sin embargo se estaba esforzando.

-Ex invocadora Tidius, no quiero buscarlas porque temo que no puedan perdonarme, y por el otro lado, de verdad quiero verlas recuperar nuestra amistad.

-Entonces vamos- Tidius la tomo de la mano, invitándola a que se animara a realizar el viaje, al fin ella vio reflejado en sus ojos, que no conocería las respuesta a aquellas preguntas , si no se arriesgaba.

-Vayamos a avisarles a Lulu y Wakka- y si aquel era el camino que el destino le había forjado, no le quedaba de otra mas que seguirlo nadie lo sabia tan bien como ella, una guerrera y invocadora.