(N/A) excelentes días/tardes o noches. Prometí continuar con este fanfic y que la actualización sea regular. Todo sea porque el fandom rombul tenga al menos una historia larga completa. No descansare hasta que seamos famositos pambisitos aun si eso significa arruinarme los dedos escribiendo. I don't care a shit. (?)

Advertencias: Yaoi, angst, violación, AU, malas palabras.

Diclaimer: APH no me pertenece.


When you are depressed
Capítulo 2: Tiempos de tempestad.


Aquella mujer con una flor adornándole el cabello y ojos verdes era conocida en toda la clínica como una verdadera profesional. La mayoría de sus pacientes avanzaban rápido además de que tenía un gran talento y carisma que hacía que hasta el más intrépido y tímido confiase en ella.

Era joven, veintitrés años se le calculaba ya que ella no solía comentar su edad debido a que insistía en que una señorita no debía comentarla con nadie por una cuestión de respeto. Se encontraba revisando los papeles, estresada como ningún otro caso había estado. Probablemente el rumano le sacaba canas y ella poco a poco sabía que del estrés terminaría siendo otra paciente.

Suspira mientras intenta calmarse, ella lo sabía. No debía presionarse a encontrar una solución rápido, ahora lo menos que podía hacer esa simplemente dejar los papeles sobre la mesa, levantarse y servirse un poco más de café para mantenerse despierta y después de un descanso prolongado, continuar con su trabajo.

Al menos aquello se disponía a hacer hasta que unos cuantos toques en la puerta hicieron que ella entornase sus ojos hacia esa dirección con curiosidad, susurrando un sutil: ''Pase'' A la vez que guardaba los papeles del paciente 1122 y del paciente 1125

-Nunca dejas de trabajar, ¿Eh, marimacha?

La húngara sonrió al reconocer esa voz, levantándose de su lugar y acercándose al reciente visitante inoportuno. Un hombre alto de cabellos blancos y resaltantes ojos rojos, un color tan poco común de ojos como de cabellera, sin duda una persona especial.

-Digamos que tengo demasiadas cosas que hacer como para estar de perezosa todo el día.-Respondió Erzsebeth, llevando dos dedos al rostro ajeno y apretándole con un poco de fuerza la nariz en un gesto que le causo gracia a ella misma.- ¿Qué dijimos del respeto la última vez que nos vimos, Gilbert?

El albino alzo una de sus cejas, suspirando pesadamente y retirando suavemente la mano de la húngara de su rostro, con cuidado pues sabía que con la terapeuta debía andar con cuidado si no quería ganarse una paliza.

-Que debía ejercerlo o si no sería difícil para mí conseguir amistades…

-Exactamente.-Dijo ella victoriosa mientras se alejaba y volvía a tomar asiento en su cómoda silla de escritorio, extendiendo su mano invitándole a que tomase asiento frente a ella.- ¿Has tenido algún avance en tu escuela? ¿Conocido a alguien que te interese o tal vez amigos? ¿Qué tal tus notas?

-Relaja los humos, mujer. Son demasiadas preguntas. –El albino bufo rodando los ojos, aunque en el fondo le encantase que le demostraran tanta preocupación.- Me hice amigo de dos estudiantes de intercambio…un español y un francés, parecen ser buenas personas.

La húngara sonrió con cariño al escucharlo, orgullosa por el chico que tenía en frente.- ¿Has hablado con ellos? –Dijo mientras comenzaba a tomar apuntes en su libreta.

A Gilbert se le iluminaron un poco los ojos, asintiendo energéticamente mientras comenzaba a hablar, con más entusiasmo que antes.- ¡Sí! No me había dado cuenta pero compartimos muchos gustos en común, es verdaderamente genial. ¡Incluso Francis le gusta la misma música que a mí! Y Antonio es muy simpático…

Erzsebeth seguía sonriendo, recordando que apenas hace unos minutos estaba preocupada por el rumano cuando frente de ella tenía uno de sus pacientes con el que más difícil fue de tratar. El albino era muy inseguro y disfrazaba su soledad con su supuesto orgullo y egolatría. Fingiendo ser egoísta y alguien que no era sólo para alejar a los demás.

Cada que veía a Gilbert ya tan recuperado, le hacía amar aún más que antes su profesión.

-En fin, no quiero hablar sólo de ellos. ¿Cómo esta Vlad?

-Vlad siempre ha sido muy difícil de tratar, así que sigue donde mismo…hemos tenido unos cuantos avances en la mañana. Habló con otro paciente sin entrar en pánico, lo cual es un gran logro.

Gilbert se removió un poco incómodo, asintiendo.- Ya veo. –Respondió dudosamente, rascándose la nuca.- Recuerdo que cuando también estaba internado solía ser el único con el que Vlad hablaba sin entrar en pánico…

La húngara se extrañó un poco por ello. Sabía que ambos habían convivido cuando el prusiano aún estaba internado, sin embargo no se imaginaba hasta cual punto era eso.

-Dime Erzi…ese paciente, con el que Vlad habló. ¿Lo conocía desde antes o ya se habían visto?

Ella negó, respondiendo verbalmente luego.- Para nada, Vladimir ha estado confinado desde que tú te fuiste y el paciente 1122 entro tres meses después de ti. En realidad, él es quien ocupa actualmente tu antigua habitación.

El prusiano se sorprendió por ello, más no replico o mostró molestia, todo lo que pasase en el hospital le daba igual, exceptuando al rumano.- Oh…-calló por unos minutos, para luego sonreír suavemente mientras que la húngara le miraba callada.

-Al parecer ese chico es especial, incluso Vladimir tardo demasiado en hablar conmigo sin exaltarse…


(-)


Prendió la pequeña lámpara que se encontraba a un lado de la cama, sacando una libreta y un lápiz escribiendo varias ideas sueltas. Sonrió nostálgico apenas sintió el contacto de sus dedos con la madera del lápiz y el sonido que provocaba la punta del grafito chocar con la hoja.

Recordaba que cuando iba a la escuela los profesores solían halagarle por su talento en la escritura. Tenía amigos, pocos pero los necesarios. Tenía citas de vez en cuando con otras alumnas aunque nunca sobrepasaba a una pequeña salida y luego quedar simplemente como amigos.

Aunque sus padres estuviesen ausentes, sus primos siempre estaban con él. En sí, se sentía a gusto con su vida.

Pero todo cambio cuando paso aquel incidente.

Al recordarlo dejo de escribir sintiendo como su mano se había paralizado producto del temor que sintió en el momento, miro a todos lados, respirando agitado al sentir de golpe varios recuerdos del pasado venir a él. Sus manos temblaban mientras sostenían la libreta y el lápiz, dejándolas caer sobre la cama y llevanse su mano a la cien intentando calmarse.

Estaba bien, dentro de la clínica no peligraba, era imposible que le dieran acceso a él, a quien le causo tanto daño. ¿Cierto?

En la clínica estaba seguro.

Sólo en la clínica…

Ese pensamiento lo asalto. ¿Si le llegaban a dar de alta, donde más estaría seguro? ¡Vive solo por el amor a dios! Sus primos viven en Rusia y unas veces al mes Iván se puede tomar la molestia de visitarle, es una carga. Afuera no está seguro.

Ivan mismo lo había dicho, si seguía mejorando podían darle de alta.

No podían, él debía permanecer allí. Entonces recuerda al otro paciente desaliñado que por lo que pudo escuchar, era de la habitación 1125. ¿Terminaría igual que él, internado por siempre ahí? Tenía miedo, demasiado miedo. No por el futuro que le depararía dentro, si no por el futuro que le depararía fuera.

Empezó a derramar lágrimas, se estaba esforzando en vano. ¡Debía quedarse allí! ¡No había ninguna otra alternativa!

Entonces, la puerta fue abierta lentamente, ingresando una enfermera bajita de cabello negro amarrado en una coleta, esta se exalto un poco al ver el estado de Nikolai, por lo que al instante se acercó a auxiliarlo.

-¿Nikolai? ¿Estás bien? ¿Qué te sucede?

-V-Vendrá…él vendrá por mí y no poder salvarme de ninguna manera…-respondió sollozando con más inquietud, reaccionando a sus impulsos y alejando a la enfermera vietnamita.

-¡Nadie vendrá a hacerte daño, Nikolai! Estas seguro, tranquilo.

-¡No puedo estar tranquilo! ¡Él vendrá por mí!

-¡¿A quién te refieres?!

Nikolai no respondió a su respuesta, al contrario siguió emitiendo gemidos y llanto, mientras su voz se alzaba y seguía diciendo angustiado: ''Me volverá a tomar, ¡No quiero que me toque de nuevo!''

La vietnamita con lo último entendió, estaba aterrado por la violación que sufrió, al instante ella intento enderezar al búlgaro. Alzando la voz para pedir ayuda a las enfermeras que pasaban por ahí.

-¡Rápido! ¡Tenemos a un paciente que necesita ser sedado!

Y por primera vez en meses, Nikolai tuvo una crisis que no había experimentado en mucho tiempo, llamando la atención del personal médico.


(-)


Vladimir se encontraba jugando con una pequeña pelota de plástico, arrojándola repetidamente a la pared y atrapándola nuevamente. Con su mirada perdida en un punto específico en la habitación sin poner atención alrededor.

Alza una ceja, mirando hacia la puerta cuando esta es abierta poco a poco, dejando ver a un chico alto, piel blanca y cabello del mismo color, Gilbert.

-Al parecer sabes perfectamente como matar el tiempo.

-…-Vladimir se incorporó al instante, mirándole con la boca y ojos bien abiertos creyendo que se trataba de una alucinación o algo por el estilo.- ¿Gilbert? ¿Eres tú? ¿Qué haces aquí?

-¡Claro que soy yo! –Se acercó al rumano, despeinándolo con cariño y fijando sus orbes en el rumano.- Lamento por venir hasta ahora a verte.

-¡No te preocupes! –Reacciono al instante el rumano.- Realmente…yo creí que nunca volverías.

Gilbert torció un poco los labios, sintiéndose culpable.- Estaba ocupado, intentando adaptarme a un nuevo estilo de vida tras irme de aquí… ¿Cómo vas con tu tratamiento?

Vladimir bufa, rodando los ojos, tiempo que no lo veía y lo único que le preguntaba el prusiano era acerca de su tratamiento, eso le irritaba.- Igual que siempre. ¿Es lo único para lo que viniste? ¿Acaso Erzsébeth te hizo venir hasta acá sólo para presionarme a mejorar?

El albino lo miro sorprendido, negando rápidamente.- claro que no, vine por voluntad propia. –Dijo retirando su mano del cabello del rumano.- Realmente te extrañe. Fuiste mi primer amigo, Vlad.

El rumano se calló cuando escucho eso, entrecerrando los ojos más relajado.- ¿Cómo son los días afuera?

-Soleados, en ocasiones nublados…el clima aquí es muy cambiante.-Soltó una pequeña risotada, el rumano simplemente sonrió.

Una mujer se asomó en la puerta, de cabello rubio cenizo corto y ojos gatunos, mirando con preocupación a ambos.

-Las visitas terminaron, por favor retírese de la habitación del paciente. Ha ocurrido un accidente en una de las habitaciones continuas.

-¿Qué? ¿Qué ocurrió? –Pregunto Gilbert algo alarmado, le preocupaba dejar a Vlad solo considerando el supuesto accidente.

-¿Tan pronto se tiene que ir? –Pregunto Vladimir también algo alarmado y desilusionado.

-Sí, lo lamento…-La belga les miro con algo de arrepentimiento al haberles interrumpido, pero ella solo seguía las ordenes de arriba.- Erzsébeth te vendrá a recoger para llevarte al jardín, Vlad. Así que espera aquí. Gilbert, por favor retírate.

El prusiano iba a replicar, pero antes de que lo hiciera un doctor se acercó alarmado a donde estaban. - ¡Necesitamos a alguien que nos ayude a contener al paciente, rápido!

Al instante Gilbert se ofreció y se fue al lado del doctor, girando sólo para pedirle disculpas con la mirada a Vlad mientras él se quedaba solo.

Al contrario de lo que le dijeron, el rumano no obedeció y no se quedó esperando, salió de la habitación por la curiosidad y las ganas de saber por qué tanto alboroto.

Vio a dos figuras hablando apresuradas mientras caminaban hacia un par de habitaciones más delante. Hablando entre ellas.

-¿Qué es este alboroto? ¿De dónde proviene?

-¡El paciente 1125, Nikolai Konstantinov!

-¿Nikolai Konstantinov? ¿Hablamos del mismo Nikolai? ¡Es el que más probabilidades tenia de salir! ¿Qué le está ocurriendo?

-Tuvo una crisis por lo que sé.

Vladimir siguió escuchando, asomado desde su habitación viendo al pasillo y a esas dos personas.

-¿Crees que se diese cuenta de la presencia de él?

-No lo creo, le encubrimos perfectamente…pero no podemos arriesgarnos, lo mejor es mantener silencio. Debemos ir, apresúrate.

Vladimir cerró la puerta al instante, deslizándose lentamente en ella al escuchar una conversación que definitivamente nunca debió llegar a sus oídos. ¿Encubrir a quién? ¿Nikolai no era acaso el paciente que había visto en el jardín el otro día? Esto era demasiado confuso y su pecho dolía, era un mal presentimiento sin duda alguna.

Venían tiempos de tempestad, sin duda alguna.


N /A: Como prometí aquí está el capítulo dos. Ya tengo planeada toda la historia pero eso no evita que me guste recibir opiniones o sugerencias que siempre estoy dispuesta a leer. :D ¿Proponen alguna otra pareja o que meta otro personaje? En fin, déjenmelo en los reviews que parejas secundarias les gustaría.