N/A.- No pensé que esto fuera a ser una continuación del prólogo pero así fue. Esto sigue siendo un Omegaverse, y Bucky sigue siendo el destinado de Tony aunque él no quiera. Steve, a partir de ahora vas a tener que echarle ganas. Por todo. T'Challa es amor, T'Challa es un Budha.


I'll be good

Prólogo

Por Aomine Daiki


Es tarde, el cielo marrón le grita enardecido. Y Steven no logra ver más allá de aquel sendero lejano e incierto. Ese decidido a recorrerse, el mismo que se ha tornado borroso e inconsistente.

No lo sabe.

Que es tarde ya. Para volver atrás.

No son órdenes, ni una sola de las palabras que de James salieran lo era. Son una confesión, un dictamen, una sentencia o todas ellas, aquel conjunto de sonidos emitidos por esa reventada boca.

Ha mantenido todo este tiempo la vista centrada en el rostro de Bucky sin notar realmente la expresión de este. Está confundido, tanto que no nota cuando fue que aumentó la fuerza con la que tenía prensado del cuello a Tony. Ignorando las apófisis de las cervicales contactando con sus dedos.

― ... ¿es... eso cierto?

La pregunta no va dirigida a nadie. James lo sabe gracias al tono de voz empleado y a esos ojos azules que ahora se resquebrajaban silenciosos. Rogers se lo está preguntando así mismo sin poder responderse. Algo está mal, muy mal, pero ¿el qué?, ¿qué?; ese remolino de dudas le distrae tanto que no se percata de que Tony ha tomado el momento como una oportunidad para zafarse al asestarle un fuerte puñetazo en la mandíbula que lo obliga a soltarle el cuello y echarse para atrás. Turbado. Desplomado.

― Ha- ha- ha-

La respiración trabada y ajena de Iroman, el ardor de sus dedos cerrados impactados contra la rama mandibular y las palabras de su mejor amigo derrumban en el capitán una edificación erigida en su interior el mismo día en que conociera a Anthony Stark y a la cual nunca se molestó en darle nombre. Y es la destrucción de ello lo que ahora le duele, tanto, que las terminales nerviosas han hecho una detonación bestial en su sistema límbico, eliminándolo. En un intento de protegerle.

Por su parte Bucky no tiene tiempo, si el plan es escapar no puede continuar ni un instante más en presencia de Stark. Menos cuando éste ha iniciado su ciclo. Es peligroso. Su raciocinio se está esfumando y sus ansias por tocarlo, poseerlo y ensuciarlo se están abriendo paso de manera violenta. Pero Tony no se la va a poner fácil no cuando intenta incorporarse, con las piernas temblando y emitiendo ese venenoso aroma. Haciendo ademán de querer lanzarse contra él.

James se adelanta embistiendo a Stark, regresándolo al suelo.

― Ngh ― el dolor ahogado sonando a gemido es letal a los oídos de Barnes. El perfume se intensifica y el cerebro se le nubla dejándole un único impulso claro, visible. El de aparearse.

El celo lo domina enérgico. Obligándole a centrarse entre las piernas de Tony. Debe tocarlo. Necesita tocarlo. Desea hacerlo. No puede seguir luchando, no cuando esta persona es la indicada para él. Resistirse sería tonto, absurdo, y el verdadero Bucky cree que eso no suena tan mal porque aquel joven flacucho y amable tirado a metros de él con la mirada perdida lo vale. Quizás más que su pareja destinada. Esa que con un simple suspiro, como el de ahora, lo domina enteramente.

Sin embargo cuando se percata que un par de ojos canela lo observan con una mezcla de odio y deseo la imagen de Steven Rogers se le evapora. ¿Está bien?, ¿vale la pena?

Bucky se inclina al frente, el aroma de la sangre de Stark es como un afrodisiaco que le tiene hechizado. Ansia besarlo, introducir la lengua en esa cavidad, jugar contra la ajena y recorrer los dientes de ese genio adinerado.

― No creas que... por ser... eso... yo voy a―; Tony parece ser bastante resistente a esta situación a pesar de que Bucky puede detectar cierto olor peculiar emanar del ingeniero. Ese que le dice está lubricando lo necesario para aceptarlo.

No le importan las palabras ni la voz agria y rencorosa, va a besarlo contra todo, contra todos.

Stark cola la palma para colocarla contra el pecho de Bucky y disparar sin dudar, sin embargo el soldado se aferra a los muslos de Tony tan fuerte que el rayo no sale con la misma potencia.

― Ngh, mierda ―; el aspecto contrariado colapsan enteramente a James que sin titubear introduce la lengua en esa boca llena de blasfemias y maldiciones. El encuentro con ese musculo húmedo producen una descarga de placer nunca antes experimentado, tanto para Bucky como para Tony. Es una conexión más que perfecta, es indescriptible.

Y es esa compatibilidad incomparable la que asesina a Tony, haciéndolo llorar mientras se entrega a un beso que odiará el resto de su vida.

El juego empieza, el movimiento de los labios no cesa, el calor derrite todo a su paso y la explosión de aromas dulces, frescos y picosos se propaga por cada rincón de esas gélidas instalaciones.

Ante un Steve Rogers arruinado.

Le hiere verlos. Ver esa hambre en James. El delicioso caos que es Tony. Las caricias salvajes. El deseo abrumador emanando de los dos. El placer, el regocijo y la pasión con la que les ve tratarse.

¿Es esto lo que la libertad de sus elecciones le han traído?

¿Qué es lo que debe hacer?

¿A quién debe proteger si ambos han sido puestos en este lugar para encontrarse y nunca separarse?

¿Es Tony o Bucky, al que debe escoger?

― Ngh, ¡ah! ― la dulce voz de Stark lo espabila y Steve se lanza contra ellos para apartar a Bucky del otro.

Sin embargo algo sucede, Tony no parece estar totalmente perdido en el acto porque de inmediato contraataca a Bucky al arrancarle el brazo de metal con una saña sin igual.

― ¡Tony!

― Dile a tu amigo, Rogers, que mantenga su sucio hocico lejos de mi ― un escupitajo aunado a una mueca de asco por parte de Stark le provoca cierto placer a Steve, quien no logra notarlo debido a las pasmosas circunstancias.

Bucky no dice nada pero trata de entrever a Tony a través de su desordenado fleco mientras se toca el hombro donde solía estar ese brazo maldito. Una pausa antes de que James vuelva a lanzarse con intenciones poco claras. Pero Steve logra ponerse un paso por delante de éste mientras que Stark los mira con un asco más claro que la nieve rondando el lugar.

― Quédate atrás ― pide Rogers a Bucky, y este ultimo solo atina a morderse el labio y hacerse hacia atrás intentando aniquilar ese deseo animal.

Tony entiende en milésimas de segundos que Rogers no va a permitirle volver a acercarse a ese maldito asesino por lo que entonces no duda ni un momento en atacar.

La lucha se torna brutal. Confusa. Tortuosa. Steve está afectado por absolutamente todo, pero en especial por la esencia seductora del omega frente a él. Hay una debilidad aterradora a la que debe sobreponerse. Y lo logra cuando golpea a Tony hasta devolverlo una vez más al suelo. Cada golpe que da en ese rostro le destroza el pecho. Los sentimientos se hinchan, el dolor se atiza y la decepción lo aniquila.

Tony, aquel Tony que creía no ser de nadie ahora tiene dueño. Uno contra el que no puede ir. A uno al que jamás sería capaz de lastimar.

La rabia se sobrepone a su tristeza, tomando el escudo que Howard confeccionara y pintara a su manera para clavarlo contra el pecho de Tony sin mostrarle un atisbo de duda o arrepentimiento. El mismo escudo que un futuro padre le diera para proteger al mundo, y a un hijo que no sabría tendría.

Las pupilas caobas se rompen, el cuerpo tiembla y un espasmo se interrumpe. Stark se rompe mental y físicamente. Quedándose quieto. Con el aliento atorado en la garganta. Perdiendo la vista, olvidando el rostro de Steve cuando este desaparece tras mil y un manchas bermejas.

Se ha acabado

El capitán lo ha terminado.

Steven Rogers ha elegido.

En mitad de un atardecer enardecido.

Cansado, abatido, derrotado, Steve apoya la frente contra el reactor de Tony. Escuchar los latidos acelerados le hace sonreír fugazmente. Está cansado. Mal herido. Y caprichoso estira la mano hasta la boca del otro para delinearle los labios torpemente. Permaneciendo en esa postura que le sabe a un suspiro.

Con dificultad se endereza, tomando los restos de aquella pelea, ayudando a su mejor amigo y sosteniendo un escudo que ahora luce más sucio que aquellas veces en las que combatiera a temibles enemigos.

Un paso, dos y esa bella y odiosa voz se alza de nuevo para herirlo.

― Ese escudo no te pertenece ― escucha pero aún así vuelve a dar un par de pasos ― no lo mereces ― no quiere oírlo, no. Porque quiere conservarlo, quiere mantenerlo a su lado.

Por favor, Tony

― Mi padre lo hizo ― pero Stark no es piadoso, no puede serlo y Rogers lo entiende. Le duele, como siempre que se trata de Tony.

Un ruido pesado, tan pesado como la tristeza de esos dos, resuena en el recinto.

Steve se ha ido, perdiéndose en ese camino borroso bajo una tarde ocre y marrón.

Dejando atrás a Tony, quien contiene el llanto mientras se quita el traje con impotencia y maldice el celo que lo tiene empapado y sensible. Odiándolos, odiándose. Suprimiendo su dolor, lastimándose las heridas en un intento de no volverse loco. De mantenerse íntegro. Entero.

Ignorando por completo el aroma de un gato negro que le observa miserablemente.

Con T'Challa que espera paciente, inamovible, a que ese hombre vuelva a reconstruirse.


Continuará...