Disclaimer: Santa Meyer los crea y ellos se juntan. Yo solo juego con sus vidas.

Rating: T (Aunque los muchachos se esfuerzan para llegar a M)


Angels in the room.

Navidad; 1917.

La luz de aquel día gris y mortecino impactó de pleno en mis ojos. La absenta me había hecho mella en mí, y la cicatriz de mi brecha me dolía a rabiar, con el agravante de haber dormido tan solo dos horas. Aquello no importaba nada. Yo me sentía tan feliz y despejada como si hubiera estado toda la noche durmiendo plenamente.

La respuesta estaba ahí, justo a mi lado, durmiendo tan plácidamente, que ni un terremoto sería capaz de perturbar su sueño.

Involuntariamente, se encogió de hombros, balbuceó algo en sueños y apoyó su cabeza en la almohada.

Solté un suspiro al observarle.

Se notaba que era el día de navidad, ya que un ángel había estado toda la noche en mi habitación, aunque no velando mis sueños, precisamente.

Seguramente, le habrían echado a patadas del cielo por estar durmiendo a todas horas en su nube.

Aun así, el corazón se me encogía cada vez que su pecho subir y bajar de forma sutil, su pelo cobrizo revuelto, y su hermoso rostro, sereno, mostraba que estaba teniendo un sueño más que tranquilo.

Pero yo quería ver aquellos ojos verdes iluminando las pequeñas pecas de su nariz, y que sus finos labios se curvasen en esa sonrisa traviesa cada vez que mi imagen se reflejase en sus ojos.

Ni corta ni perezosa, me deshice de las sabanas que me limitaban mis movimientos, y me coloqué encima de su cuerpo.

Era increíble que tan solo con aquel sencillo gesto, mi cuerpo absorbiese todo el calor que emanaba el de Edward como si se tratase de una esponja.

Contuve el aliento ante tanta la visión de tanta belleza reposando. Me quedaría horas y horas observándole.

Pero quería embelesarme con el timbre de su voz.

Por lo tanto, posé un dedo en su frente y, como si se tratase de una burbuja de jabón, fui recorriendo cada rasgo que componía su cara. Pero aquello no parecía inmutar sus sueños.

Acerqué mi rostro hasta el suyo, hasta que fui consciente de que mi aliento chocaba contra su piel. Tampoco.

Le besé su frente. Nada.

Pasé a su nariz. No había manera.

Acaricié sus labios con los míos como si el mismo beso que despertó a la Bella durmiente resultase efectivo con él. Al parecer, el hechizo del hada malvada era más persistente en él.

Profundicé en el beso, pero lo único que conseguí fue que ronronease y me girase la cara para colocarse en la almohada.

¡Oh, vaya!

Tendría que recurrir a métodos más radicales.

Así que con todo el dolor de mi corazón, enredé mis dedos en un mechón y tiré de ellos con fuerza.

— ¡Hum!—Protestó levemente entreabriendo los ojos para luego volver a cerrarlo.

¡Vaya, era insistente!

Como ultima medida, tapé la nariz de Edward y me limité a esperar a que la falta de oxigeno hiciese lo propio.

Y funcionó.

Se levantó precipitadamente, jadeando intensamente, con los ojos tan abiertos que parecía que se saldrían de sus orbitas.

Le solté mientras le veía mover la cabeza, desconcertado.

— ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Dónde? ¿Cuándo?—Preguntó alterado.

Estaba tan gracioso que no lo pude evitar reírme con todas mis ganas. Y aun más, me miró fijamente sin verme realmente. Aun seguía aturdido.

Me acerqué gateando hasta él, y echando mis brazos en su cuello, me acerqué a él hasta que nuestros labios casi se rozaban, susurrándole:

—Buenos días.

Y estampé mis labios sobre los suyos.

La pasiva resistencia que percibí por su parte, se debía a su estado aletargado. Insistí más en la profundidad de mi beso, y para asegurarme mi victoria, dibujé su perfil que delimitaba sus labios con la punta de mi lengua.

Poco a poco, su resistencia fue menguando, percibiendo en la sensible piel de mi boca como la suya se iba entreabriendo de forma sutil.

Mis brazos se desasieron de su cuello y posé mis manos en sus mejillas para tener mayor acceso a cada pulido tramo de su rostro.

Mi lengua se fue adentrando en su cálida boca y aquello me hizo apretujarme con tanta insistencia a su cuerpo, que acabó con Edward desplomándose en la cama y yo, sobre él, en horcajadas, sin separarnos un solo milímetro.

Mi corazón dio un brinco cuando su boca se abrió del todo, atrapando mis labios con ímpetu, e introduciendo de forma traviesa y atrevida su lengua en mi cavidad, acariciando cada recoveco de ésta, hasta encontrar y enredar de forma insinuante, con la mía, que esperaba ansiosa sus roces.

El cosquilleo que empezaba a recorrerme las sienes, se extendió por todo mi cuerpo a todas las puntas de todos mis dedos, obnubilándome de tal manera, que me pilló totalmente desprevenida que Edward rotase bruscamente, y en un instante las posiciones se hubiesen cambiado de tal manera que mi espalda reposaba sobre el colchón y cada curva de mi cuerpo se iba amoldando al suyo, mientras él se cuidaba de que no tuviese que soportar el peso de su cuerpo. Aun así, su pecho estaba sobre el mío y los latidos de nuestros corazones se acompasasen como si se tratase de uno solo.

Sin dejar de besarnos, jadeamos ante la magnitud del impacto, intercambiado cada vestigio de aliento que nos quedaba en los pulmones.

Solo se separó de mi boca, —con gran desesperación por mi parte—cuando sus labios dejaban su rastro en otras partes de mi cuerpo que estuviese a su alcance. Y una anarquía de caricias se combinó con la lluvia de besos.

Mis dedos enredándose en su cabello; sus labios posándose con la misma delicadeza que el batir de las alas de una mariposa sobre la punta de mi nariz; mis manos surcando las líneas imaginarias de los músculos de su espalda que se dejaban entrever en su camisa; sus labios en mi cuello; mi mejilla restregándose sobre su suave cabello; su voz susurrando mi nombre con la misma veneración que una diosa; mi respiración se acortaba perdiendo profundidad; sus manos se deslizaban desde mi costado a mi cintura, incitando el acercamiento de nuestras caderas; mi cadera aceptó su invitación y mi espalda se arqueó en respuesta; sus labios de nuevo sobre los míos, hundiéndose hacia lo más profundo de mi ser como si quisiese que el eco de aquel beso llegase hasta mi alma; mis piernas reaccionaron a mis necesidades más urgentes y se abrieron para dejar más cabida al cuerpo de Edward. Una vez que todas las partes de mi cuerpo reconocieron como suyas las de Edward, éstas se apretaron con frenesí en su cadera formando una jaula para no dejarle escapar de allí.

Mi hermoso prisionero.

En mi fuero interno maldije toda la ropa que llevábamos puesta desde anoche, empezando por el molestísimo corsé y enaguas, por no hablar de mi vestido lleno de sangre a consecuencia de la herida de la cabeza, hasta el traje sin chaqueta del elegante smoking de Edward.

Si aquella noche, al verle entrar en la salón del baile, hubiese jurado que era la reencarnación del mismísimo dios Apolo, con su pálida piel y pelo cobrizo haciendo contraste con el negro de su traje, en aquel instante, daría todo lo que me pidiesen por verle privado de su traje.

Eso tenía un fácil arreglo.

Quité las manos de su rostro, privándole de mis caricias, y las dirigí con rapidez hacia los botones del cuello de su camisa.

Y aun más rápido, Edward interceptó mis manos, agarrándome por las muñecas, a modo de esposas, y empujándomelas hasta hacérmelas caer en las manos.

Aun seguía encima de mí, pero la distancia entre nosotros había aumentado.

— ¡Oh, qué demonios!—Protesté frustrada y con evidente mal humor cuando vi que una sonrisa burlona aparecía en su rostro.

—Muy buenos días, —me saludó burlonamente. — ¿Ahora quien es el que está más despierto?

— ¿Eso era tu forma de demostrar que estabas muy despierto?—Inquirí, quisquillosa. Odiaba que se burlase de mí.

Se rió y me dio un suave beso en la nariz.

—No, mi amor, —me susurró. —Esto solo era el anticipo de mi regalo de navidad. Lo que queda de regalo, tendrás que ir a buscarlo a mi casa después de ir a la iglesia.

¡Hum! No era una buena idea. Ya sabía que por ser el día de navidad, estaba obligada a ir a la iglesia, pero esperaba convencerlo de alguna manera.

Pero en lugar de excusarme con el dolor de cabeza que me había producido el absenta, dejé que el deseo hablase por mí:

—Pues yo cedo el regalo que tengas en casa porque vengas aquí y termines lo que empezaste—le reté y me volví a acercar par besarle.

Su risa me producía un agradable cosquilleo en mis labios.

— ¡Hum!—Hizo como si se lo pensase. —Es tentador…pero no. Este año no ha habido suerte.

— ¿Por qué no?—ronroneé como una gatita mientras apoyaba la cabeza en su pecho contabilizando los latidos de su corazón.

A pesar de tener los ojos entrecerrados, pude ver, por el hueco de mis pestañas, que su sonrisa había desaparecido.

Pasó sus brazos por mi cintura y me abrazó en silencio, apretándome con fuerza.

Después miró por la ventana viendo como empezaba a nevar.

Finalmente, rompió el silencio, hablando en murmullos como si no quisiese romper la atmosfera.

—Te quiero demasiado para condenarte a cumplir mis más oscuros deseos, Bella. Jamás me perdonaría que tuvieras que cargar con un regalo de navidad que solo te causaría oprobio y vergüenza, a consecuencia de nuestros locos impulsos.

Admití que tenía toda la razón del mundo. Seríamos el objetivo de todas las críticas de la sociedad de Chicago si hubiese algún contratiempo.

—Tienes razón—concedí apoyando mi cabeza sobre su hombro.

—Somos tan jóvenes y tenemos tanto tiempo—me murmuró al oído. —Tenemos todas las navidades del mundo.

Aquello me llenó de esperanza para el futuro.

— ¿Lo aplazamos para la próxima?

Volvió a reírse.

—Bella, feliz navidad.

—Feliz navidad, Edward.

Contabilicé el escaso tiempo que nos quedaba de quedarnos calentitos en la cama, disfrutando de la compañía del otro, hasta que mi madre y Phil volviesen a casa, y tuviésemos que ir a la iglesia.

Desde luego, no iba a desaprovechar ni un solo segundo que se me concediese en sus brazos.

~*~

En fin, es navidad y como soy buena, he decidido regalaros una viñeta más. Muchas gracias por vuestros comentarios y alertas...^^

Ya sé que soy muy pesada con el tema, pero como estamos en campaña politica, me gustaria que os pasaseis por el Cullen Christmas contest, concurso organizado por tatarata y Yuliss y leyeseis mi one-short, Broken wings.

Estoy en la primera ronda, y si consigo quedar entre las cinco primeras, pasare a la final...¿Me ayudareis a tener mi regalo de navidad?...(O si no, me quedo con todos los Cullen y no les compartire con nadie...muah)

Para votar, id a esta dirección (todo junto): http : //www . fanfiction . net / u / 2146572 / Cullen _ Christmas _ Contest Si creeis que merezco ganar, ya sabeis. Si no, por lo menos un rr como regalo, si se agradecería. (Ver profile)

Y pasando a otro asunto. Esto es para When the stars go blue y su traduccion al ingles. Yuliss y yo queremos empezar en marzo a traducir en ingles el fic (Yuliss tiene examenes y yo tengo que terminar el fic). No sé, despues de todo este tiempo, si aun seguis interesadas en ayudarnos. Si es asi, solo teneis que poneros en contacto con nosotras via pm o correo. Los detalles están en mi profile.

Y solo deciros, chicas. Feliz navidad y muchos Cullen para vosotros.

^^Maggie.