Harem by Kaiba Kisara

Chapter II: Nombres

Habíamos salido de Egipto, nos dirigíamos al este. Sollozé en mi mente, incapaz de derramar lágrima alguna.

El viaje finalizó dos días después. Corrí la manta, allí frente a mis ojos se alzaba una tierra exótica, llena de fragancias fuertes, voces extrañas, y una vida parecida a la mía. Pasamos un mercado y unas casas, y entramos hacia una gran muralla que quizá algún día toque el cielo.

Parecía como si hubiese entrado a otro mundo. El silencio se hacía presente detrás de las murallas, solo por pequeños ecos de la vida de afuera.

Fui bajada en una casa grande, costosa y muy ornamentada; dos mujeres me sujetaron rápidamente por los brazos, llevándome hacia dentro, ni siquieran querían tocarme, mucho menos mirarme. Me dejaron en una habitación que tenía una vista hacia un hermoso jardín, en mi lengua me pidieron que esperara y salieron, como si hubieran visto un demonio.

"Bienvenida" la voz de una mujer de cabellos largos y negros, perfumada y arreglada, avanzó a la habitación.

La miré, miles de cosas iban y venían a mi mente.

"Me llamo Shihab" sus facciones eran perfectas, su complección también, era una mujer hecha y derecha. Avanzó hacia mi y sujetó mis mejillas con su firme mano, observándome, "eres toda una joya. En mi vida había visto unos ojos tan claros como los tuyos, ni piel tan clara... ni cabello. ¿Cuál es tu nombre?"

"No tengo"

"¿No lo dirás, eh?" rió suavemente, "te llamarás Yaiza de ahora en adelante"

No tuve otra opción más que asentir.

"Muchas vienen y van... pero tu llegaste porque tal vez así lo quiso el destino" sus ojos oscuros, tan brillantes, se fijaron en mi, como la garra de un halcón clavándose en su presa, "han sido muchas las concubinas que el Sultán ha rechazado, por así decirlo"

"¿Qué es lo que busca?"

"¡Ah, interesante!" sonrió, su voz iluminándose después probó una manzana y rió, "inteligencia. La belleza muere con los años"

"¿Qué hay del cielo o de las nubes?"

"Todo cambia... allí es donde muere la belleza. Pero la inteligencia crece, y es más bella cada día... allí está la verdadera belleza".

"Él se aburre... ¿por qué no lo hace por amor?"

"¿Amor?" me miró, desaprobando mis palabras, "un gobernante como él no toma a nadie por amor, lo hace por los herederos ¿sabes cuántos enemigos se encuentran respirando el mismo aire que tu?"

"Aparentemente quienes me sacaron de mi hogar y me metieron aquí"

"Tal vez una belleza extranjera lo haga sentirse mejor..."

"¿Le quieres?"

Sus ojos se agrandaron, las líneas de su rostro se tensaron, una mirada severa heló mi piel.

"¿Qué cosas dices? ¡Él es mi señor y a él le sirvo! ¡Borra esas palabras de tu mente!" sentí su mano golpear mi mejilla con una fuerza tremenda y salvaje, "jamás se te ocurra decir algo más"

Y yo, incapaz de decir algo más, volví a asentir. Con la mirada gacha.

Fui entregada a otra mujer, la cual retiró mi ropa y me bañó, sería instruida en el arte de los modales, la danza, la música y la lectura. Mañana comenzaré un nuevo idioma, nueva vida con un nuevo nombre, con una meta de complacer al Sultán.

Mi habitación era más grande de lo que esperaba, con una pequeña ventana hacia el hermoso jardín y el cielo, ahora estrellado, que me levantaría el ánimo cada vez desde ahora. Una mesa, con un fino espejo, un cuenco con agua y varias velas, al lado de una cama mucho más grande en la que solía dormir, cojines rojizos que adornaban en suelo y unas cortinas bellas rojizas y amarillas que decoraban la habitación, el incienso amargo me hacía estornudar.

Poco a poco las estrellas se veían más luminosas y, extrañamente, más cercanas.

Y, por primera vez, una lágrima brotó de mis ojos, calentándome el alma.