CAPITULO 1

Actualidad. Después del partido contra Sannoh y su rehabilitación.

- cantaba feliz de la vida mientras se dirigía a Shohoku. Había pasado meses desde la última vez que toco un balón de basquetbol y al fin su doctor le dio luz verde para que practica. Rebosaba de felicidad. Sorprendería a todos con su llegada ya que a nadie le informo de su regreso.

- ¡Hanamichi! – escucho un grito a coro a sus espaldas. Era su gran Ejército.

- ¡Chicos!, ¿Cómo están? - pregunto con una sonrisa de oreja a oreja.

- Bien. ¿Qué hay de ti? ¿Ya está mejor tu espalda? – respondió Yohei.

- Si!, ¡este talentoso podrá practicar al fin y vencer a Rukawa! Grr…

- ¿No querrás decir que Rukawa te vencerá? – dijo Takamiya.

- ¡Cállate, gordo! – y le dio su famoso cabezazo. Dejándolo fuera de combate mientras los otros se reían. – ya les demostrare que este genio pude derrotar a ese zorro apestoso y también a ese Sendoh. Ya verán. – murmuraba el pelirrojo, mientras se alejaba con grandes zancadas hacia la puerta principal de su escuela. Una vez allí, y como era habitual, es atropellado por la ya famosa figura zorruna de Rukawa con su bicicleta. Destruyendo así todo buen humor. Explotando y empapelándolo al pobre Rukawa de maldiciones, pero este con su forma brevísima de responder, "Torpe", se fue. Dejando a un pelirrojo enfurruñado y echando fuego por la boca.

Para la tarde ya sabían la mayoría de la escuela que el famoso pelirrojo estaba de regreso. Siendo que la "sorpresa" ya dejara de serla. A pesar de ello, los miembros del equipo cuando lo vieron cruzar la puerta principal del gimnasio, le dieron la bienvenida con varios abrazos, sonrisas y bromas, con excepción de Rukawa, claro está. Y como motivo suficiente, planearon para el fin de semana una pequeña fiesta de bienvenida, en la cual cada miembro, incluyendo a los ex jugadores de Shohoku y los amigos del pelirrojo, fueron invitados.

En esa pequeña fiesta nuestro pelirrojo se sintió renacer y tremendamente querido. Su corazón estaba lleno de ello. Sintiéndolo reparado, pedazo por pedazo con cada muestra de atención y de cariño. Se sentía plenamente satisfecho. Podía gozar y disfrutar libremente. Todo estaba bien. La vida le sonreía.

», pensaba. Su mente repitió y su corazón lo escucho.

Paso el tiempo y a mitad del segundo semestre, después de su trote matutino que comenzó desde el primer día que volvió de su rehabilitación, Hanamichi llega a su casa y en su buzón encuentra su debida correspondencia. La coge y, mientras repasaba todas las cartas de los admiradores y se reía de vez en cuando de las extravagantes que eran algunas cartas para su tía, se adentraba a la casa.

¡Correspondencia! – grita como a modo de llegada.

Déjalas en la mesa, tesoro. – Las tira sin cuidado sobre el mesón de la cocina, entretanto sacaba una botella del refrigerador. De pronto su vista capta una carta peculiar. Era de color negro. Como chico curioso que es, la tomo y la inspecciono. En busca de su remitente se encuentra solo con su nombre estampado con letras blancas en el reverso de la carta.

¿Qué haces? – pregunto Bonnie a sus espaldas.

Por dios, Bon. Mi pobre corazón los has dejado a mil.

Mh… que hacías, pillín? ¿Otra vez viendo mis cartas?

Bueno, que se le va hacer. Tus admiradores son… especialmente raros nhajajaja – decía mientras escondía la carta en su espalda y se encogía de hombros.

Hanamichi, eso es privado. ¿A caso no te lo he enseñado?

Bueno, si… pero no es mi culpa que sean tan llamativa a mi preciosa vista.

Aich, está bien. Te lo dejo pasar por esta vez. - le apuntaba con su dedo amenazador para después ver las cartas y abrirlas.

Igual que las otras. -Murmuro.

¿Qué?

Nada, nada jajajaja – mirando distraídamente el reloj de la cocina. – oh, demonios. ¡Voy a llegar tarde!

Todavía tienes tiempo, pero anda a bañarte que apestas.

Como usted mande. – y haciendo un saludo militar desaparece escaleras arriba.

Una vez en su habitación, cierra la puerta de un portazo y se apoya en esta. Saca la carta y abriéndola cuidadosamente se encuentra con su interior una hoja blanca. La extrae con el mismo cuidado y la despliega. Encontrándose con letras elegantes y bonitas, pero siendo lo opuesto a lo que expresaba. Su corazón se contraigo y dejo de respirar por un largo segundo.

"Tu infelicidad, Hanamichi, es mi felicidad…"

Esa mañana después de mucho tiempo llega tarde a la preparatoria y, como si el día estuviera acorde a sus emociones, se nublo con grandes nubes negras dejando atrás el bello día que pronosticaban. Y, por si fuera poco, a mitad de camino se alargó a llover. Empapándolo de pies a cabeza. Siendo así la imagen a presentar en su salón de clase. El profesor apenas poso su mirada sobre él lo mando a enfermería a que se seque. Por suerte tenía un buzo en el casillero del gimnasio como ropa de cambio.

Nuevamente seco y limpio regreso a su clase. No quería pensar y necesitaba de distracción. No es que una clase sea la mejor de las distracciones, pero había pensado estar en el gimnasio y lanzar canastas, sin embargo, eso sería estar solo con libres pensamientos a brotar.

Una vez de vuelta a su salón, se fue derechito a su puesto. El mismo del año pasado. Atrás y al lado de la ventana. Saco sus cuadernos y miro al pizarrón, pero en ese pequeño trayecto se topó con la mirada preocupada de Yohei. , pensó Hanamichi. Y como lo penso lo hizo. Lo saludo con una de sus tantas sonrisas falsas y una vez más funciono.

En toda la hora y el día trato de actuar debidamente a su papel de siempre. Pero le costaba enormemente. Para cuando llego la hora del entrenamiento, su máscara se estaba desquebrajando y, con miedo a hacer descubierto, bromeo con el primer compañero que se le cruzaba tratando de que su ánimo volviera. No obstante, su ánimo cayo igual y entreno más duro que antes. Descargando toda su frustración en ella. Siendo así, la mayoría de mates los cuales hacían vibrar el tablero al igual que las personas de su entorno. El sudor le corría a chorro por todo su cuerpo. Ya la ropa la sentía adherida a su cuerpo, como una segunda piel. Su respiración ya era irregular y eso no estaba haciendo desapercibido por nadie.

Sakuragi, ven un momento, por favor. – le llamo el profesor Ansai.

¿Qué… pasa? – pregunto jadeante una vez que se acercó.

Esa es mi pregunta para ti, muchacho.

No entiendo.

Estas furioso y eso se nota en tu juego, ¿algo no está bien? – dios, estaba siendo muy evidente.

Nhajajaja, pero que está diciendo gordito. – y se acercó a estirarle la papada. – Este talentoso no le pasa nada. Solo está trabajando duro como un genio lo hace.

¡Sakuragi Hanamichi! Deja en paz al profesor. – y lo golpeo con el abanico.

Auch, Ayako, eso duele.

Te lo mereces – dijo Ayako

Torpe.

¡AH! ¡MALDITO RUKAWA!

BAM BAM

Ayako porque me pegas. Fue culpa de ese zorro apestoso.

Y con eso se llenaron de tranquilidad los corazones de tres personas. Hanamichi estaba bien y el mundo estaba bien.

Al terminar el entrenamiento el pelirrojo se cambió y ducho con una velocidad que sería envida a la de tortuga, pero su ejército como fieles amigos que eran lo esperaron hasta que decidiera hacer acto de presencia. Cuando finalmente apareció, este los ignoro sumido totalmente en sus pensamientos caóticos.

Ey, Hanamichi, no nos ignores. – increpo el rubio.

Oh, perdón, pero este genio estaba pensando en sus nuevas estrategias como gran basquetbolista Nhajajaja

¿No querrás decir nuevas estrategias para hacer el estúpido? Jajjaja- dijo Takamiya.

No creo que haga falta. – acoto Noma.

Esa es su especialidad jajajaj – rio el rubio.

¿¡Que dicen!? Montón de idiotas, ¡ya verán! – estallo Hanamichi y los persiguió por una larga cuadra hasta darle su merecido. – ja, motón de ineptos. Ya les demostrare de las grandes capacidades de este genio. - y se fue refunfuñando junto con Yohei.

Calma, Hanamichi. Solo eran bromas.

Pero Yohei...

Tranquilo. Sigue practicando duro y demuéstrales. Sé que puedes.

Gracias, Yohei. – le dio una leve sonrisa y siguieron caminando hasta llegar a una intersección en la que tenían que separarse. – bien, nos vemos mañana.

Hasta mañana. – estaba a punto de girarse, pero decidió llamarlo. – Hanamichi… sabes que siempre estaré aquí para ti, ¿cierto?

¿eh?, sí…

… - lo quedo mirando un largo tiempo esperando una señal, pero decidió no presionarlo. – Bien. Nos vemos.

…nos vemos…

Siguiendo el pasar del tiempo, Hanamichi comenzó a desgastarse más y más. Desde ese día en el cual trato de ignorar y hacer nuevamente su vida, al día siguiente llego otra carta. Posteriormente otra y otra. Una cada día. Diciendo la misma frase que la primera. No aguanto mucho y finalmente decidió hablar con su confiable terapeuta. Su diario de vida.

"A pasado tanto tiempo desde… y no creí volver. A regresado. Todo ha vuelto y sigue siendo malo. No… esto es peor. Pensé haberlo superarlo. Pensé que con el tiempo me habría perdonado, pero solo son unos malditos pensamientos. Jamás me perdonara y ella… mamá… Aunque ella me olvide y no me perdone, siempre la amaré. Ella seguirá siendo mi mejor amiga. Mi mamá."

Sin embargo, no fue de mucha ayuda, ya que su estado de ánimo fue en picada y estaba comenzando a apreciarse. Llegando el día en que todos ya lo veían. Sus ojos cansados y apagados mostraban que algo no iba bien. También había veces en que llegaba con unos parches en los brazos o torso, pero, nuevamente, por más que le preguntaran que le sucedía el siempre respondía: "Este genio está perfectamente nhajajaja". Yohei y compañía sabían que no era cierto y temían que si siguieran preguntando este caería otra vez. Así que silenciosamente lo vigilaban, pendientes de cualquier imprevisto. Y finalmente llego.

Ese día Hanamichi apenas sonreía y cuando lo hacía era como si su aire escapara de sus pulmones. Sus movimientos eran lentos y su persona silenciosa. Todos lo notaban, pero nadie actuaba hasta que un balón del zorro apestoso fue lanzado en plena cara del pelirrojo.

Este desprevenido como estaba se tambaleo un poco y sintió como la sangre comenzaba a salir de su nariz. , pensaban todos. Era cierto, pero no el infierno que ellos esperaban. Hanamichi palpo la sangre que brotaba y manchaba el limpio piso para luego extender su mano y quedarse viendo la sangre como si fuera la primera vez que viera esa sustancia roja. Alzo la vista lentamente para toparse con la del zorro. Cero reacciones. Volvió a mirarse la mano y sintió como todo se volvía un sueño y su cuerpo ya no era el suyo.

Frotando con la yema de sus dedos esa sustancia fue como hizo clic en su cofre interior y desato los mil demonios. Limpio su mano en su polera negra, dejo caer el balón que sostenía en su otra mano y se fue del gimnasio.

Silencio. Esa era la alarma.

¡Hanamichi! - llamaron a coro su ejército, siguiéndolo de inmediato por el mismo camino.