Kuroko no Basket y todos sus personajes son propiedad de Tadatoshi Fujimaki, yo solo los tomo prestados un rato.


Autora: Ren

Palabras: 2391 según el contador de Word.

Advertencias: OoC no intencional, mención de muerte de personaje, posible errores gramaticales y ortográficos.

De nuevo yo, ahora no les traigo feels, no me siento con el humor suficiente como para revisar el archivo que quiero subir, así que pensé que era momento de actualizar esto.

Admito que no es tan intenso como el capítulo anterior, pero espero haber podido hacer un buen trabajo y haber aclarado una que otra duda que deje, aunque todavía me faltan algunas cosas que deben quedar bastante claras...pero para eso estoy pensando en subir pequeños one-shots que complementen está trama, para no desviarme de mi meta de hacer a lo mucho unos cinco capítulos, los cuáles ya tengo casi planeados en su totalidad.

Los dejo leer, y les recomiendo buscar Kodou de DIR EN GREY, creo que este capítulo en verdad tiene muchas partes de esa canción.


Beat—

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Estoy solo en mi habitación
mientras
los latidos de mi corazón gritan.
No bromees contigo mismo y
no te engañes a ti mismo.
Yo soy
adicto al destino perceptible.
Estoy solo, y permanezco
en este destino.

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Kodou/DIR EN GREY.

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—Muro-chin, yo creo que serás un cantante famoso en futuro no tan lejano…—La suave y aburrida voz llega a sus oídos junto al sonido de la envoltura de uno de los muchos dulces que el más alto carga siempre.

—Si tú lo dices, Atsushi. —Responde con tranquilidad y una leve y sincera sonrisa.

La suave brisa de otoño remueve los cabellos de ambos de manera delicada y elegante, la cálida risa de los pequeños niños jugando a lo lejos crea una melodía perfecta.

Himuro no puede despegar su mirada del más alto, a pesar de que es un par de años menor que él, le parece interesante que él de cabellos lilas sea mucho más alto que él, de hecho le sorprende que un japonés sea así de alto.

No es que no conozca personas que lleguen a los dos metros, pero es un fenómeno poco común entre los japoneses que suelen ser bastante pequeños de estatura. Estar junto a Atsushi le hace sentir más relajado y las ropas del contrario le recuerdan a la que los jóvenes de su edad suelen usar en Estados Unidos.

—Ne…Muro-chin. —Llama de manera infantil y casi arrastrando las palabras. —Si te vuelves famoso, me gustaría escucharte cantar frente a un gran público. —Suelta el pelilila como si fuera una orden, frunciendo sus labios de manera graciosa.

—Te invitaré a uno de mis conciertos entonces. —El pelinegro responde de manera juguetona, en verdad le divierte pasar el tiempo con alguien tan sencillo y complicado a la vez.

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—Uhmm…—Soltó un muy suave y leve quejido a la vez que se removía en su cama.

No es agradable soñar con algo que sucedió hace muchos años, de algo que fue y ya no será más.

Se traga el orgullo, y se permite soltar unas cuantas lágrimas.

Hoy no tiene que ir a trabajar, Reo sabe que es ese día y que pasará gran parte del día en el lugar de descanso de la primera y única persona de la que se ha enamorado, y que debe de pasar algo de tiempo con su familia.

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Se levanta de manera un tanto torpe de su cama, de la misma forma camina unos cuantos pasos hasta el espejo de cuerpo completo que tiene en su habitación y busca de manera detenida y lenta alguna marca en su cuerpo de la noche anterior y suspira con alivio al ver que su pálida piel está intacta.

Otra rápida mirada al espejo, su cabello está completamente desordenado dejando entrever el ojo que siempre oculta bajo su largo flequillo y que tanto odia por ser diferente al otro. No le gusta que sea de un claro y puro color azul, siempre ha odiado como se ve ese color en él por alguna razón que no comprende del todo.

Rápidamente toma la suave y blanca toalla que está a punto de caer del espejo y se apresura a llegar hasta la ducha, necesita tomar un largo baño para tranquilizarse y que esa expresión de tristeza desaparezca de su rostro.

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Tatsuya no sabe cuánto tiempo ha pasado bajo el agua caliente, pero tiene una leve idea pues Kazunari ha tocado la puerta de su habitación y le ha dicho que se apure para desayunar. Por el olor que ha embargado su hogar, puede adivinar que Taiga ha preparado panques de chocolate, y en el fondo le agradece un poco por haber preparado algo dulce que le ayuda a menguar la tristeza y el suave dolor en su pecho.

Sabe que debe apresurarse a bajar si quiere que quede algo en la mesa, por lo que toma una sencilla playera negra con detalles en un sencillo pero elegante gris Oxford que hacen resaltar su piel blanca, y unos desgastados jeans que ha encontrado tirados en el suelo. El pelinegro sale de su habitación con una toalla sobre el cuello, y se le ha olvidado acomodar sus cabellos para cubrir el ojo que tanto le acompleja.

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Una vez que se encuentra en el comedor, puede ver como Takao discute de manera casi infantil con el más pequeño de todos porque el niño ha tomado uno de los pulpos de salchicha que Kagami le preparó y se atreve a soltar una leve risilla por lo divertida que le parece la escena. Izuki no tarda mucho en regañar a su pequeño hijo por estar molestando a Kazunari, y el pequeño Yoshitaka no tarda en disculparse con el azabache por tomar parte de su desayuno sin permiso.

—Yoshitaka sí que se parece a ti, Shun. —Pronuncia sin malicia tomando asiento, Izuki solo puede sonrojarse levemente por el comentario.

—Creo que se parece más a su madre…ella solía hacer lo mismo cuando yo no me daba cuenta. —Una leve sonrisa nostálgica aparece en el rostro de Shun, y sus ojos se cristalizan por recordar a la madre de su pequeño hijo. En verdad le amaba tanto, y el destino se la quitó demasiado rápido.

—Creo que se parece más a ti, al menos en la personalidad. Físicamente se parece a Yoshiko, en unos años más tendrás que quitarle al club de fans de encima. —Responde Himuro a modo de broma, y todos a su alrededor ríen de manera alegre, olvidando toda la nostalgia y melancolía.

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Una vez que todos terminan de desayunar, ayudan a levantar los trastos y a limpiar los mismos para continuar con su rutina diaria.

Kazunari sale casi corriendo al notar que se le hace tarde y quedó de verse con Akashi y otra compañera de clase para llegar juntos al instituto y cumplir con su rutina.

Izuki y su pequeño hijo se despiden de Kagami y Tatsuya, y ambos le desean suerte a Yoshitaka en la escuela.

—¿Quieres que te acompañe a verlo? Es mi día libre, y no me importaría acompañar al deprimido de mi hermano. —Cuestiona el pelirrojo con cierto tono algo sarcástico, aunque esa es una forma de que el pelinegro vuelva a ser el mismo de siempre…o al menos que se comporte de la misma manera después de ese evento que lo marcaría para siempre.

—Tendrás que prepararle galletas a Reo si quieres que te perdone esa broma, Tiger. Responde Himuro de manera acusadora, sabe cómo hacer que el menor de ambos se arrepienta de sus comentarios sin mala intención.

Kagami solo asiente sin querer hacerlo realmente, sabe lo exigente que es el jefe de Himuro cuando de cosas dulces se trata, pero ya encontrará la forma de arreglárselas.

—Se nos hace tarde.

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La suave brisa de otoño le golpea el rostro y le despeina de modo que su flequillo se mueve hacia atrás, dejando el ojo que tanto le desagrada descubierto.

Suelta un largo suspiro cansino, se dará por vencido en su tarea de hacer que su cabello regrese a la posición que quiere.

El clima es ligeramente frío, sin duda alguna, el invierno será casi insoportable ese año.

—¿Por cuánto tiempo seguirás trabajando en ese lugar Tatsuya? Y'know, —Se atreve a preguntar Taiga con cierto miedo, lo que menos quiere es molestar al pelinegro. —Tus ojeras cada vez se hacen más notorias, nos preocupas Tatsuya.

—Sabes que no puedo dejar ese trabajo Taiga, por más que lo quiera…no quiero que me cierren las puertas en cualquier lugar, y yo tomé la decisión de trabajar con Reo hace años. Prefiero continuar en ese trabajo…—Himuro tomó aire a la vez que buscaba como explicarse. —…no sé cómo explicar la forma en la que me siento ahora, ¿entiendes? Es un poco difícil alejarse de esa vida y que en un futuro no tan lejano te persiga.

El ambiente se tensó bastante, ambos sabían que cualquier cosa perjudicaría todo más de lo que ya estaba.

—Será mejor que nos apuremos, quiero saludar a Atsushi y pasar algo de tiempo con él.

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Un largo suspiro sale de sus labios.

El aburrimiento cada día es más insoportable, la rutina cada día lo empieza a consumir con mayor rapidez.

A pesar de todo, hay un factor que siempre cambia por lo menos un día a la semana, y casi siempre lo espera.

Las visitas de Midorima Shintarō llegan por lo menos cada semana, a veces son dos días los que tiene la suerte de tenerle sobre su cama.

La mayoría de las veces, solo se quedan platicando hasta que alguno se queda dormido, aunque cuando la rutina ya es insoportable, son mínimo dos veces las que Tatsuya se corre sobre las suaves sábanas de seda.

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No pasan más de 30 minutos hasta que le ve entrar por la puerta. Se le ve realmente cansado, casi puede imaginar que no ha dormido más de seis horas a lo largo de la semana…sus ojeras son bastante oscuras y –aunque los lentes las ocultan-, las bolsas bajo sus ojos son bastante notorias desde lejos.

Reo le saluda con su siempre amable y cordial sonrisa, ya le conoce y sabe que viene por él. Solo basta un suave movimiento de manos para que se acerquen Himuro y Nijimura para cumplir con su trabajo –o al menos el segundo, porque Tatsuya no está seguro de pasar a algo más que una larga conversación con el peliverde-.

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—Te ves cansado, Shintarō y eso que yo no soy nadie para decirlo. —Suspira largamente, ahora comprende un poco el sentimiento que tiene su familia cuando le ven con unas ojeras bastante marcadas que parece más un muerto.

—Ha sido una semana algo difícil…—Responde el menor sin mucho ánimo.

—Ven. —Le ordena el pelinegro.

Por la mente de Midorima no pasan cosas realmente buenas cuando su contrario le habla de esa forma, hasta por un momento cree que le obligará a tener sexo con él, pero se sorprende cuando al sentarse sobre la cómoda y mullida cama que conoce tan bien, Himuro le obliga a recostarse sobre su regazo.

Una muy leve risa escapa sin querer, su demonio personal no es tan malo como creía.

—No soy alguien tan desalmado como aparento Shintarō. —Dice Tatsuya, con cierto reproche. —No suelo hacer esto muy seguido, al menos no después de que entré a trabajar aquí. —Se atreve a decir sin importarle que piense Midorima de él ahora.

—¿Por qué decidiste trabajar aquí? —cuestiona el peliverde con curiosidad.

—Es una larga historia…solo te puedo decir que tiene que ver con el hecho de que perdí a alguien muy importante hace muchos años. —Un suave suspiro sale de manera inconsciente de los labios de Himuro.

No importa cuántos años pasen, pareciera que el otoño le hiciera sentir deprimido de alguna forma.

—¿Era parte de tu familia? —preguntó Midorima de nuevo, de alguna forma, sentía que era fácil comprender el sentir ajeno por una situación así.

Himuro solo negó levemente con su cabeza. —Es la primera persona de la que me enamoré, y tal vez la única. Él fue el que me impidió entrar a trabajar aquí durante un tiempo, fue una época bastante difícil…Shun vino pidiendo mi ayuda para que le diera un lugar en dónde vivir a él y a su hijo y por esas fechas había adoptado a un no tan adorable niño de unos diez años, y entre Taiga y yo no podíamos mantenernos todos. —Relató Himuro con tranquilidad.

—Ya veo…

—A veces siento que eres más como un psicólogo que no tiene suficiente trabajo en lugar de un doctor con mucho prestigio…es molesto.

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La noche es más fría que el día, y poco a poco es más larga que el mismo.

El invierno se acerca, de eso no hay duda alguna, pues el frío comienza a calar sus huesos y no duda que pronto empiecen las nevadas fuera de temporada.

Midorima se apresura a llegar al prostíbulo que ya conoce casi de memoria, y en dónde ha aprendido a romper su rutina por lo menos una vez a la semana gracias a cierta persona arrogante y con una personalidad imposible, que pareciera más un lobo vestido de oveja.

Ahora que lo piensa, no le ha preguntado a Himuro sobre su familia, o sobre su cumpleaños…o algo un poco más personal.

No es que este enamorado, es solo que el tiempo que pasa junto con el pelinegro es entretenido…y el calor del cuerpo de menor tamaño le hace sentir que ya no está solo.

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—Recuerdo que hace tiempo me preguntaste si tenía algún sueño que no pude cumplir. —Tatsuya suspira largamente, estar sentado sobre la camilla del consultorio al que fue arrastrado junto a otros dos jóvenes y una adorable señorita le parece una oportunidad perfecta para entablar una conversación.

Midorima asiente ligeramente mientras pasa un algodón con desinfectante por los cortes en la frente contraria que continúan sangrando de manera algo alarmante.

—Quería ser cantante, yo en verdad deseaba pisar un gran escenario y agradecerle al público el ir a verme en vivo…estuve muy cerca de tocar ese sueño, pero pocos días después la familia de Atsushi decidió desconectarlo. Después de eso, decidí entrar a trabajar como prostituto para olvidar mi tristeza. —Relató el pelinegro en voz baja, controlando unas cuantas lágrimas que amenazaban con bajar por sus mejillas.

—Yo pasé por algo similar. —Dijo Midorima con total seriedad, captando la total atención del pelinegro. —Yo quería ser pianista, mi madre quería que todos me escucharan tocar el piano, pero mi padre quería que me dedicase a la medicina. —El peliverde inhaló largamente y retuvo el aire por unos segundos antes de soltarlo. —Una vez que mi madre falleció a causa de una muy avanzada leucemia, mi padre encontró la oportunidad perfecta para que yo estudiase medicina.

A ambos les parecía algo hilarante el cómo tuvieran que dejar sus sueños de lado para cumplir con una obligación que no tenían que cumplir.

—Me gustaría escucharte tocar el piano entonces, siempre he creído que es un instrumento interesante.

—En ese caso…—El peliverde sonrió ligeramente gustoso. —Tendrás que cantarme para que lo haga.

—Si eso quieres, no tengo problema en hacerlo. Solo no te enamores de mí cuándo me escuches cantar.


¿Pueden notar cómo nace el intenso amor entre este par? Porque yo sí :v es bastante divertido escribir esto cuando la inspiración ataca...y vaya que me costó un poco mantener el ambiente intenso y sensual del capítulo anterior, trataré de tener algo mejor para el siguiente capítulo.

Las dudas aquí creo que es ahora el por qué Himuro está herido y Midorima lo cura...bueno, la respuesta queda en el aire. Ustedes pueden buscar alguna excusa lo suficientemente convincente como para responder su duda y ya verán si tenían la razón o no después.

Ahora sí, debo huir antes que las MuraHimu me quieran matar (yo también amo esa pareja, les juro que los amo).

Nos leemos pronto.

—Ren.