Capitulo 2: Weasley's Place
Con ayuda de la tía Minerva, fue más sencillo subir las maletas y las demás pertenencias de la muchacha, pero aún así, el hecho de que ese bloque de apartamentos no tuviese ascensor no facilitó nada las cosas.
Al entrar en la vivienda el olor a estofado proveniente de la cocina, impregno el estomago de la mucha y fue en ese momento cuando se dio cuenta del hambre que tenía, pero no tuvo tiempo de expresarlo en voz alta pues su tía continuó andado a través del pasillo a la vez que habló con voz cansada.
- Sígueme, te mostraré tu dormitorio.
Hermione avanzó detrás de su tía, arrastrando su pesado baúl lleno de zapatos, rogando porque no estuviese demasiado lejos, pues sus brazos ya le flojeaban, pero cuando muy poco después la tía Minerva se detuvo junto a una puerta, Hermione deseo no haber pedido por esa cercanía. La casa era mucho más pequeña de lo que Hermione había podido a imaginar. Apenas cuarenta metros cuadrados. Minerva abrió la puerta más situada a la derecha y señaló su interior y Hermione, aun decepcionada, se acercó y observó.
- Sé que es pequeña - musitó abochornada Minerva - pero como puedes ver la casa no es mucho más grande…
El dormitorio tenía una cama pequeña pegada a la pared, cubierta por una colcha de color azul cielo. Frente a esta, una pequeña ventana, cuya persiana estaba medio bajada, y bajo esta, un pequeño escritorio, con una silla plegada en la pared.
- Me imagino que estarás pensando que es una porquería - continuó Minerva ante el silencio de la muchacha - debes estar acostumbrada a muchos lujos.
- No importa - cortó Hermione arrastrando las palabras - es solo que… bueno… le falta un toque.
- Puedes decorarla como quieras - aseguró Minerva - puedes pegar pósters en las paredes o todas esas cosas que os gustan a los jóvenes…
- ¿Dónde voy a guardar mi ropa? - preguntó la castaña observando la falta de un armario en el dormitorio.
- Oh, bueno, la cama, si te acercas y la elevas verás que tiene un compartimiento bajo el colchón, hay podrás colocar todo.
Hermione se acercó y realizó lo que su tía le había comentado.
- Te dejo un rato a solas, para que te acomodes. La puerta que hay enfrente de esta es el aseo, y la de la derecha es mi dormitorio. Y bueno, has pasado ya por la pequeña sala de estar y la cocina…
La castaña asintió, y observó como su tía se retiraba con pinta de estar avergonzada. Tras que la puerta se cerrase, Hermione se dejó caer en la cama. Se sorprendió de lo cómoda que era y allí tumbada cerró fuertemente los ojos, deseando que cuando los volviese a abrir todo hubiese sido una pesadilla y se encontrase en un dormitorio londinense, pero nada de eso ocurrió.
- Acostúmbrate, Hermione - se dijo a si misma - todo ha cambiado
Se levantó de la cama y abriendo el compartimento destinado para dejar sus cosas comenzó a colocar toda su ropa, pronto se llenó y Hermione no tuvo más remedio que dejar todos sus zapatos guardados en el baúl. Sobre el escritorio colocó un pequeño ordenador portátil y el teléfono móvil, y tras eso comenzó a llenar los dos cajones que poseía el escritorio
Tras eso, sacó una pequeña carpeta, que abrió rápidamente. Dentro había fotografías que abarcaban una buena parte de su vida, comenzó a pegarlas en la pared cercana a su cama de manera que quedó prácticamente cubierta de sus recuerdos. Las miró con nostalgia, y pasó delicadamente su dedo por el rostro de su padre. Deseaba verle y abrazarle, pero él había sido demasiado estricto.
"No quiero que me vengas a ver a la cárcel, no podría soportarlo"
Y la propia Hermione era consciente de que si lo volvía a ver, no querría separarse nunca más de él.
Aguantó las lágrimas y comenzó a vaciar su bolso. Sacó la cartera, la agenda, unos pañuelos y un pequeño neceser con un pintalabios y un corrector, y mientras vaciaba su bolso se dio cuenta de que el collar que había guardado ahí, antes de subir al avión, no estaba. Miró con ímpetu por todos los pliegues y recovecos del bolso, pero tras que sus esfuerzos fuesen vanos, comenzó a registrar todo el suelo del pequeño dormitorio.
Sin darse cuenta las lágrimas había empezado a salir de su rostro, recorriendo por completo sus mejillas. Ese collar era demasiado importante. Había sido el último regalo que le había hecho su padre antes de que todo se truncara.
La puerta se abrió y la tía Minerva observó preocupada a Hermione.
- ¿Qué haces?
- Mi collar, no puede ser… he perdido mi collar…
- Tranquilízate - musitó la mujer entrando y agachándose para ayudarla a buscarlo - ¿Dónde fue la ultima vez que lo viste?
- En el avión - se apresuró Hermione en contestar - me lo había quitado para pasar los controles de seguridad y lo guarde en mi bolso...
- ¿Se te pudo caer allí?
- No… el bolso estuvo cerrado todo el trayecto, solo lo abrí para…. Oh Dios…
- ¿Qué ocurre, cariño?
- Lo perdí en el aeropuerto de Detroit… - dijo tapándose la boca con una mano - choque contra un idiota que iba despistado y se me cayeron un montón de cosas al suelo - las lagrimas se hicieron más abundantes - seguro que lo debí dejar olvidado por el suelo…
- ¿Estas segura?
Hermione asintió.
- Entonces mañana nos acercaremos al aeropuerto y preguntaremos - habló pausada Minerva
- No… tenemos que ir ahora mismo…
- Hermione, piensa fríamente la situación… el collar no va a seguir en el suelo. Tenemos que ir a objetos perdidos y a estas horas ya no debe estar abierta esa sección…
- Tú no lo entiendes - espetó enfadada - ese collar es demasiado importante para mi
- No es razón para hacer las cosas sin pensar - musitó Minerva aguantando la calma- mañana a primera hora iremos.
- Me lo regalo mi padre - rogó Hermione a la desesperada
- Ya te he dicho que iremos mañana…- aclaró empezando a enfadarse Minerva - además Hermione, tan solo es un collar
- Solo lo dices porque odiabas a mi padre - soltó Hermione furiosa.
Minerva recibió esa información como una bofetada y sin decir nada más se retiró del dormitorio ante la mirada atenta de la castaña.
Cuando el color azul del cielo dio paso al manto estrellado de la noche, Hermione decidió levantarse del suelo, en el que estaba sentada desde que había discutido con su tía. Sabía de sobra que no había sido justa y que había pagado parte de su frustración con ella, que tan amable había sido desde que todo su mundo se había puesto patas arriba. Sin embargo la idea de haber perdido el collar le hacía sentirse más vacía que nunca.
Respiró hondo un par de veces y salió del cuarto, para encontrarse con su tía sentada en uno de los sofás, haciendo punto de cruz.
Esta no levantó la mirada de su labor, siguió moviendo los hilos y las agujas en silencio.
- Lo siento - murmuró Hermione - se me ha ido todo de las manos
Minerva asintió y la miró fijamente a los ojos.
- Yo solo quiero ayudarte, Hermione. - aseguro. - No estoy aquí para hacerte la vida imposible. Comprendo todo lo que estas pasando y no pretendo convertirme en tu familia de pronto… pero me gustaría que las cosas fuesen bien entre nosotras. Lo que pasó entre tu padre y yo es un asunto del pasado que solo nos involucra a nosotros dos. Tú estas aparte.
- Lo sé… y por eso lo siento.
- No odio a mi hermano - continuó Minerva - nunca le he odiado. Que no comparta su manera de hacer las cosas no significa eso.
Hermione escuchó en silencio. Sabía que su padre y su hermana habían discutido fuertemente tras una visita de él a Detroit, y desde entonces no habían vuelto a verse, sin embargo, nunca había sabido las verdaderas razones de porque se habían distanciado.
- ¿Por qué os separasteis tanto? - preguntó sentándose en el sofá más cercano.
- No creo que sea algo que deba contarte yo, Hermione. Solo puedo decirte que la vida de muchas vueltas, y a veces, sin quererlo tenemos que separarnos de la gente que amamos, porque sabemos que será lo más correcto.
La muchacha asintió levemente, con la ganas de preguntar establecidas en su garganta.
- ¿Puedo preguntarte algo? - dijo en voz baja
- Claro… ¿de que se trata?
- ¿sabías que mi padre estaba cometiendo fraude?
La cara de Minerva se volvió blanca y sus ojos parecieron salirse de sus orbitas, la pregunta le había pillado totalmente desprevenida.
- Hermione… yo… me parece que yo no…
Pero en esos momentos, mientras Hermione solo tenía sus sentidos puestos en la respuesta de su tía, esta se levantó corriendo del sofá y fue directa a la cocina, de donde salía una fuerte humareda color gris oscuro.
- La cena - soltó Hermione horrorizada, corriendo detrás de su tía.
Pero poco hubo que hacer. El pollo que con tanto esmero había preparado Minerva, para darle la bienvenida a su sobrina había quedado carbonizado.
- Oh vaya - dijo Hermione mirando lo que hasta hacía poco tiempo iba a ser su cena.
- Se me fue de la cabeza - se disculpó Minerva
Las dos quedaron en silencio, observando la negrura del pollo en la basura, pero tras unos instantes, Minerva sonrió ampliamente, aumentando mucho el parecido que guardaba con Robert.
- Salgamos fuera a cenar - soltó
- ¿Qué?
- Vamos, coge una chaqueta, que por las noches refresca, te invitaré a cenar al restaurante de una buena amiga. Esta a un rato caminando, pero así te enseñaré un poco la ciudad.
Ante el entusiasmo de su tía, Hermione fue incapaz de negarse, así que cogió su abrigo y su bolso, y salió del apartamento.
El barrio era tranquilo y acogedor. No tenía la misma clase que su antigua zona de vida y que era un barrio humilde se declaraba a chillidos en cada esquina, sin embargo, la gente le pareció realmente amable. Mientras caminaban, al menos tres personas detuvieron a la tía Minerva para saludarla y preguntarla si la muchacha que le acompañaba era la famosa Hermione. La joven se avergonzó ante este hecho, pues jamás se podía haber imaginado que su tía hablase de ella.
Las calles dieron paso a un parque grande y verde, lleno de árboles frondosos. Había un pequeño arroyuelo que lo atravesaba, y el aire puro de la zona inundo los pulmones de Hermione.
- Es un lugar precioso - aseguró.
- Si, desde luego - asintió Minerva - por las mañanas se llena de gente paseando a perros y otros tantos haciendo footing. Es un muy buen lugar. Ahora en verano aún más.
- ¿Falta mucho para llegar a ese sitio, tía?
- Para nada, esta a la vuelta de la esquina.
Y así fue. Unas brillantes letras rojas rezaban "Weasley's Place". Y al parecer dentro había bastante gente.
Minerva empujó la puerta de cristal y entró decidida, Hermione la siguió. Desde luego el local no era como los que ella solía frecuentar. Las paredes estaban llenas de fotografías de gente famosa dibujada, y una amplia parte del local la cubría una alargada barra americana, que tenía varias sillas enfrente. Pegando a la cristalera había mesas para cuatro personas.
- ¿Qué tipo de comida se sirve aquí? - preguntó Hermione conociendo antes de tiempo la respuesta
- La mejor que encontraras en muchas manzanas a la redonda - aclaró una voz que no pertenecía a su tía.
Hermione miró hacía de donde provenía la voz y encontró a una mujer de aspecto bonachón. Tenía los ojos pequeños y las mejillas sonrosadas. Llevaba una gorra cubriendo su pelo con una gran W en el centro.
- Molly - declaró Minerva - tenéis el local lleno
- Si - dijo esta sonriendo más - hemos tenido que llamar a Ginny, a pesar de que era su día libre. Ya sabes como es esta niña, ha puesto el grito en el cielo - añadió con una risita
- ¿Y los chicos?
- Trabajando, gracias a Dios. ¿Y esta muchacha tan guapa? Familia tuya seguro - continuó Molly - tiene tus ojos
- Es Hermione, la hija de Robert
- Oh - musitó Molly como si cayera en ese mismo momento de quien debía ser - bienvenida a la ciudad, ¿te esta gustando esto?
- Bueno… - dijo Hermione avergonzada
- Ha llegado esta tarde - dijo Minerva
- ¿El aseo? - preguntó Hermione intentando sonar educada
- La puerta de la derecha, querida - dijo Molly señalándola.
La joven asintió y caminó hacía el lugar que la mujer le había indicado. Pero mientras caminaba, la puerta doble que llevaba a las cocinas se abrió fuertemente, y una cabellera pelirroja salió como un cohete con un plato rebosante de patatas fritas en las manos. No se dio cuenta de que Hermione se interponía en su camino, así que prácticamente la derribo, y tras el choque, cayeron al suelo rodeadas de las patatas.
- Oh no - musitó Hermione enfadándose - tú otra vez NO!
- ¿Perdona? - musitó una voz femenina levantándose del suelo.
La chica se quitó la gorra y cayó una brillante mata de pelo pelirrojo cuya mayor parte había estado oculta por la gorra.
- Lo siento - dijo Hermione cayendo en su error - te confundí
- Eso esta claro - dijo la chica con una risita… hemos llenado todo el suelo de patatas - musitó divertida.
- Oh Ginny - regañó Molly a la muchacha acercándose con una escoba - tienes que tener más cuidado, mira como lo has dejado todo
- Ha sido un accidente - aclaró - iba distraída y…
- No me cuentes historias - siguió Molly tendiéndole la escoba - barre todo este desastre ya…
- A la orden, mi capitana - dijo sin dejar de sonreír
- ¿y tu, querida? - le preguntó a Hermione preocupada - ¿estas bien? ¿No te habrás quemado con alguna patata?
- No… estoy bien… fue también parte de culpa mía.
- ¿Os conocéis? - preguntó Ginny apoyada en la escoba.
- Esta es la sobrina de Minerva - aclaró Molly con voz cansada - y como no barras este desastre ya mismo te quedas sin el extra que te iba a pagar hoy…
- Solo una madre puede ser tan cruel - dijo haciendo un puchero y empezando a barrer
- El baño es esa puerta - declaró Molly con voz dulce
Hermione asintió y caminó hacía él. Se refrescó la cara y salió para encontrarse con su tía sentada y guardándole un sitio.
- He pedido por ti - comentó - recuerdo que tu padre me comentó que te gustaban mucho las hamburguesas
- De hecho ya no las como - sentenció la castaña deseosa por marcharse a casa y dormir. - ya sabes… para mantener el tipo y esas cosas.
- Eso lo dices ahora - rió Minerva.
Cuando cinco minutos después, Ginny les plantó a cada una, una enorme hamburguesa rodeada de patatas fritas, Hermione no tuvo más remedio que probar la comida, y se sorprendió de lo deliciosa que le pareció.
- Esta riquísima - dijo maravillada
- Si mama te oye decir eso la alegraras por una semana - dijo Ginny sonriendo
- Tiene muy buena fama este local - anunció Minerva - la comida siempre sorprende
- Eso lo dices porque nos tienes mucho cariño - dijo afectuosamente Ginny
- No obstante es muchísima comida - aclaró Hermione pegándole otro bocado a su hamburguesa.
- Mi hermano Ron es capaz de comerse dos como esas - comentó señalando la hamburguesa de Hermione - más vale que no dejes nada - se rió - disfrutad de la comida
Y sin decir nada más se retiró.
Y Hermione sonrió. Esa muchacha le había caído muy bien.
- Ya veras como Detroit no es tan malo después de todo - habló Minerva observando a su sobrina
- Estoy segura - aclaró mientras untaba una patata con ketchup.
Ninguna de las dos habló nada más. Era la hora de cenar y con comida tan deliciosa, era difícil parar.
