Para Samuel, ya era algo personal. Comenzó a buscar a Aliza en internet, rebuscando, viendo que había bastante poco en realidad. Sus páginas sociales estaban prácticamente vacías, contenía solo información profesional.
Justo cuando pensó en mandarle un mensaje privado por su blog, encontró una noticia reciente donde su nombre aparecía.
Era referido a la apertura pública de un edificio antiguo, una construcción de principio de siglo, que estuvo en restauración por años, y en donde Aliza Amily aparecía brevemente de entre una lista monumental de colaboradores, como ayudante de restauración.
El edificio seria abierto en un pequeño acto público para todos los interesados, en un par de días. Era el momento justo. Ella estaría allí, estaba seguro de eso. Y también estaba seguro de que no se lo diría a Fisher.
El edificio abría, recuperado, entero y un poco más nuevo, con poca concurrencia. Y era más que obvio, que la mayoría, eran los que habían trabajado en su restauración.
Drake se acercó a un sujeto que parecía serio y profesional, y que seguramente era uno de los encargados máximos de la obra. Además de elogiarlo falsamente pero con elegancia, le pidió indicaciones para dar con Amily, pretendiendo ser un antropólogo en busca de cierta información.
Este le indicó donde estaría, lejos de la muchedumbre, en una zona trasera del edificio que aun restaba restaurar mínimamente.
Él caminó, pensando, viendo la zona trasera, sin gente, excepto una figura. Una mujer. Su corazón dio un leve brinco cálido.
Se acercó lentamente, mirándola, de piel absurdamente blanca como un espíritu recién caído en la tierra, algo regordeta, alta, cabello enmarañadamente enrulado y corto, como una esponja de alambres cobrizos. Ropa simple, jeans y camisa, una mochila negra, una carpeta llena de papeles.
Ella miraba cuidadosamente una saliente de ladrillo, la cual contrastaba con sus papeles, y volvía a mirar.
- ¿Aliza?- Preguntó él, bastante cerca.
La mujer dio un leve brinco hacia el lado opuesto, casi como un conejo evadiendo un águila, y lo miró un segundo a la cara, a través de unos lentes adorablemente redondos en sus ojos grandes color café. No era la mujer más bella o joven del universo, pero era inusualmente curiosa de ver.
- ¿S-si?- Murmuró ella, tímidamente.
- No quise asustarte, lo siento. Hola- Le sonrió ampliamente, acercándose con la mano extendida- Soy Samuel Drake.
- Hola…- Ella tomó su mano, muy brevemente, antes de volver a abrazar su cuaderno, un paso atrás.
- Estoy encantado de conocerte, en serio. He intentado dar contigo varias veces, pero no hay nada de ti en ningún lado, es decir, no pones siquiera un correo de contacto. Estuve a punto de mandarte un mensaje directo a tu blog cuando vi que abrían este sitio.
- Emmm… gracias…
Por un momento, Samuel se quedó allí, cerca, mirándola fijamente, sonriendo, esperando algo. Solamente la vio quedarse quieta, mirarlo muy de vez en cuando y apartar los ojos cada vez que chocaba con los suyos. Eso le pareció raro, así que volvió a increparla.
- Tus escritos son realmente increíbles- Samuel volvió a acercarse, gesticulando con energía- ¡En serio! Jamás vi a nadie escribir de esas cosas como tú lo haces. Sería realmente fantástico que pudiésemos ir a un bar y poder hablar de eso con más comodidad, tú y yo ¿No crees?
- Yo…
- ¿Sabes qué? Dame tu número de teléfono, yo te llamaré o te mandaré un mensaje, así podemos organizar cuando. Puede ser esta semana si quieres.
- N-no… no puedo…- Murmuró Aliza, volviendo a retroceder.
- ¿Por qué no? ¿Y por qué retrocedes?- Rio Samuel- No voy a morderte. Bueno, salvo que me lo pidas ¿No?
Ella lo miro reír, antes de alejarse con trote suave, asustada.
Eso había sido sumamente extraño para Samuel. Algo la había espantado. ¿Pero qué?
- ¡Eres un estúpido!- Bufó Elena, entrando en el departamento de Samuel.
- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué hice?- La miró, confuso.
- ¡Te dije que no te acercaras a Aliza!
- ¿Cómo sabes que…?
- ¡Por qué me lo dijo, idiota! ¿Acaso crees que hay muchos Drake por aquí?
- Bueno… Pero no hice nada, solo me acerqué para saludar, le pedí el número de teléfono… Además, es bastante bonita…
- Para- Elena suspiró- No puedes acercarte a Aliza así. No es como tú o yo. Ella es diferente…
- Si, un poco tímida.
- No, no es tímida, idiota… Tiene algo llamado Asperger.
- Nunca he oído de eso…
- Sí, me doy cuenta. Ella tiene dificultades con la interacción con las demás personas…
- En su blog escribe de maravilla, no lo parece.
- Escribe bien, es inteligente, si… Cállate y escucha.
- Lo siento…
- Le es muy difícil entender de qué tema quieren hablar los demás, ni puede notar cuando alguien esta aburrido, tampoco sabe consolar… Es muy ingenua, es muy crédula, es muy asustadiza, no le gusta que extraños la toquen o se acerquen demasiado, que la miren a los ojos.
- Oh….- Comenzó a darse cuenta de sus errores.
- Es muy rígida con su rutina y con sus intereses personales, no le gusta hablar, es físicamente un poco torpe… Pero no es tonta, es muy inteligente, es increíblemente habilidosa para ver detalles y patrones, entiende a los animales mejor que nadie, es muy cuidadosa con las cosas, muy responsable, muy rápida para trabajar.
- Es decir… Me acerque mal…
- La increpaste en un espacio público, te acercaste más allá de lo que considera cómodo, la presionaste para que te de su número…
- ¿Qué hago ahora?
- Nada. Te jodes- Fisher se arqueó de hombros- Solamente para que te acepte, necesitas bastante tiempo, y sobre todo, primero se tiene que hacer amiga de ti, como ser pensante, antes de que como humano. Atacarla como si fueses un tonto, fue una metida de pata.
Había sido una metida de pata enorme, gigante, monumental. Todo gracias a ser demasiado apresurado.
