Algo Inusual

Parte 2

― Es sólo un esguince, por suerte. Lo que no es nada serio, pero pondremos una férula de todas formas. No queremos que te sigas dañando la mano, o que dañes a otros con ella.

Su hermana pequeña rió —Isabella estaba segura de que ni siquiera había entendido el chiste, pero claro, Super Doc se había reído, así que ella como buena groupie* lo había seguido—.

— Doctor, creo que…

— Profesionalismo. Cierto. No volverá a ocurrir. Lo siento —, y a continuación le regaló una sonrisa que decía "Pero no lo siento en absoluto".

Una vez puesta la férula de muñeca —que era incómoda como el infierno—, le dieron una prescripción médica de Paracetamol de 500 mg, que debía tomar cada 8 horas por cuatro días, y una licencia médica de dos días —que significaba; ¡Adiós examen de estadísticas, perras! —.

— ¿Doctor, y no le dará nada para que Bella sane más rápido?

— Ya le dí los medicamentos y le puse una férula. Ella estará bien en dos semanas.

— No, no, no. Usted no entiende, mire; Cada vez que yo vengo al Doctor, él me da algo para que me ponga bien más rápido. Así como mamá me da besos para que sane.

Isabella habría jurado que el Doctor miró sus labios (¡los de ella!), pero culpó de eso a los analgésicos que le habían dado antes para el dolor. También culpó a la medicina de las ganas repentinas de tirársele encima que sentía.

— Emma —, dijo furiosa —. ¿Qué dije antes?

— Yo sé que eres grande y que no vas a llorar, pero todo el mundo necesita que le den un dulce después de venir al Doctor. ¿Sino cómo entonces te vas a sentir mejor ahora y no en dos semanas más? Además, la maestra siempre dice que la mejor medicina es el amor.

— Me darás amor cuando lleguemos a casa —, gruñó desesperada por salir de allí —. Jugaremos al doctor y podrás curarme sólo a base de amor, ¿está bien? Pero ahora tenemos que irnos, mucha gente está esperando ser atendida y estamos demorando todo. Además, tenemos que llegar a casa antes que mamá y papá.

— No te creo. ¡La otra vez me dijiste lo mismo, pero te fuiste a jugar con Jacob y me dejaste sola!

— No… ¿No podemos hablar de esto en casa?

— ¡No! Promete que jugarás conmigo en casa. ¡Ahora!

— ¡Bien, lo prometo! Jesús, esto es como la inquisición.

— Excepto que mejor —, murmuró el Doctor a su lado.

Bella ni siquiera gastó energías en rodarle los ojos o hacerle alguna morisqueta.

— Prométeselo al Doctor.

— ¡Emma! —, se quejó.

— ¡¿Qué?! —, murmuró la pequeña con las manos en las caderas —. Mamá dice que a los Doctores no se les miente porque si lo hacemos, entonces ellos no pueden saber cómo curarnos.

— Tú y tus "Tal persona dice…" —, giró a su derecha y decidió que su mal humor se debía al día de perros que estaba teniendo, no a lo exasperante que resultaba ser la cara del Médico —. Doctor Cullen, prometo jugar al Doctor cuando llegue a casa —, miró a su hermana— ¿Contenta?

— Si, gracias.

Bella recogió ambas mochilas, la carpeta con los papeles médicos, y puesto que no podía mover su mano derecha, dejó que Emma caminara a su lado.

— Gracias, Doctor.

— Ha sido un placer.

"Al menos lo fue para alguien", pensó mientras caminaba por el pasillo, hasta que dejó de sentir la presencia de su hermana.

Al voltear, encontró al doctor a la altura de la pequeña, hablándole al oído.

¿Sería un depravado sexual? Sacudió la idea de su cabeza.

Alguien tan guapo como él no podía ser así de perverso. Bueno, quizá en la cama, pero eso era…

¡Santo Dios, qué mierda le pasaba a su cabeza hoy!

— Cristo, Emma. ¡Vámonos ya!

— Adiós, Doc. Espero verlo pronto.

— Yo también, Emma.

Bella no supo que estuvo conteniendo la respiración, pero inspiró profundamente en cuanto ambas pusieron un pie fuera del aquel lugar (seguro un psiquiátrico, ningún médico normal debía ser como él), y retomaron finalmente el camino a casa.


Su madre, como era de suponer, se puso de los nervios en cuanto le contó toda la historia de su ajetreada tarde —si, también lo que sucedió en la consulta médica, cortesía de Emma—. La tranquilizó, repitiendo muchas veces que no tenía ninguna secuela psicológica que debiese requerir de la intervención de un psicólogo, psiquiatra o lo que sea. Sin embargo, habiendo finalmente calmado a su madre, su padre llegó del trabajo y los nervios de su mamá se crisparon nuevamente.

— ¿No recuerdas nada del sujeto?

Inmediatamente reconoció el modo policía encendido en Charlie. Ella le dio todos los rasgos que recordaba —a través de la neblina de furia—, y Emm aportó con algunos también. Ella tenía muy buena memoria.

— Bueno, veré que puedo hacer, pero lamentablemente no hay nada que pueda asegurarnos que encontramos al tipo correcto, en caso de que lo hagamos. Por lo que me dicen, podría ser cualquiera.

— Lo sé, papá. No tenía esperanzas de poder darle caza, tampoco.

— ¿Entonces no hay siquiera una mínima probabilidad de dar con él? — preguntó Renné con un puchero.

Charlie le acarició la mejilla.

— Me temo que no, cariño.

— Yo creo —, dijo humildemente Bella —. Que están exagerando un poco. Seguramente un montón de hombres le agarran el trasero a un millón de chicas en un día en ésta ciudad.

— Ese es un pensamiento horrible —, murmuró su madre estremeciéndose un poco.

— Lo es —, secundó Charlie. Un segundo más tarde, su teléfono sonaba —. Es del trabajo, vengo enseguida.

— No tardes —, apremió su esposa sirviendo la cena.

Isabella se talló los ojos con la palma de la mano, suspirando exageradamente cuando vio que Emma volvía de su cuarto con un botiquín de primeros auxilios rosa y una pequeña cofia agarrada al pelo.

Definitivamente hoy sería un largo día.


— No me duele —, respondió por enésima vez Bella mientras Emma le golpeaba todas las articulaciones del cuerpo con un martillito rosa (no tenía idea de cómo la enana sabía que existían tantas).

— ¿Y aquí?

— Nope.

— ¿Acá?

— No.

— ¡Eres una pésima enferma, Bella! ¿Cómo voy a curarte si no te duele nada?

— ¡Pero es que no me duele nada!

— ¡Pero tienes que fingir! Es un juego, tontita, se supone que no te duele de verdad.

— Bien, bien —, se rindió. Mientras antes la "curara", antes se iría a su cuarto a descansar —. ¿Sabe, Doctora? Me duele mucho el estómago.

— Hmmm —, respondió Emma con un asentimiento, entrando inmediatamente en personaje, revolviendo su kit de princesas —. ¿Ha comido muchos dulces? Eso hace doler la barriga.

— No, nada dulce.

— ¿Comida chatarra?

— No.

— ¿Le gusta algún chico?

Casi. Casi se atragantó.

— ¿Qué?

— Le pregunté si le gusta algún chico.

— ¿Qué tiene que ver un chico con mi dolor de estómago, si se puede saber, oh sabia doctora?

— Bueno —, ella no reconoció el sarcasmo en la voz de su hermana mayor —, cuando a una niña le gusta un niño y le quiere dar besos y abrazos y ser su novia, le duele la pancita porque se pone nerviosa.

— ¿Y cómo en el mundo sabes tú eso?

— Todo el mundo sabe eso Bella, duh —, hizo una pausa, seguramente impresionada de la torpeza de su hermana mayor —. Así que ¿gusta de alguien?

— No. Definitivamente no.

— ¿Y qué hay de Jacob?

— Eso no es una pregunta que un doctor haría.

— Lo haría si fuera el Doctor Cullen.

— El Doctor Cullen era raro.

— ¡No es cierto! —, al perecer se lo tomó como una ofensa personal —. Fue amable y cariñoso. Tú fuiste grosera cuando él intentó hacer chistes para hacerte sentir mejor.

— ¡Mentira!

En serio, ¿cómo carajo su hermana percibía tantas cosas?

— Es verdad —, murmuró tajantemente —. Así que, ¿qué pasa con Jacob?

— ¿Es esto la consulta médica o la central de policía?

Emma inmediatamente dibujó un puchero marca "Renne".

— ¿No confías en mí, que soy tu hermana, para decirme que tú y Jacob salen?

— Sí confío en ti, saltamontes. Es sólo… —, nada, la pregunta la había pillado por sorpresa.

Claro, ella y el moreno eran muy buenos amigos. Y era cierto que él había intentado algunos movimientos con ella —que siempre había ignorado educadamente—, pero no sentía ninguna atracción romántica por él. Caray, si el chico no lograba moverle una hormona.

En cambio el Doc, madre santa de todo lo que es perfecto, mentía si decía que no quiso arrancarle la ropa y obligarlo a hacer cosas en la camilla —lo que era impropio de ella, ¿por qué pensaba como adolescente ahora, y no cuando en efecto era una? Maldito cuerpo traidor—. Su imaginación se merecía una estrella dorada (imaginaria, por supuesto), por el buen trabajo hoy, sin duda.

— No somos novios. Y nunca lo seremos, para que lo sepas —, dijo en cambio.

— ¿Por qué?

— Por que no gusto de Jacob, así de simple.

— ¿Ni un poquito?

— Nada. Lo veo como un hermano.

— ¿No te dan ganas de besarlo?

— No.

— ¿Y al Doctor, te dieron ganas de besarlo?

Si, y eso era sólo el principio.

Mierda, debió preguntar cuánto tiempo los analgésicos seguirían en su sistema. ¡No estaba en sus cabales hoy!

— Por supuesto que no.

Mentira.

— ¿Ni un poquito?

— Nada.

Mentira otra vez.

— ¿Por qué? Era un bueno doctor.

Isabella rodó los ojos. Emma de verdad había quedado encandilada.

Si sólo pudiera ser valiente y romperle la burbuja (para que no se ilusionara cuando ella fuese mayor); una chica como ella nunca — ¡jamás! — estaría con un hombre como él.

— Él no se comportó como un Médico normal.

— ¿Y? A mí me gusto.

Si, a mí también. Pensó, pero no lo dijo.

— Lo noté.

— ¡Ya se por qué te duele la panza! —, rió coquetamente —. ¡Es porque te gusta el Doctor Cullen!

¡¿Qué?! No.

— ¡No!

— ¡Si! Me haz dicho que te dolía la panza, y no es por dulces. Pero te comenzó a doler ahora, después de conocer al Doctor Cullen. Y cuando lo he nombrado haz echo esa cara que pones cuando vez al tipo rubio de la tele que te gusta. ¡Así que el doctor te gusta!

Ella no ponía ninguna cara cuando veía a Ryan Gosling. Bueno, probablemente si, pero es que verlo sin camisa, con sus hormonas… ¡Era inevitable! Pero por que era Ryan "Jódeme" Gosling, no el médico de pacotilla que la había visto. Aunque, si, el Doc no estaba mal… ¡pero no! ¡Ella no gustaba de él! ¿Cómo iba a gustar de alguien a quién no conocía?

Hizo eco de sus pensamientos.

— ¿Cómo me va a gustar alguien que no conozco?

Si lo conoces.

— Lo vi una vez, por Dios.

— ¿Y? Yo vi a Tom una vez y supe enseguida que sería mi novio.

Sorpresa.

— ¿Tienes novio?

— No. Me refiero a cuando sea grande, como con 10 años y tenga edad para tener novios.

Si, claro. Como si su padre fuese a dejarla tener novios antes de los 30. Emma era la luz de sus ojos.

— Suerte con eso —, sonrió poniéndose de pié —. ¿Ha terminado el juego? Estoy un poco cansada.

Su hermanita lo pensó un segundo, antes de asentir ligeramente.

— ¡Espera! —, volteó y se acercó a la enana.

— ¿Qué?

— Olvidaste tu beso —, la dio un fuerte beso en la nariz y la frente y frotó sus mejillas con cariño —. ¿Ves? Te curé con amor.

— Gracias, saltamontes. La próxima vez, recuérdame acudir a ti antes de volver a confiar en el sistema privado.


Groupie: Una groupie o Grooper en Latinoamerica, en el sentido estricto de la palabra, es una persona que busca intimidad emocional y sexual con un músico famoso u otra celebridad. Sin embargo, este término también se aplica a una joven admiradora de un determinado cantante o grupo musical, a los que sigue incondicionalmente.


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Dudas o consultas por PM.

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