LCN - El príncipe y la dama
N/A: Se supone que los Pevensie van camino de su internado, pero aquí están volviendo de su escuela en metro. No es que sea importante, es un cambio que he hecho porque me apetecía, pero quería aclararlo. Otra cosa que me gustaría aclarar es que algunas partes de este fic se parecen bastante a la película, pero dentro de poco empezarán a aparecer cosas nuevas, pido un poquito de paciencia, el capítulo 3 ya se sale de lo ocurrido en la peli.
Capitulo 2 - Los Pevensie vuelven a Narnia
Susan Pevensie se detuvo delante de un pequeño quiosco. Miró su reloj. Aún tenía quince minutos hasta que llegara el tren. Tenía tiempo, y dinero, para buscar una revista que le interesara y llevársela, evitando tener que hablar con su hermana pequeña y oír las discusiones de sus hermanos. Susan los quería mucho, pero estaba harta de la infantil mente de Lucy y las continuas disputas de Edmund, que intentaba ayudar, y Peter, que no quería ninguna ayuda.
La castaña estaba ojeando con interés una revista para adolescentes, que hablaba de moda, maquillaje y chicos, cuando, por el rabillo del ojo, vio que se le acercaba un chico con el mismo uniforme que sus hermanos. Genial. Un pesado. Lo que faltaba. No apartó la vista de la revista, aparentemente intentando decidir si la compraba o no, pero estudiando disimuladamente el chico y preparando una forma de quitárselo de encima.
- Hola - oyó que la saludaba.
Ella ni siquiera levantó la vista. El chico, pelirrojo, con pecas y gafas, cogió otra revista e insistió:
- Te he visto en la puerta de mi escuela, algunos días. ¿Conoces a alguien dentro? ¿Un hermano tal vez?
- Sí. Un amigo - Susan, sin levantar la vista de su revista, puso un especial énfasis en la palabra "amigo", pero el chico no se dio o no quiso darse cuenta.
- Ya... Me había fijado en ti. Se te ve muy... sola.
- Me gusta estar sola - Susan levantó un momento la vista del chico y la volvió a apartar, fingiendo que buscaba otra revista. Esperaba que el
comentario, que realmente significaba "lárgate, no quiero nada contigo, no me interesas y me estas molestando" disuadiera al chico. Pero él era cabezón.
- Tal vez podría acompañarte algún día a algún sitio... - El pelirrojo sonrió y Susan levantó una ceja, dejando por fin las revistas tranquilas - Por cierto, me llamo Oliver (N/A: sé que no se llama así, pero no logro recordar su nombre. Si alguien lo sabe...) ¿tú eres...?
- Phyllis - respondió Susan descaradamente.
En ese momento, una vocecita que respiraba con dificultad estuvo a punto de mandar a la m... su perfecto plan anti-pesado.
- ¡Susan, Susan!
Ambos se giraron para ver a una niña pelirroja corriendo hacia la joven.
- ¡Ven, rápido!
Susan, medio odiando a su hermana por haberle chafado el plan, medio agradecida por darle una excusa para irse, hizo un gesto de despedida y siguió a Lucy. Oliver le devolvió el gesto, con una sonrisa un pelín lela, un poco confuso. La llegada de la niña para llevarse a "Phyllis" había sido tan rápida que apenas había entendido nada.
Lucy guió a su hermana hasta la entrada de metro en la que, supuestamente, debían reunirse con sus hermanos. Susan se extrañó al ver la cantidad de gente que había allí reunida. Tras abrirse paso a duras penas, la castaña comprendió el por qué de la cara preocupada de Lucy.
Peter Pevensie, su hermano mayor, se estaba peleando con dos chicos, que no eran precisamente un par de espaguetis. Aunque Peter sabía pelear, lo cierto es que lo hacía mejor con la espada, y eso, sumado al hecho de que los otros eran dos y él estaba solo, hacían que llevara una clara desventaja, si bien era evidente que, aunque los otros dos chicos iban ganando, lo suyo les estaba costando.
Susan lanzó un grito y llamó a su hermano, intentando pararles, secundada por Lucy. Sus gritos quedaron ahogados por los del resto de los chicos, que animaban la pelea.
Alguien salió de entre el gentío, quitándole los dos chicos de encima a Peter, golpeándolos casi con tanta destreza como el rubio, que ya estaba cansado y magullado.
Los gritos y la preocupación de Lucy y Susan se doblaron. Edmund, su otro hermano, había acudido en auxilio de Peter.
Un rato y muchos golpes después, los guardias de la estación se acercaron y todo terminó casi tan rápido como se había iniciado.
Susan y Lucy bajaron lo que les quedaba de las escaleras corriendo para reunirse con sus hermanos, que estaban levantándose y recuperándose de la pelea.
- No lo necesitaba - le espetó Peter a Edmund, cabreado
- Ya lo sé - respondió éste, molesto.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Susan, con una bronca preparada para sus hermanos.
Peter se colocó bien la camisa y recogió su bolsa.
- Nada. Que me han empujado - respondió, aparentemente tranquilo, pero aún enfadado.
- ¿Les has pegado porque te han empujado? - se extrañó Lucy.
- No. Después de empujarme me han dicho que me disculpara. Entonces es cuando les he pegado - Susan fue a abrir la boca para regañarlo, pero Peter se le adelantó - ¡Hace un año esto no abría pasado! ¡Hace un año nadie se atrevería a cruzarse en nuestro camino! ¡Hace un año eran los demás los que se disculpaban! ¡Hace...!
- Hace un año no éramos simples estudiantes - lo cortó Susan, harta de que su hermano se empeñara en recordar sus tiempos como rey - Resígnate, Peter. Y vosotros - añadió mirando a sus hermanos - también. Ya hace un año de todo aquello... - miró a su alrededor para asegurarse de que no había nadie para oírla - y ya no estamos en Narnia. No somos reyes, ni héroes. Solo estudiantes.
- ¿Por qué? - protestó Peter - ¿Por qué hemos de resignarnos a ser chicos normales?
De nuevo, Susan estaba dispuesta a un regaño, pero esta vez, Edmund fue más rápido.
- Porque esto no es Narnia - respondió con voz cansada - Y porque no sabemos cómo volver, aunque sea lo que queremos.
Los cuatro se dejaron caer sobre un banco para esperar el tren y permanecieron en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos.
Peter seguía recordando todas las injusticias (según su punto de vista) que no hubieran ocurrido de haberse quedado en Narnia. Era difícil aceptar que era un chico normal y no un rey.
Edmund pensaba de forma similar a Peter. Consideraba que no era justo que, después de dedicar años a mejorar Narnia, tuvieran que volver y vivir una vida de deberes y broncas paternas.
Susan era la que menos afectada estaba. Para ella, Narnia había sido un suceso y punto, y ahora tenía que centrarse en las cosas normales para una chica de su edad. Pero echaba en falta todos los vestidos que tenía en Narnia, tan bonitos y exclusivos, y los grandes bailes que tanto le gustaban.
Lucy era la que peor lo llevaba, aunque disimulaba. Al ser la más pequeña, creía firmemente en la posibilidad de volver a Narnia. Deseaba con todas sus fuerzas volver a ver sus queridos árboles, a sus amigos... Lucy siempre había sido una niña alegre y simpática, pero desde la vuelta de Narnia se había vuelto algo más callada, cosa que había extrañado a sus padres, aunque éstos, conociendo el carácter de Susan, lo achacaron al hecho de que Lucy estaba creciendo.
Los hermanos estaban pensando en lo que más les gustaba de Narnia, con tanta fuerza que les pareció notar la suave brisa primaveral característica de las tierras que habían gobernado. Solo que la brisa no era imaginación suya.
El viento fue ganando fuerza, llamando la atención de los Pevensie, que se levantaron. Tuvieron que sujetarse los sombreros para que no se los llevara el viento. Sin embargo, nadie en la estación pareció advertir lo que ocurría.
Delante de ellos, la estación empezó a desintegrarse, como si fuera arrastrada por el viento. Y una playa se materializó delante de ellos.
Lucy se adelantó un par de pasos, sabiendo perfectamente donde estaban, si se giró hacia sus hermanos. Los cuatro se miraron, sonrientes. Sin pararse a pensar si estaban de verdad en Narnia o era simplemente cosa de su imaginación, corrieron hacia el agua y empezaron a jugar, lanzándosela unos a otros.
Edmund sintió algo extraño. Tenía la sensación de que alguien les miraba. Levantó la vista hacia el acantilado que se levantaba tras ellos y descubrió algo que le llamó la atención. Ruinas.
- ¿Qué pasa? - le preguntó Peter, al ver que había cambiado la cara
- No recuerdo ruinas en Narnia.
Los otros tres siguieron la mirada de Edmund y descubrieron lo que él había visto. Sobre el acantilado podía verse lo que parecía los restos de alguna clase de construcción, posiblemente enorme. Debían de llevar mucho tiempo, porque estaban cubiertos de musgo y plantas.
Peter fue el primero en salir del agua, seguido de cerca por los otros. Buscaron un camino que les ayudara a subir.
Edmund se adelantó ligeramente y se escondió tras un bloque de piedra bastante grande. Se volvió hacia sus hermanos y les hizo gestos para que guardaran silencio y señalo hacia el otro lado. Peter, Susan y Lucy lo siguieron y se asomaron con cuidado.
Una joven estaba agachada, en medio de las ruinas, cogiendo algo del suelo. No pareció darse cuenta de que era observada. Se sentó sobre una piedra y examinó el objeto que había recogido. Los Pevensie la observaron. No parecía peligrosa, pero ellos sabían que no hay que fiarse de las apariencias. La chica, que tendría aproximadamente la edad de Susan, iba vestida con un pantalón marrón, una camisa larga beis sujeta con un cinturón trenzado y botas marrones. Tenía el pelo entre rubio oscuro y castaño, en un cola de caballo baja, y tan largo que le caía por delante del hombro hasta casi la cintura. Junto a sus pies descansaban una bolsa de viaje de tamaño mediano y una vara de madera tallada, rematada en una punta metálica afilada. El objeto que examinaba emitía destellos dorados, pero, desde su escondite, ninguno de los cuatro hermanos podía ver que era.
Seguían mirando a la desconocida cuando Lucy sintió que algo o alguien les acechaba y se volvió. La niña dio un pequeño salto y empezó a tirar de la manga de Peter.
- ¡Para, Lucy! - protestó el rubio, en voz muy baja - ¿Qué pasa?
Sin poder decir nada, Lucy simplemente señaló hacia las matas que tenían a la espalda. Peter tragó saliva e hizo que sus hermanos se giraran.
Frente a ellos, un enorme lobo los miraba fijamente, con ojos amenazadores.
Los cuatro chicos se pegaron contra la pared. Podían recordar perfectamente su experiencia anterior con lobos y no les apetecía para nada repetir. Y menos estando completamente desarmados.
El animal emitió un gruñido sordo.
Peter intentaba trazar un plan que les diera a sus hermanos el tiempo suficiente para huir, cuando una voz se hizo sonar:
- ¡Axel! - la voz era dulce y aguda, femenina. Evidentemente, la dueña de la voz era la chica a la que habían espiado - ¡Axel, aquí, chico! ¡Ven! ¿Dónde estás?
La joven asomó por un lado del pedrusco tras el que se ocultaban. Lanzó una rápida mirada hacia los Pevensie y después se volvió hacia el lobo.
- ¡Axel! - exclamó, con voz autoritaria - ¡Quieto! ¡Ven aquí!
Para sorpresa de los hermanos, el lobo, sin quitarles la vista de encima, se dirigió hacia la chica y se puso a su lado, como dispuesto a defenderla.
- ¡Siéntate, Axel! - la rubia le acarició la cabeza, al tiempo que el animal obedecía - Eso es, no pasa nada... - Se volvió hacia los Pevensie - Tranquilos - dijo - No os hará nada. Lo tengo entrenado.
Poco a poco, los otros cuatro se relajaron.
- ¿Quién eres? - preguntó Susan, al no reconocer ni a la chica ni al lobo.
- Soy yo quién debería preguntar eso, ¿no? - respondió ella, con una sonrisa socarrona - Al fin y al cabo... los que lleváis ropas extrañas sois vosotros, no yo.
Lucy la miró de arriba a abajo. Por alguna razón, esa chica le gustaba. Ya no le temía al lobo, porque ahora parecía más un perro junto a su dueña que una bestia salvaje. Lo que le extrañó fue que el animal no dijera palabra.
- Yo soy Lucy Pevensie - se presentó. Y acto seguido, recitó su lista de títulos, junto con los nombres y títulos de sus hermanos.
La joven abrió sus ojos, de un extraño color violáceo, sorprendida.
- Es imposible... vosotros... desaparecisteis hace mucho tiempo...
Es afirmación los extrañó.
- ¿Hace tiempo? - preguntó Edmund - Hace un año que nos fuimos. Pero no sabemos dónde estamos, ni cómo hemos llegado hasta aquí... ni quién eres.
- ¡Ah! Bueno, yo soy Alesia - se presentó - Y estamos en el lugar en el que se levantaba vuestro castillo... pero 1300 años después de que os marcharais.
Esta vez fueron los Pevensie quienes se sorprendieron.
