¡Hola! Espero que todos se encuentren muy bien :3 Muchas gracias por sus comentarios, y sus "me gustas" Aquí esta la continuación, no está muy larga, pero igual espero que les guste C:

Cualquier error, háganmelo saber, porfa.


Maldita
[Sesshomaru&Kagome]

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Capítulo 1. Al fin… Ha comenzado.

—¡Naraku! —gruñó el hanyou al ver como aquella cantidad de humo tomaba, frente a sus ojos, una forma muy conocida.

—Inuyasha, que sorpresa —irónicamente le contestó, posando en sus labios la típica sonrisa burlona que lo caracterizaba.

—¡Esta vez, te mataré!

El sonido de una espada desenvainada, resonó por todo el inmenso bosque. En el aire se podía llegar a sentir la tensión que, en ese momento, era evidente. El enojo reflejado en los rostros de cada persona que hacían acto de presencia en el bosque, podían hacer temblar y retroceder, a quienes les miraran, pero Naraku, nunca se dejaría intimidar.

—¡Inuyasha! No podemos perder la cordura y actuar de manera impulsiva —la voz segura de Miroku surgió efecto ante la acción que Inuyasha, estaba por ejecutar.

—El monje Miroku tiene razón, cálmate Inuyasha.

—¡Tú no entiendes, Kagome! —gruñó. —¡Esta puede ser nuestra oportunidad de una vez por todas de acabar con Naraku! Es ahora o nunca.

Haciendo caso omiso a las palabras que llegaban a sus agudos oídos, alzo su espada, dejando ver el peligroso filo que esta poseía. Una energía demoniaca la envolvió, para posteriormente, embestir con su típico ataque.

—No funcionó… —susurró para si mismo, cuando su denominado ataque, se vio ridículo ante el campo protector que siempre envolvía a Naraku.

—Inuyasha, ya deberías saber que tu "viento cortante" no tiene el suficiente poder, para hacerme tan siquiera una leve herida —le dijo para luego reír a carcajadas, disfrutando de la frustración que se veía reflejada en el rostro del hanyou.

—¡Naraku! —gritó una voz femenina.

El mencionado volteó su cabeza a la portadora de aquella voz, viendo como la joven chica, apuntaba con determinación con una de sus flechas al nombrado. Energía purificadora. Eso fue en lo que se envió envuelta aquella flecha, que viajaba al cuerpo de Naraku, con firmeza.

—No intervengas, Kagome —le habló con serenidad.

Un ágil movimiento ejecutó el hanyou, para esquivar tan peligrosa flecha. Su mirada se poso en la azabache, mirándola con intensidad, firmeza, y malicia.

—No me puedo mover… —susurró, sintiendo como cada músculo de su cuerpo, se tensaba ante la penetrante mirada de Naraku. Hizo el ademán de moverse, pero su cuerpo se vio paralizado.

—Kagome, ¿estás bien? —preguntó Sango con un deje de preocupación en su voz.

—No puedo moverme, Sango —murmuró con esfuerzo, sintiendo como se perdía en los ojos de Naraku y como parecía quedar embobada ante su sola presencia.

Acción que no paso desapercibida para Inuyasha, quien miraba vigilante los movimientos de Naraku, asimilando las palabras de la sacerdotisa.

—Maldito, ¡¿qué le estás haciendo a Kagome?! —gritó por todo lo alto.

Con espada en mano, se abalanzó sobre Naraku, dispuesto a captar su atención y liberar a Kagome, de lo que parecía ser un truco sucio del hanyou. La hoja de tan poderosa espada se tiño de un rojo intenso, simulando al color de la sangre, cargada de lo que se llamaba, energía demoniaca.

¡Dio en el blanco! La momentánea distracción de Naraku le permitió, con su colmillo enrojecido, destruir el campo protector del hanyou, pero todo el ambiente se vio perturbado por el veneno del mismo.

—¡Naraku, está escapando! —chilló una voz infantil, captando la atención de los presentes.

—¡Naraku, no escaparás! —gruño Inuyasha, dispuesto a perseguirlo. Hizo el ademán de correr a gran velocidad y saltar por todo lo alto, pero unas palabras, o más bien, una pregunta, detuvo su apresurada acción.

—¿Qué es esa luz? Es negra —la pregunta ha salido de los labios de Sango con un deje de curiosidad, y un tanto preocupada.

—Deberíamos ir a averiguar —sugirió Miroku.

—Kagome ¿tu que dices?

Todos voltearon a ver a la miko, quien aun parecía seguir "hechizada" por los trucos de Naraku, pues su mirada estaba clavada en un punto cualquiera, mirando a la nada. El tenue viento pasaba entre sus cabellos, jugando con los mismos, sus ojos lentamente empezaban a cerrarse, perdiendo el característico brillo que siempre poseían.

Un mareo la invadió y se tambaleó.

—¡Feh! ¿Qué te pasa Kagome? —preguntó Inuyasha, aparentando molestia y ocultando su preocupación.

—No me siento bien… —susurró débilmente, al instante que caía lentamente a lo que ella sentía como el vacío.

—¡Kagome! —gritaron todos al unísono.

Inuyasha, gracias a sus excelentes reflejos y rapidez, logró sujetarla antes de cayera en el duro suelo. La miko se desvaneció en sus brazos, perdió su color habitual, ganándose un blanco pálido, suspiró pesadamente antes de que sus parpados se cerraran por completo y que ella perdiera la noción del tiempo.

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—¡Maldita bruja! ¡¿Dónde estas?! —gritó con voz molesta, haciendo que sus palabras resonaran por toda la inmensa cueva.

—Oh, señor Naraku, ¿Algún problema? —con voz tranquila, preguntó una anciana humana, de unos setenta años aproximadamente, sus ojos verdes brillaban de maldad e interés y su picará sonrisa en su rostro adornada por la malicia.

—¡Me engañaste! —gruñó, al instante que cerraba sus ojos en un intento de controlarse.

—¿Por qué dice eso? Explíquese y se le agradece que deje de gritar.

—Kagome, a quien pedí que maldijeras, me atacó. ¡Se supone que no debería hacerlo! —ignorando la petición de la anciana, le gritó. Su paciencia estaba llegando a su fin.

—¡No fue fácil! —alzando su voz le habló un tanto molesta de escuchar los reclamos del hanyou. —Esa niña tiene el alma pura, libre de rencor y odio. Me fue muy difícil aplicarle la maldición, pero ya está hecho. Acabo de terminar, la oscuridad se ha plantado en su corazón, ella ya sabe su misión, está maldita sujeta mis órdenes.

—¿Y hará lo que la maldición establece?

—Eso ni lo dude. Los enamorará, los ilusionará y después los matará. Solo es cuestión de tiempo —le explicaba mientras con sus arrugadas manos, peinaba su larga cabellera color blanca, la cual a pesar de los años estaba bien cuidada.

Lo que la bruja decía era como una suave melodía para los oídos del hanyou. Después de esperar varios meses para que la anciana pudiera penetrar el puro corazón de Kagome, al fin ese tiempo había llegado a su fin, y la maldición ha comenzado. Y agradecida estaba con la anciana de que le haya podido agregar ese hechizo "extra" que pidió; poder controlar a Kagome con la mirada. Más complacido no podía estar.

—Perfecto —sonrió Naraku.