Pequeños Suspiros.

Capítulo 01 "Vieja amistad"

...

El frío ya comenzaba a apoderarse de su cuerpo cuando escuchó una voz conocida frente a él, levanto la mirada que hace poco tenía perdida en el pavimento gris que cubría la calle, pudiendo divisar a la figura que caminaba unos pasos más hacia él, acortando sus distancias. Su cabello rosa protegido con una sombrilla color blanco se meneaba de un lado a otro, la chica descubrió su boca de la bufanda de polar y le dedico una sonrisa amable. Kise se sorprendió al verla, no pudo ocultarlo al abrir sus ojos a más no poder e intentar decir una palabra, habían pasado unos cuantos años desde que había visto a la chica por última vez.

–¡¿Momoicchi?! –exclamó.

– ¿Qué es lo que haces aquí?, está comenzando a nevar –ante su obvia afirmación la chica soltó una pequeña risa observando el suelo, notando que había un bolso que acompañaba el rubio–, ¿Y eso?

Kise no supo si se trataba de alguna salvación enviada del cielo, o de un castigo. No tenía muchas alternativas así que inevitablemente unas pequeñas lagrimas comenzaron a aparecer en sus ojos y sin pensarlo le lloriqueó a la chica que lo ayudara, ella, sin entender nada le invitó a entrar a una cafetería cercana.

La chica en cuestión era Momoi Satsuki, una antigua compañera de clase en primaria, fue un periodo de tiempo en donde los padres de la chica se mudaron al pueblo en donde el rubio vivía, estuvieron juntos por un par de años, pero aún así lograron cultivar una pequeña amistad que logró perdurar hasta el día de hoy. No se veían, pero de vez en cuando hablaban por teléfono y se escribían sobre cosas totalmente irrelevantes, nunca conversaban de algo realmente serio.

Entraron al café más cercano, el local estaba decorado de una en forma que hacía que luciera cálido, las paredes adornadas con diferentes cuadros y fotografías de diferentes lugares del mundo, pintadas color damasco y luz tenue lo que lograba que se complementara con la calefacción haciéndolo el refugio perfecto en contra de la nieve. Se sentaron en una mesa ubicada en un rincón, cerca de la ventana en donde podían seguir observando los copos de nieve caer. Momoi pidió un té y un trozo de tarta, Kise solamente agua.

–Estoy sorprendido –Habló Kise por primera vez luego de que se sentaran–, has crecido mucho Momoicchi, de verdad estoy impresionado.

–No eres quién para decirlo, tú estás muchísimo más alto, pensé que te ibas a quedar pequeño para siempre, eras más bajito que yo –rió por debajo.

–¡La pubertad hace muchas cosas!–se defendió–. Por cierto, ¿Qué haces aquí en Tokyo?

–El trabajo de mi padre es muy cambiante sabes, pero hace un tiempo que nos asentamos definitivamente aquí, el próximo año quiero comenzar a estudiar, así que me estoy preparando, ¿y tú?

– ¡Oh! –Kise abrió sus ojos como si recordase algo–, ¡Nunca te lo dije!, hace unos meses llegué aquí, bueno… eh…

La chica arqueó una ceja mientras que el rubio comenzaba a sonreír de manera forzada. A ese momento, llegó el joven camarero con los pedidos, con suavidad los dejó sobre la mesa, posicionó la bandeja frente a él mientras observaba a Kise por unos segundos antes de hablar y volver a preguntar si en verdad no deseaba nada más que agua. El rubio con una sonrisa simple le dio las gracias y dijo que no. La verdad era que daría su vida en ese momento para probar un bocado del pastel que su amiga había ordenado, se moría de hambre pero no tenía tiempo para pensar en gastar sus fondos en peligro en un trozo de tarta.

Momoi observó a su amigo de infancia con atención. La verdad que los rasgos suaves del chico de primaria que conoció, habían madurado convirtiéndolo en un guapo joven. Quizás el único contra que podría presentar era su personalidad un poco cargosa que en ocasiones podía presentar. Al notar que los ojos color miel del rubio se iluminaron al ver la tarta se preguntó por qué no había pedido una, las opciones que aparecieron en su mente fueron dos; Estaba cuidando la línea o simplemente no tenía dinero. Suspiró de forma pesada mientras llevaba el tenedor hacia la tarta y cortaba un poco para ofrecerle a su compañero. El chico se llevó la mano detrás de la nunca mientras reía y acercaba su boca al pedazo de tarta incrustado en el tenedor, abrió su boca deslizando sin tocar con sus labios el objeto metálico y empujando hacia su boca con los dientes el pedazo de tarta de fresa dentro de ella.

–A cambio de ese trozo –Momoi sonrió un poco–, deberás contarme sinceramente que ocurre contigo.

Kise suspiró, no tenía que ocultar detalles con ella, hablar con alguien sobre sus problemas podría ser terapéutico y quizás podría recibir algún tipo de ayuda por parte de la chica de cabello rosa. Y así lo hizo, habló sin parar de su aventura en Tokyo desde que se subió al tren hasta que fue echado del departamento en el cual había estado viviendo por unos meses.

A medida en que hablaba, podía distinguir lo estúpido que fueron sus acciones, sobre todo, cuando intentó inculpar a la adolescente, eso sí que había estado mal, sí él fuera su ex novia, quizás habría hecho algo muchísimo peor sí alguien se comportaba así con él y con su hija. Mierda, pensó. ¿Cómo fue que ocurrió algo así? Sí, la chica era bella, pero era la hija de lo que en ese momento se suponía que era su novia. Su relación en ese momento no tenía nombre, pero no por eso era algo que se debía tomar a la ligera, es más, apreciaba la relación que mantenía con esa mujer, pues ella era lo único que tenía en Tokyo. Fue una horrible ruptura, se sentía mal por ello, pero en el fondo de su corazón se sentía aliviado, al parecer, esos perfectos meses de convivencia habrían terminado abruptamente de una u otra forma.

–Tengo que disculparme –Se recostó sobre la mesa mientras cerraba sus ojos.

Momoi suspiró nuevamente mientras se levantaba de su asiento y con la palma extendida golpeó la cabeza de Kise de un lado a otro, dos veces.

– Creo que deberás esperar un poco antes de que eso ocurra –Murmuró antes de sentarse nuevamente-, al no ser que… ¿No me digas que quieres volver con ella?

– Eso no estaría bien, yo no me perdonaría, no me gustaría que me engañaran…

– Bueno, no podría culparte –La chica se tomó una pausa–, todos cometemos ciertos errores que van en contra de nuestras… ¿Cómo decirlo? Nuestra forma de ser, leyes, o moral ¡Ya sabes!, supongo que este fue el tuyo.

–Era mi manager –Se quejó– ¿Acaso no pude pensarlo mejor?, me dijo que se encargaría de joderme o algo así.

–¡Por Dios Ki-chan! –Exclamó–, te han dejado sin trabajo y hogar, de alguna forma me parece algo divertido.

–¡Momoicchi!, que cruel –Se acomodo sobre el asiento nuevamente recargando su espalda en él.

–Me gustaría poder ayudarte con alojamiento –se encogió de hombros–, pero mis padres no aceptarán a un chico que no conocen quedarse en casa.

–Tenía esperanzas contigo –Sonrió con preocupación–, tengo dinero ahorrado con un par de trabajos que hice modelando, podré pagar un hotel barato por un tiempo.

– ¿¡Ya has salido en alguna revista!? –Los ojos de la chica se iluminaron–, ¿Cuál? ¿Cuál?

– Presté mis manos –Dijo en un hilo de voz apenas audible.

– ¿Qué cosa?

– Que presté mis manos, modelé brazaletes, guantes, accesorios para manos.

Las mejillas de la chica enrojecieron al momento en que comenzó a reír de una forma más exagerada, no propia de ella. La verdad era que la situación de Kise le estaba haciendo mucha gracia, así como también sentía lastima por el chico, quizás debería intentar ayudarlo en lo que fuera posible.

–En este momento no tengo mi book de fotografías –Continuó el rubio–, también aparecí modelando un par de prendas de ropa, eso me sería de ayuda pero no creo que mi manager me lo dé en estos momentos.

–Creo que tendrás que olvidarte un tiempo del modelaje, Ki-chan.

–¿Pero qué haré?, ¿Cómo voy a sobrevivir? Oh no, ¡No pienso volver a casa! –el rubio llevó las manos hacia su cabeza para jalarse el cabello.

–Creo que podría tener algo para ti –Momoi llevó una mano a su rostro pensativa–, sí él está trabajando allí con esa actitud de mierda, supongo que tú también podrías.

–¿Quién?

–Además –Realizó una pausa–, sí llevo a alguien puede que me distinga más como cliente y así entrar poco a poco en el negocio.

Kise dejó de jalarse el cabello mientras tragaba en seco, la forma de hablar de su amiga parecía como si estuviese metida en algún tipo de negocio ilegal o algo por el estilo, pero para sí fuera así, lucía demasiado despreocupada y sobre todo, feliz.

– ¡Ki-chan! –Al parecer había aclarado su mente–. Creo que tengo un trabajo para ti, pero primero tengo que hablar con Dai-chan para saber si están aceptando gente, ¡Es perfecto para ti, en serio!, el trabajo cumple con todas las condiciones para que no mueras de hambre en Tokyo mientras intentas arreglar las cosas con tu manager, y tú, por otra parte, cumples con las características perfectas para el.

– ¿Dai-chan?, ¿Quién es ese?

– Ok, Ki-chan –La chica se levantó del asiento mientras bebía lo que quedaba de su té y dejaba algo de dinero sobre la mesa–. Esa es mi parte, más rato te llamaré sí es que tengo suerte, ¡Te prometo que lo voy a lograr!

Y sin más, Momoi Satsuki dejó solo al poseedor de hebras doradas con más de una pregunta en su boca.

Kise llamó al camarero para que le llevaran la cuenta, pagó con lo que le dejó Satsuki puesto que era más que suficiente, luego le pagaría. Antes de salir del local, se dirigió al mostrador en donde preguntó sí tenían alguna guía de alojamientos. Para su suerte, como el café siempre era visitado por extranjeros, poseían varias de ellas. Kise tomó una de las revistas en donde le indicaron, se encontraban los hoteles más baratos. No podía quedarse en unos de esos lugares en donde pagaba por noche y el espacio era diminuto. Su hogar sería una habitación de hotel de mala muerte quizás hasta por cuánto tiempo. Marcó el número telefónico del hotel más económico que encontró y que no se veía tan mal. Reservó una habitación pequeña de una cama, no contrató ningún servicio como limpieza de habitación y comida.

Ya un poco más tranquilo, al saber que tendría un lugar para dormir por lo menos durante una semana, tomó el bolso que tenía sus pertenencias y salió del café acogedor para encontrarse con la realidad nevada de Tokyo. Mientras caminaba y se metía las manos dentro de sus pantalones recordó lo extraña que fue su conversación con Momoi. ¿Qué le conseguiría algo?, eso no le daba buena espina, para nada. No era que desconfiaba de ella, aunque sería normal hacerlo, pues hacían años que no la veía, aunque hablase con ella. ¿Qué tendría en mente esa chica? Suspiró con pesadez, no tenía más opción que confiar en su amiga.

Mientras caminaba lentamente hacia el hotel en que se quedaría por un buen tiempo, comenzó a reflexionar sobre sus decisiones de vida hasta el día de hoy. Tenía simplemente veinte años, ya era lo que legalmente se podría llamar un adulto, pero seguía sintiéndose como si hace poco tiempo hubiese terminado su vida escolar. La vida era complicada, no tenía intenciones de ir a la universidad (por ahora), lo único que le llamaba la atención era seguir una vida en el modelaje, no le apasionaba, no había nada que le apasionara hasta el momento. Todo lo hacía bien, por lo que nunca le costaba mucho trabajo adaptarse a nuevas situaciones. En el instituto no había tenido tantas novias como cualquiera podría pensar. Cuando era adolescente pensaba que se enamoraba de cada una, pero ahora que lo pensaba con detenimiento se preguntaba si realmente había sido de esa forma. Así como un pasatiempo, una carrera de vida o una persona, no había nada ni nadie que le haya apasionado, habían cosas que le gustaban, pero que no le causaban sentimientos así como tristeza o felicidad extrema. Sus romances eran de igual forma, eran agradables, ninguno le causo un sufrimiento como escuchaba de otras personas, tampoco le quitaban el sueño por la alegría causada.

De detuvo en medio de la acera para recordar nuevamente la dirección de hotel, sacó un papel de su bolsillo derecho del pantalón y lo comenzó a leer. En su espalda sintió un golpe, alguien había chocado con él pero no le prestó mayor atención, solo respondió con un "no te preocupes" cuando escuchó una voz masculina pero suave disculparse con él. Si la dirección era la correcta, el hotel estaría cerca. Caminó una cuadra más hasta dar con él, la fachada era blanca, bastante normal si tendría que describirla.

Al entrar en la recepción, la secretaria le sonrió de forma amable, le hizo firmar un contrato de hospedaje por una semana, a su pesar, tuvo que pagarla de forma inmediata. El botones del hotel, un chico que no parecía tener más de veinte años lo dirigió a su habitación. El pasillo se veía algo gastado, era iluminado por unas pocas lámparas pegadas en las paredes. Se detuvieron en la habitación número 15, en décimo el piso, el botones abrió la puerta entrando el bolso del chico y dejándolo sobre la cama, realizó una reverencia y se retiró.

Al ver la habitación arrugó la nariz. Una cama, con un velador a su lado y una lámpara, una mesa pequeña con una silla que se encontraban junto a una ventana mediana que su vista daba a la calle. El piso era alfombrado pero lucia limpio, suspiró con alivio, no era tan mala habitación, se imaginaba algo peor. Abrió una puerta que se encontraba al costado, el baño era diminuto. Dio un pequeño vistazo a el y cerró la puerta de manera inmediata. Se sacó los zapatos y se lanzó a la cama boca bajo, cuando lo hizo la cama crujió. Sacó el celular de su ropa y ladeó la cabeza para poder observar la pantalla, buscó el número de su ex novia y lo observó con nostalgia por unos minutos. Con duda apretó el botón en la pantalla para llamar. El tono sonaba y sonaba hasta que pasó al buzón de voz. Cortó. Marcó el mismo número hasta nuevamente esperar el buzón de voz, esta vez dejó un pequeño mensaje: "Quiero hablar contigo, cuando puedas hacerlo, llámame". No tenía nada mejor que decir. No podía dejar un mensaje pidiendo perdón, esas cosas debían decirse cara a cara.

Soltó el celular dejándolo sobre la cama y hundió su rostro en la almohada. Había sido un día largo, todo había comenzado como siempre, pero terminó de la peor forma, pensó si se trataba de alguna obra del destino. Quizás más adelante encontraría la felicidad y conocería a alguien. Se rió de si mismo ante el pensamiento absurdo, le habría encantado ser el protagonista de alguna novela romántica que terminara con final feliz o una película, así su existencia y felicidad se decidiría en una duración de una hora y media. Allí estaba, Kise Ryouta de veinte años de edad, recostado sobre una cama en un hotel de mala muerte, sin trabajo ni hogar y fantaseando sobre cómo sería su vida en una comedia romántica.

...

...

No supo en qué momento se quedó dormido. Sintió el zumbido de su celular seguido por una musiquita de pitidos, era su agradable alarma, se levantó lentamente, aún se encontraba vestido y recostado boca abajo por lo que tenía el cuerpo un adormecido. Limpio un poco de saliva en la comisura de sus labios mientras se sentaba con las piernas cruzadas sobre la cama, tomó el celular que seguida emitiendo zumbidos y la música para despertarlo constantemente. Eran las diez de la mañana, eso significaba que su alarma ya había sonado dos veces, a las 8:30 am, y luego a las 9:30. Suspiró con cansancio cuando desactivo la alarma, pero luego con sorpresa, abrió sus ojos para ver que la pantalla le avisaba que tenía 4 llamadas perdidas, las revisó esperanzado que fuera su ex manager, pero no, eran de Momoi. Recordó lo que la chica le había dicho con anterioridad, ¿a caso le habría conseguido un trabajo?, luego notó que tenía un mensaje de ella.

De: Momoicchi
Asunto: ¿No has muerto verdad?
¡Ki-chan, no mueras!
Hablé con mi amigo, ya sabes, Dai-chan.
¡Llámame cuanto antes!

Kise arqueó una ceja.

–No sé de quién me hablas –Con resignación marcó el número de la chica.

¡Por fin!, pensé que habías muerto congelado –le respondieron.

–No me mates antes de tiempo –Se quejó mientras se acomodaba sobre la cama–, ¿Y?

¡Ah sí!, ¿Por qué no vamos a ver hoy el lugar?, si te interesa, podríamos dejar tus papeles para trabajar allí, ¿Qué tal?

–Aún no sé de qué me estás hablando pero no me parece tan mala idea, ¿Dónde es?

Hehehe sabía que te iba interesar, encontrémonos en el Generation of Miracles host & cafe, no se ubica en el mismo lugar en donde están normalmente esas cosas, así que te será más fácil llegar, te mando la dirección por mensaje ¡Quizás tengamos suerte y veamos a Tetsu-kun!¡Nos vemos!

Y cortó.

Kise nuevamente suspiró, esta vez de mala gana. ¿Cómo era eso de "sabía que te iba a interesar"?, no le había dicho nada de qué se trataba el asunto, además de que seguía nombrando personas como si él las conociera. Se levantó para tomar una ducha antes de salir hasta que se dio cuenta de algo.

¿Qué era eso de "host club & cafe"?


¡Hola!

Esta vez el capítulo no avanzó como esperaba pero era necesario que fuera de esta forma, así que paciencia uvu
Aún me resulta complicado escribir desde la perspectiva de Kise, en un principio intenté con Kuroko, ¡Pero eso sí que fue imposible!, siento que escribir
este fic será un gran desafío. Por cierto, creo que ya he estado aclarando un poco más las parejas, así que las iré anunciando a medida en que avance la historia para tener más suspenso (?)

¡Muchas gracias por el apoyo!, cuando lo intenté mi internet no me dejó responder los reviews así que probaré más rato.

Nos leemos en el próximo!