Les recuerdo que el otro personaje que aplicaré en esta historia es Snape niño, lo digo por si no se dio a entender el summary XD, además para que se hagan una idea de para donde va esto ya que habrá quienes no estén de acuerdo con un mini Snape jejje, pero OJO recuerden que este es un niño, aún no es el tenebroso maestro de pociones que muchos odian(otras aman cof cofXD) y temen. Así que sólo abran sus mentes, que ahí va el segundo capítulo ;) ¡disfruten!
Capítulo II
El niño del que todos rehuyen
Cuando la mano del hombre llegó a su pierna Harry dio un pequeño salto a la vez que el individuo dio un grito en el aire
-¡¡¡Ahh!!! ¡¿Qué me muerde?! ¡Quítenmelo!-el sujeto se levantó tan de golpe que tiró a Harry de nuevo en la nieve, su primera reacción fue el de levantarse y escapar sin mirar atrás, pero los gruñidos y los gritos del hombre lo hicieron girar y se sorprendió como un pequeño perro de manchas grandes y negras como el de una vaca y un antifaz café como de mapache mordía y atacaba al sujeto con mucha fiereza a su pierna. El hombre intentó quitárselo de encima pero sólo logró que el perro enfureciera más y ahora atacara su brazo derecho, el hombre gritó de nuevo y en un esfuerzo sobrehumano logró safarse de su atacante huyendo tan rápidamente como sus piernas le permitieron, el perro sólo le siguió hasta donde terminaba la calle y regresó hacia el parque caminando de una manera victoriosa, con su cola alzada con orgullo y jadeando con un pedazo de ropa de su víctima en el hocico.
Harry temió que ahora iría por él y corrió ahora de regreso a su casa para evitar que el animal le mordiera, por desgracia la puerta estaba cerrada, Harry tocó varias veces para que le abrieran, se giró quedando a espaldas de la puerta y logró ver como el perrito le daba alcance, cerró sus ojitos rezando que no le atacara y en ese momento Harry cayó al suelo.
-¿Potter? ¿qué demonios haces fuera de tu alacena?-Vernon abrió la puerta dejando que Harry cayera dentro de la casa.
-es que…-no podía decir lo que había pasado, si no le iban a regañar aunque igual no les hubiera importado, por suerte su tío apenas había despertado así que nadie sabría a que hora habría salido de casa-oí un ruido y salí a ver y la puerta se me cerró.
-Hasta para eso eres inútil-bostezó Vernon dirigiéndose a las escaleras quizá para dormir otro rato-cierra la puerta y no te vuelvas a salir si no te dejaremos afuera ¿oíste?
-Si tío
-¿Quién era?
-sólo el tonto de tu sobrino que se le cerró la puerta-Harry se irguió y asomó para ver donde se encontraba el perro, pero no lo vió era como si se hubiera desaparecido. Cerró la puerta no sin antes echar una última ojeada a las casas de los vecinos, quizá era de alguno de ellos y habría regresado con sus dueños. Con esto en mente cerró y se devolvió a su alacena para pensar en todo lo que le había sucedido.
…
Mientras en otra parte, y en otro tiempo en una muy temprana mañana, un pequeño niño de cinco años-en unas semanas cumpliría seis- vestido de unos pantalones bombachos negros y un suéter tejido de color gris, lloraba desconsoladamente en su cama mientras abrazaba sus rodillas como si tratara de darse él mismo la protección que no hallaba en su nuevo hogar, acababan de mudarse temporalmente a un pueblo de Londres que apenas estaban construyendo casas, su cabello negro tapaba buena parte de su rostro tan sólo dejaba asomar levemente su naríz ganchuda y sus mejillas cetrinas por las cuales se deslizaban lágrimas dolorosas meciéndose casi al compás de los gritos de su padre y los sollozos de su madre en el cuarto contiguo.
-¡Deja de decir esa palabra!
-Si me dejaras explicarte…-un golpe en seco resonó y la voz de la mujer no pudo seguir hablando. De pronto se escuchó como un mueble caía al piso mientras se azotaba una puerta.
-¡Él no debe saber lo que es!
-Pero el pobre se asustó mucho…-el pequeño no entendía lo que pasaba, sólo sabía que la pelea había iniciado por su culpa desde antes de que se mudaran, si tan sólo se hubiese callado cuando les contó que había, de una manera u otra, hecho que su maestra se desmayara cuando ésta le estaba gritando en medio de toda la clase tratando de cortarle sus mechones de cabello.
Él no había hecho nada en realidad, tan sólo miró fijamente a los ojos de la profesora imaginándosela que se caía enfrente de toda la clase y se dañaba. Cual fuera su sorpresa que eso había pasado, la profesora Rox había hecho un extraño movimiento de ojos y de un momento a otro se cayó al piso, lo malo es que como traía las tijeras se había rajado la mano y varios niños se asustaron al creer que se había muerto cuando vieron un pequeño manchón de sangre, había sido un desastre terrible y el pobre niño no podía dejar de pensar que había sido culpa suya sin saber muy bien como ni porque.
-¡Debe saberlo!-insistió la mujer con voz ahogada y otro golpe se escuchó a la vez que la mujer gritaba.
-¡Eres una maldita perra!¡pero ni creas que voy a dejar que Severus sea un bicho raro! suficientes decepciones ya me ha hecho pasar el mocoso para que todavía le permita…¡ser como tú!-la mujer siguió llorando y el niño no pudo seguir soportando, tuvo que salir inmediatamente de su casa, no sin antes cambiarse por un suéter marrón más grueso y unos guantes blancos.
Estaba harto que siempre pelearan, esta vez por su culpa, pero si no era eso era porque su papá de pronto venía tomado o simplemente por que no le gustaba alguna cosa de la casa o de ellos.
Así era la vida en su hogar, y por desgracia en la escuela no era mejor, no sabía por que pero los niños solían rehuirle, a veces le rodeaban como si no quisieran pisar estiércol de perro.
Hubo un par de veces que casi se hizo amigo de unos niños nuevos que recién habían entrado a estudiar, pero cuando les invitaba a su casa para jugar siempre todo se arruinaba cuando su padre aparecía haciendo toda una escena sin importarle que hubiera visitas, y su madre siempre hacía extraños comentarios sobre su padre mirando de muerte a los pobres niños.
Ya no sabía si le temían a él o a su familia, como fuera estaba sólo y con el paso del tiempo se volvió huraño, su mayor parte del tiempo se la pasaba leyendo sus cuentitos de fantasía donde todo parecía tener una solución fácil a los problemas, a veces se imaginaba a él mismo como "el principito" viajando de mundo en mundo haciendo amigos y descubriendo nuevas cosas. En otras era un superhéroe de historieta a veces era "Batman" otras "Superman", se imaginaba muy a menudo a él mismo con dos identidades, una para salvar al mundo y otra como lo era él, un personaje sin mucha insignificancia y que nadie tomaba en serio. Se desanimaba pensar en lo último diciéndose a si mismo que si estuviera en su lugar hubiera usado sus poderes para vengarse de aquellos que se burlaban de él.
Al llegar al final del camino donde más adelante comenzaban a perfilarse unas pocas casitas, que ya habían terminado de ser construidas y decoradas para la época navideña, el menudo niño se sentó para mirar a los otros infantes que jugaban en la nieve con su pelota de soccer, le extrañó que hubiera niños a esa hora tan temprana, pero supuso que al igual que él se habían escapado de sus casas.
Por más que Severus les miraba no llegaba a entender lo divertido del juego, sólo se pasaban una tonta pelotita que debían meter en una red.
Claro que si a él le hubieran invitado al juego otra cosa sería, pero como no era así no cambiaría por nada del mundo su opinión. Tomó una ramita seca y comenzó a dibujar en la nieve a un pequeño muñeco regordete con barba y sombrero puntiagudo terminando en una bolita.
Muchas veces había visto a este personaje ya fuera en las jugueterías, en las tiendas, en la calle, etc… y todo mundo parecía entusiasmado con él.
Para Severus era como un ser de otro planeta ya que en su casa jamás le inculcaron esa creencia, a su padre no le gustaban "esas tonterías" y su madre solía rehuir del tema, y no es que le dijera mucho, la mayor parte del tiempo se la pasaba callada mirando a la nada con tristeza como si hubiera cometido el mayor error de su vida, pero eso Severus no lo entendía.
No fue hasta que entró a la escuela cuando llegó a conocerlo, a aquel hombre barbón sonriente de traje rojo y piel rosada.
La maestra le había explicado que ese ser se llamaba Santa Claus y era un buen hombre que le llevaba regalos a los niños que le escribían y se portaban bien en el año. Severus pensó que él había sido un mal niño ya que Santa jamás le había llevado nada en su corta vida.
Se entusiasmaba tan sólo pensar que un tipo como ese sería capaz de llevarles regalos a los niños del mundo en una sola noche.
El no se explicaba como lo hacía pero la respuesta que siempre hallaba era la misa
"Magia"
Y si todo mundo coincidía en ello debía ser verdad, ¿Por qué habrían de mentir?(N/A mera ironíaXD)
Una vez había escuchado a uno de sus compañeros que Santa no sólo le había dado juguetes si no que también le había traído un hermanito con quien jugar.
A la razón del niño dedujo que Santa no sólo daba regalos, si era mágico por fuerza debía conceder peticiones más grandes que unos simples juguetitos que terminarían rompiéndose como casi todos los que tenía y su mamá siempre que podía se los reemplazaba, no necesitaba ningún Santa Claus para tenerlos.
Él en serio no quería romper ninguno, pero por una extraña y misteriosa razón se partían en dos o se quemaban cuando Severus jugaba con ellos.
Su papá se enfadaba muchísimo al contrario de su madre que le sonreía con un orgullo mudo.
Se levantó caminando aún más lejos, se sintió con ganas de inspeccionar su nuevo domicilio. Había escuchado a su padre que sólo se quedarían ahí hasta que terminaran las fiestas después irían a un nuevo hogar donde se asentarían definitivamente. A Severus eso no le interesaba, de todos modos fuera donde fuera la reacción reacia de la gente hacia él siempre era la misma. Miró arriba de él y se encontró con un letrero que decía Privet Drive.
-Que feo nombre-se dijo frunciendo el ceño siguiendo su camino hasta que algo se estrelló en su cabeza provocándole caer en la nieve.
-¡Oye! ¡Niño tonto!-le gritó un chico de diez años gordo y sin cuello que caminaba como pingüino.-¡evitaste que metiera un gol!-el niñote alzó a Severus por su suéter, este y apenas reaccionó, todo había sucedido tan rápido y ese niño era más grande que él.
-Perdón…-dijo un poco ofuscado, mientras los amigos de ese niño comenzaron a reír.
-¿eres nuevo verdad?-preguntó amenazante escupiendo al piso, Severus apenas logró asentir y el niño le sonrió-deberías tener cuidado por donde andas, por que deberías saber que el que manda aquí soy yo.-soltó a su pobre víctima casi aventándolo al otro extremo de la banqueta.-Hoy te la perdono por que eres nuevo, pero para la próxima…-azotó su puño contra su palma amenazante a la vez que otros niños se acercaban riendo imitando al que parecía ser su líder-el gran Vernon no tendrá compasión.-después de dar una patada en la nieve hacia Severus este se alejó riendo a carcajadas con sus compinches que daban palmadas como si hubiera echo un acto heroico.
El pequeño se levantó apesadumbrado, seguramente en ese lugar tampoco haría amigos.
A estas alturas a Severus ya se le había olvidado sus problemas en casa, ahora temía que ese niño grandote le fuera a pegar, así que tenía que pasar con cuidado por donde él estaba para evitar problemas.
Siguió caminando hasta que notó un parquecito con unos columpios, decidió sentarse en uno de ellos antes de regresar a su casa no sin antes haber tomado una varita larga de un árbol caído que alcanzaba para rayar en la nieve mientras él se balanceaba lentamente.
De nuevo hizo un dibujo del tal Santa Claus preguntándose como sería escribir una carta dirigida a él y si le traería lo que él realmente quería. Imaginándose que el piso blanco era una gran hoja de papel, se bajó del columpio y comenzó a rayar en la nieve con su vara larga arrimando la que le estorbaba y cubriendo partes con la misma donde le faltaba.
Querido Santa…-comenzó recordando que muchos niños así empezaban sus cartitas.
Es la primera vez que te escribo, quizá mi mensaje no te llegue por que está en el piso, pero si eres mágico eso no importa ¿verdad? Lo importante es que yo lo piense con muchas ganas para que tú sepas lo que quiero, unos compañeros de mi escuela decían que lo importante era creer.
Yo creo en ti aunque a mis papas no les guste. No se si se pueda, pero quisiera que me trajeras un regalo, se que en tu has traído hermanitos a algunos niños, yo pediría uno pero creo que no sería muy felíz con mis papas-en ese momento no se le ocurrió que sería mejor idea pedir que sus papas dejaran de pelear, y si lo hizo tal vez pensó que ni Santa podría hacer algo al respecto-es por eso que te pido que me prestes un amigo para no sentirme tan sólo.-iba a describir más sobre su vida, pero quizá a santa no le gustaban los niños quejumbrosos así que dio por terminada su petición-Espero puedas traerlo, yo creo que sería más fácil que un hermano, pero bueno en eso tú decides.
Ojalá puedas traérmelo-terminó entre triste y soñado, jamás había escrito una carta ni si quiera en papel, por lo tanto pensó que sería muy original y que Santa le prestaría mucha más atención que a las otras que tantos niños enviaban.
Al menos eso esperaba.
La sonrisa que esa "carta" había robado de sus labios desapareció casi al instante cuando una extraña ventisca se arremolinó justamente sobre donde había escrito borrándola totalmente.
Casi se le sueltan las lágrimas pero tercamente pudo aguantarlas pensando que hasta el viento estaba en su contra.
Con los hombros caídos y la mirada gacha iba a irse pero entonces sintió que algo le penetraba con la mirada.
Regresó su vista y a un par de metros halló un pequeño perro manchado que le miraba fijamente agitando su cola con mucha efusión.
-¿y tu quién eres?-preguntó Severus recuperando un poco de ánimo cuando el perrito comenzó a hacer sus graciosazas al girar con ánimo sobre su lugar como si persiguiera su cola.
El niño quiso acariciarlo pero el perrito en un juego se alejó de él hasta una barda que dividía al parque inclinando su cuerpo hacia delante mientras mantenía su trasero alzado agitando la cola.
Severus rió e hizo otro intento para agarrarle pero entonces algo muy extraño pasó.
El perrito que en otro juego de rehuirle ¡había atravesado la barda como un fantasma!
El niño se paralizó al instante. La barda estaba a unos pasos, y no había ni un agujero ni otro lugar por donde el perrito pudo haber huido. Por un momento pensó que la pared se lo había tragado pero descartó tal razonamiento cuando el perrito volvía a salir de la barda incitándole a que le acompañara, de nuevo desapareció en ella, y el pobre niño ya no sabía que pensar ni hacer.
Su corazoncito latió rápidamente tratando de darle valor a sus piernas delgadas para que avanzaran, por que eso quería.
Alzó su mano para tocar la barda tardando un largo rato en hacerlo, cuando la tocó estaba totalmente dura y fría. El niño suspiró un tanto aliviado pero decepcionado, por un momento llegó a creer que lograría traspasarla.
Se recargó en ella dando un par de golpes riendo para sí mismo pensando que ya estaba alucinando, pero en ese preciso momento el niño desapareció por la barda y ni si quiera tuvo tiempo de gritar.
¿no pensaban que iba a dejar que le pasara algo al niño Harry?¿verdad?, claramente dije "No Slash"XDXDXD, y eso se aplica para todas las edades jeje.
En fin, disculpen que no pueda dejarles contestación de Review, ando en prisas así que sólo dejo agradecimientos a Edysev, Sharon A. Snape, Moonymaraudergirl, Nia yRac por acompañarme en la primera fase de la historia ;).
Byeces! Y deséenme suerte para dentro de unas horas que debo levantarme para irme a la escuela XD (dios sea grande y no me deje quedarme dormida de nuevo XD) y que no me resfríe por el baño que voy a tomar a las 2 am jajaja
El próximo Capítulo se llamará "Espíritu" ;)
Byeces!
Se las cuidan y se las lavan!:)
