La Decisión de un Hyuuga

2. Juego de gemelos.

Disclaimer: Los personajes de esta historia no son de mi propiedad. Son de Masashi Kishimoto.

Este fic esta hecho solo para el entretenimiento de su creadora y quien lo quiera leer. La historia es creada completamente por mí.

Es mi primer fic. Espero lo disfruten.

El capitulo anterior ha sido el prólogo, así que en este punto comienza la historia. Pienso que estos personajes están bien trabajados, pero exclusivamente en la adultez, por lo que la diferencia de personalidades no los convierte en OoC (al menos no para mí y eso deseo) ya que evolucionaran confirme la historia avance. Nunca pensé en hacer a los gemelos de protagonistas, pero espero salga bien.


— ¡Hiashi! – exclamaba entre alegres carcajadas el menor de los gemelos.

Los hermanos se perseguían por el gran jardín Hyuuga disfrutando un frío día de enero. Ambos pararon. Seguían sonriendo pero dejaron de reír a causa del cansancio por correr mucho. Se apoyaron en sus rodillas recuperando aliento.

— Espera Hizashi.

Hiashi se irguió y dirigió hacia la habitación de la cual ambos habían salido horas antes para jugar. Cada exhalación suya hacia visible su aliento, pareciendo expulsar un curioso humo por la boca. Se asomó a la puerta y encontró a su padre, el líder del clan, en cuclillas frente a una gran ventana y junto a una humeante taza de té. El respetable hombre se giró y contempló fugazmente a su hijo.

Hiashi, como solo el sabia sonreír se acercó con paso firme, digno de un Hyuuga, hacia su padre.

— Otou-san— lo llamó.

— ¿Si… Hiashi? — contestó el hombre con su usual semblante de seriedad.

La única razón por la que supo que se trataba de su primogénito fue su acción. El era un shinobi de grandes dotes y sabía que Hiashi era muy "impulsivo, alegre y confiado". Aún y siendo su padre le era difícil diferenciar a sus hijos, aunque tratándose de gemelos idénticos nadie lo culpaba. Todo se arreglaría en cuanto Hizashi tuviera la marca del pájaro enjaulado tatuada por el resto de su vida en su frente. Eso bastaría para diferenciarlos ¿no?

— ¿Ya nos podemos ir? —preguntó.

El hombre suspiro. Se estaba tan bien allí.

— Sí. Ya voy.

Tomó la taza de té humeante y lentamente se levantó del tatami donde se encontraba. Se encaminó a la puerta junto con su primogénito. Saliendo de ella encontraron a Hizashi tomando un vaso de agua.

—¿Ya nos vamos? —le preguntó a su hermano. Un asentimiento por parte de su hermano le bastó como respuesta.

Los gemelos corrieron a la puerta principal y esperaron a su padre que caminaba mucho más tranquilamente. Pero, en vez de aparecer él al doblar la esquina por la que ellos pasaron, llegaron un par de ancianos que lucían cansados pero respetables. Sus orbes eran los característicos del Clan. Ambos poseían canas y tenían la espalda un poco jorobada. Piel traslúcida dejaba ver en algunos puntos venas azulosas en sus frágiles manos. Pero, lo más curioso de esos hombres que nunca habían visto, eran las bandas blancas apenas colocadas en un nudo con el escudo Hyuuga que les tapaba su frente.

— ¿Dónde está otou-san? —cuestionó Hizashi rapidamente.

—El señor líder Hoshuto y cabeza del Clan nos mandó llamar para acompañarlos a visitar al joven Yamanaka. —contestó solemnemente uno de ellos, el de aspecto mas viejo, en tono de respeto sin embargo irguiéndose rígidamente.

— ¿Pero por qué…? —comenzó a preguntar Hiashi cuando vio que una de las bandas ligeramente amarrada a la frente del mas anciano se deslizaba hasta taparle los ojos.

Debajo de la banda, el anciano tenía un curioso signo que en su vida los niños habían visto. El hombre pareció alterarse muchísimo cuando notó la banda sobre sus ojos y, apresuradamente, la devolvió a su lugar con la rapidez que sus brazos cansados le permitían… pero el daño estaba hecho. Los niños lo habían visto.

Parecía que querían preguntar que era ese signo cuando el anciano- sujetando su frente aún –dio media vuelta tambaleándose y se fue atropelladamente doblando la esquina que acababa de cruzar para no regresar a la vista de los gemelos y el otro hombre.

—Tenemos que irnos ya —sentenció el anciano un poco estremecido y, apurándolos indicando el camino en dirección al centro de la aldea, se marcharon.

Los niños se intercambiaron miradas impresionadas ante su tono se voz. Nunca nadie fuera de sus padres les había mandado nada en lo más mínimo. Ni les dirigían la palabra si no fuera para contestar una pregunta hecha a esa persona. Siempre los trataban con respeto. Incluso ellos imaginaron alguna vez -antes de desechar el pensamiento -que los consideraban sus superiores o algo por el estilo.


Llegaron entonces a su destino. La florería Yamanaka. Frente a la puerta principal adornada con flores y carteles vistosos se encontraba una familia compuesta de tres personas.

El pequeño -relativamente de la edad de los hermanos Hyuugas -al verlos sonrió y los saludó parado en las puntas de sus pies y levantando la mano muy alto -o cuanto su altura le permitía -y alegremente.

El padre y su hijo eran rubios con orbes azul claro rodeados de un tono mas intenso, mientras su madre poseía ojos castaños. Los tres vestían ropas de su respectivo clan.

—Inoichi-kun —exclamaron al unísono los gemelos.

—Buenos días Hiashi-kun, Hizashi-kun —saludó la hermosa mujer que llevaba bajo el brazo una manta a cuadros blanca y roja.

—Buenos días Yamanaka-san —respondieron.

—Inoichi esta muy contento —les dijo el rubio padre del pequeño.

Los tres adultos intercambiaron algunas palabras y se fueron directo al campo de flores que la familia Yamanaka poseía junto con los –de una forma u otra –herederos de sus clanes.


El espacioso campo de flores Yamanaka era realmente hermoso. Era como ver un arco iris en el suelo. Camelias, laureolas, flores de pascua, bolas de nieve, platanillos, jazmines, margaritas, hortensias, claveles, geranios, prímulas, alhelíes, narcisos entre muchos otros ejemplares de belleza proporcionada por la naturaleza llenaban gran parte de terreno. Cada flor tenía una ligera capa de nieve que las cubría. El frío llagaba a Konoha y los Yamanaka cortaban cuantas flores podían para ponerlas al aire libre - sin necesidad de un cuarto climatizado - y que se conservasen antes de hacer los arreglos más magníficos, tan distintivos suyos en épocas como esas. Había pasado la Navidad y el Año Nuevo hacia solo un poco más de una semana, y el espíritu se encontraba en muchos aún. El único sitio libre de flores era –además del sendero de piedras que lo atravesaba –la cima de una colina verde espolvoreada de escarcha del cielo. Allí no habían flores pero si un grueso sauce llorón.

Los Yamanakas le ofrecieron un té al anciano Hyuuga y se sentaron en la manta de cuadros. Hiashi, Hizashi e Inoichi fueron directo al sauce y se ocultaron entre sus ramas.

—Bien, dinos Inoichi-kun… ¿Cuál es la sorpresa? — preguntó emocionado Hiashi.

— ¡Si! —le respondió Yamanaka lentamente tratando de dar efecto dramático. Desistió a los pocos segundos. No se lo podía guardar, así que con una sonrisa tan grande que casi logro hacer que cerrara los ojos, se apresuro a revelar la sorpresa juntando las palabras —. ¡Ya se la técnica de mi clan!

Un momento de silencio. Los gemelos se quedaron impresionados. Inoichi era mayor que ellos, pero solo tenia seis años. Era imposible que dominara la técnica de manipulación mental. Realmente ridículo.

— ¿En serio? —cuestionó Hiashi un poco escéptico.

— ¡De verdad! —sin borrar su sonrisa contestó. Aun así pudieron distinguir un dejo de enojo y decepción por no haber tomado en serio — ¿Quieren ver?

—Me gustaría —siguió desconfiadamente.

Yamanaka se puso de pie y apunto a Hizashi.

—Párate —le ordenó orgulloso.

—Em…claro —contesto un poco desconcertado. Nuevamente le habían mandado realizar algo.

Hizashi miro a su hermano mayor. Hiashi pareció comprender su muda petición. Inoichi no podía manipular la mente de nadie. Al iniciar la academia era cuando apenas se tenía conocimiento básico de las técnicas familiares. Parecía no ser probable que sufriera ningún daño. Era más que obvio.

Hizashi se puso de pie frente a su amigo un poco nervioso, y junto a su hermano que estaba recargado en el tronco del sauce.

El rubio cerró los ojos juntando ambos dedos índices y pulgares formando una especie de diamante de cabeza. Fruncía el entrecejo en ademán de concentración cuando, levantando las manos, apunto justo en frente a los Hyuugas. Y antes de que pudieran hacer cualquier cosa gritó: "Cambio". Esperaba sentir una sacudida en el interior para encontrarse en el cuerpo de Hizashi, pero en vez de eso, la sacudida no solo fue en la mente. Le sacudió el alma.


Para cuando abrió los ojos noto algo extraño. Ambos, Hiashi y Hizashi estaban frente a él. El mayor se recargaba en el tronco y el menor se hallaba aún expectante con una ceja en alto. Exactamente igual que antes de gritar "cambio". Parecía no haber funcionado.

— ¿Y…? —habló Hizashi.

—No funcionó —dijo cabizbajo y confundido.

—Pues era obvio —revoloteó los ojos el mayor.

Los tres se quedaron en silencio. Parecían un poco decepcionados. Aun sabiendo que era imposible que un niño de seis años realizara un intercambio momentáneo de mentes, hasta Hiashi tenia la esperanza de verlo. Hubiera sido emocionante.

Salieron de detrás de las hojas que los escondían para bajar a comer en la manta extendida entre flores olorosas y coloridas. Cada adulto les dio una caja de bento de arroz, pescado y vegetales, y se sentaron a disfrutar de esa tarde invernal.


Lo que no sabían era que en este juego de gemelos, un intruso había logrado lo más peligroso y prohibido de su Clan. Una habilidad que nunca debió ser descubierta. Sin saberlo, había intercambiado sus mentes creando un grave problema.


Reto foro: El valor de los extras. Espero alguien haya disfrutado la historia. ¿Rewiews? Me encantaría recibir críticas constructivas más que elogios no justificados (Aunque no siento que el fic merezca muchos). Agradezco mucho a quien se pase por aquí. Hasta un nuevo capítulo.

Shima No Ru.