Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.

Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.

La adaptación conserva el mismo nombre del libro.

Pasaporte al amor

Capitulo 1

A Jasper Whitlock nunca le habían dado nada. La muerte de su madre cuando él sólo contaba cuatro años, le privó de la especial dedicación procedente del tierno corazón y manos de una buena madre. Rápidamente aprendió a no esperar de la vida ni amor ni magia, ni nada que no fuera lo necesario para mantener unidos cuerpo y alma. Al ser hijo de un vaquero vagabundo que había pasado más tiempo borracho y sin trabajo que sobrio y con empleo, Jasper había crecido a merced de extraños que o bien le compadecían o le despreciaban.

La necesidad de conseguir algo, de matarse a trabajar si era necesario para tener una buena vida y un hogar, se apoderó de él antes de que terminara el colegio. Cuando cumplió los catorce años, había llegado a estar tan obsesionado con esa idea que abandonó el colegio, mintió sobre su edad y se fue a trabajar a uno de los mayores ranchos del país. Después, se puso a estudiar en su tiempo libre y obtuvo el título de educación secundaria casi a la vez que sus antiguos compañeros de colegio estaban en su primer año de universidad.

La falta de estudios le resultó insignificante, ya que siempre se había enfrentado al ridículo diario por la mala calidad de su ropa y su ignorancia social. Su infancia había quedado destrozada por ser el hijo de un borracho. Por tanto tuvo que encontrar el éxito en otra cosa, algo que mejorara el mal concepto que tenía de sí mismo y le diera una razón para dejar a un lado el alcohol y mantenerse al lado de la ley.

Al principio, en ese gran rancho, trabajó doce horas al día siete días a la semana. Los días libres escasearon, nunca tuvo vacaciones, pero él aguantó, ahorrándolo casi todo, hasta que al final pudo tener lo suficiente para alquilar un sitio donde vivir.

Así se convirtió, con ayuda de una hipoteca, en el orgulloso propietario de un modesto rancho. Sudó y sangró por aquel trozo de tierra, viviendo en la pequeña casa en ruinas que tenía sólo una habitación con el suelo de tierra, mientras seguía trabajando fuera para ganarse la vida.

La tierra resultó ser difícil y casi le mató. Crió animales peligrosos, les ayudó a parir, les cuidó y les curó y luego los vendió. Vivió en soledad y con muchas privaciones, persiguiendo el espejismo de un hogar y respetabilidad...

Hasta el día en que descubrió que bajo sus tierras estaba el mayor yacimiento petrolífero de la zona.

A partir de entonces, las cosas con las que había soñado en el pasado podían ser suyas simplemente entregando una tarjeta de plástico o rellenando un cheque. Desde el momento en que empezaron a circular las noticias de su buena suerte, le trataron con una deferencia que al principio le sorprendió.

Fue invitado a todo tipo de fiestas de la alta sociedad, más de un millón de comerciantes le dejaban mensajes en su nuevo contestador automático y cada madre con una hija soltera se aseguraba de invitarle a cenar. Personas que siempre se habían mantenido a distancia de él, iban a buscarlo para hablarle o hacer negocios.

Y aunque Jasper podía comprar todo lo que quería y hacer lo que le apeteciera, había descubierto de repente que lo que más deseaba, un hogar, una familia y respetabilidad, tenía más que ver con la calidad de la mujer con la que eligiera casarse que con el dolor, la sangre y el sacrificio que le habían llevado tan lejos.

Y como a Jasper Whitlock rara vez le habían dado algo, sabía perfectamente que el tipo de mujer que buscaba sólo podría ser suya a cambio de un precio. Una mujer con clase no estaría dispuesta a casarse con un hombre con su pasado y nunca sentiría interés por un hombre que había crecido de forma tan poco refinada. Y por eso, Jasper no tenía la intención de darle una oportunidad.

Mary Alice Brandon llegó en su coche hasta la mansión del rancho Whitlock, pero se detuvo a cierta distancia de la entrada donde había aparcadas varias furgonetas y camiones que supuso serían de los constructores y obreros. Paró su coche a un lado de la carretera y apagó el motor. Recogió el bolso que estaba en el asiento del copiloto y se quedó mirando la enorme casa.

Había oído que Jasper Whitlock estaba construyéndose una de las mejores casas de esa zona, y aunque aún quedaban semanas para que terminaran las obras, pudo ver que era tan impresionante como decían los rumores.

La enorme casa de dos pisos y medio era de estilo victoriano con una terraza cubierta que recorría toda la primera planta. Allí había dinero y buen gusto, pero Alice no podía conciliar la imagen de la casa con la que tenía del hombre duro y primario que la había mandado construir.

Por centésima vez esa mañana, recordó mentalmente las pocas veces que se había cruzado en su camino Jasper Whitlock. Nunca había podido olvidar del todo al hombre alto de aspecto duro que inclinaba la cabeza respetuosamente cada vez que la veía por la calle. Nunca había entendido las razones del nerviosismo en su estómago cada vez que sus ardientes ojos azules la miraban por debajo de su sombrero mientras le daba una donación para una fundación escolar.

También recordó la vez que se le pinchó una rueda y se quedó tirada en la carretera. ¿Por qué seguía pensando en el olor a sudor, cuero y gravilla caliente y podía recordar esa peculiar sensación que experimentó al verle cambiar el neumático? Algo en las grandes manos llenas de callos de ese guapo y duro ranchero le había fascinado.

De repente, Alice notó que estaba temblando. El increíble mensaje que tíoJames le había dado esa mañana la había perturbado. Y como el mensaje procedía de Jasper Whitlock, recordar todas esas anécdotas pasadas no servía de mucha ayuda.

Apretó con fuerza su bolso y abrió la puerta para salir del coche. El ruido de martillos y herramientas eléctricas llenó el aire. Los edificios recién construidos del rancho y corrales que podía ver en la distancia parecían igualmente activos, con caballos, ganado y empleados por todas partes. Al menos no estaría a solas con ese hombre.

Intentó tranquilizarse mientras caminaba con paso decidido hacia las enormes puertas de la mansión y luego gimió frustrada cuando se dio cuenta de que tenía gotas de sudor en la frente. Mientras caminaba, sacó un pañuelo de papel y discretamente se secó la cara, horrorizada de notar que le temblaban las manos mientras volvía a guardar el pañuelo en el bolso.

De algún modo, recordar el aspecto de Jasper y su reacción femenina a su intensa masculinidad, la había atemorizado. Y en ese momento estaba a punto de hablarle cara a cara, asustada por su escandaloso mensaje. Seguramente, Jasper Whitlock no había hablado en serio.

Jasper observó la llegada de Alice desde una de las habitaciones de invitados sin terminar de la segunda planta de su nueva casa. La mujer era la viva imagen de la feminidad. Desde la brillante cabellera negra que le llegaba casi a los hombros hasta los dedos de los pies metidos en unas sandalias de tacón alto. Alice Brandon era pequeña, refinada y tan elegante como regia.

El vestido blanco de lino que llevaba con el bolso y zapatos a juego, posiblemente costaban más que los beneficios que él había obtenido en cualquiera de los años anteriores al descubrimiento del petróleo. Jasper no podía imaginar lo que costarían sus pendientes, collar o reloj de oro. Lo único que sabía era que en ese momento él podía comprar todos sus collares y relojes y demás complementos y no notarlo en su economía.

Ese orgulloso pensamiento le inquietó. Alice Brandon tenía clase. Estaba acostumbrada a lo mejor. Él podría darle cualquier cosa que quisiera simplemente chasqueando los dedos.

Cualquier cosa excepto un caballero por esposo.

Ese recuerdo debilitó un poco el placer que había sentido al verla. Pero Jasper había aprendido que un hombre no tenía que ser un caballero para conseguir lo que quería en la vida si tenía dinero y si era implacable.

Jasper se apartó de la ventana y salió de la habitación.