Advertencia: Post-cannon | Posibles futuros spoilers | No hay secuencia temporal, por lo que, obviamente, este escrito no tiene nada que ver con el anterior.

Disclaimer: Los personajes utilizados no me pertenecen.


Expectativa versus realidad.

Aunque llevaba un considerable tiempo de conocerlo –hablando de años-, sabía que, si bien le conocía, la imprudencia de Soma siempre tendría un gusto de primera vez en ella. Hablando del momento, claramente.

Era una cuestión de costumbre. Podía mantener constantemente la alerta de la forma tan extravagante de ser del muchacho, lo que, del mismo modo, era la misma cosa que le hacía no sentir algo común en sus estupideces. En simples palabras, cuantas veces él hiciera lo suyo –tan suyo-, ella se horrorizaría. Bueno, tal vez no tan así, pero siempre la sacaba de sus casillas de tranquilidad.

Está esa vez, por ejemplo, en que el teléfono le sonaba sin parar aunque recorriera toda la casa. Era como si abriera puertas desconocidas a lugares jamás vistos de esa simple casucha, y el teléfono sonaba. Maldición, aunque estuviera buscando en el sótano, le seguía sonando en la cabeza.

Subió la escalera corriendo, y allí lo escuchó.

–¿Ehh? ¿Y tú quién demonios eres? –en esa pausa, ella entró al comedor, donde vio al pelirrojo usando su teléfono celular. –Es broma viejo, por supuesto que te recuerdo, no hables así.

–…

–¡No lo sé! Creo que estaba buscando algo. Ya, no insistas en eso, algún día nos volveremos a ver.

–…

–Ex-Tadokoro tiene fe en ti, viejo.

–¡Soma-kun, dame mi teléfono! –gritoneó intentando acercarse; desafortunadamente, le puso la mano en la cara.

–¡Estoy hablando con el viejo, no interrumpas! –abrió los ojos y se separó el auricular por los gritos que le provenían. –Ella no ha dicho nada al respecto, ¡hazte la idea!

Podía escuchar a su tío gritar histérico que le pasara el móvil a su sobrina.

–Pues resígnate. Megumi, quiere hablar contigo.

–…

O como aquella vez, en que había horneado trece galletitas exactas para un grupo de niños que vivían por los alrededores, para dárselas en Navidad.

–S-Soma-kun… –lloriqueaba, mirando las migajas en la bandeja. Las había hecho con tanto amor.

–¡Ya te dije que lo siento! En serio pensé que eran para mí.

El amor terminó en su estómago.

O esas ocasiones también… que el comedor estaba a punto de cerrar; ella daba su suspiro de supervivencia y se imaginaba el paraíso de la cama, pero, oportunamente, un cliente desorientado y decepcionado atravesaba la puerta.

–Oh, ¿ya está cerrado, verdad? –preguntaba con desilusión.

–Bah, un platillo más no es nada. –Soma salía restregándose las manos, reluciente. –¿Cuál es su orden? Ex-Tadokoro, ayúdame con las verduras.

Podría rellenar un río con sus lágrimas.

O esa vez también, no podía pasar esa vez. Eran poco más de las dos de la tarde de un sábado ajetreado en el comedor. Soma se dio cuenta que Megumi sudaba la gota gorda y se veía algo agotada, por lo que le recomendó darse un baño y descansar un rato.

Con su aura renovada decidió darse un relajante baño de tina con fresas a su lado. El vapor le hacía olvidarse del mundo, todo era rosa a su alrededor. Así fue hasta que un tiempo después…

–¡Megumi! –se sobresaltó al escuchar ese grito de la planta baja, seguido de las pisadas de la escalera.

Soma abrió la puerta de par en par.

–¡Llegó el fontanero! Ex-Tadokoro, tienes que salir de la tina. –habló acercándose.

Megumi se sonrojó y tembló intentando cubrirse las partes de su cuerpo que aún tapaba el agua.

–¡P-p-pero, no estoy usando el agua!

–¡No importa, necesita el grifo!

Y sin preguntarle, metió sus brazos al agua y rodeo su menudo cuerpo para levantarlo con fuerza sobre su hombro.

–¡S-S-Soma-kun! ¡B-basta!

–Tranquila, cerraré la puerta con llave. –le explicó sonriente, caminando hasta la habitación con la muchacha mojada y desnuda en su hombro.

No pudo más que resignarse a su estrés mientras veía las baldosas debajo de ella. Eran estas situaciones las que le recordaban quien siempre sería Soma Yukihira.

Pero, aún así, estaba aquella vez. Las otras eran anécdotas. Esta era "esa anécdota". Oh, sí, jamás, jamás la olvidaría. Hasta desconfiaba de que Soma se lo contara a sus nietos, ya que para él era como un feliz recuerdo.

Megumi y Soma se casaron cerca de donde la primera vivía, y luego del evento, Soma le preguntó que quería hacer. Y Megumi lo conocía. Le propuso pasar una semana en el comedor de su familia antes de tomar vacaciones e irse de luna de miel. Él le pasó un brazo por los hombros y la acercó, radiante de felicidad.

–¡Se te ocurren las mejores ideas!

Llegaron al comedor cerrado un día después en la tarde. A Soma se le ocurrió prepararle postres de su invención, y para hacerlo más divertido, le tapó los ojos con la idea de que adivinase los ingredientes. Abrieron las ventanas y dejaron que el tibio sol de las cinco les acompañara, sentados en los taburetes; la cocina llena de platos sucios, y sus risas que llenaban el comedor de eco.

–¡Mmhh! ¡Tiene cacao! –Megumi, con los ojos vendados, torpemente llevaba las cucharadas a su boca de los dulces; en ocasiones Soma le ayudaba, pero aún así consiguió que de la cuchara se resbalara y le cayese postre en las piernas. –¡Uups! –murmuró riendo, con los mofletes rojos y las comisuras manchadas de colores.

Soma le ayudó a limpiarse, pero al tener capturada ya la atención, se olvidó de varias cosas a su alrededor. Megumi pasó su mano por el vestido floreado que se arrugaba en sus piernas curvadas en el taburete.

Entonces, Soma se hizo la idea de lo que era su primera vez en soledad con quien era alguien, y luego su esposa. Apoyó su mano en el mentón, viéndola reír, con su espeso cabello moldeando sus hombros; acostumbrándose a la idea de que, las piernas que miraba, eran de su mujer. Probablemente esa idea fue el incentivo a que algo controversial como crema en su piel, le hiciera sentir el sabor en su boca. Eso significaba que…

Megumi soltó un gritito cuando sintió al pelirrojo agarrar su cintura y elevarla hasta el mesón. No sabía que pensar, por lo qué, sentir su cabeza recostada en la madera le aceleró el corazón, y le rellenó la mente con emociones en vez de pensamientos.

Sintió movimientos contra ella que le impedían salir de su estado de shock. Se quitó la banda justamente para mirar las manos de Soma recorrer sus piernas para levantar el vestido. La imagen dejó en segundo plano sus acosadoras sensaciones, así que, era eso, y su rostro ardiendo.

–S-Soma-k-, no t- –fue lo que consiguió susurrar antes de que un gemido ahogado le hiciera apretar los ojos. ¿Desde cuándo le cosquilleaba el vientre?

No lo sabía, un dolor punzante y un fuerte ardor fueron su única preocupación. Estaba tan shockeada que, siquiera era consciente de que el dolor le arrancaba gemidos, los cuales ocasionaron que, de repente, Soma parase.

–L-lo siento. –murmuró el pelirrojo, con una repentina timidez.

El calor del rostro del muchacho cerca del suyo le incitó a abrir los ojos. Entonces, Soma guío su mano hasta la propia en el mesón. Hizo presión en sus dedos apretujados hasta que consiguió mezclarlos con los suyos; cerrando su mano con seguridad.

–¿Necesitas que me detenga?

El acto modificó por completo la opresión en el pecho de la chica. Totalmente conmovida, apartó la vista. Aún así, no respondió nada, y aunque Soma podía tomárselo tanto como sí o como no, le convenía pensar en el sí.

Megumi se preocupó de no ser una molestia en nada. Si bien no era como tal lo que las mujeres esperaban de su primera vez, no podía comparar una expectativa con la sensación de que Soma le agarrase la mano, la tensase y la soltase, mientras le hacía lo que le hacía. Ni siquiera el dolor podía ser malo si él intentaba apaciguarlo.

Horas más tarde, Soma le pidió infinitas disculpas. Se excusó con el hecho de que se veía tan bonita -y esas cosas que les gusta oír a las mujeres-, que no se dio cuenta de lo que estaba haciendo hasta que ya lo había hecho. Después de todo, la primera mujer a la que deseaba, era suya. ¿No es esa combinación una buena justificación? Esperaba que sí.

La chica no lo decía en voz alta, pero recordar la escena como tercera persona le ocasionaba un cosquilleo en el estómago que quería se sintiera dulce. Una parte de sí le decía que fue un momento en el que la pasó a llevar, que usase el sentido común. Se suponía que lo importante era ser tratada con cuidado y, sobre todo, tener su consentimiento. No era una muñeca de trapo, era una esposa. Pero la otra parte y grande le decía, ¿por qué no? Verse a sí misma siendo recostada repentinamente para cumplir ese tipo de deseos le hacía desfallecer.

Así que se limitó a sonreír tímidamente y decir que no importaba.

Vaya, estaba tan enamorada. Al parecer, a la gente enamorada todo le gustaba. Aunque no le gustara.

Sin embargo, ahí no terminó. Soma se estaba viendo como el caballero que necesitaba en ese momento, dándole remedios caseros para el dolor y buscando algo caliente para poner sobre su vientre.

–Oye, Megumi. Quiero decirte algo. –le escuchó decir repentinamente.

–¿Qué ocurre, Soma-kun?

Ladeó su cabeza al verlo rascar su nuca con una sonrisa tímida.

–Pues… la verdad, no sé como decírtelo. Es que hace unas horas, recordando cuando estábamos abajo y eso… –la miró a los ojos y sonrió. –Pues, yo pensé que…

Con el corazón en la boca, apretó sus puños reteniendo las ganas de suspirar.

–¿Sí?

–Ah, bueno. –y el clásico rostro de Soma despreocupado apareció. –Con la emoción del momento, no pude verte las tetas.

¿Eh?

Su cara se desfiguró.

–¿Me las muestras? –y empezó a carcajear.

Ay de ella. Esa noche, Soma durmió en un hotel. A la otra, ninguno de los dos durmió.


N/A: Quería subirlo mañana pero kefhwjp jejeje *cara de Megumi sonrojada riendo*.

Muchas gracias por los reviews, me motivaron a escribir en un ratito esto. Quien sabe cuándo volveré a subir otra, así que, ¡nos vemos!