Capítulo 02; Noche Carmesí
Miedo...
Dolor…
Desesperación…
¿Qué hacer cuando la libertad te es arrebatada en contra de tu voluntad?...
Todo a mí alrededor es oscuridad. El vacío logra que la desesperanza se apodere de mi ser… No sé cómo llegue a este punto… No sé dónde me encuentro… No sé porque estoy aquí… ¿Qué es lo que buscan de mí?... ¿Por qué me hacen esto?
Lentamente, mi mente comienza a divagar en preguntas sin respuestas. Preguntándome una y otra vez como fue que termine así. Y es que realmente no logro comprender porque me pasaba esto a mí… ¿Qué había hecho para merecer este tipo de trato?
Un leve sonido a lo lejos me hizo volver a la realidad… Pasos… El sonido de las suelas de los zapatos de aquellos hombres, repiqueteando contra el suelo... Se están acercando… ¿Qué debo hacer?... ¿Qué debo hacer?...
Mi cuerpo comenzó a temblar violentamente, en anticipación a lo que aquellas personas pudieran hacerme… No puedo… ¡NO DEJARE QUE ME VEAN ASI!… ¡NO PUEDO PERMITIRMELO!… Respire hondo, intentando calmarme, mientras que los recuerdos de cómo había llegado allí ocupaban mi mente por completo…
Flash-Back
- Hell-sama… ¿Se encuentra bien? - Pregunto preocupada una joven de cabellos blancos y ojos verde agua. Llevaba un extraño traje rojo y negro, en el cual los adornos de oro y plata predominaban. En el centro de su frente se podía ver un hermoso jade, al igual que en sus manos, y de su espalda colgaba una espada también adornada con un jade. De su cadera colgaban cuatro tubos afilados de metal, los cuales se encontraban amarrados a otra de esas piedras preciosas, cumpliendo el papel de cinturón.
- Hai… No es nada… - Suspire abatida. Estaba muy cansada. Sentía mis parpados sumamente pesados - … ¿Cuantos han sido hasta ahora? - Pregunte tomando unos papeles que se hallaban desperdigados por mi cama.
- Han sido dos humanos y tres ángeles, Hell-sama… Creemos que tal vez se trate de demonios… Pero no podemos estar seguras, ya que no hay testigos en ninguno de los acontecimientos… Lo lamento… - Dijo mi guardia realizando una reverencia.
A pesar de todo, Kaoru no era la clase de personas que se permitían cometer errores o dejar tareas sin completar, solía ser muy estricta consigo misma. Y creo que esa, podría decirse, fue una de las razones por las cuales la elegí. Ese espíritu autocritico había logrado evitar muchos desastres en el pasado, y no dudaba que seguiría siendo de muy buena utilidad.
- Hell-sama tal vez deberíamos… - Antes de que pudiera terminar la frase fue interrumpida por unos toques en la puerta.
- Adelante…. - Dije tranquilamente, sabiendo de quien se trataba.
- Gomen ne, Hell-san, pero necesito que Kaoru venga conmigo un momento – Dicho esto, una chica de cabellos rosados, poseedora de una enigmática mirada, entro en la habitación. Sus ojos eran una mezcla de naranja y a medida que se acercaba a la pupila se podía apreciar un fucsia junto con un celeste opaco. Iba vestida con un kimono color lila con detalles de mariposas en el, una parte de su cabello se encontraba recogido con una hebilla de mariposa, y a un costado de su cabeza, reposaba un hermoso adorno floral de un color pastel.
- Haruko… ¿Qué ocurre? - Pregunte mirándole fijamente. Si bien, Kaoru era estricta y reservada, Haruko era todo lo contrario. Ella era muy alegre y extrovertida. Aunque, teniendo en cuenta sus razas, no era muy difícil de entender porque sus personalidades eran tan opuestas.
- No es nada, Hell-san, no se preocupe… Solo a ocurrido un pequeño altercado en la torre este y necesito que Kaoru me ayude a verificar que todo se encuentre en orden – Explico la joven, sonriendo cálidamente, mientras realizaba una leve reverencia a su ama.
- De acuerdo, vayan… - Suspire - … Sean cautelosas y procuren que no haya ningún herido - Dije por último, viendo como ambas asentían y salían lentamente de mi habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Tranquilamente y con toda la calma posible, me fui desprendiendo una a una de mis prendas, dirigiéndome hacia el baño. Al llegar allí, sin más preámbulos, me metí en la bañera, la cual había sido llenada previamente por uno de los sirvientes del lugar.
- Aahhh… Me pregunto qué será de ti… ¿Me extrañas como yo a ti? - Pregunte al aire, esperando inútilmente una respuesta, que sabía, jamás llegaría.
Cerré mis ojos por un momento, relajándome en la tina, cuando de repente sentí como una mano se poso sobre mi boca, obstaculizando mis fosas nasales con un pañuelo. Poco a poco comencé a sentirme más y más mareada. Todo a mí alrededor daba vueltas. Era como si los muebles hubieran cobrado vida y danzaran a mí alrededor, como si se estuvieran burlando de mí.
Con las pocas energías que me quedaban, mire hacia atrás, intentando poder así, identificar a mi captor. Mas cual fue mi frustración al ver que aquel ser mantenía su rostro oculto tras una tela negra, la cual era lo suficiente gruesa como para impedir que pudiera distinguir una simple facción del rostro de mi captor, o captora. Realmente no estaba segura de lo que fuera. Ni tampoco me importaba realmente. Solo quería escaparme de sus garras y correr lejos a un lugar seguro. Objetivo que se vio disuelto al yo caer lentamente en la inconsciencia.
Fin flash-back
- Bien… ¿Qué se supone que haremos? - Escuche una voz a lo lejos.
- Mmm… Podríamos venderla en una de las subastas del bajo mundo, ¿No creen? - Pregunto otras voz, solo que esta vez se la oía mas cercana.
- Tal vez, podríamos sacar provecho de ella… Tiene un bonito cuerpo - Dijo otro con la voz cargada de lujuria y deseo.
- Ya, tranquilos, primero esperemos a que el jefe venga, y luego veremos que hacer - Luego de lo dicho por este último, nadie más volvió a pronunciar palabra.
Su líder no está… Su líder no está… Esta es mi oportunidad… Debo aprovecharla… Eran las únicas cosas que pasaban por mi mente en esos momentos. Quiero salir. Quiero ser libre. Quiero verle…
Espere quieta en mi sitio a que aquellos sujetos se alejaran, o mejor aún, se marcharan, mas el tiempo pasaba y aun podía sentir sus presencias en la habitación… ¿Qué es lo que esperan?... ¿Por qué no se van?... ¿Qué ocurre?... De repente un ruido me saco de mis cavilaciones.
- Moix, quédate con ella - Dijo la voz del que parecía ser el sub líder, ya que el líder, según lo dicho por aquellos sujetos no se encontraba allí.
- De acuerdo
No habían pasado ni unos minutos cuando escuche el ruido de sus zapatos alejándose rápidamente del lugar de donde me encontraba. Aun así, la suerte no estaba del todo de mi lado, ya que aun quedaba alguien conmigo allí.
- ¿Qué tal si nos divertimos un poco, Princesa? - Dijo la misma voz que me había hablado con anterioridad. Esa voz cargada de lascivia lo único que lograba provocarme era un profundo asco y nada más que eso. Asco.
Sentí como aquel sujeto inyectaba algo en mi brazo, y como lentamente todo comenzó a darme vueltas. Aquel asqueroso ser me había inyectado algo. Y lo peor es que ni siquiera podía estar segura de que era ese algo al tener los ojos vendados…. ¡MALDICION!
Las fuerzas iban abandonando mi cuerpo con gran rapidez, lo cual me indicaba que debía apresurarme si quería salir de aquel sitio completamente "ilesa". Con las pocas fuerzas que aun poseía, rompí las cadenas y golpee al hombre que se encontraba cerca de mí retirándome la venda de mis ojos y comenzando a correr, buscando una salida desesperadamente.
Luego de estar corriendo por casi media hora, vi una puerta por la cual se filtraba algo de luz. Al abrirla, por fin pude respirar aire fresco, respirando aquella brisa nocturna, típica de las zonas costeras de Londres, admirando el panorama, para luego de un hondo suspiro continuar con mi travesía.
Corrí y corrí sin rumbo, cuando a mis oídos llegó el ruidoso andar de aquellos hombres, acompañado de uno que otro grito por parte de estos. Desorientada como me encontraba intente esconderme girando a mi izquierda. Pero vaya que había sido un completo error…. ¡Y VAYA QUE LO HABIA SIDO!… Me encontraba en un callejón sin salida, y aquellos pasos y exclamaciones se acercaban cada vez más a mí.
Uno, dos, tres…. Cinco minutos y me encontraba rodeada… Respire hondo, intentando así poder mantener mi mente centrada y poder enfocar al frente. Cosa que se me estaba tornando cada vez más complicada al pasar del tiempo.
Lentamente, uno por uno se fueron acercando a mí, y lo único que fui capaz de hacer fue cerrar mis ojos, esperando mi inevitable final.
Con los ojos cerrados y resignada a mi fin, espere… Y espere… Pero nada ocurrió… De repente unos gritos se hicieron escuchar en medio de la noche, logrando que abriera los ojos de par en par… Lo único que podía vislumbrar en medio de la confusión de mi mente fue a esos hombres con sus rostros deformados por el dolor y el miedo… Sangre por doquier, teniendo las calles nevadas de Inglaterra… Una risa maniática… La luna brillando en lo alto…. Y un par de ojos amarillo-verdosos que me miraban fijamente…
- Ciel… - Fue lo último que pronuncie antes de entregarme a la inconsciencia nuevamente.
