"En este mundo siempre hubo una lucha sin fin entre los ángeles y demonios, los humanos eran por lo que luchaban.

Los ángeles querían protegerlos y guiarlos por el buen camino.

Mientras que los demonios querían torturarlos y hacerlos sufrir.

Y en esta lucha, los demonios estaban ganando."

Nunca había creído en ellos, para él los ángeles tan solo eran una fantasía creada por la iglesia y la biblia. Después de todo la biblia es un libro que ha pasado por varias y diferentes manos, lo que este escrito ahí pudo ser fácilmente cambiado.

¿Y qué es lo que estaba pasando? Tenía en frente a un ser con grandes alas, una aureola encima de la cabeza y estaba usando vestiduras blancas. Si esto es una broma, la persona que la hizo se las iba a pagar, en ese momento no estaba para bromas.

El ángel lo miro con curiosidad —¡Así que tu eres Ichimatsu! Waah, te vez diferente en persona, cuando te vi por la fuente sagrada te veías más tenebroso y con mala leche. ¡Pero ahora que te veo pareces una buena persona!

Ignoro que le dijo 'Tenebroso' y 'con mala leche' de todos modos la mayoría de la gente lo catalogaba así, aún siendo él un padre de una Iglesia distinguida y el hijo de un arzobispo. Lo mas importante en realidad, era que sabía su nombre. —¿Fuente sagrada? ¿Te refieres a la que esta en el patio de la Iglesia?

—¿Aquí también hay una fuente sagrada? ¡No, no, no! —Negó rápidamente. —Me refiero a la fuente del cielo. Si miras a través de la fuente puedes ver lo que hacen los humanos. Dios la coloco para que nosotros nos sintiéramos mas cercanos a ellos, o por lo menos eso fue lo que me dijo el arcangel dekapan.

—Entonces... ¿Lo viste? —Preguntó, con sus ojos aún rojos.

Aunque el no lo hubiera causado directamente, todo indicaba a que el homicidio familiar era su culpa.

Cerro su boca, colocando una expresión medía seria —Sí.

Ichimatsu cerro los ojos. Se lo imaginaba, ese Ángel venía a castigarlo, no era el único pecado que cometía.

—Es por eso que estoy aquí... —Sonrió. —¡Me enviaron para cuidarte y hacerte ver que la vida no es tan mala! que dios existe.

Floto cerca de él y movía las manos, enfatizando lo antes dicho.

—¿Eh? ¿No vienes a Castigarme?

Se detuvo mirándolo extrañado e inclinando la cabeza —¿Castigarte? ¿Por qué? No has hecho nada malo.

¿Nada malo? ¡El homicidio es realmente malo! ¡Más cuando viene con un suicidio detrás! ¿Que tiene este Ángel en la cabeza? Eso era lo que pensaba, pero no lo iba a decir en voz alta. —Así que eres como... ¿Un ángel guardián?

El ángel frunció el ceño —No, es diferente. Un ángel guardián esta contigo desde que naces hasta que eres adulto. Pero yo solo tengo que cumplir con la misión de hacerte creer en dios y la humanidad. Ya que de esa manera no seras inducido por ningún demonio o ente maligno.

—Entonces tengo que estar contigo hasta que me convierta en un santo, que ridículo...

El ángel lo ignoro, puso su mano tapada con la tela encima del hombro de Ichimatsu para luego pegarle palmadas —¡Seremos como compañeros! ¡Es un gusto Ichimatsu!

Estaba tenso, no le gustaba que lo tocaran y ese chico lo esta tocando con toda la libertad. —Agh. —Musito, mirando la tela blanca en su hombro. —si vamos a estar juntos, por lo menos merezco saber tu nombre.

—¡Ah, lo olvidaba! ¡Soy Jyushimatsu! Así fue como me nombro dios al nacer —Sonrió ampliamente.

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Después de que acabara la ceremonia estuvo un buen rato preocupado. Ichimatsu estaba actuando extraño. Se dio cuenta de la mirada vacía que le dirigió al difunto cuando se despidió, como si cargara un peso en sus hombros. No lo podía creer del todo, quizás, Ichimatsu realmente era su amigo y su muerte lo lastimo.

De todas formas iría a verlo y verificar que estuviera bien. No quisiera que sufriera o llorara solo. Así que se dirigió dentro, al altar.

Abrió la grande puerta de madera tallada y se encontró con la persona que buscaba —Oh, my litle brother, te estaba buscando.

Jyushimatsu volteo a ver quien era, reconociéndolo al instante por las visiones de la fuente.

—Karamatsu... —El chico de ojos caídos fruncio el ceño con fastidio.

—Pareces estar bien. —Lo miro, aunque no dejó de lado el echo de que sus ojos estaban rojos. Se fijo muy bien, parecía que ya se le había pasado la pena. Sin embargo todavía sentía que había algo raro.

—¿Que tanto miras? —Le estaba molestando.

—Hay algo raro en ti... como si hubiera un aura celestial rodeándote, siento pureza y buena fe. —Buscaba en el lo que pudiera ser, sin embargo sentía que era algo externo a el.

Ichimatsu miro al ángel que estaba a su lado, obviamente se refería a él, pero al parecer no lo podía ver.

—Dicen que solo la gente de buena fe puede ver a los ángeles y eso es verdad. Tú me puedes ver porque así lo quisieron los de arriba. —Jyushimatsu le explico, apuntando al lugar indicado. —Es extraño, ya que pensé que esa persona podría verme.

Sí, el igualmente se encontraba extrañado. Podría pensar cualquier cosa de Karamatsu, pero siempre pensó en él como una buena persona, por algo su padre lo prefería a él.

—Bueno, no importa lo que sea. Como ya he visto que estas bien me iré. Tengo cosas pendientes que hacer. —Se le acerco y toco su hombro. —Cuidate.

Realmente NO le gustaba que lo tocaran. ¿Por qué lo hacían? Si no fuera padre de una Iglesia ya hubieran tragado tierra. Bueno, quizás Jyushimatsu no, pero a Karamatsu lo enterraría muy al fondo.

El ser celestial río al ver el rostro de su protegido, ellos se llevaban muy bien.

Karamatsu sonrío, alejándose hacia la salida y saliendo del lugar.

—¡Me cae bien tu amigo! Es interesante.

—Te equivocas, ese tipo no es mi amigo.

—¿Eh? ¿No lo es? Parecía que sí~.

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Tenía que verificar que la monja Teresa haya llevado el encargo que le pidió. Así que mientras caminaba por los pasillos la buscaba con la mirada, había muchas monjas en ese momento, era algo difícil buscarla.

Decidió preguntarle a una de las monjas que estaban ahí si la habían visto.

—Disculpen ¿Han visto a la hermana Teresa? Necesito verificar si llevo el encargo.

El grupo de monjas se miro entre sí, entonces una de las monjas decidió hablar —Yo vi a la hermana Teresa, padre Karamatsu. Estaba hablando con un hombre en la entrada de la Iglesia.

—Gracias, me asegurare de que reciban una recompensa. —Bajo un poco sus lentes y les guiño un ojo.

Los rostros de las monjas se sombrearon al instante. Sin darle importancia a ese detalle, el sacerdote Karamatsu siguió su camino hacia la entrada, caminando por un largo pasillo y llegando al patio.

Logro ver a la hermana Teresa en el limite de la entrada que daba el arco hablando con un hombre en traje. Los observo por un momento, viendo que los pómulos de la hermana estaban rojos y se le veía nerviosa.

Siguió viéndolos, sintiendo que había algo raro en ellos. Especialmente ese hombre, ya que sentía un aura familiar provenir de él. Un aura diabólica y maliciosa. Sospechaba de que fuera un demonio, pero sentía que era malo prejuzgar antes de conocer, así que se les acerco para hablar.

—Hermana Teresa, la estaba buscando.

Teresa no lo volteo a ver, ya que parecía estar hipnotizada por esa persona.

Él sonrió y miro al padre —Creo que le gusto ¿o no? Padre.

—¿Es así? —Eso era algo peligroso, estaba prohibido que las monjas tuvieran interés por alguien, mucho menos sí es sexual.

—Es inevitable, ser tan atractivo —Dejo de lado a la monja que lo miraba atontada y se acerco al sacerdote. Acercó su boca a su oído, provocando que le recorriera un escalofrío. —Pero usted no esta nada mal.

Su respiración caliente hacía que su oreja se pusiera roja al igual que sus pómulos, trato de mantener la calma. Y trato de controlar su respiración, con fuerza lo empujó, logrando ver sus cuernos asomarse por su cabeza y una cola por detrás.

—¿Eres un demonio? —El contrario sonrió, riendo levemente.

—¿Un demonio? No... eso es tan denigrante.

Unos ruidos de tacón interrumpieron su charla. Era una chica, muy bella y usaba ropa apretada. Tenía una cola y cuernos, era una de ellos.

—¡Totty! ¿Hiciste lo que te pedí? —Miro alrededor, hasta visualizar a la monja desmayada desde hace rato en el suelo. —¿Es ella? Genial. Tomala y vámonos.

Karamatsu reacciono enseguida al escuchar eso —¡Espera! ¡No se la pueden llevar! —Ellos lo ignoraron y tomaron a la mujer. Karamatsu buscó rápidamente entre sus ropas algún arma o agua bendita, sin embargo en ese momento no llevaba nada de eso encima.

Ellos abrieron un portal, así que se apresuro a detenerlos, pero no pudo. Ya lo habían traspasado y se cerro al instante. Desapareciendo.

—¡MALDICIÓN!

Continuara...

Nota de autor

Perdonenme por demorar, tuve unos cuantos problemas y es la primera vez que escribo por el celular. Esperó que les guste la actualización. Cualquier duda me la dicen. Quisiera saber sus opiniones.