Katherine Beckett era una mujer acostumbrada a madrugar. Desde siempre. Cuando era pequeña solía despertar antes que sus padres para ir al colegio. En la universidad no había cambiado sus hábitos. En la academia de policía los había acentuado y solía despertar antes del amanecer para entrenarse duro.
Solía despertar antes de que sonara el molesto despertador que tenía puesto en la cómoda. Todo por temor a dormirse.
Solía salir a correr. Todos los días. Todos menos ese viernes.
Ese viernes estaba nerviosa. Quería causarle una buena impresión a la niña, que al fin y al cabo, era lo importante de aquél empleo. Si le causaba buena impresión, si la protegía como era debido, su padre estaría contento, no la molestaría y le pagaría bien.
Lo malo de esa ecuación es que ella jamás había tratado en su trabajo con niños de esa edad. O en general.
Y temía meter la pata. Y era por ese motivo que no había dormido y estaba algo cansada por lo que el maldito 'bipbip' del despertador hizo que diera un brinco y el nudo que se había formado en su estomago por causa de los nervios se resintiera.
Se destapó dejando la colcha a los pies de la cama y dio un salto para agarrar el artefacto y apagarlo antes de que el sonido la pusiera más nerviosa.
Descalza se acercó a la ventana y corrió apenas la doble cortina y observó el día. Nublado.
Cogió aire. Se sentía como en su primer día de colegio. En el fondo estaba aterrada, pero no lo demostraría.
Miró el reloj: 7.01 AM. Tenía 40 minutos para arreglarse y llegar al 425 en Crosby con Brooome, el edificio dónde se encontraba el lujoso loft del escritor, en pleno SoHo.
Ella se tenía que conformar con su cómodo y pequeño apartamento en de una habitación, un baño y un salón-cocina. Sonrió. Y bien orgullosa que estaba.
Encendió la radio y se metió al baño para darse una rápida ducha y así poder pasar por su cafetería favorita y pedir su café de siempre: café con leche desnatada y doble de vainilla. Sin azúcar.
Salió de casa, más calmada y animada tras parar en la cafetería y buscó una boca de 'Subway', el tráfico era horrible aquellas horas para parar un taxi.
10 minutos después y tras andar dos calles observando el trajín de todo New Yorker que a esas horas iba a trabajar como ella se paró frente al edificio de Richard Castle.
Miró su reloj. Puntual. Llegaba 3 minutos antes de lo previsto. Se miró en el reflejo de la puerta del edificio. Iba con un pantalón oscuro, camisa blanca y sus botas de tacón alto.
Acomodó mejor su cabello sobre la chaqueta y asintió mientras soltaba el aire que contenía sus pulmones.
-Lista-murmuró dándose ánimos a si misma.
Entro en el edificio y se plantó frente al mostrador del portero, que en ese momento miraba una de las cámaras de seguridad del edificio.
Se presentó y el hombre le indicó que podía subir. Ella ya estaba en la lista de 'habituales' del señor Castle, al parecer. Ya no tendría que volver a anunciarse y esperar una invitación por parte del escritor.
Todo aquello le parecía realmente pretencioso, pero así eran todos los apartamentos de lujos de New York, si no conocías al propietario y no avisaba al portero, no podías entrar.
Aquello en su edificio en Chelsea, obviamente, no pasaba. Y no era una mala zona, al contrario, estaba muy bien situado en Manhattan, pero… no contaba con vecinos famosos y aquello, era una tranquilidad.
Apretó el botón del último piso en el ascensor y jugó con el anillo que colgaba en la cadena de su cuello hasta que las puertas se abrieron.
Unos segundos después, hecha un flan, se encontró golpeando la puerta con los nudillos. Con firmeza. Demostrando calma.
Al otro lado, en calzoncillos, camiseta y bata de seda, super despeinado abrió la puerta el escritor. Aquello le sorprendió. Pensaba que era tan vanidoso que estaría arreglado y con ese olor a perfume caro y varonil desde el principio.
-Nos hemos dormido-murmuró Castle. Carraspeó- Aunque-dijo ahora si, utilizando su tono normal-Llegas pronto.
-7.45 como dijo, señor Castle.
-Deja ya lo de Señor Castle, Beckett.
La guardaespaldas entró cerrando la puerta y siguió al escritor hasta la cocina sin decir nada.
Sorpresivamente se dio cuenta de que Castle estaba preparando el desayuno el mismo. No había nadie más del servicio, solo él, haciendo waffles y canturreando una canción mientras servía chocolate caliente en una taza en forma de Minie Mouse.
-¿Ya desayunaste?.-Pregunto mirándola de reojo. Su pelo despeinado lo hacía parecer un tanto infantil. Bueno, mucho más de lo que ya era.
Sin embargo Kate no podía negar que siguiera estando igual de apuesto. Y eso la molestaba, porque no lo soportaba, pero de alguna manera, no podía engañarse a sí misma y decir que el hombre fuese exactamente feo.
-Umh, no, no suelo desayunar tan temprano por las mañanas.
-Pues eso va a cambiar a partir de hoy.
-No hace falta, no tengo…
-¡Waffles!.-Escucho la vocecilla de Alexis que corría a la cocina vestida con un uniforme de jersey verde y falda gris, sentándose soriente.-Oh, hola.-Le dijo a Kate.
-Hola.-La saludo Kate.
-Con chispas de chocolate, como te gustan. -Castle coloco un plato delante de la niña quien aplaudió contenta.
-Papá hace los mejores desayunos de la historia.-Comento la niña.-¿Dónde está Minie?.
-Aquí viene.-Rio Castle trayendo la taza con chocolate caliente y malvaviscos.
Alexis le dio un sorbo al chocolate caliente y sonrió animada.
-¿No vas a comer, Kate?.
-Por supuesto que va a comer.-Contesto Castle por ella.
-La verdad es que no me da mucha hambre por las mañanas.-Le comento Kate a la niña.
Ella la miro como si fuese rara y comenzó a devorar sus waffles.
-¿Estás segura?, esto se ve estupendo.-Le dijo Castle mostrándole el plato con los waffles.
-Estoy segura.-El se encogió de hombros y cogió un tenedor comiéndoselo el.
-Papá, recuerda que necesito unas nuevas mayas.
-Lo recuerdo.-Miro a Kate.-¿Café?.
Ella le mostro el vaso que se había comprado antes de llegar.
-Y el vestido que me prometiste.- Siguió hablando Alexis.
-Sí, cielo, no lo olvido.
-Y el nuevo juego para el DS. - Castle miro a Alexis divertido.-Me lo prometiste si sacaba buenas notas.-Se defendió la niña.
-Lo sé.
Ella le sonrió y luego comió un poco mas de sus waffles.
-Creo que deberíamos ir saliendo…-Comento Kate al ver la hora.
Ella era una persona muy puntual, y realmente la impuntualidad la ponía nerviosa.
-Venga, el chofer está esperando ya abajo.
Alexis cogió su mochila y le dio un beso a su padre.
-Adiós.-Se despidió.
-Adiós, cielo, pórtate bien.
Mientras iban en el auto Kate estaba pensando en que Richard Castle debía tener una doble personalidad o algo parecido. ¿Cómo podía pasar de ser un completo imbécil a ser un padre amoroso que hacia el desayuno en pijama y despeinado?.
Giro la vista y noto que Alexis la miraba fijamente. Ella le sonrió un poco sintiéndose incomoda.
-¿Pasa algo?.
-Eres muy joven.
-No tanto.- sonrió Kate.
-Y guapa.
-¿Gracias?.-Frunció el ceño.-Tú también eres muy guapa.
-Eso dice papá.-Kate sonrió a medias.-¿De verdad eres guardaespaldas?, no lo pareces.
-Bueno, realmente soy policía, pero puedo cuidarte perfectamente.
-Creo que papá exageró un poco, no entiendo porque tengo que tener un guardaespaldas.
-Supongo que se preocupa por ti.
-Es el mejor papá del mundo ¿sabes?, menos cuando lleva a esas mujeres a casa.-Dijo luego haciendo una mueca.
-¿Lleva muchas mujeres?.-La niña se encogió de hombros.
-El dice que son amigas.
-Claro.- Respondió Kate un poco irónica.
-¿Tú también eres su amiga?.
-Yo soy su empleada.
-Ah.
Kate miro al frente y se dio cuenta de que habían llegado al cole de Alexis. Por supuesto era un colegio privado, con una fachada bastante imponente.
Ella había estudiado en un buen colegio, pero por supuesto no tan exclusivo como este.
Acompaño a Alexis hasta la entrada y luego se pregunto si debía esperarla allí o regresar.
Finalmente opto por la segunda opción.
Al llegar de nuevo a casa de su jefe, lo encontró ya completamente vestido y perfumado. Y su olor la cautivo durante unos segundos.
-¿Todo bien?.-Le pregunto este.
Esta vez no estaba vestido con un traje como el día anterior, sino con una camisa y unos vaqueros.
-Sí, aunque no sabía si debía esperarla allí o…
-No, no hace falta.-El la miro de arriba abajo.- Pensé que podríamos hablar de tu uniforme.
-¿Mi uniforme?, no sabía que tenía que usar uno.
-Bueno, estaba pensando en algo ajustado…
Ella lo miro con los ojos entrecerrados.
-¿Es que nunca habla enserio?.
-Estoy hablando completamente enserio.
-¿Para qué tiene que ser ajustado?.
-Más aerodinámico.
-Aja…
El la miro con una mueca divertida.
-Pensé que te gustaría la idea.
-Está claro que aun no me conoce.
-No, pero podría llegar a hacerlo…
Ella frunció el ceño.
-Señor Castle…
-Richard.
-Le recuerdo que estoy aquí para cuidar a su hija, usted lo ha dejado bastante claro.
-¿Estas molesta aun por nuestra conversación de ayer?.
-Nunca estuve molesta.
-Ah entonces esa es tu cara.
-¿Sabe qué?, creo que voy a ir a esperar a Alexis fuera del colegio…
El rió. Por alguna razón molestar a esta chica lo divertía soberanamente.
-Espera, espera…-La alcanzo antes de que llegara a la puerta.-Dios que rápido de molestas ¿eh?. Deberías sonreír mas.
-No tengo ninguna razón para hacerlo.
-Pues me temo que tendrás una razón para hacerlo.
Beckett le miró alzando una ceja sin comprender a que se refería mientras miraba al escritor ponerse una chaqueta.
-Nos vamos de compras.
Kate no comprendía. ¿Por que demonios tenía que ir con él a comprar, si ella sólo tenía que proteger su vida? ¿Tendría que aguantar una mañana con ese hombre, yendo de tienda en tienda, seguramente de las más caras de la ciudad?
-Las mujeres adoráis las compras... Mi ex mujer me lo recordaba cada cierto tiempo -murmuró eso ultimo.
-Yo no soy como las demás.
-Eso lo tengo por seguro...vamos-abrió la puerta para que saliera-además, no son unas compras comunes, te encantará.
-Dejame que dude-Kate salió detrás de Castle.
Fueron caminando por el barrio, hasta llegar a ChinaTown y allí supo que se había equivocado al juzgar antes de hora la idea de Castle. Estaba sorprendida ante las compras que él iba a hacer esa mañana.
-¿Una armería?
-Quiero estar protegido en mi casa...en Los Angeles es diferente tengo varias alarmas y... bueno además la guardaré en una caja fuerte.
-Pero...-Kate miró a su jefe- ¿Tienes licencia?
Castle hizo una mueca.
-Eso me temía.
Castle sin escuchar a su empleada, abrió la puerta y se dirigió al mostrador observando las diferentes clases de armas que habían ante él.
-Castle...señor Castle-rectificó entre susurros- escuchame aquí te pedirán identificación... esto es equipamiento para policía.
-Tu lo eres.
-Lo era-dijo con una mueca- y Tu no tienes licencia de armas...
-Relajate..si no, conozco otra armería en Little Italy...además tu tienes licencia, así que te compraré la mejor arma para proteger a mi hija...-Kate asintió mirando un par de Glocks frente a ella-y de paso me enseñarás a disparar a mi.
-¿Qué?-alzó buscando la mirada de él y comprender que sólo estaba bromeando, pero; al parecer Castle hablaba completamente en serio.
-¿Qué?-Castle sonrió y señaló al fondo de la tienda donde indicaban un campo de tiro interior. -Además no soy tan malo, juego a LaserTag casi cada día.
Beckett rodó los ojos.
-Vamos, será divertido-Castle intentaba convencerla a toda costa.
Kate suspiró y miró su reloj.
-En dos horas debo estar en el colegio-Castle asintió como un niño.
-Nos dará tiempo.
Castle no paraba de toquetear todo y enseñandoselo a Kate. Desde chalecos antibalas hasta granadas, gafas de sol con puntero laser en la barilla, gases lacrimojenos, tasers y pistolas. Castle lo quería todo y Beckett sólo quería salir de allí y dejar de sentirse superada por la situación.
El escritor habló con el propietario para pedirle opinión sobre los diferentes articulos mientras dejaba que Kate opinara sobre ello también. Tras ello, agarraron cascos y gafas necesarias con las diferentes armas que habían elegido y siguieron al propietario hasta la zona de tiro.
