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Despertó en una jaula de metal, oxida y diminuta. Rugió, no quería estar ahí, no deseaba que la apartaran de su hogar. Le habían quitado a su madre y ahora trataban de alejarla de lo único que conocía.
Ella no tenía dueño, ella era libre. Nadie, nunca, le arrebataría lo único que le quedaba.
Se agazapó dentro de la jaula, dio otro gutural rugido lleno de ira y convicción. Estampó su frente contra las rejas, una y otra vez, la piel se le hizo jirones, sintió el sabor de la sangre bajar hasta sus colmillos, pero sin importar que, siguió embistiendo.
Los barrotes temblaron antes de ceder con un chirrido irritante. Salió hecha una fiera, con la velocidad digna de su especie, corrió hacia sus captores y los atacó con su garras. No solo habían matado a su madre, lo habían hecho con la de muchas otras panteras, no podía dejar que siguieran adueñándose de aquello que no tenía ni debía ser propiedad.
Las balas tronaron por todo el lugar, parecían relampaguear en la profunda oscuridad de la selva. No se detuvo ante ninguna detonación, brinco de cazador en cazador, lastimándolos con sus mortíferas garras.
—Ella era mi madre —gruño a la cara del hombre en mando— mi madre.
Alzo sus plateadas garras, lista para hacer un corte perfecto.
—¿Quién eres niña?
Volteo a ver a la fuente de la voz. Era un hombre en, tal vez en sus cuarentas, vestido completamente de negro. Pero no estaba solo, un grupo de hombres vestidos de manera similar lo acompañaban.
Los ojos del extraño se abrieron desmesuradamente, antes de que pudiera ayudarla su cuello fue perforado por una daga.
Dolió, pero no la mato. Regresó su atención a su futura víctima, y lo miro con molestia, él le regresó la mirada con miedo. Antes de que llegara a pedir clemencia rugió con voracidad, y sin titubeo, le dio un zarpazo.
— Nan'ambajh —la incrédula voz del desconocido la alertó— Nan'ambajh —repitió una vez más sin creer a sus ojos.
Se alejó unos pasos. Sus rizos azabaches cayeron sobre sus hombros, incluso en aquella forma conservaba su salvaje naturaleza.
—¿Qué significa eso? —ladeó la cabeza— ¿Quién eres?
No respondió. Sin apartar la mirada de ella se arrodilló, y pronto sus hombre siguieron su acción.
—Eres una pantera... y una niña ¿Pero de qué manera naciste? —frunció el entrecejo con clara confusión— ¿Como pantera o como niña?
—¿Quién eres? —demando con un gruñido.
El hombro no lució afectado por la irrespetuosa manera.
—Mi nombre es T'Chaka Udaku, soy el rey de Wakanda.
—¿El rey? —repitió la niña— eres Guerrero, protector.
Cambió a su forma de pantera, y se acercó con precaución a T'Chaka. Lo rodeó y giro en círculos a su alrededor.
—Mi madre hablaba de ti —confesó al cambiar a su forma humana— de tu familia. Peleas bajo el símbolo de mi raza... Pantera Negra —ladeó la cabeza y se hincó para ver mejor sus ojos— no eres un humano normal, y yo no soy una pantera usual —le enseño las garras que salían de sus dedos humanos— Vibranium, así le llaman ¿No?
—¿Cómo? —miro incrédulo sus garras.
—No lo sé —miro sus garras con vaguedad— todo mi esqueleto es de Vibranium, nací de esta forma, a mí madre le pareció extraño la primera vez que me convertí en humana —la tristeza empañó sus ojos— mataron a mi madre —le confesó mientras veía los cuerpos de los cazadores— y hubieran matado más panteras, por eso lo hice.
—Cazar panteras está penado con la muerte, todos en Wakanda lo saben —dijo el rey T'Chaka— ¿Que harás ahora? ¿Puedes sobrevivir sin tu madre?
—No puedo morir —se limitó a decir.
—Es un buen primer paso —admitió con una cálida sonrisa— pero deberás buscar refugio, comida... la supervivencia va más allá de ser protegida por una coraza de metal.
—Solo puedo intentarlo.
—Puedes venir conmigo, podemos cuidarte hasta que aprendas a sobrevivir por ti misma.
¿Ir con ellos?
—Este es mi hogar —miro la espesa selva que los rodeaba— ¿Cómo podría abandonar mi hogar?
—Volverás, los dioses te han brindado de bellos regalos, no creo que deseen ver que estos son desaprovechados —le tendió su mano—. Te ayudaré a fortalecer tu espíritu y tu cuerpo para que puedas enfrentar el destino que te aguarda, Nan'ambajh.
—¿Que significa?
El rey se limitó a sonreír.
—Algún día lo sabrás.
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—Es tan pequeño.
Observó el pequeño bulto que yacía en brazos del rey, su gentil protector. Sonrío al ver su sincera felicidad, por lo que sabía este era su primer hijo, y seguramente su más grande tesoro.
—Lo es —afirmó el rey sin dejar se arrullar a su pequeño hijo— su llegada trae una nueva luz a mi mundo.
—Y una nueva aventura —arrugo la nariz al sentir una perturbación en su sensible olfato— va a necesitar un cambio de pañal pronto.
El rey se rió de buena gana, no se inmutó del profundo asco de la pantera que había estado residiendo por más de un mes en su palacio, encontraba divertido sus comentarios.
—Entonces será mejor que su padre se apresure —beso la frente de su recién nacido— despídete de Nan, T'Challa.
Observó al rey sostener la mano de su primogénito, ayudándolo hacer leves gestos de despedidas. Nan levantó su mano y se despidió, los humanos hacían cosas extraordinariamente extrañas, pero ciertamente adorables.
Con un suspiro regreso su vista al jardín que le había sido conferido. Incluso si podía transformarse en humana, no significaba que actuará totalmente como una, le gustaba vivir en el exótico jardín del palacio, era húmedo y placentero.
Estiró las patas, y tras una sacudida, corrió hacia el árbol más alto. Entre brincos, y usando sus garras como tenazas, logró subir hasta la rama más gruesa. Se hecho y dejó a su cuerpo relajarse. Era medianoche, pero el rey había venido lleno de emoción a presentarle a su hijo, el príncipe de Wakanda.
Estaba feliz, no podía imaginar a alguien más que se mereciera tanta dicha. T'Chaka no solo era un magnífico rey, también era un buen hombre.
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El fin de semana vi Cilvil War, y no pude dejar de querer escribir algo sobre su majestad. Va a ser una historia corta, por qué tengo más historias con las cual cumplir, pero espero que alguien se pase a leer esto y le guste.
Por favor, dejen sus comentarios y opiniones, serían de gran ayuda.
