Un verdadero juego de niños
Una vez cerrada la conversación, Regina envió a su hijo a ducharse mientras que ella volvía a meterse con la comida. Había elegido una pierna de cordero acompañada de manzanas y patatas al vapor. Cuando todo estaba en el horno, se dirigió al salón, tomó el teléfono fijo entre sus manos y se sentó en el sillón.
«¡Pero qué le voy a decir!» pensó levantándose para volver a colocar el teléfono en su sitio. «Es una mala idea, ella no aceptará…» dijo con el rostro triste.
Al dejar el teléfono en su base, se giró para dirigirse a la cocina, pero no dio un paso, entonces se volvió a girar y retomó el teléfono en sus manos. "Un verdadero juego de niños" se dijo para darse valor. Buscó el nombre de la rubia en la agenda, se llevó el aparato al oído y esperó. Al cabo de tres tonos, la rubia respondió.
«¿Regina? ¿Qué ocurre? ¿Algún problema con Henry?»
«No, no, en absoluto…ehm, perdóneme por llamarla a una hora tan tarde, Miss SWan, pero Henry desearía que viniese a cenar mañana» dijo con un tono entusiasta. «Si no tiene nada previsto con Hook, evidentemente…»
«No, no tengo nada previsto. Solo que no querría molestarla…»
«Si fuera el caso, no la invitaría» la interrumpió, algo molesta con Emma por no haber aceptado inmediatamente y con ella misma por haberse dejado llevar otra vez.
«¿Está segura de que no es porque Henry lo ha pedido? Porque si es el caso, no tendría nada más que decirle que yo tengo planes…»
«Miss Swan, no. No es únicamente porque me lo haya pedido. Me gustaría que tuviéramos una relación…» ella pensó "íntima", pero se contuvo «…amigable»
«Heu…sí, ¿por qué no? ¿A qué hora?»
«¿Por qué no?» se dice mentalmente la morena, perdiéndose en sus pensamientos.
«¿Regina? ¿Sigue ahí?»
«Sí…ehu…a las 19:00»
«Ok, ¿quiere que lleve algo? Vino, o cualquier otra cosa»
«No, no hará falta, gracias. Buenas noches, Miss Swan, hasta mañana» añade ella con un tono neutro, con la mente en otro lado.
«Buenas noches a usted también, hasta mañana»
Regina escuchó a la rubia colgar y permaneció algunos minutos obnubilada, mientras que su hijo bajaba después de haberse duchado.
Cuando llegó al salón, vio a su madre de pie, el teléfono aún pegado a su mejilla, y con lágrimas en los ojos. Se acercó a ella para mirarla a la cara.
Ella no lo veía. Probablemente tampoco lo había escuchado acercarse.
«¿Mamá?» dijo él, inquieto por el estado ausente de su madre.
«Sí…» dijo ella con la mirada en la vacío.
«¿Qué ha pasado? ¿Has llamado a Emma?»
«Sí…»
«¿Ha dicho que no?»
Ante esta pregunta, la morena cerró y abrió varias veces los ojos, volviendo en sí sacudiendo ligeramente la cabeza antes de dirigir su mirada a su hijo, sin comprender.
«¿Decía que si ella ha dicho que no?»
«Sí. Ella ha aceptado»
«Entonces, ¿por qué tienes esa cara?»
«Porque Emma definitivamente no siente lo mismo que yo…»
«¡Qué! ¿Se lo has dicho?»
«No, ¡por supuesto que no!» dice ella colocando el teléfono en su base antes de volver a la cocina a vigilar la comida.
«Entonces, ¿cómo lo sabes? ¿Qué te ha dicho?»
«Lo sé, es todo. Pon la mesa, por favor»
«Pero, ¿cómo…?»
«Henry…por favor…¡Ha sido una mala idea llamarla, sobre todo contártelo, he tenido que guardarlo para mí!»
Henry comprendió que su madre se estaba encerrando en ella una vez más, entonces se acercó a ella cuando esta estaba frente a la ventana que daba al jardín, las manos apoyadas sobre la superficie de trabajo, conteniéndose para no llorar. Él la abrazó con sus pequeños brazos y la morena se hundió en lágrimas.
«Emma ya no me considera como una amiga, Henry…si fuera el caso…no habría reaccionado de esa manera…»
«¿Qué?¿De qué manera? ¡Precisamente! ¡Es porque ella también te ama que no sabe ser tu amiga!»
«Quizás es como tú dices, pero no lo creo. Ella no siente lo mismo» dice cogiendo un pañuelo para enjugarse las lágrimas de sus ojos y de sus mejillas.
«Pero, ¿va a venir?»
«Sí. Mañana a las 19:00»
«Bien, eso nos deja todo el día para reflexionar sobre lo que le vas a decir»
«¿Cómo que sobre lo que le voy a decir?»
«Bien, tienes que intentar mostrarle tu lado bueno, pero bien, Emma ya lo conoce, si no, no te habría defendido tantas veces. Es verdad, cuando todo el mundo supo quién eras, fue la única que quiso protegerte. Siempre ha visto algo bueno en ti. Mamá…estoy seguro, que de alguna manera…ella también te ama»
«Pero es porque ella es así…Tu madre ve el bien que hay en cada uno. Yo no soy la excepción a la regla, eso es todo… Y además es su lado caballeresco el que ha hecho que me proteja, como tú dices…y estoy segura de que solo lo ha hecho por ti»
«¡Eso no lo sabes!»
«Pero tú tampoco, cariño…venga, vete a poner la mesa, por favor»
El pequeño bajó la cabeza al ver a su madre rendirse. La morena estaba convencida de que Emma no tenía sentimientos hacia ella, y eso bastaba para que se rindiera. Entonces, él obedeció y se fue hacia el comedor para poner la mesa.
Durante la comida, no se dijeron una palabra, Regina apenas comía, había perdido el apetito al comprobar que sus sentimientos no eran recíprocos, mientras que Henry reflexionaba una estrategia para hacer cambiar de opinión a su madre.
«¿Sabes mamá?…Nunca he visto que te rindieras. Siempre has peleado por tener lo que querías…»
«Pero eso es diferente, cariño. Es como contigo. Yo te quería únicamente para mí, pero tú no eres una cosa, existes, vives. Y es igual con Emma. No puedo obligarla a que me ame, como intenté hacer contigo»
«Sigo pensando que deberías intentarlo»
«¿Pero intentar qué? La conoces mejor que yo…sabes que ella no es del tipo de gente que…»
«¿…que se abre a los demás, al amor?»
«Sí. Como yo…somos parecidas en eso»
«¡Razón de más! Tenéis puntos en común, y sois iguales en algunos aspectos. Si ninguna de las dos se decide a dar el primer paso, ¡nunca pasará nada entre las dos! Mamá…sabes…cuando estoy en casa de Emma, ella bromea y juega conmigo…pero por la noche, a veces bajo a beber un vaso de agua, y la veo sentada en el sofá, no duerme bien, y…creo que no es feliz…igual que tú»
«Pero yo soy feliz…cuando tú estás aquí…»
«Y creo que a Emma le pasa lo mismo. Entonces, reflexiona, ¡si os juntáis, ella vendría a vivir aquí! ¡Y entonces, yo estaría siempre con las dos!»
«Henry, Henry, ¡no te embales tan rápido, por favor! Para que yo me "meta" con Emma…tendré que conseguir hablar con ella, digamos que, con normalidad. Y para que ella se mude aquí… todavía estamos muy lejos de eso…»
«Bien, ¡mañana será tu oportunidad!¡Muéstrale, enséñale que tú has cambiado realmente!»
Regina parecía reflexionar y su hijo la miraba con ojos suplicantes, entonces ella expiró profundamente, y su hijo hizo un "¡Yesss!" levantando las manos en signo de victoria.
«Pero, una vez más, te lo ruego, no te embales…»
«¡De acuerdo!»
Y el resto de la comida pasó tranquilamente. Una vez terminada, Henry ayudó a su madre a quitar la mesa, y después le dejó, ya que estaban en vacaciones, ver una película, la que él quisiera.
Eligió poner la última de Iron Man y se instaló al lado de su madre en el sofá justo en frente del televisor. Ella lo rodeó con sus brazos y apoyó su mentón sobre la cabeza de su hijo.
No prestó mucha atención a la película, hundida en sus pensamientos, imaginaba un número incalculable de escenas posibles para la cena del día siguiente. También se preguntaba lo que llevaría, cómo se peinaría, la comida que prepararía, la vajilla que utilizaría para vestir la mesa…debe poner todo de su lado. Aunque sabe que muchos de esos detalles escaparían a la vista de la rubia. Pero igualmente, nunca se sabe.
Cuando la película terminó, Henry la sacó de sus pensamientos al levantarse para ir a apagar el DVD después de haberle dado un beso en la mejilla y haberle susurrado unos "buenas noches mamá" con un sonrisa. Subió a su habitación y se acostó.
Regina tampoco se retrasó, sabía que el día siguiente sería un día ajetreado, así que no se demoró en ir a meterse en la cama.
Al día siguiente por la mañana, Henry se despertó con un delicioso olor azucarado que invadía sus sentidos, poniéndolo en seguida de buen humor. Se levantó de la cama, se calzó sus pantuflas y bajó a la cocina para encontrarse a su madre en plena preparación del desayuno.
«Buenos días mamá…»
«Buenos días, cariño…¿Has dormido bien?»
«Sí…¿y tú?»
«Bien también, gracias. Te he hecho tortitas, y tu chocolate ya está listo, siéntate»
«Gracias, mamá…»
«Toma, buen provecho…» dice ella colocándole delante un plato bien guarnecido. «Te dejo comer, voy a ducharme. En cuanto termines, ve a lavarte y a prepararte. Tenemos compras que hacer»
«¡De acuerdo!»
Al final del día, alrededor de las 17:30, después de haber hecho las compras y de haber pasado parte de la tarde jugando a diversos juegos de mesa, Regina preparó la comida. Henry no había abordado el tema Emma ni una sola vez y Regina se lo había agradecido interiormente. Él había observado a su madre ya suficientemente nerviosa y que era inútil insistir más.
El menú de esa noche: asado de ternera con salsa de pimientos, acompañado de judías verdes al vapor y de puré de batata, y como postre, Regina optó por un bozcocho de limón, aunque en principio hubiera querido un postre a base de manzanas, dio marcha atrás, para no provocar malestar a Emma.
Preparada la comida, metió el asado en el horno, las judías verdes y las batatas a fuego suave, y se fue a tomar una ducha.
Había elegido una ropa sencilla, fiel a ella misma, llevaba un traje sastre, blanco en la parte de arriba hasta el busto y el resto negro hasta por encima de las rodillas, desvelando un generoso escote, mostrando lo necesario, así como sus esbeltas piernas. Se había hecho un peinado elegante, joyas discretas en sus orejas y alrededor del cuello. Un maquillaje que destacaba su rostro, un poco de perfume de manzana, su preferido, sobre su cuello, haciendo de ella la mujer más deseable del mundo.
Una vez arreglada, bajó a la cocina donde su hijo la esperaba
«Wowww, mamá…estás magnífica»
«Muy amable, gracias…tú tampoco estás mal» le dice ella con un guiño que le hizo sonreír.
En efecto, el muchacho se había puesto su mejor pantalón negro y la camisa azul marino que su madre le había regalado en su último cumpleaños. Se había pasado un peine por sus cabellos, y eso bastaba para decir que él bien era el hijo de Regina Mills.
Regina se ocupó de los últimos preparativos de la mesa con la ayuda de Henry, pusieron la hermosa vajilla de plata de la morena sobre un mantel de un blanco resplandeciente. No habría que hacer más, si no Emma terminaría por sospechar algo y se correría el riesgo de que pusiera pies en polvorosa. Sobre todo porque la finalidad de esa cena era permitir que Regina le mostrase a Emma que ella había cambiado realmente, que no tenía ninguna mala idea en la cabeza.
Cuando sonaron las 19:00 en el gran reloj del salón, Regina y Henry escucharon el timbre de la puerta. Al menos Emma era puntual.
Regina se miró una última vez en uno de los numerosos espejos, lanzó una mirada a su hijo que le levantaba su pulgar para darle ánimos, y se dirigió a la puerta principal. Inspiró profundamente antes de dejar escapar todo su estrés, y abrió la puerta con una calurosa sonrisa.
«Miss Swan»
«Regina»
La rubia respondió a su sonrisa, aunque la suya parecía algo turbada, y le tendió una botella de vino tinto.
«Sé que me dijo que no trajera nada, pero no me gusta llegar con las manos vacías»
«Será perfecto para acompañar la cena, gracias» añadió ella cogiendo la botella que le tendía la rubia «Por favor, entre, Miss Swan»
Se apartó para dejar a Emma entrar en la casa, cerró la puerta no sin lanzar una ojeada a la parte de atrás de la rubia que se estaba quitando su chaqueta.
«Deje, yo se la quito» dice Regina, acercándose a la rubia para poder coger su chaqueta y colgarla en el perchero.
Regina pudo observar que para la ocasión Emma había abandonado sus camisetas, y sus suéteres de cuello alto, para ponerse una blusa de algodón roja que caía sobre sus pechos, escondiéndolos, y había abandonado también sus sempiternos vaqueros y botas por una falda corta negra de tela fina, medias negras, ella también, y una par de bailarinas, como Regina. Esa ropa le encantó a la morena en grado extremo. La rubia casi vestía sus mejores galas.
«Gracias…»
«¡Hola Emma!»
«Hola chico…¿tus mejores formas?»
«¡Sí! ¿y tú?»
«Igual…» responde la rubia sin gran convicción mientras que Regina la invitaba a pasar al salón.
«Vuelvo en seguida, voy a echar una ojeada a la comida» Anunció Regina con una sonrisa que perturbó a la rubia e hizo sonreír a su hijo.
Emma y Henry se sentaron en lo sillones que se encontraba cerca de ellos y Emma miró a su alrededor.
«¿Entonces, chico? ¿Me echabas tanto de menos como para que viniera a comer aquí?» dice divertida la rubia
«No, es solo que quería a mis mamás para mí solo durante una noche»
«De acuerdo…Pero Regina, ¿cómo se lo tomó cuando se lo pediste…?»
«Dijo que sí en seguida. Mamá está haciendo esfuerzos para cambiar, de verdad…»
«Lo sé..» respondió su madre suspirando ligeramente, haciendo que el joven se planteara algunas preguntas.
«Voilà, podemos pasar a la mesa…» dijo Regina entrando en la estancia.
Henry se levantó primero, seguido por Emma y los tres se dirigieron a la mesa en la que Regina acababa de depositar los diferentes platos.
«Esto huele muy bien…» dice Emma tomando asiento
«Gracias. He preparado un asado de ternera, Henry me ha dicho que es su preferido» dice con una gran sonrisa
«Heu…sí, es verdad…» dice ella algo descolocada. «No hacía falta que se tomara tantas molestias, pero es amable de su parte, gracias»
«Es un placer…¿Le puedo pedir que se encargue de abrir la botella de vino mientras yo sirvo?»
«Sí, sí, por supuesto» responde la rubia levantándose para coger la botella y el sacacorchos que le tendía Regina.
Los dedos de la Salvadora rozaron los de Regina, y esta sintió cómo un escalofrío recorría todo su brazo. Automáticamente miró hacia otro lado, mientras que Emma volvió a su sitio para abrir la botella. Pero Regina no pudo dejar de preguntarse si Emma había sentido ese contacto de la misma manera que ella o no. De todas maneras, Emma tampoco la miraba. ¿Sería quizás por eso? ¿O más bien porque no estaban acostumbradas a "tocarse" y estaba incómoda? De todas maneras no quería decir nada. Y eso enervaba un poco a Regina, no soportaba no saber.
La cena transcurrió tranquilamente, Henry intentaba sacar temas de conversación, intentando que sus madres participaran. Tendía un cable a Regina para que esta contestara a la rubia, pero Regina no hacía caso de su llamada, y cambiaba de asunto.
Emma encontraba la situación muy extraña. Poco habituada a ser recibida en casa de la morena para cenar, veía las miradas que su hijo enviaba a la morena que le respondía con una mirada huidiza. Sabía que él tramaba algo, pero no sabía qué. Pero pensaba descubrirlo.
Cuando llegó el momento del postre, Regina se levantó junto con Henry para comenzar a quitar los platos, y mientras que Henry se marchaba hacia la cocina con su plato, Regina se acercó a la rubia para coger su plato y apilarlo junto al suyo.
«Oh, espere, la ayudo» dijo Emma levantándose a su vez para llevar los platos, pero Regina puso sus manos sobre las de la rubia para recuperarlos.
«No…usted…» se miraron las dos durante un segundo y Emma creyó ver que la morena se sonrojaba ligeramente «usted es mi invitada. No tiene que hacerlo. Pero es amable por su parte, gracias»
Emma dejó entonces a la morena coger los platos y volvió a sentarse, perpleja, mientras que Regina se dirigía a la cocina donde su hijo estaba metiendo su plato y sus cubiertos en el lavavajillas
Vio a su madre llegar casi en furia y le preguntó inmediatamente que le sucedía
«¿Qué pasa mamá?» le dijo en voz baja
«Nada…yo…quita el resto de la mesa, por favor»
Él no replicó y obedeció en silencio, mientras que Regina cerraba los ojos e inspiraba profundamente para calmarse.
«Tranquilizare Mills…» se dice «Pon los pies en la tierra…»
Permaneció ahí unos minutos, mientras su hijo hizo las dos idas y venidas necesarias para acabar de quitar la mesa.
Regina preparó tres pequeños platos y sus cucharitas, que dio a su hijo para que los llevara al salón, mientras que ella lo seguía con el postre.
«¡Mamá ha hecho bizcocho de limón!» le dice a la rubia «Ya verás, ¡está super bueno!»
Regina sonrió tiernamente mirando a su hijo que hacía tantos esfuerzos para ayudarla, y Emma también le sonrió, pero divertida.
«¡Vistas sus competencias culinarias, no me sorprende!» dijo ella haciendo enrojecer ligeramente a la morena que coloca el plato en el centro de la mesa antes de cortarlo minuciosamente para servirlo.
Después del postre, Henry fingió estar cansado y pidió permiso para dejar la mesa e irse a acostar. Regina aceptó y él se levantó para ir a besar a sus dos madres antes de subir a su habitación.
Una vez solas, Regina quitó de nuevo la esa y Emma insistió en ayudarla. Esta vez, Regina no se negó y dejó hacer a la rubia.
«¿Le apetece una última copa antes de volver a casa, sheriff?» propuso Regina una vez que hubieron terminado.
«Sí, gracias. Pero solo una, no querría chocar contras las señales de tráfico otra vez…» dijo ella pasando una mano por detrás de la nuca, haciendo sonreír a la morena que se dirigía hacia el mini-bar para servir la última copa.
Marcharon hacia el salón en que se habían encontrado solas la primera vez, cuando Emma había traído a Henry de Boston.
«Entonces sheriff, ¿espero que mi comida estuviera a la altura de sus expectativas?» dice para comenzar la conversación
«Oh, ¡más que eso! Es usted definitivamente una chef…»
«Se lo agradezco»
«Ha sido muy amable de su parte invitarme esta noche»
«Gracias por haber aceptado…»
Miraron cada una su copa, pareciendo encontrarlas interesantes en ese momento, al no encontrar otro tema de conversación durante esos instantes.
Después de un gran trago, Emma levantó la vista hacia la morena sentada enfrente de ella.
«Sabe…Henry me ha dicho que está haciendo un esfuerzo, y hace un tiempo, yo también lo veía…pero desde…»
«Desde que pacté con mi madre…»
«Sí…tengo que confesar que me cuesta confíar en usted, no es que no quiera…pero me cuesta»
«Es comprensible»
«Ahora puedo comprender que como amaba a su madre, quería seguirla, y sé que también lo hizo por amor a Henry, para estar con él… Y sé que usted es genial con él, no deja de repetírmelo cuando viene a casa»
«¿De verdad?» preguntó la morena con una sonrisa llena de esperanza
«Sí…» dijo divertida ella «La adora. Y estoy contenta de que todo vaya mejor entre ustedes. Sinceramente»
«Gracias, Miss Swan»
«Emma…llámeme Emma, por favor, Después de todo, yo la llamo Regina desde hace ya varios meses…»
«Es verdad»
«Bueno, la voy a dejar, no quisiera abusar de su hospitalidad» dijo levantándose y colocando la copa en la mesa.
«Vale…» dijo la morena un poco desilusionada de que la rubia se marchase tan rápido.
Acompañó a la rubia al umbral de la puerta, le alcanzó su chaqueta que Emma se puso antes de salir.
«Gracias otra vez por esta deliciosa velada, Regina»
«El placer ha sido mío»
«¿De verdad? ¿Está segura de que no ha sido por agradar a Henry?»
«Sí, estoy segura ¿Por qué? ¿Usted ha venido únicamente por eso?» preguntó algo herida
«Bueno…no veo qué otra razón hubiera tenido…sin querer ofenderla…»
«La ofensa está hecha. Buenas noches Miss Swan» dijo fríamente cerrando la puerta en las narices de Emma.
Emma, que no comprendía lo que acababa de pasar, se dirigió a su coche y regresó a casa.
Regina aún tenía el pomo de la puerta aferrado en la mano. No se perdonaba haber sido tan tonta. De haberse hecho tantas ilusiones. Era evidente que Emma no tenía ninguna razón para venir a su casa a cenar.
Se maldijo por haberse mostrado tan débil, había bajado la guardia para mostrarse dulce con Emma con la esperanza de algún acercamiento entre ellas, pero en vano. Regina se confesaba vencida. Emma no estaba interesada en ella, y no lo estaría sin duda nunca.
Prefiriendo ir a acostarse para no matar sus penas en el alcohol, se dirigió a su habitación. Cuando pasó por la puerta de su hijo, se paró y pasó la cabeza para ver si dormía. Pero él leía tranquilamente un comic.
«¿Entonces, mamá? ¿Qué ha pasado cuando me marché?»
«¿No decías que estabas cansado? A dormir, es tarde» dice ella antes de cerrar la puerta.
«Mamá, ¡espera!»
La morena suspiró y volvió a abrir la puerta.
«¿Qué?»
«¿Qué ha ocurrido?»
«Nada, ahora duerme»
«Por favor, mamá…dime»
«Pero no hay nada que decir. Tu madre me ha dicho claramente que había venido con el único objetivo de agradarte»
«Quizás tenía miedo de decirte que también ha sido por ti…»
«Henry…créeme, si hubiera querido decírmelo, lo habría hecho o se habría excusado. La conozco lo suficiente para eso. Ahora a la cama. Buenas noches»
Cerró la puerta sin dejar a su hijo el tiempo de responderle, y se dirigió a su habitación. Se puso rápidamente el pijama y se deslizó bajo las sábanas. Durante más de dos horas, los ojos cerrados, y las lágrimas que descendían sin que pudiera pararlas.
A la mañana siguiente, Henry se encontró con Regina en la cocina para el desayuno y mientras él degustaba las tortitas que le había preparado su madre, ella bebía un café. El silencio reinaba en la estancia cuando el timbre sonó.
Regina puso un gesto de duda, preguntándose quién podía ser. Miró a su hijo que se encogió de hombros, señalándole que él no tenía ni la más mínima idea, entonces caminó hacia el vestíbulo, se miró en el espejo, ya tenía mejor cara, pero no había tenido una muy buena noche.
«Miss Swan…» dice sorprendida al abrir la puerta
«Regina, yo…¿no la molesto?»
«No. ¿Qué puedo hacer por usted, sheriff?»
«Yo…lo siento. No tendría que haberle hablado como lo hice ayer. Quería…» Emma inspiró profundamente, sin encontrar la palabras, mientras que la morena entornaba los ojos intentando comprender su comportamiento «Si acepté venir anoche, fue por Henry, pero también para ver si usted y yo podíamos pasar una buena velada en la misma habitación sin tener deseos de pelear o enfrentarnos…en fin ya sabe lo que…»
«Sí, ya veo…» respondió la morena moviendo la cabeza y cerrando brevemente los ojos
«En fin…debo confesar que no pensaba poder pasar una velada como la de anoche. Me sorprendió, Regina, pero agradablemente » afirmó con una sonrisa educada «Porque todo lo que deseo es la felicidad de Henry, y sé que vernos pelearnos por él, le hace sufrir, así que estoy contenta de que al fin podamos, usted y yo, entendernos. Por él y además…porque es más agradable charlar tranquilamente que pelear, ¿no está de acuerdo?»
«Sí…»
«Bien…yo…ya la dejo. Mi padre me espera en la comisaria, él hizo el turno de noche…»
«Sí, por supuesto Sheriff, vaya a hacer su trabajo…» susurró ella mientras una sensación extraña se instalaba en su estómago, una buena sensación.
«Buenos días Regina. Dele a Henry un beso de mi parte»
«Buenos días, Miss…»
La rubia le lanzó una mirada, la ceja arqueada, una sonrisa encantadora, Regina no pudo impedir tragar saliva.
«Emma…Buenos días, Emma»
«A usted también»
Y la rubia se dio la vuelta para alejarse definitivamente. Regina entró en la casa con una sonrisa de oreja a oreja, mientras que su hijo se dirigía hacia ella.
«¿Cómo decías ayer? ¿Qué conociéndola ella no se disculparía?» pregunta socarronamente.
«De acuerdo…pero eso no quiere decir sin embargo que yo no tenga razón sobre lo demás.
«Al contrario»
«¡Henry! Cariño, por favor…prefiero no esperar nada, ¿de acuerdo? Si las cosas entre Emma y yo deben cambiar, cambiarán. ¿De acuerdo?»
«Sí, pero»
«Henry…»
«De acuerdo…»
«Bien, vete a ducharte, hoy vamos a las cabellerizas»
«¡OK!»
El muchacho salió corriendo por las escaleras para subir al cuarto de baño y Regina no se molestó en regañarlo. Perdida en sus pensamientos, la sonrisa en los labios, no puede dejar de saltar de felicidad interiormente ante la visita de la rubia. Quizás finalmente Henry tenga razón…
