O el poso era muy profundo, o Logan caía muy despacio, porque mientras descendía, tuvo tiempo de mirar a su alrededor. Primero, intento mirar hacia abajo para ver que le esperaba, pero estaba muy oscuro como para ver nada. Después miro hacia las paredes del pozo y vio que estaban cubiertas de armarios y estantes para libros llenos de mapas y cuadros colgados con clavos.
-Me gustaría saber cuantas millas he descendido-Dijo en voz alta. –Creo que Din (Su gato) me va a extrañar mucho, espero que se acuerden de darle de comer – Dijo Logan preocupado.
Logan estaba tan absorto en sus pensamientos hasta que ¡Cataplum! Fue a dar en un monton de hojas secas. La caída había terminado.
Logan no sufrió el menor daño, y se levanto de un salto. Miro hacia arriba, pero estaba oscuro. Ante él se habría otro pasadizo, y alcanzo a ver en él al conejo blanco, que se alejaba a todo correr. Sin pensarlo, Logan se hecho a correr detrás de él y llego a tiempo para escuchar como decía:
-¡Llego tarde! ¡Ahora llego tres minutos tarde!-Dijo Kendall.
Logan iba casi pisándole los talones, pero, cuando dobló a su vez el recodo, no vio al Conejo por ninguna parte. Se encontró en un vestíbulo amplio y bajo, iluminado por una hilera de lámparas que colgaban del techo.
Habia puertas alrededor de todo el vestíbulo, pero todas estaban cerradas con llave, y cuando Logan hubo dado la vuelta, bajando por un lado y subiendo por el otro, probando puerta a puerta, se dirigió tristemente al centro de la habitación, y se preguntó cómo se las arreglaría para salir de allí.De repente se encontró ante una mesita de tres patas, toda de cristal macizo. No había nada sobre ella, salvo una diminuta llave de oro, y lo primero que se le ocurrió a Logan fue que podría servirle para salir de ahí. Pero , o las cerraduras eran muy grandes , o las llaves demasiado pequeñas. Lo cierto es que no le sirvió para nada . Sin embargo, al dar la vuelta por segunda vez, descubrió una cortinilla que no había visto antes, y detrás había una puertecita de unos dos palmos de altura. Probó la llave de oro en la cerradura, yvio con alegría que ajustaba abrió la puerta y se encontró con que daba a un estrecho pasadizo, no más ancho que una ratonera. Se arrodilló y al otro lado del pasadizo vio el jardín más maravilloso que puedas imaginar.
Pero ni siquiera podía pasar la cabeza por la abertura. "Y aunque pudiera pasar la cabeza", pensó el pobre Logan "de poco iba a servirme sin los hombros. ¡Si tan solo fuera mas pequeño!"De nada servía quedarse esperando junto a la puertecita, así que volvió a la mesa, casi con la esperanza de encontrar sobre ella otra llave, o, en todo caso, un libro de instrucciones para encoger.
Esta vez encontró en la mesa una botellita "que desde luego no estaba aquí antes" Penso Logany alrededor del cuello de la botella había una etiqueta de papel con la palabra «BEBEME» hermosamente impresa en grandes caracteres. Está muy bien eso de decir «BEBEME» pero el chico era muy prudente y no iba a beber aquello por las buenas. "No, primero voy a mirar", se dijo, "para ver si lleva o no la indicación de veneno."
Sin embargo, aquella botella no llevaba la indicación «veneno», así que Logan se atrevió a probar el contenido, y, encontrándolo muy agradable se lo acabo rápidamente.
¡Qué sensación más extraña! -dijo Logan.Y así era, en efecto: ahora medía sólo veinticinco centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla adecuada para pasar por la és de un rato, viendo que no pasaba nada más, decidió salir en búsqueda de , ¡pobre Logan!, cuando llegó a la puerta, se encontró con que había olvidado la llavecita de oro, y, cuando volvió a la mesa para recogerla, descubrió que no le era posible alcanzarla. Podía verla claramente a través del cristal, e intentó trepar por una de las patas de la mesa, pero era demasiado resbaladiza. Y cuando se cansó de intentarlo, el pobre chico se sentó en el suelo y sentó a pensar.
Poco después, su mirada se posó en una cajita de cristal que había debajo de la mesa. La abrió y encontró dentro un diminuto pastelillo, en que se leía la palabra «COMEME», deliciosamente escrita con grosella. "Bueno, me lo comeré", se dijo Logan, "y si me hace crecer, podré coger la llave, y, si me hace todavía más pequeña, podré deslizarme por debajo de la puerta. De un modo o de otro podre seguir , y eso es lo que importa."
Dio un mordisquito y se preguntó nerviosísimo a sí mismo: «¿Hacia dónde? ¿Hacia dónde?» Al mismo tiempo, se llevó una mano a la cabeza para notar en qué dirección se iniciaba el cambio, y quedó muy sorprendido al advertir que seguía con el mismo tamaño. En realidad, esto es lo que sucede normalmente cuando se da un mordisco a un pastel, pero Logan estaba ya tan acostumbrado a que todo lo que le sucedía fuera extraordinario, que le pareció muy aburrido y muy tonto que la vida discurriese por cauces normales.
Así pues pasó a la acción, y en un santiamén dio buena cuenta del pastelito.
