— ¿Puedo besarte? – preguntó Harry temeroso a escasos centímetros de aquella sonrisa torcida y arrogante que tanto le gustaba.

—Supongamos, por un momento, que hay un Apocalipsis zombi que empieza en nuestro país y se extiende por todo el mundo con gran celeridad. Todos nuestros seres queridos han muerto, quedamos tú y yo, pero aún nos separan kilómetros para encontrarnos y luchar juntos contra este mal. Supongamos, que en un momento de debilidad y guiado por el hambre salgo de la mansión para atrincherarme en el centro comercial más cercano y así no sucumbir al hambre (aunque tuviese que alimentarme de pavo envasado al estilo muggle y, dios no lo quiera, pimiento). Supongamos también, que por el camino, una horda de zombis me hace retroceder hasta encontrar un callejón vacío, o al menos, creer eso, y en el momento menos pensado oir el gutural sonido de un muerto andante que con inusitada velocidad se acerca a mi por la espalda y me muerde mi precioso y escultural brazo arrancándome el músculo y produciendo que, mientras grito desesperado, veo como me mastica y me bebe con sus ojos blancos cegados por la gula. Se parecería un poco a ti, y eso me haría pensar que aparte de los músculos de mi brazo quiere otros que también te gustan, Potter. — Le guiña un ojo — Mi sangre tiñe el suelo y se ha derramado tanta que puedo ver las venas arrancadas y el hueso sobresaliendo por la carne cual muslito de pollo mal comido. La herida ya está pudriéndose y necrotizándose por la ponzoña del muerto. Mis gritos continúan y mi frenetismo logra que mi cuerpo responda y mate a ese zombi que ha intentado devorarme. Resguardado en el sucio e indigno callejón acabo por morir desangrado e infectado, y cuando vuelvo, al poco tiempo, ya no estoy vivo y solo me guío por el impulso de devorar cerebros y carne, ninguna en especial, simplemente conformándome con que esté viva, como la tuya por ejemplo. — Hace una pausa dramática — Entonces, pero solo entonces podrás besarme. — le respondió el rubio girando su cabeza y esquivando la cara de idiota que al moreno se le quedó ante este monólogo.

—Tienes que dejar de ver esas pelis de muggles, Malfoy — le dijo Harry riéndose también y presionándole contra la pared causándole un chichón.

—Auch — se quejó Draco lloriqueando.

— ¿Ves? ¿Tu que vas a sobrevivir a un Apocalipsis zombi? Quizás al del hipogrifo sí porque ya tienes práctica, aún me acuerdo de cuanto lloraste. — Rememoró Harry soñador — Aunque de momento te concedo el que sepas librarnos de todos los pollos deformes del mundo.