Bueno, está es una historia que tiene tiempo en el facebook, no la había publicado por falta de tiempo.. espero les guste...
Besos
Isa
Capitulo 1
No estoy loca
-Muy bien, has tenido un progreso impresionante. Has logrado bajar de un paciente agresivo a uno pacifico –dijo el Doctor Franco, un maldito hijo de puta que no me dejaba ser.
Ha pasado todos estos años impidiendo mi rehabilitación, pues claro, no permití que abusara de mí y eso repercutió en mi expediente. Maldita lacra, no merece vivir. Fijé mi mirada en la suya y sonreí, imitando su sonrisa socarrona, él pretendía dejarme más tiempo.
-Sí, lo he logrado. Sin embargo, hay algo que me inquieta… -susurré con pensar.
-Te escuchó -¡Bingo! Su atención estaba completa en mí.
-¿Cómo un doctor tan exitoso como usted, no ha logrado que yo, la paciente más problemática, recuerde su pasado y lo más importante, su nombre? –Sus ojos se inyectaron con ira, me encantaba ser la causante de su estrés. Yo debería ser el caso más difícil que ha pasado por sus manos.
Franco era, en definitiva, el psiquiatra más joven que tiene este hospital. Reconocido a nivel mundial por sus logros, entrar en la mente humana no es una tarea fácil… ¡Pura mierda! Yo logró a diario meterme en su mente, lo estreso y tocó su vena sensible; es fácil, él es un bebé en pañales en este lugar y yo soy el coco que se esconde bajo su cama.
Creo… no, no lo creo. El cometió el error más grande de su vida al meterse conmigo esa noche. De cierto modo, estar rodeado por todas esas personas con problemas… cuando digo problemas, me refiero a grandes y difíciles de manejar. Me gané el respeto de muchos y aprendí a respetar a otros, ¿Qué diferencia tiene este lugar de una cárcel? Yo creo que ninguna.
-Muy bien, hemos terminado contigo, Angelito – ¡Puaj! ¿Qué clase de madre puede llamar a su hija Ángela? Sin embargo, no le di el gusto, sonreí como niña buena y me retiré sin quejarme. Él quería guerra, guerra tendría.
Contorneé mis caderas, ser mujer trae beneficios y el mío era evitar que me drogaran. No necesitaba esa mierda para dormir, además, sería un blanco fácil para doctores enfermos como Franco. Mientras caminaba, una de las "chicas" se acercaba a mí. Mantenía una sonrisa triunfal porque iba a verlo, una zorra completa que va por su presa.
-A estas alturas, todos conocen tu juego –susurré entrecerrando los ojos. ¡Dios! Esté lugar me enferma.
Me dejé caer en uno de los tantos sillones de cuero viejo que había en el lugar, si lo veías desde un punto de vista psicológico, esté lugar enferma a cualquiera y enloquece hasta la persona más cuerda. Desde el punto de vista clínico, es apto para su propósito y desde el personal, ya saben lo que pienso. Suspiré antes de enfocar toda mi atención en la televisión, solo dibujos animados y eso logra que vuelva a replantear algo. ¿Qué nos hace locos, él hecho que este lugar es deplorable o el ver la basura de "Vaca y pollito"? ¿Qué te induce a la locura?
-Hola, chica sin nombre, veo que te fue de maravillas con Franquito –sonreí fijando toda mi atención en Bler, mi mejor amiga en este lugar.
Bler no estaba loca, solo estaba encerrada aquí porque ninguno de sus hijos o nietos la soportan. Si quieren saber mi opinión, esa gente debe pudrirse en el infierno por esa barbaridad. Desearía tener una abuela así, tiene las historias más divertidas que he escuchado… bueno, no recuerdo nada. Sin embargo, no solo son sus historias, son sus sentimientos y todo lo que es, ella es simplemente única.
Su piel arrugada por los años de experiencia y sacrificio, sus ojos verdes y llenos de vida, su cabellera color ceniza y su fortaleza; toda ella era especial. Su familia no sabe lo que se pierde, pero yo me iba a encargar de estar con ella hasta el final.
-Ujum, sabes que nunca tengo un progreso –suspiré aburrida. Todos los días era lo mismo.
-Lo sé, él no se cansa de decirme que yo puedo irme, pero no quiero –dijo encogiéndose de hombros. –Alguien me necesita aquí y yo nunca la abandonare.
-Vaya, Bler, que chica tan afortunada. –Sí, que relación tan especial tengo con esta señora. La adoro y hace de mis días terribles, más llevaderos.
-Cuéntame, ¿has recordado algo más que miradas y rostros borrosos? –enarqué una ceja y asentí.
-He tenido sueños o debería decir pesadillas. Escucho disparos en algo parecido a un aeropuerto… la verdad, escucho gritos y más gritos –me encogí de hombros y suspiré. –Toda una confusión, Bler.
Ella me miró con esos ojos verdes que tanto adoraba, tenía tanta calidez su mirada que me daba tranquilidad. Rodeó mi cintura con su brazo y me atrajo a ella, sabía lo que significaba, otra de sus historias estaba por iniciar. Ella era como un ángel guardián, alguien que llegó a mí para iluminarme.
A la mañana siguiente, abrí mis ojos y me quejé, era frustrante despertar una y otra vez en esa miserable habitación. Busqué con mi mirada el calendario, era día de visita, eso solo quería decir una cosa. Pasaría otro memorable día sola, en el patio con los otros.
Desayuné avena, el alimento de los ganadores, luego me acosté bajo un árbol, que bien se sentía no tener presiones. Entre ignorar a los visitantes y mi descanso, me deje llevar por la tranquilidad del momento. Imágenes nítidas de un baile, un beso y unas manos recorriendo mi cuerpo. Palabras de amor que susurraban en mi oído, el calor de su cuerpo sobre el mío, el sentimiento abrasivo de la culminación y sus lágrimas mezclándose con las mías.
Luego, como si se tratara de una película, todo a mí alrededor se volvió borroso. Ya no estaba en su cama, ahora estaba tirada en el medio de la carretera con lágrimas en mi rostro. De nuevo, él hizo acto de presencia, supliqué o al menos eso pensaba y él solo pudo negar con la cabeza antes de desaparecer. Nuevamente, todo a mí alrededor se volvió borroso.
Ahora estaba en un aeropuerto, una chica estaba a mi lado y me decía que todo volvería a la normalidad y yo sabía que eso era imposible. Había cometido un error muy grave. Una pantalla que indicaba la salida del vuelo de las ocho hacia Seattle y todo se volvió un caos. Un dolor agudo en mi cuello y otro en mi cabeza, los gritos se confundían con el pitido sordo que estaba atormentándome y la oscuridad.
Desperté de golpe, mi respiración estaba agitada y mis ojos llenos de lágrimas. Odiaba ser tan débil, pero algo de ese sueño no dejaba de atormentarme. Suspiré tratando de tranquilizarme mientras que mi mano subió hasta mi cuello y mi cabeza. Allí había dos cicatrices, el recordatorio que algo malo me había pasado y el límite entre la verdad y la ilusión.
-¿Mal sueño, loca? –Lo miré, lo odiaba con todas mis fuerzas, pero era el único de la familia de Bler que valía la pena.
-No es tu problema, Bobby –dije con toda intención, él odiaba ese sobrenombre.
-Es Billy, ¿Cuándo rayos lo comprenderás? –Exigió molesto.
-Cuando dejes de llamarme loca, por si no lo has notado, estoy completamente cuerda –dije entre dientes antes de ingresar al hospital con él a siguiéndome.
Subí las escaleras tan rápido como pude, abrí la puerta de mi habitación y me acerqué a la ventana, el único lugar en todo el hospital donde podía relajarme.
-Eso lo sé, por ello te someterás a otra evaluación –dijo triunfal.
-Hasta ahora debes saber que mis evaluaciones con Franco son un fracaso total, si es por él nunca saldré de esta pocilga –suspiré molesta. ¿Qué rayos pretendía este imbécil?
-Mi abuela te quiere fuera de este hospital y lo que ella quiere, lo consigo –dijo encogiéndose de hombros. –Así tenga que sopesar una llamada anónima que ponga en duda la integridad profesional del doctorcito.
Lo miré a los ojos, no me estaba mintiendo. Sin embargo, no podía ilusionarme, yo era la joya en este hospital. Por mí, había dinero de parte de los contribuyentes, yo era un caso especial. Billy no era una mala persona, solo no me caía bien. Era un hombre apuesto a pesar de tener sus buenos veinticinco años, tenía unos hijos hermosos y sabía que Bler los adoraba.
-No sé que ve mi abuela en ti, pero te quiere en su vida y… -se detuvo a pensar un momento lo que estaba a punto de decir-. Si eres el motivo por el cual mi abuela decidió vivir, lo tomaré.
Sus palabras me sorprendieron, tal vez estaba equivocada, pero sostengo que él me cae mal. No lo soporto, es un millonario de mierda que solo pensaba en él… y en su abuela.
-Nos vemos, loca…
-No estoy loca, Bobby… no estoy loca –susurré sin despegar mi frente de la ventana.
-Lo sé… -respondió antes de partir.
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