SEGUNDA PARTE:
'CIELO'

Sayaka Miyamoto no recordaba haber sentido tal furia antes. Después de llevar a Haruka al hospital, y de levantar una demanda en contra de El Hombre, todavía seguía furiosa.

También El Hombre estaba enojado. Iban a enjuiciarlo por algo que consideraba su derecho. ¿Qué clase de vida sería la de un hombre si no pudiera moler a golpes a su esposa y a su hijastro cuando le daba la gana? Eso no podía tolerarlo, él era El Hombre. Kira Soun lloró y protestó cuando se llevaron a su hijo. Dijo que en verdad amaba a Haruka, aunque fuera un poco torpe y que, a pesar de todo, El Hombre también lo quería 'a su manera'. Aún así, no permitieron que Haruka volviera a casa. Por el momento.

Mientras tanto, Haruka yacía en una blanca cama de hospital. Los pies que tenía quemados sanaban lentamente. Todos eran muy amables con él. No podía escuchar nada de lo que le decían, pero sonreía cuando hacían algo por él. Una vez preguntó por su madre, y le aseguraron que estaba bien y que pronto la vería de nuevo.

Una mañana, al despertar, tuvo una sensación extraña, como si lo observaran. Poco a poco se incorporó hasta quedar sentado. Frente a él un pequeño más o menos de su edad lo miraba con curiosidad. Estaba hincado sobre su cama, con las manos apoyadas en sus rodillas. Ambos se quedaron ahí, mirándose mutuamente por un rato.

- Hola- dijo el niño con una sonrisa amistosa, para luego levantarse y caminar hasta donde estaba Haruka.

Haruka lo miró con ojos de artista. Los rostros de la gente le decían mucho respecto a sus dueños. Observó detenidamente al niño, era alto, quizás tanto como Haruka, que ya estaba a punto de cumplir los doce años. Su cabello era oscuro y enmarcaba su rostro, rebelde y desafiante. Tenía los ojos azules, brillantes y profundos, y lo miraba de frente. El rostro era pálido y fino, pero a la vez fuerte y determinado. Era capaz de reír, pero también podía luchar.

De pronto Haruka alzó la mano, como si quisiera dibujar el contorno de ese rostro en una línea que movía en el aire. Sin embargo, en cuanto Haruka levantó la mano, el niño retrocedió. Haruka reconoció el gesto. Era un compañero del mismo dolor. También en su vida existía un El Hombre.

Haruka lo miró con enorme tristeza.

- Lo siento- logró decir Haruka, aunque el eco le lastimó los tímpanos.
- ¿Por qué dices que lo sientes?- preguntó el chico. Pero Haruka no dijo nada- No importa. Me alegra que hayas despertado, comenzaba a aburrirme- añadió.

Haruka lo miró a la cara, tratando desesperadamente de comprender lo que aquel niño le decía.
- Yo- dijo el pelinegro con lentitud- estaba MUY aburrido- agregó fingiendo bostezar. La vívida sonrisa de Haruka brilló.
- ¿A-a-burrido?
- Sí, no hay nadie con quien hablar o jugar. Somos los únicos aquí. ¿Lo ves?- preguntó el pequeño señalando a su alrededor- ¿Cómo te llamas?

Haruka se dio cuenta de que el niño hablaba lenta y pausadamente.

- Haruka.
- ¿Nada más Haruka?- preguntó el chico, Haruka asintió.
- Bien, mi nombre es Seiya. Seiya Kou. He estado aquí por tres días. Aunque no sé porque no me dejan ir, ya estoy perfectamente- dijo el niño. Haruka lo miró interrogante- Yo ya estoy bien- habló con lentitud.

Cuando Sayaka Miyamoto entró en el cuarto de hospital, se encontró a dos chicos charlando amistosamente. O mejor dicho, a uno hablando y otro escuchando con atención.

- Me alegra que ya estés mejor- dijo Sayaka dirigiéndose a Haruka- Hola Seiya.
- Hola- saludó Seiya sonriendo.
- Mira lo que traje para tí Haruka- dijo la mujer extendiéndole un enorme bloc de dibujo y una caja de lápices y pinturas- Es de parte de un amigo 'del parque'.

El niño acarició el bloc de papel y la caja de lápices y pinturas sorprendido.

- ¿Para mí?
- Para tí- señaló un extremo de la cubierta del bloc- Escribió algo.

Inclinó la cabeza sobre el bloc y leyó el mensaje: Un artista es aquel que expresa en su arte lo que no puede decirse con palabras. El cielo, el mar, las estrellas, son la inspiración del artista. Y tú tienes el alma de un artista. Con cariño Jun Mizuno. Haruka sonrió.

- ¿Jun?

Sayaka asintió.

- Sí. El hombre que te obsequió las hojas y los carboncillos. ¿Lo recuerdas?

Haruka sonrió. Por supuesto que recordaba a aquel hombre. Había sido el único en ser amable con él. Le había regalado lo que hasta ese entonces el niño consideraba su tesoro.

- Bien, solo vine a ver si te encontrabas mejor. Por ahora me retiro, pero vendré a verte pronto ¿de acuerdo?- dijo Sayaka sonriendo. Haruka también le sonrió.
- ¿La acompaño?- preguntó Seiya con amabilidad.
- ¡Por supuesto!
- Regresaré en un segundo- dijo Seiya dirigiéndose a Haruka. El niño y Sayaka salieron del pabellón.

- Haruka estará bien- comentó el pelinegro.
- Sí, lo sé.
- ¿Sabe?- dijo Seiya- No es que Haruka sea un tonto. Sólo es sordo.

Sayaka lo miró sin comprender.
- ¿Sordo?

De pronto todo quedó aclarado. Sayaka se sorprendió de su propia estupidez... y de la negligencia de la escuela. ¿Cómo no se había dado cuenta¡claro era eso! El chico era sordo, no era estúpido ni terco. Simplemente no podía escucharlos.

- ¿Cómo te diste cuenta?- preguntó Sayaka. Seiya la miró con cierto desdén.
- Es obvio. Si alguien golpea mucho los oídos de una persona, algo malo les va a pasar tarde o temprano¿no es así? El padrastro siempre está pegándole a Haruka. Uno sabe cómo pasa.

Sayaka lo miró con compasión. El niño había ingresado por desnutrición y un ligero caso de bronquitis, producto de casi una semana de no comer y haber sido encerrado en un cuarto extremadamente frío. Ella misma lo había llevado al hospital y armado un alboroto con las autoridades para que lo retuvieran el mayor tiempo posible.

A pesar de que la madre de Seiya había sido advertida dos veces sobre los maltratos, encarcelada una vez y puesta a prueba, la mujer había reincidido. Esta vez no le devolverían al niño. En ese momento se llevaba a cabo el proceso de cambio de patria potestad del pequeño. Se iría a vivir con su padre y sus hermanos, noticia que lo había puesto inmensamente feliz.

- ¿Has estado hablando con él?- preguntó Sayaka ansiando saber más. Seiya se encogió de hombros.
- No era tan necesario. Puede adivinarse. Aún así él y yo estuvimos intercambiando experiencias. Pero ya estoy demasiado grande.
- Seiya¿cuántos años tienes?
- Once. Haruka tiene casi doce. Muy pronto también será demasiado grande para que lo golpeen- el pequeño sonrió- Todo mejora cuando uno crece.

Sayaka no estaba segura de si creer o no en aquella sonrisa.
- Seiya, si las cosas vuelven a ponerse mal, quisiera que me lo dijeras- insistió Sayaka.
- No creo que sea necesario. Mi padre no es igual a mi madre. Durante años peleó por mis hermanos y por mí. Nos ama y jamás nos haría daño.
- Aún así, prometelo.

Seiya miró a Sayaka, recapituló el asunto y lo evaluó. Luego se pasó sus delgados dedos por el oscuro cabello y esbozó una sonrisa traviesa.
- Está bien, lo haré.

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Furiosa y enferma, Sayaka regresó a su oficina para apelar a todas las autoridades una vez más. Todo había cambiado para Seiya. Ahora permanecería en una casa hogar para niños maltratados hasta que se definiera su situación. Aún así, Sayaka deseaba poder hacer algo por Haruka.

- Haruka- le dijo cuando fue a visitarlo al hospital al día siguiente- Vas a ir a Aozora, a la playa. Y Seiya irá contigo- hizo un dibujo y escribió debajo: "el mar", y después se le ocurrió otra cosa, delineó algunas nubes y escribió: "cielo".

La sonrisa de Haruka fue positivamente radiante.
- ¿Cielo?- dijo y miró por las ventanas del hospital.

Y Haruka y Seiya pudieron jugar en la playa con absoluta felicidad. Ninguno de los dos había visto nunca el mar y se sentían conquistados por su increíble inmensidad y magnificiencia. Un tumulto de nuevos colores, diferentes formas y gran cantidad de aromas deslumbró a Haruka.

La casa para convalecientes donde se hospedaron la dirigía un amistoso grupo de monjas y ayudantes que estaba acostumbrado a recibir todo tipo de niños víctimas de maltrato y asustados que llegaban para recuperarse. El personal a cargo hacia lo que podía por curar los cuerpecitos; sin embargo, las mentes golpeadas y llenas de cicatrices tomaban más tiempo en sanar. Sólo podían rodearlos de afecto y amabilidad, y esperar.

Una vez, mucho antes de que sus oídos se dañaran, Haruka había podido escuchar música con claridad. Ahora recordaba aquello como un maravilloso dolor que le producía deseos de reír y llorar al mismo tiempo. Al niño le parecía que las olas eran parte de esa misma música; tenía ritmo. Las miraba estrellarse en cascadas incesantes de azul, verde y plata, con elevadas crestas blancas y onduladas. Su música penetraba en la cabeza de Haruka curando las heridas internas.

Seiya también estaba fascinado. Corrió de un lado a otro gritando divertido, después comenzó a saltar en torno a Haruka. Algunas veces Seiya hablaba con él sólo por divertirse, sin preocuparse por hacerse entender. Ahora sabía que a él le agradaba la sensación de compañía que da la conversación, y que podía seguirla sin mucha dificultad; a veces, incluso lo soprendía al emplear vocablos poco comunes. Seiya pensaba que era porque él leía muchos libros y que sus palabras eran como los libros: largas y serias.

Cuando el clima se tornó más cálido, una de las monjas, la hermana Stella, les dijo que podían nadar, así que se pusieron todavía más felices.

Haruka, de pie con la turbulenta agua verde azulada hasta la cintura, miraba hacia abajo, al arenoso lecho marino. No chapoteó como los otros niños, que reían y gritaban al pasar entre las olas. En vez de eso, vadeó cada vez más lejos y dejó que su cuerpo se hundiera lentamente, hasta que sólo la cabeza asomaba en la superficie. Era un milagro aquel mundo nuevo, silencioso y de movimientos lentos bajo el agua. Se preguntó qué sucedería si se sumergiera por completo en aquel mundo hermoso y sin problemas. Se hundió en el agua y miró hacia abajo.

- ¡Oye!- exclamó Seiya- ¿Qué estás tratando de hacer¿Ahogarte?- lo sacó de un tirón por los cabellos y lo sostuvo farfullando y sin aliento- No eres un pez¿sabes?- pero observó tal desolación en el rostro de su amigo que dejó de regañarlo- ¿Que sucede?
- Puro- contestó Haruka- Sin... maldad.

Seiya lo comprendió. Él también vivía en un mundo feo y sórdido. Así que le pidió a la hermana Stella que le consiguiera un visor con tubo de respiración.

Entonces el mundo acuático de Haruka floreció. Se movía entre las rocas y los flotantes hilos de algas, y en muy poco tiempo aprendió a nadar. Le dolían los oídos cuando estaba bajo el agua, pero no hacía caso. El problema era que ya no quería salir.

Por las tardes Haruka pasaba mucho tiempo dibujando, mientras Seiya charlaba. Cuando en verdad quería hablar con él simplemente hacia que Haruka lo mirara de frente para que pudiera ver su boca.

Un día Seiya decidió preguntarle sobre su familia.
- ¿Recuerdas a tu papá?- Haruka asintió- ¿Cómo era?
- Tostado por el sol- dijo Haruka lentamente- Alto, rubio y siempre estaba riendo- su propia voz le resonaba lenta y áspera.

Buscó con torpeza en los bolsillos de sus pantalones y sacó una estrujada fotografía que mostraba a tres hombres con trajes de pilotos y los brazos de unos sobre los hombros de los otros. Los brillantes ojos verdes del hombre situado en el centro miraban directamente a la cámara. Con los pies bien separados, se encontraban de pie sobre la cubierta de un enorme barco, detrás de ellos se observaba un helicóptero negro. Todos los hombres llevaban gruesas chaquetas de lana y piel, en sus manos llevaban cascos grises. En el reverso de la fotografía estaba escrito con trazo claro y vigoroso:

Yo y mis compañeros Daisuke y Taro. Con cariño, Hiro.

Seiya la observó con cuidado.
- ¿Es ahí donde trabajaba?

Haruka asintió. Los dos escrutaron la imagen con cuidado. Se trataba de un barco sin lugar a dudas, pero ¿qué hacía un helicóptero ahí? Quizás se trataba de un helipuerto cerca de un muelle.

- ¿Qué es?- preguntó Seiya. Haruka pensó con cuidado la pregunta- El helicóptero está en un barco¿por qué?
- No, no un barco- Haruka comenzó a dibujar. Dibujó un enorme buque con aviones de toda clase en su cubierta.

- ¡Un portaaviones!- exclamó Seiya emocionado- Un portaaviones de la marina. ¿Pero en dónde está?

Haruka se concentró nuevamente. Recordaba al hombre alto y fuerte que llegaba a casa y lo subía a los hombros. Llevaba una abrigadora chaqueta como las de la fotografía. La capucha de piel le hacía cosquillas a Haruka en las piernas cuando iba montado sobre la espalda de su padre.

- Las chaquetas son gruesas- dijo señalando otra vez la fotografía- ¿Por el frío?
- Entonces no es el Sur- dijo Seiya- Debe ser el mar de Ojotsk.
- ¿Ojot-?- preguntó Haruka confundido.

Seiya le dibujó un mapa de Japón, donde aparecía una parte de Rusia. Al norte de la nación japonesa puso una cruz en el mar de Ojostk.

- Ahí es donde está. Cuando seas mayor podrás ir a buscarlo- dijo el pelinegro.

Seiya nunca estaba muy seguro de qué palabras escuchaba Haruka y cuáles no. Pero aquellas últimas palabras de Seiya las había escuchado con claridad.

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Había llegado el día en que se decidiría el futuro de Haruka. Sayaka estaba decidida a hacer todo lo que estuviera a su alcance por ayudar al niño. Si era necesario actuar en contra de las autoridades, lo haría, por Haruka, por cualquier niño que la necesitara.

Pero pese a eso, cuando el comité discutió el caso de Haruka Soun, Sayaka no pudo hacer nada para evitar que tomaran la decisión errónea.

- La madre ha pedido que se lo devuelvan- dijo el consejero local- Debemos respetar el papel de la madre en la familia.
- ¿Incluso aunque ella sea totalmente incompetente?- preguntó Sayaka
- Creo que ha estado tomando cursos de economía doméstica¿no es así?
- Pero¿puede proteger a Haruka de su padrastro?- inquirió.
- El hombre recibió una sentencia suspendida y una multa. Eso deberá disuadirlo de ejercer más violencia.
- Lo dudo- la voz de Sayaka era seca- Él simplemente se enfurece. No piensa en las consecuencia. ¿No podemos recomendar que el niño permanezca con nosotros un poco más?- suplicó- Haruka podría quedarse con las monjas en Aozora .
- No por tiempo indefinido. Además¿no van a loas médicos a hacerle pruebas en los oídos?
- Sí- convino Sayaka al ver un rayo de esperanza- Entonces ¿podría regresar al hospital?
- Tenemos escasez de camas- comenzó el consejero.
- ¡No es cierto!- lo contradijo una voz que provenía del otro lado de la mesa. Era el doctor que atendió a Haruka por primera vez, cuando Sayaka lo encontró- En este momento el pabellón de niños no está lleno. Puede quedarse ahí mientras los especialistas lo examinan.
- Suena mejor- dijo Sayaka transmitiendo cierto alivio en el tono de su voz.
- Bien, entonces que Haruka se quede en Aozora. ¿Esa es la opinión mayoritaria?- preguntó el consejero.
- Supongo que sí- dijo Sayaka, apoyada por otros miembros del comité.
- Entonces queda decidido- dijo el presidente del comité- Le haremos la recomendación a la Corte. ¿Y que hay del niño Seiya Kou?
- El consejero de la escuela de los otros niños entregó su reporte- respondió Sayaka- El padre muestra una conducta ejemplar, los niños Kou están muy bien atendidos y no exhiben ninguna señal de violencia en casa.
- Entonces el niño Kou regresará con su padre y sus hermanos- convino el presidente del comité.

Todos los presentes estuvieron de acuerdo.

Unos cuantos días después de la reunión del comité, Sayaka fue a Aozora a visitar a los niños. Le compró a Haruka una caja de lápices de colores y algunos pinceles y le llevó ropa nueva a Seiya.

- Irás a vivir con tus padres y tus hermanos- le informó a Seiya. El rostro del niño se iluminó con absoluta felicidad, pero luego recordó algo.
- Eso es bueno, pero- miró a Haruka que estaba absorto en su pintura- ¿Y qué va a pasar con él?
- Él... regresará a casa- le dijo Sayaka sintiendo algo parecido a la desesperanza.

Seiya la veía consternado.

- ¿Con El Hombre? Deben estar locos.
- Lo multaron y le suspendieron la sentencia. Si vuelve a pegarle, irá a prisión.
- Volverá a hacerlo. Usted lo sabe- luego preguntó súbitamente- ¿Cuánto tiempo nos queda?
- Otra semana- Sayaka la miró con tristeza- Fue todo lo que pude hacer.

Después del primer intento por levantarse de la cama e ir a ver a su madre, cuando se encontraba en el hospital, Haruka no había vuelto a verla y se sentía tan débil que ni siquiera había preguntado cómo estaba.

Cuando Sayaka le explicó que su madre lo estaría esperando en casa mientras él permanecería un tiempo más en el hospital, el niño no quiso aceptarlo.

- No- replicó- No hay que dejarla sola.
- Ella estará bien.
- ¡No!- movió la cabeza con violencia- No.

Sayaka se quedó perpleja. Desesperada acudió a Seiya, pero el niño se puso del lado de su amigo.

- Mire, no funcionaría. Haruka era el que hacía prácticamente todo en casa. Hacía la cena, lavaba la ropa, y todo eso. Su mamá jamás lo hace.

- ¿Cómo lo sabes?- preguntó Sayaka. Seiya sonrió e hizo a un lado el rebelde cabello negro, alejándolo se sus ojos.
- A veces hasta Haruka habla- después de un momento agregó- Está bien. Conversaré con él, pero no servirá de nada.

Seiya tomó a Haruka por los hombros y lo hizo mirarlo de frente.

- Haruka- le dijo-, los doctores pueden hacer que tus oídos realmente mejoren. ¿No quieres escucharlo todo?- Haruka lo miró con atención y asintió- Bueno. Entonces- prosiguió Seiya- ¿por qué no te quedas en el hospital?

Haruka luchó por decirlo:
- Toda... la noche... no- las palabras hicieron eco en su cabeza; la voz sonó ronca y extraña- No- le dijo a Seiya- ¡Toda... la noche... no!- Seiya asintió.
- Está bien. Se lo diré. No te preocupes. Vamos afuera- dijo el pelinegro.

Lo llevó a la playa y jugaron carreras. Sin embargo, más tarde se lo informó a Sayaka y le repitió la negativa de Haruka de permanecer toda lo noche en el hospital.

Por lo general los niños se iban a la cama poco después de cenar, pero la hermana Stella decidió hacer una fiesta la última noche que Haruka y Seiya pasarían juntos.

Hubo más comida, globos, sombreros de papel y alguien consiguió unas luces de Bengala. Los niños jugaron a corretearse por el oscuro jardín mirnado como las chispas iluminaban las hojas y rieron.

Seiya despertó más tarde esa noche y observó sobre su cama un delgado y brillante rayo de luz de luna. Se levantó y se acercó a la ventana. La clara luz se derramaba en el jardín y más allá resplandecía sobre el mar.

- Haruka debe ver esto- pensó el niño.

Se enfundó en sus pantalones, se puso un sueter y se dirigió al otro lado del dormitorio. La cama de Haruka se encontraba cerca de la puerta. Supo aún antes de tocarlo que él estaba despierto.

- Ven - susurró Seiya- Quiero que veas algo..

Sin dudarlo, Haruka se levantó, se vistió y siguió a su amigo. Se deslizaron escaleras abajo y atravesaron el recibidor hasta la puerta del jardín. Giraron la llave y la puerta se abrió .

Haruka se quedó sin aliento y contempló el paisaje. Más allá del jardín vió la luz de la luna sobre el mar.

- Plata- dijo como si soñara.
- Vamos- Seiya tiró de él- Está bien, no hay problema.

Lo hizo bajar de prisa por las escaleras hasta la playa. Sin pensarlo arrojaron su ropa en la arena y se encaminaron silenciosos, hacia el mar bañado por la luz de la luna. Era como danar en plata. Cuando levantaban los brazos las gotas de agua caían como si fueran centellas de plata. Calladamente Haruka se puso a nadar siguiendo el sendero de plata fundida.

- Oye- advirtió Seiya- Regresa. Te vas a ahogar.

Tiró de Haruka y luego lo dejó soñar y contemplar como las estrellas plateadas se deslizaban mientras el mar se movía a su alrededor.

Finalmente, Seiya sacó a Haruka del agua y lo hizo correr de un lado a otro en la arena para que se secara. Luego volvieron a vestirse y Seiya dio vuelta a Haruka hacia él para que lo mirara de frente.

- Escúchame- ordenó- Nadie puede quitártelo. ¿Me oyes? Es tuyo. Todo esto... para siempre- movió la mano señalando el plateado mar y repitió con suavidad- Es tu fortaleza, mientras los tengas nada ni nadie podrá hacerte daño. ¿Entiendes?
- Entiendo.
- Debes ser fuerte y nunca detenerte. Como el viento.
- ¿Viento?
- Sí a él nada ni nadie lo puede detener- contestó Seiya sonriendo- Y recuerda que tú y yo siempre seremos amigos.
- Amigos- dijo Haruka sonriendo cálidamente- Amigos.


ALGENIB: Hola!!! espero les haya gustado este capítulo. Sé que prometí actualizar el otro fic que esta pendiente pero a mi hermana se le ocurrió salir de vacaciones fuera de la ciudad y me ha dejado sin ideas para seguirle. Aún así seguimos trabajando solo les pido un poco de paciencia. Como ven este fic se actualiza más regularmente y es que la historia me ha encantado y escribo los capítulos más rápido (y espero seguir así).

Un enorme agradecimiento a LectorAnonimus, Usako Suyi, jade-MEST(aunque te haya parecido raro,P) y ODIN por sus palabras de aliento, espero les guste este capítulo y el resto de la historia. Hasta la próxima.