Capítulo dos: los hermanos Taisho

El mismo día en la ciudad de Osaka…

-¡Inuyasha! ¡¿Donde metiste los malditos apuntes?! – rugió Sesshomaru encolerizado.

(Sesshomaru Taisho: es el mayor hijo de los Taisho, tiene 25 años y trabaja en la empresa familiar mientras estudia en la facultad de Medicina, físicamente es bastante parecido a su padre, Inu no Taisho, su cabello es de color plateado y sus ojos de un asombroso tono dorado, su cuerpo no tiene descripción, musculoso hasta el último recoveco y perfectamente torneado. Al hablar de su personalidad mucho no puede decirse, es un hombre bastante callado y casi siempre está enojado, sobre todo con los insoportables de sus hermanos, según el).

-¡¿Y por que tendría que saber yo donde metes tus cosas?! – respondió el otro lleno de furia

(Inuyasha Taisho: hermano del medio, tiene 22 años y cursa segundo año en la facultad de Ciencia, su físico es prácticamente igual al de su hermano Sesshomaru (ayudado por la constante práctica de Rugby), al igual que sus ojos y cabellos. Su forma de ser es un poco contraria a la de su hermano mayor, Inu es una persona extrovertida y feliz por donde se la mire, si bien es demasiado rebelde se lleva bien con sus padres).

-¡Por que eres el último que los usó!- gritó el mayor fuera de control

-¡Imposible! ¡Yo nunca usaría unos estúpidos apuntes médicos que no me sirven!- dijo riendo muy divertido.

-¡Ya verás enano malnacido!- rugió intentado acercarse a su hermano.

-¡Basta ya los dos! Parecen niños de kinder- interrumpió Miroku intentando enfriar la situación.

(Miroku Taisho: es el menor de los tres hermanos, tiene 20 años y estudia en la misma universidad que Sesshomaru; a comparación de sus hermanos, Miroku es una copia exacta de su madre, Izayoi, su cuerpo no esta muy desarrollado pero no hay quien se queje, sus cabellos son de color negro opaco al igual que sus ojos. Su personalidad es completamente calmada aunque tiene la odiosa costumbre de ser un pervertido de primera, no hay mujer que se le cruce que no termine siendo observada por sus morbosos ojos)

-Si eres tan amable hermanito, podrías decirle al idiota ese que NO tengo sus apuntes- pidió Inuyasha.

-¡¿A quien le estas llamando idiota, estúpido?!-

Bien, la residencia Taisho nunca estaba calmada, siempre había problemas entre los hermanos y alguien tenía que pararlos para que la casa no se convirtiera en un campo de guerra.

-¿A quien más, idiota? No creo ver a ningún otro descerebrado mental por aquí, ¿tu si?- preguntó estallando en carcajadas.

-Grrr- gruñó el mayor desapareciendo de la cocina para evitar problemas.

-¿Siempre tienes que molestarlo?- preguntó Miroku.

-Si el empieza tiene que atenerse a las consecuencias- rió.

-Yasha si no te apuras llegarás tarde- dijo su madre apareciendo desde la sala.

-¡Tienes razón!- exclamó buscando sus libros –Nos vemos luego- saludó.

Su día no había empezado muy bien si se podía llamar a eso un buen día, todo por la culpa de su estúpido hermano, siempre tenía que molestarlo o culparlo de algo que no había hecho, ¡era injusto! Caminaba por la calle rumbo a la universidad cuando su móvil comenzó a sonar indicando que había recibido un mensaje:

-Yasha, papá quiere hablar con nosotros, al salir vente directo- el recado era de su hermano menor, ¡diablos! Tenía planes para la tarde, hacía semanas que intentaba conseguir una cita con aquella chica y cuando lo hacia tenía que dejarlo para otro momento pero, no iba a quedarse de brazos cruzados, sin responder el mensaje buscó un número de la lista de contactos y se llevó el móvil a la oreja esperando que le atendiera...

-¿Hola?- preguntó la voz fría de una mujer.

-Kikio necesito hablar contigo-

-¿Que sucede Inu?- preguntó extrañada.

-¿Te acuerdas de la cita esta tarde?-

-Si... ¿algún problema con el horario?-

-Si bueno... mi padre quiere hablar conmigo y mis hermanos a la salida de la facultad, ¿te gustaría salir a comer esta noche?-

-¡Claro!- respondió muy entusiasmada.

-Genial, paso a buscarte a las ocho-

-Nos vemos Inu-

-Adiós-

Asunto arreglado, volvería a su casa para saber que era lo que quería su padre y luego saldría con aquella hermosa mujer, semanas atrás la había conocido por ser amiga de su mejor amiga y le había parecido muy interesante pero ella no se había fijado en el, pasó varios días intentando por todos los medios pedirle una cita hasta que ella aceptó.

Llegó a la universidad y se encontró con su usual grupo de amigos, la profesora de las primeras horas estaba ausente por lo que tendría un tiempo libre hasta la siguiente hora.

-Inuyasha ¿hoy saldrás con Kikio cierto?- preguntó Take.

-Si- respondió secamente.

-Planeas llevarla a algún lado en especial-

-No lo sé todavía-

-Ho vamos no seas tan aburrido cuéntanos que piensas hacer o a donde piensas llevarla- insistió Seisuke

-Hmm, bueno… a las ocho acordamos que la pasaría a buscar para salir a comer, pienso llevarla a uno de los restaurantes de la zona-

-Hajam pero… ¿después que piensas hacer?- preguntó el pervertido Kotaro.

-A comparación tuya yo no pienso hacer cosas morbosas con la primer mujer que tenga en frente- dijo un poco molesto por la actitud de su amigo.

-Dios Inuyasha ¿estás seguro que eres hombre? Con semejante mujer cualquiera pensaría ese tipo de cosas-

-Bueno, yo no soy un cualquiera- rugió levantándose bruscamente para marcharse apresurado –Idiotas- masculló por lo bajo dirigiéndose a su clase.

Cinco horas después.

Caminaba un poco apurado por que llegaba tarde, había salido de la facultad hacia media hora y conociendo a su padre y sus hermanos, iban a regañarlo por su impuntualidad; entró a su casa escuchando la suave voz de su madre que le hacía saber que debía ir a la oficina de su padre, suspiró y se dirigió sin muchos ánimos a saber de una vez que quería su endemoniado padre.

-Bien aquí me tienes, que querías decirnos- dijo sentándose frente a Inu no Taisho.

-Tengo una noticia muy importante que darles pero primero que nada quiero que sepan que es una decisión que ya está tomada y no me importa lo que ustedes opinen-

-¡Dilo de una vez!- gritó Sesshomaru desesperado.

-¡No nos hagas esperar!- acompañó el del medio.

-Está bien… se acuerdan de mi amigo, el señor Higurashi?-

-¿El que vive en Kyoto?- preguntó Miroku.

-Si, él… vendrá con su esposa y sus tres hijas a quedarse unas semanas con la intención de que ustedes se conozcan-

-¿Y eso para qué?- dijo confundido el mayor

-Por que ustedes tres van a casarse con las señoritas Higurashi- dijo seriamente.

-¡¡Qué!!- gritó Inuyasha fuera de sí.

-Lo que escuchaste Inuyasha, vas a contraer matrimonio con la hija del migo de papa- rió divertido Miroku al ver la desencajada mandíbula de su hermano.

-Yo… ¡¡yo no puedo casarme!!-

-¿Por qué no puedes?- preguntó Sesshomaru

-Por que… Por que yo… estoy saliendo con otra mujer- susurró avergonzado

-Pues déjala-

-¡Cómo!-

-No quiero que vuelvas a verla- ordenó su padre.

-No… no voy a hacer eso- desafió

-No era una pregunta, es una orden y desde un principio dije que no me importaría lo que ustedes pensaran, el acuerdo ya está arreglado y la familia Higurashi viene en dos días-

-Pero…- intentó decir el menor.

-Nada de peros, no quiero escuchar una queja más- dijo firmemente –Ahora lárguense- terminó.

Inuyasha salió de la oficina completamente enojado, como podía ser posible que su día fuera tan horroroso, sumado a que tendría que cancelar la tan esperada cita con Kikio por la locura de su estúpido padre; subió hasta su habitación y se encerró en ella recostándose en su cama, estaba tan furioso que no quería hablar con nadie por que seguro diría cosas sin pensarlo pero, como si no le faltara nada a su condenado día, alguien tocó la puerta…

-Yasha, soy yo- susurró la voz de Izayoi del otro lado.

-Pasa- dijo un poco más calmado, el nunca podría tratar mal a su madre, ella siempre estaba ahí cuando el la necesitaba y le brindaba el cariño que (aunque no lo reconociera) le hacia falta.

-Hijo sé que estas enojado con tu padre pero cuando estés tranquilo podrás pensar las cosas mejor- dijo sentándose al lado de Inuyasha.

-Sí, lo sé pero… me molesta el hecho de tener que casarme por obligación-

-No te preocupes por eso hijo, las hijas del señor Higurashi son muy buenas chicas y estoy segura que con el tiempo comenzaran a agradarte-

-Hmp, puede ser pero no quiero casarme-

-A mi tampoco me gustó la idea en un principio Inu pero, es lo que tu padre quiere y por una vez creo que deberías hacerle caso- sonrió dulcemente.

-Tienes razón- suspiró –Si el viejo quiere que me case intentaré conocer más a mi prometida, que dicho sea de paso no se ni como se llama-

-Puedes preguntárselo a tu padre o buscar en los álbumes de fotos que hay en la sala, uno de ellos contiene fotos del amigo de tu padre y su familia, no creo que sea muy viejo debe tener uno o dos años-

-Gracias madre, eso haré- agradeció poniéndose de pie para dirigirse a la sala.

Buscó en los cajones de un armario repleto de fotos pero, no tenía una pista exacta de cómo sería ese álbum, hasta que descubrió uno con una tarjeta de navidad, era del señor Higurashi para su padre con la excusa de que conociera a sus hijas, lo tomó entre sus manos y se sentó en el sillón para buscar a su futura prometida.

La primera foto debían ser los señores Higurashi, un hombre alto y musculoso de ojos cafés y cabello negro oscuro, junto a una mujer de estatura media de cabellos marrones y ojos claros; en la siguiente foto se encontraban tres chicas, probablemente las hijas, con trajes de baño en una playa pero, una mujer en especial llamó su atención, tenía un cuerpo espléndido pero no parecía gustarle mucho la idea de usar un bikini, su cara expresaba un claro aburrimiento y su oscuro cabello azabache ondeaba con el viento, esa chica era hermosa, y le agradaban sus facciones infantiles aunque claro, con ese físico era imposible que tuviera menos de 20 años. Las otras dos hijas eran bien parecidas aunque no podía quitarle la vista de encima a esa morocha, debía saber su nombre y rogar para que ella fuera su prometida, dejé el álbum en la mesa ratona y se dirigió a donde estaba su padre, necesitaba aclarar sus dudas

-Padre… ¿como se llama mi prometida?- preguntó obviando las incrédulas miradas de todos los presentes.

-Tu prometida se llama…- dijo pensativo –Sango Higurashi-

-Sango… ¿sabes cuantos años tiene?-

-Debe tener unos 20- respondió.

-Y por curiosidad ¿es morocha de ojos chocolates?- dijo muy intrigado rogando que sus especulaciones fueran ciertas.

-Si, exactamente-

-Listo gracias- agradeció saliendo de la oficina.

-¿Para que querías saberlo?- preguntó Inu no Taisho muy confundido.

-No por nada, una tontería- comentó.

Su prometida se llamaba Sango Higurashi, estaba feliz porque según su padre esa hermosa chica que había visto en la foto era con la que debía casarse.

Aunque el no supiera que en la foto… Sango era la chica de al lado…