*Narra Emma*

-Lucen tan asustados! –Se escuchó luego una risa de la misma persona, que para mí, era misteriosa.

-Quién eres? –me atreví a preguntar sin alzar la mirada.

-Él es Carlisle… él es mi… -Edward había respondido esta vez. Me separe del abrazo y los miré a ambos. Y sabía la historia entonces. ¿Cómo no reconocí a Carlisle?

-…Padre. Soy su padre! Y vine a sacar a Edward de aquí! –respondió seguro de sí mismo. Mis ojitos hacían chispitas al ver a ese hombre al frente mío.

Claro que Edward era más lindo. Pero ya sabrás que la belleza de un vampiro es totalmente increíble. Traté de cuidarme para no babear el piso y me dediqué a concentrarme y responder.

-En-entonces? Qué estamos esperando? –miré a ambos.

Carlisle le paso unos vaqueros a su, ahora, hijo. Me voltee para que se los pusiera tranquilo, me percaté de que solo usaba los vaqueros. Andaba sin camisa. Contrólate Emma. Contrólate.

-Hijo. Cárgala y sígueme. –Ordenó el bello doctor.

Esperen. ¡¿Qué dijo qué? Lo siguiente que ocurrió fue que estaba entre sus brazos. Sus fríos pero hermosos brazos. Me acurruqué y sonreí. Extrañamente me sentía cómoda.

-Cerraré mis ojos –susurré.

No sabré decir si me dormí por un lapso pequeño o qué, pero al abrir los ojos estábamos fuera del hospital y estaba aún en brazos de Edward. Iba caminando detrás de Carlisle, hacia un… ¡¿carruaje?

El conductor recibió una dirección a la cual ir y comenzamos a encaminarnos hacia algún lugar del cual yo aún no sabía. Al fin, llegamos a una humilde casa, entramos los tres, Edward y yo la observábamos fascinados. Era tan hermosa y acogedora. Hogareña.

-Bienvenidos a mi hogar –El Dr. Llevaba una medio sonrisa en su rostro. Estaba algo satisfecho.

Tenía una pequeña chimenea en la sala de estar, y enfrente de esta habían dos pequeños sofás y una silla de madera. Cruzando la habitación estaba la cocina, creo. Debía decir que el Dr. tenía buen gusto. Había un pasillo al fondo, creo que quizá eso llevaba a las recamaras. Había unas 4 o 5 puertas cerradas.

-Wow…es hermoso! –Me apresuré a decir, sentándome en un pequeño sofá, de esos, de la época de 1900. Era algo duro, pero aún así era perfecto.

-Muchas gracias, jovencita.

-Emma –le corrigió Edward. ¿Qué? ¿Cómo lo sabe?. –Su nombre es Emma. Lo sé porque cuando me cambiaba escuché su nombre en su mente. –Se alzó de hombros con una medio sonrisa cruzando su rostro.

Me ruboricé, mis mejillas estaban color carmesí y no creo que eso sea de mucha ayuda para ellos, más para Edward que es un newborn después de todo. Miré hacia abajo, un tanto apenada.

-Mucho gusto, Emma –Ofreció su mano el Dr. Cullen. –Yo soy…

-Carlisle Cullen… -Alcé la vista y estreché su mano, sonriendo. Su cara era de confusión, pero eso me provocaba más risa. –Mucho gusto…

Edward me miraba con cara de niño confundido también, ahora como les iba a explicar cómo sabía tanto de ellos? Mi mente iba a mil por hora intentando descifrar una razonable explicación. Carlisle se sentó justamente en la silla de madera de al lado, mirándome fijamente, sabía que ya venían las preguntas.

-Cómo…es…que sabes mi nombre? –al fin preguntó.

-Bueno… -vacilé un instante.

-Viajaste en el tiempo? –ok, sonaba muy descabellado. No debí pensarlo. Edward, sal de mi mente, pensé. No me ayudaba en nada.

-Lo siento…-se disculpó Edward.

-Tú…qué? –dijo el Doctor.

-Cariño? Carlisle? Eres tú? –una voz femenina se escuchó venir de las afueras de la casa.

-Sí, querida. Soy yo –Respondió. Esme. Claro estaba.

Observé, detenidamente, entrar a esa bella criatura por la puerta. Rayos! Cómo hacia Bella para no morir hiperventilando. Su belleza era abrumadora. El doctor se levantó a saludarla cariñosamente.

-Porqué mencionas tanto a esa tal Bella? –un susurro en mi oído por parte de Edward hizo que todo mi cuerpo brincara de un susto. No lo había visto moverse.

-Shh…! –me dediqué a decirle. Que no podía tener privacidad en mi mente?

-Claro, perdona. –volvió a disculparse.

Carlisle y Esme ya se habían terminado de saludar.

-Humana…? –Dijo Esme –Pero por qué la trajiste? Y más cuando corre peligro?

-No lo corre. Edward ha tenido un inmenso auto control.-aclaró Carlisle. –Además ella sabe de nosotros, creo que sabe mucho y estaba a punto de contarnos porqué. –hizo un ademán para que su esposa se sentara en el otro sofá, que estaba a mi lado.

-Convertiste primero a Esme? –pregunté de pronto.

Las caras de shock de los que estaban a mi lado eran un poema completo. De veras no estaré soñando? O no es el chocolate que me ha hecho alucinar? Me volví a pellizcar. Nada. Todo era real.

Iba a ser un largo día. Les conté que había viajado desde un lugar muy lejano para ayudar a las personas con la epidemia de influenza y paré en ese hospital. Cómo sabía de los vampiros? Simple. Les dije que mi familia siempre hablaba de los vampiros y de su existencia. Qué más podía decir? Y sobre como sabía el nombre de Carlisle? Le dije que todos en el hospital me hablaron de él. Fue de verdad una tarde larga. Charlando con los tres.

Ahora por su parte. Me contaron que faltaba una más de la familia, Alice. Oh, la querida y extraña Alice. Me moría por conocerla. Al fin y al cabo, no sé porqué llegué a parar a este lugar, simplemente por qué comí chocolate y soy una loca? Cuál era exactamente mi misión aquí?

-Hola! –escuché a Alice decir cuando cruzó la puerta de la casa. Y no venía sola. Jasper!

-Alice, querida. Quién te acompaña? –Esme la recibió con un abrazo.

-Es Jasper… -ya lo sabía –lo veía venir desde hace mucho tiempo y al fin lo encontré –dijo sonriendo y sosteniendo el brazo de su amado. El cuál verdaderamente parecía adolorido.

Fue una noche larga también. Alice vió venir a Edward, pero jamás me vio venir a mí. Nos quedamos hablando toda la noche. Claro… parecía que nos conocíamos de toda la vida, fue divertido. Me recordaba tanto a mí y a Ana cuando estábamos juntas. La extrañaba.

El dia siguiente fue lo mismo. Preguntas todavía sin responder por parte mía y por parte de los Cullen. Lo único feo es que Edward casi no me volvió a hablar. Espero que no haya leído ninguno de mis pensamientos, traté de bloquearlos lo más que pude, porque todos iban hacia él. Booo para mí.

En la noche, me quedé sola en la habitación de Alice, ya que fue a casar con Edward, Jasper y Esme. Me recosté es una cama improvisada que Carlisle hizo para que me sintiera cómoda al dormir, ya que los vampiros no duermen. Mi mirada se desvió un poco al bolsito que no había tocado desde que llegué y de repente comenzó a hacer ruiditos, lo cual me sobresalto. Me daba miedo tocarlo, pero me decidí por sacar lo que había dentro, que recordé que era el intercomunicador y escuché mejor los ruiditos que provenían de allí.

-Emma?...Estás ahí? Emma? –Era…era la voz de ANA!

-No, deje su mensaje después del tono…. BEEEP… -me contuve la risa al imaginarme a mi amiga rodando sus ojos.

*Narra Ana*

-Emma? –murmuré y esperé.

-Emma?.. –volví a decir. Nada, no había respuesta, pero no me dí por vencida. Eran las 6:00 pm por el amor de Dios.

-Emma?...Estás ahí? Emma? –y escuché un ruidito del otro lado de….la…línea?

-No, deje su mensaje después del tono…. BEEEP…-rodé mis ojos. Es que Emma estaba loca?

-No seas payasa! Responde… dónde estás? –sacudí el aparato que tenía entre mis manos, como si eso fuera a hacer que yo sacudiera a Emma para que reaccionara.

-Perdón!...Estoy en 1918… -soltó de una vez. ¿QUÉ? Estaba todavía más años atrás que yo? –Dónde estás tú?

-Estoy en la casa de Ruben. En 1936.

-QUÉ? – ese grito iba a despertar a todos.

-Shhh…

-Lo siento, lo siento… -murmuró esta vez.

-Emma, de veras, debes dejar de gritar tanto! –su risa se escuchó. –Ahora cuéntame cómo te ha ido con Edward?

-Bueno…errmm… estoy viviendo con él….Carlisle, Esme, Alice y Jasper. Les inventé una historia totalmente disparatada. Gracias a Dios me leí el libro de Twilight si no… no hubiera sabido que decir. –ambas nos reímos esta vez -…pero Edward no me habla, quizá piensa que estoy loca por lo que lee de mi mente –su tono de voz se volvió triste.

-Es que ya eres loca de nacimiento, Em… -me reí –dale tiempo a que se acostumbre a ti! –me alcé de hombros en medio de la oscuridad.

-Bueno, ahora cuéntame cómo te va con Ruben entonces! –sonaba tan raro que me preguntara eso. Ruben. Muy no real.

-Mejor cada día, al principio me llamo idiota, puedes creerlo? Y le estuve leyendo estos dos días. Y….

-Y qué Ana… y qué? –se le escuchaba emocionada.

-Y tocó mi rostro. No ha pasado gran cosa… -y era verdad.

-Oh… pues estamos igual entonces… pero te extraño babosa!

-Yo también! Pero aun no podemos regresar, quiero ver qué pasa con Ruben, no quiero que se mate… -nos quedamos en silencio. Escuché un ruido de afuera.

-Pero como volveremos? –Distraída por el ruido casi ni le puse atención a mi amiga.

-Emma, luego hablamos de eso. Debo irme de veras. –Y la señal se cortó.

Escondí el intercomunicador debajo de la almohada. Escuché como mi puerta se abría, estaba en medio de la oscuridad así que no podía ver nada. Observé una sombra moverse lentamente hasta ponerse de pie junto a mi cama.

-Ana..? –¿Habré escuchado bien? ¿La voz de Ruben? ¡¿Qué?

-Ru-ruben? Qué haces aquí? –sentí sus manos tanteando mi cama, como intentando meterse en ella.

-No…puedo dormir, puedo pasar la noche aquí? –me hice a un lado y lo dejé meterse ayudándolo a acomodarse.

-Ermm… si, pero…sin tocar nada… -e inmediatamente me voltee y cerré mis ojos.


Dejen sus reviews, si?...Por fiiiisss!

Necesito mi alimento de escritora *-*

Nos leemos pronto xD

-PamiBlackJonas-