Aquí el capítulo 2 =)

Le agradesco mucho a todas esas personas que comentaron, la verdad no espere que les fuera a gustar tanto xD Me dio mucha alegría ver que les gusto =D

Leán y diganme que les parecio este capítulo, trate de hacerlo más lindo posible.

Advertencias: Contenido alto de azúcar, no apto para diabéticos xD


Etapa 2. Confesión.

En una clase de biología, Heracles miraba hacia la ventana al lado de él, pensaba en una manera adecuada de confesarse a su amada compañera de clases; mientras que la chica a su lado escuchaba interesada la explicación del aburrido profesor de clases.

Pensaba cual seria la mejor manera de confesarse. Tenía varias opciones, pero siempre eran descartadas por una única razón que frustraban sus planes amorosos, sus hermanos.

La familia de la linda Akemi era compuesta en total por cinco personas y todos eran sus hermanos. No sabía que había pasado con sus padres, pero luego se lo preguntaría con la mayor delicadeza posible, no vaya a ser que fuera un asunto del pasado doloroso y el como un tonto se lo recordaría.

Bueno, regresando al tema de sus hermanos, solo recordaba que ran cuatro y solo conocía a uno, el mayor de nombre Yao.

Por lo que sabía el chino atesoraba de gran manera a su hermanita, no por nada siempre estaba vigilándolo durante las clases. Él lo sabía, Yao siempre lo miraba cada vez que el esta cerca de la pelinegra, en clase, en el descanso, cuando hablaban, entre otras situaciones. Le molestaba, pero también lo comprendía ¡Es que su amada era demasiado tierna como para no querer protegerla!

- ¿Heracles-san? – Saco de sus pensamientos al griego pelicafe. – ¿Se encuentra bien? Se ve algo distraído.

- Si, solo que no entiendo lo que dice el profesor – No era del todo una mentira, en verdad no entendía lo que decía ese maestro.

- ¿En ese caso, quiere que le ayude? – Pregunto cortés la chica con una pequeña sonrisa.

- No, no es… – Una gran idea le surgió al griego – Bueno, ¿No sería una molestia? –

- No, para nada, si yo puedo ayudar a Heracles-san en algo lo haré con gusto – Finalizo entusiasmada, a ella en realidad le gustaría ayudar al muchacho – ¿Le parece bien después de clases? –

- "Perfecto" – Pensó el pelicafe, todo estaba yendo según lo planeado – Me parece bien, ¿Pero no tienes algo que hacer con tus hermanos? – Listo, la bomba había sido lanzada, ahora solo tenía que esperar la respuesta.

- Le puedo decir a mis hermanos que se vallan sin mi – Dijo la pequeña con un brillo en sus ojos, por alguna razón se veía entusiasmada.

- Entonces bien, te veo después de clases – Dijo el chico, su plan había funcionado a la perfección.

- Si – respondió la japonesa.

- Bueno, hasta luego – Se despidió cortésmente él y se dirigió a la azotea dispuesto a tomar una siesta, en definitiva la hora del descanso era su favorita.

A la hora de la salida preparo sus cosas y se preparo para "la clase" que le iba a dar la tierna Akemi. Quedaron de verse en un salón del segundo piso.

En lo que la chica había a hablar con sus hermanos, el pensaba en que manera declarársele, ciertamente prefería hacerlo de una forma romántica, la mas tierna posible, igual a su amada.

Pensaba de que forma decírselo, de una forma rápida y directa o si no de forma lenta pero entendible. Optó por la segunda, no vaya a ser que la asuste. Mientras el meditaba que hacer, Akemi en cuestión trataba de convencer a sus hermanos de dejarla con su compañero amante de los gatos.

- ¡Por favor Yao-nisan! – Suplicaba la linda chica.

- ¡No! ¡Ni pienses que te dejare con ese pervertido-aru! – Grito el hermano mayor.

- Pero… - Dijo triste la ojicafe.

- Akemi, el tiene razón, no sabes lo que podría hacerte – Dijo esta vez un chico coreano apoyando a Yao. – No lo conoces bien, ¿Qué tal si tiene otras intenciones?

- ¡El no haría eso! Lo conozco desde hace dos años, el nunca me haría daño ni a mi ni a nadie – Respondió la pelinegra.

- Chicos escuchen, si ella cree que no le hará daño deberíamos creerle – Hablo otra chica, un guapa taiwanesa de largo cabello castaño y un extraño rizo. – Puede que no conozca bien a ese chico, pero no se ve como una mala persona –

- ¡Si! Además solo lo voy a ayudar con la materia de biología – Dijo Akemi ilusionada.

Yao odiaba cuando sus hermanas hacían esas caras de perrito desolado, ¡Sabían que su debilidad eran las cosas tiernas! Soltó un suspiro y miró a Yong Soo, el también parecía a verse rendido ante las asiáticas.

- De acuerdo, ¡Pero asegúrate de volver temprano-aru! –

- ¡Si! – Dijo feliz Akemi.

- Tienes suerte de que Wang Long no este aquí, si no hubiéramos ganado – Informo molesto Yong Soo.

- Bueno, lo que sea, cuídate y no tardes ¿Si? – Dijo Yao.

- Si, entonces nos vemos en casa – Hablo la asiática menor.

- Adiós – Se despidió la taiwanesa.

Yao se fue enojado, no confiaba para nada en ese griego, siempre se le quedaba viendo a su dulce e inocente hermanita. Tenía suerte de que Meimei la hubiera ayudado a persuadirlo, si no de otra manera definitivamente no la hubiera dejado con el y de ser posible los hubiera alejado. Pero ya vería ese tonto griego, si se atrevía a hacerle algo a su querida hermana no tendría compasión.

Cuando su familia se fue, ella se dirigió al salón, aunque no lo dirigiera a ella le gustaba ese griego, mucho, le parecía una persona tranquila y sin conflictos, que aprecia la belleza de lo que los rodea. Era muy simpático, tierno y le encantaba los gatos. Pero le pareció un poco vergonzoso creérselo, es decir, ella nunca se había enamorado, era una sensación nueva pero hermosa.

Era cálida, te llenaba el corazón y el alma, sentías tu corazón acelerarse y tienes que contenerte el no sonreír al pensar en la persona que te gusta.

Definitivamente el amor era algo hermoso.

Cuando llego al salón vio a Heracles en un pupitre mirando hacia el cielo que se podía apreciar por la gran ventana del salón, le pareció raro no verlo durmiendo.

- Disculpa la espera – Dijo la enamorada sorprendiendo a Heracles con su llegada, tan absorto estaba pensando en esos bellos chocolate que no se había dado cuenta de su llegada.

- No te preocupes –

- Bueno ¿Quieres empezar ya? – Pregunto ella acercándose al pupitre enfrente al de el. El griego había movido al pupitre de forma que este quedara frente al suyo.

- Antes de empezar, hay algo importante que tengo que decirte –

Llego el momento de la verdad.

- ¿Ah? ¿Qué es? – Cuestiono inocentemente la tierna chica.

- Verás, es algo que me he guardado mucho tiempo – Dijo algo nervioso.

Akemi no sabía que pensar, el griego se veía nervioso, debía ser algo importante. Por un momento llego a cruzar la idea de una declaración de algún sentimiento.

- "Pero eso es imposible" – Pensaba ella – "El no me quiere de esa manera" – Puntualizo mentalmente triste.

- Hace dos años que llegue aquí – Hablo el más alto – Y honestamente, yo pesaba en mudarme y regresar a Grecia –

Akemi sintió como su corazón se estrujaba ¿Mudarse? ¿A Grecia? No podía ser cierto, él no podía irse, no cuando se enamoro de él, ese apuesto griego era su primer amor ¿Y ahora se iba a ir?

- No –

- ¿Eh? – Musito extrañado Heracles.

- No puedes – Dijo con voz queda y temerosa la asiática mientras temblaba – Tu no te puedes ir –

- ¿Te pasa algo? – Pregunto un poco alarmado el ojiverde ¿Porqué derepente ella se alarmo de esa manera? Acaso era porque… - Akemi, acaso tu…

- Yo no quiero que te vayas – Dijo con unas pequeñas lágrimas ella, viéndolo tristemente. – Es un poco difícil para mi decirlo, pero…

Heracles lo pensaba, estaba casi seguro. Parecía como si su pequeña amiga estuviera triste, triste por lo que dijo. Si lo analizaba bien, eso que trataba de decirle ahora sonaba como una…

- "¿Confesión?" – Pensó sorprendido él. Quizás si tuviera una oportunidad con ella. Porque para ser sincero no pensó a fondo que pasaría si ella lo rechazara. Pero bueno, era algo esperado del holgazán Heracles.

- Verás, yo estoy…– La japonesa no pudo seguir porque el griego la había tomado de los hombros, el dirigió su mirada hacia sus ojos. Tenían un extraño brillo, entre decidida y nerviosa.

- Antes de que termines escúchame – Dijo.

Y ella solo lo miro expectante.

- Desde hace tiempo yo he sentido algo por ti – Dijo simplemente el griego pero con un gran sentimiento.

- ¡¿Eh? – Cuestiono muy sorprendida la menor.

- Yo considere irme a Grecia, pero me quede solo por una persona –

-… – No tenía palabras – Heracles-san, acaso usted… –

- Me gustas – Confeso pausadamente.

La cara de Akemi se pudo tan roja como un tomate español (xD), entonces ¿El griego estaba enamorado de ella?

- Heracles-san, yo… – Su sonrojo era tan tierno a ojos del griego.

- Me gustas – Repitió el pelicafe.

Heracles era un chico de pocas palabras, recordó que su idea principal era darle una gran confesión. Y ahora solamente le decía que le gustaba sin nada más. Era un poco ambiguo de su parte, pero no tenía nada más que decir porque expresaba lo que sentía con esas dos sencillas palabras. Ahora solamente tenía que esperar la respuesta.

- Yo, no se que decirle… – Dijo la ojicafe con mucha pena.

- Lo entiendo –

- ¿Eh? –

- Tu no sientes lo mismo que yo – Hablo el griego, pero su voz se oía un poco triste. Pues claro que se sentía triste, la persona de la que estaba enamorado posiblemente no le correspondía. Debió haber pensado en que hacer en una situación como esa.

- ¡No es eso! – Dijo con voz alta, algo raro en ella. – Lo que yo quería decirle es que… –

- ¿Akemi? – Cuestiono Heracles.

- Usted, no, tú me… – Esto era difícil para Akemi ya que ella nunca antes se le había confesado a alguien. – Lo que yo siento por ti es… – "Vamos, yo se que siento algo por el ¡Pero es tan vergonzoso decirlo!" –

Ella pensaba que moriría en ese momento, a ella le gustaba demasiado y el ahora mismo se le confesaba ¿Qué otra oportunidad como esta tendría para decirle que le correspondía?

Tomo todo el valor que su pequeño corazón le dio, dio una bocanada de aire y lo miro decidida, era el momento de decirlo.

- ¡Heracles-san tu también me gustas! – Grito ella enormemente avergonzada pero segura.

- ¡Eh! – Se sorprendió el ojicafe eso si que era una sorpresa ¡Su pequeña japonesa le correspondía! – ¿Lo dices enserio? – Pregunto aun sin creérselo.

- Lo digo muy enserio – Dijo esta vez sin titubear.

El tiempo pasó de ser lento a que lo siguiente sucediera en menos de un segundo, Heracles se había acercado a ella y abrazo su pequeño y frágil cuerpecito. Un abrazo tan cálido para ellos dos, un abrazo reconfortante, y lo siguiente debería ser era un…

- "Beso" – Pensó sonrojado ¿Debería hacerlo? Decidió probar primero si ella estaba de acuerdo. – ¿Puedo besarte? – Pregunto temeroso y avergonzado.

- ¡¿Qué? – Dijo exaltada por la pregunta anterior.

- Perdón, si no quieres no lo haré –

- No, es que yo… – Si de por si fue difícil para ella confesársele y evitar desmayarse con el abrazo, un beso seguramente le daría un infarto – Quizás… solo si cierro los ojos – Dijo suave y tiernamente.

- De acuerdo – Contesto con una sonrisa el chico enamorado ¡La iba a besar!

Akemi cerró los ojos y levanto su rostro, esperando el beso de Heracles. Él se deleito con su bello rostro inocente, se veía tan tierna así, ofreciéndole sus labios. Por supuesto el no se hizo del rogar, inclino su cuerpo y rostro muy lentamente, pensando en que sabrían los labios de la pelicafe.

Se acerco cada vez más y más, hasta que finalmente sus labios se tocaron, primero un simple roce, luego se unieron, como si estuvieran destinados a ello.

Hay un dicho que dice "Una acción vale mas que mil palabras" eso lo podían confirmar en ese mismo momento. Su beso no era desesperado ni alocado, mucho menos salvaje, era todo lo contrario, era un beso suave, dulce y tierno, que expresaba todo lo que sentían. De Heracles todo el cariño infinito que tenía hacia la japonesa, y de Akemi eran todos sus inexpertos sentimientos, todo lo que acababa de descubrir, Todo lo que sentía por quien era su primer amor.

El beso se prolongo hasta que su respiración no dio para más. Se separaron muy lentamente, los dos con los ojos cerrados y un sonrojo decorando sus rostros. El primero en abrir los ojos fue Heracles y después su compañera.

- ¿Saldrías conmigo? – Pregunto él.

- Me encantaría – Acepto con una pequeña pero dulce sonrisa la más bajita.

Se volvieron a abrazar, de otra forma dulce y gentil, la luz del ocaso los rodeaba atravesando el ventanal del salón.

Una hermosa imagen de dos inexpertos en el amor, que tenían mucho que aprender, pero también mucho que dar por su amado y amada. Ese era el comienzo, pero era a la vez también una etapa de algo nuevo, un sentimiento tan especial y único para ellos dos.

El amor.


Y? ¿Que les pareció?

No acostumbro a escribir cosas tan dulces como estas, pero me surgió la inspiración y me animé a hacer esto.

Dejen reviews y diganme si quieren otro capítulo =D

Bye!