CAPÍTULO II
6 meses antes...
La tarde cae ya sobre la ciudad de Nueva York, son las seis de la tarde y el centro de Manhattan ya se encuentra más que colapsado. Llego tarde, rematadamente tarde. Castle me lo ha advertido esta mañana si no llego antes de que acabe el partido no me van a esperar. Y este maldito atasco, va a conseguir que no llegue a tiempo. Aprieto el claxon sin descanso. ¿Qué le pasa a esa maldita ciudad? ¿Todo el mundo tiene que salir a la misma hora e ir a los mismos sitios? Cuando el coche que está en el carril de la derecha me adelanta, colándose entre dos coches, maldigo en voz alta y me culpo por no haber ido en el coche oficial, de ese modo ahora podría conectar la sirena y salir de aquí. Me planteo incluso salir del coche y dejarlo allí, pero no puedo ni siquiera apartarlo del carril central. Marco el número de mi marido y trato de localizarlo una vez más, pero nada, no obtengo respuesta. Suspiro tratando de relajarme, pero es imposible. Voy a llegar tarde es más ya llego tarde.
Media hora después, por fin consigue aparcar el coche frente al campo de béisbol. Pero cuando llego a la cancha, no hay nadie, el partido ya ha acabado. Era el último partido de la liga y el equipo de Alexander podía hacerse con el título. Le había prometido hacía semanas que estaría allí, pero una vez más he vuelto a incumplir mis promesas. Castle lleva razón. ¿En qué me estaba convirtiendo?
Un chaval joven pasa a mi lado, cuando ya me estoy dando la vuelta para subirme de nuevo al coche.
- Perdone, ¿sabe quién ha ganado el partido de los infantiles?- pregunto.
- Si, señora. Han ganado los Yankees. Alex Castle ha jugado un partidazo, tres homerun- contesta el chico. Y entonces soy consciente de que lo he vuelto a hacer, he vuelto a fallarle a mi hijo. Ni siquiera me molesto en dar las gracias, simplemente me subo en el coche y piso a fondo el acelerador. Quiero llegar cuanto antes a casa. Vuelvo a marcar el número de Castle, pero antes de que dé ni siquiera dos tonos cuelgo. No me lo va a coger, ya me lo dijo, si no llegaba a tiempo, dejaría de hablarme. Marco entonces el número de mi padre y este no tarda en contestar.
- ¿Katie?- pregunta sorprendido, creo que hace demasiado tiempo que le llamo.
- Si, papá. ¿Estás con Richard y los niños?- pregunto con la esperanza de que me diga que todavía está con ellos, no quiero tener que enfrentarme directamente al enfado de Castle.
- Si, estoy llegando a La Guarida. He quedado allí con ellos, para celebrar el título con el resto del equipo. ¿Por qué te has enterado, no, han ganado?
- Si me he enterado, me lo acaba de decir un chico, aquí en el campo.-Confieso con pesadumbre.
- Ya... No has llegado, ¿verdad? Alex convenció a Rick para esperarte un poco más.- me contesta demasiado serio.
- No, no he llegado a tiempo.- respondo enfadada
- Katie deberías dejar de meterte en lo que sea que te estas metiendo y ocuparte de tu familia. Al final tendré que terminar dándole la razón a Rick, ha dejado de importarte todo.
- Papá...- suplico pidiéndole una tregua, lo último que necesito ahora es que mi padre me sermonee.-Tú, también no, por favor.
- Esta bien tu sabrás, te esperamos aquí.- y sin más corta la llamada. Estoy segura de que lo ha hecho porque Castle ha llegado no porque no tenga nada más que decirme.
Aparco frente al bar de Castle, y respiro hondo mirándome en el espejo retrovisor cogiendo fuerza para lo que sea que me espera ahí dentro. Entro al interior del local, pero nadie se gira a mirarme a pesar de la cantidad de gente que hay dentro. Visualizo a mi hijo Alexander junto a la barra rodeado de su amigos del equipo. Su rebelde flequillo rubio cae sobre su frente pegado por el sudor y sonríe mientras eleva el vaso lleno de refresco que acaba de acercarle su padre. Le llamo sonriendo desde la entrada y posa su mirada en mí, sonriendo y echando a correr hacia aquí.
- ¡Hemos ganado, mamá!- grita abrazándome. Y estoy a punto de echarme a llorar cuando susurra a mi oído que no importa que no haya llegado, que sabe que tengo mucho trabajo y que por eso el abuelo lo ha grabado todo en video y que luego me lo enseñará.
- Lo siento, Alex. Sé que te dije que estaría pero he tenido un problema en la comisaría y...-pero mi hijo me interrumpe abrazándome de nuevo.
- No pasa nada, mamá. Ven el abuelo quiere enseñarte una foto que me ha hecho.- sonríe alejándose.
Me giro sobre si misma buscando a Castle pero ya no está donde estaba cuando he entrado, sigo a mi hijo y veo a mi padre a lo lejos hablando con mi suegra. Genial, todos juntos. Mi hijo me ha sorprendido perdonando lo imperdonable, pero los adultos no van a ser tan condescendientes conmigo.
- Katherine, querida.- Me saluda Martha, dándome dos besos.
- Martha.- sonrió.- ¿Qué tal estas?-pregunto mientras abrazo a mi padre.
- Bien, hija. Pero me parece que tú no tanto, tienes mala cara.- me dice analizándome con la mirada. Parece que hasta mi suegra va a reprocharme.
- Si, bueno mucho trabajo en la comisaria, ya sabes.- digo mientras me giro a mirar a mi padre y es entonces cuando me encuentro con la mirada inquisitoria de ambos. - Sabéis voy a buscar a Castle, no le he visto todavía.- digo huyendo asi de los dos y de sus preguntas.
- Esta en el coche cogiendo la tarta.- me indica mi padre serio y sin ni siquiera mirarme.
Cruzo el local encontrándome con mi hijo pequeño. Le abrazo por detrás, tapándole los ojos y le pregunto quién soy, lo adivina enseguida y se gira riendo. Mi pequeño Mike cada día está más grande y cada día que pasa se parece más a mí aunque el color de sus ojos es de Richard. Le cojo en brazos y salimos a buscar a su padre. Le encuentro junto al maletero del coche sacando una tarta con los colores del equipo. Johanna está a su lado hablándole pero se calla cuando llego a su lado. No le doy importancia y saludo a ambos, pero solo mi hija responde y se acerca a besarme la mejilla. Michael me pide bajarse de mis brazos y echa a correr detrás de su hermana que va hacia la puerta con la tarta. Rick se gira sin ni siquiera mirarme y cierra el coche.
- Castle, por favor.- susurro lo suficientemente alto como para que me oiga.
- No, Beckett, no tengo nada que decirte.- Y sin más echa andar detrás de nuestros hijos. No puedo sentirme peor pero no puedo negar que no me lo he ganado. Estas últimas semanas he sido un auténtico desastre. Es normal que mi marido no tenga nada más que decirme, ya me lo dijo todo y no le he hecho caso en absolutamente nada. Me advirtió que no volviera a fallar a mis hijos y lo he hecho. Sé que tengo que parar, tengo que dejar de investigar, tengo que frenar ahora que estoy a tiempo. Pero no voy a ser capaz, no ahora que estoy tan cerca. Pero eso no quita que me da miedo perderle a él por el camino, me da miedo destruir todo lo que hemos construido juntos.
No sé cómo logro aguantar a su lado el resto de la celebración de la victoria del equipo pero lo hago. No vuelve a dirigirme la palabra durante el resto de la fiesta. Y paso las horas entre la indiferencia de mi marido y la dura mirada de mi padre. Decido hablar con él, con mi padre claro, con Castle ya lo intentare cuando lleguemos a casa.
Me acerco al rincón de la barra donde se ha acercado a pedir un refresco.
- Papá...- susurro a su lado
- No, Katie, esta vez no voy a darte la razón. No la tienes.- me dice serio.
- Lo sé. No te estoy pidiendo que me la des.- confieso honestamente. Que manía ha cogido todo el mundo con eso de que quiero que me den la razón. No es eso lo que quiero, simplemente no quiero que me juzguen.
- ¿Entonces?-pregunta desconcertado.
- ¿Podrías darme una tregua?- suplico. Hacía años que no tenía que pedirle nada a mi padre y agacho la cabeza no quiero que vea mi cara ahora mismo.
- Podrías darmetela tú, Katherine.- Que me llame por mi nombre completo hace que se me pongan los pelos de punta. Pero él ajeno a ello, continúa hablándome.- ¿Por qué te niegas a ser feliz? Después de todo lo que te ha costado llegar hasta aquí.
- Papá...yo...
- Sea lo que sea, no será más importante que Rick y tus hijos ¿verdad? No lo eches todo a perder.
- Yo...- susurró al borde del llanto. Que mi padre piense todo esto de mi, me duele más de lo que habría podido imaginar. Él simplemente me abraza y me susurra que lo piense. Agradezco estar apartados y que nadie más pueda ver cómo me derrumbo.
La fiesta termina un rato después cuando los últimos niños abandonan La Guarida con sus padres. Mi padre se despide de nosotros y Martha hace lo propio minutos después. Cuando me abraza, me dice al oído que no se lo tenga en cuenta a Richard y que trate de hablar con él. Como si fuera tan fácil pienso, pero no se lo digo, simplemente la sonrió y la abrazo de vuelta. Johanna se acerca por mi espalda y me abraza diciéndome que mi padre ya se ha ido en un taxi y que si ella se puede venir conmigo en el coche, que Castle va a acercar a su abuela. Les digo a los niños que si se vienen también conmigo, ambos me dicen que sí. Creo que todos están demasiado cansados como para cruzarse medio Manhattan en lugar de ir directamente a casa. Le digo a Castle que se vienen conmigo y que nos vemos en casa, pero él no me contesta.
Alex esta eufórico y cuando llegamos a casa le falta tiempo para salir disparado a su habitación para colocar la medalla en la estantería. Me siento tremendamente orgullosa de él. Y sólo ahora me doy cuenta de que mi padre debe estarlo todavía más, pero he estado tan centrada en mí que no he hablado con él de eso. Fue él quien se empeñó en que Alexander tenía mucho talento y que debía presentarse a las pruebas de Los Yankees. Eso fue hace tres años y ahora ya está en el equipo cada partido y han ganado prácticamente todos los títulos que han disputado.
Johanna pasa a mi lado diciéndome que se va a dormir y que por favor la avise mañana temprano que tiene que repasar para un examen. Alex me dice que se va a la ducha. Y el pequeño Michael se queda mirándome fijamente con esa mirada tan "Castle" que sé que está suplicando un cuento. Así que me voy con él a su cuarto y mientras se pone el pijama, elijo uno de los muchos que tiene junto a la cama. Hoy no estoy para inventarme historias y a él parece no importarle porque no protesta cuando abro el libro.
Salgo de puntillas y sin hacer ruido cuando por fin se queda dormido. Me acerco a la habitación de Alex y me aseguro de que ya se haya metido en la cama. Le beso en la frente y disfruto al hacerlo, cada día está más mayor y sé que el día en que no me deje hacerlo está más cerca. Me dice que mañana me enviará el video de partido al móvil para que lo vea. Y yo le digo que si consigo salir pronto del trabajo lo veremos juntos pero lógicamente el no parece muy convencido.
Bajo las escaleras y me encuentro la luz de salón encendida, Rick ha debido volver ya, aunque yo no le haya escuchado llegar. Entro en nuestro dormitorio y me lo encuentro ya en pijama con su almohada en la mano dispuesto a salir por la puerta.
- ¿A dónde vas?-pregunto sin querer conocer la respuesta
- Al salón y ni se te ocurra venir a molestarme. No pienso dormir aquí y si insistes mucho no dudes que me iré a dormir a mi oficina.- contesta de carrerilla sin parar ni siquiera a coger aire. Como si ya tuviera la respuesta preparada.
- !¿CASTLE?! ¿Quieres dejar de sacar las cosas de quicio?- le pregunto cabreada.
- ¿Sacar las cosas de quicio? ¿Yo? Te lo dije. Sabias lo que pasaría. A mi puedes engañarme, tratarme a patadas si quieres. Pero a ellos no. No pienso permitir que les hagas daño.- me contesta calmado pero sé que está mucho más enfadado de lo que aparenta.
- Rick... Puedes parar un segundo. He llegado tarde. Lo siento, ¿vale? No vas a dejarme decirte porque.
- No quiero tus explicaciones, ya no.
- Pero yo si quiero dártelas. No creo que te duela más que a mí no haber estado. Lo siento. Yo...
- Eso ya no me sirve, Kate. Piensa que es lo que vas a hacer con tu vida y si nos quieres en ella.
- ¡¿Pero qué estás diciendo?!- grito enfadada
- Baja la voz.- me dice totalmente calmado, lo que consigue que me enfurezca todavía más. ¿Cómo puede decir todas esas cosas y quedarse tan tranquilo?
- ¡No quiero bajar la voz, Castle!¡No puedes acusarme de no querer a mis hijos y quedarte tan tranquilo!- Vuelvo a gritar y sé que estoy perdiendo los papeles.
- ¡Joder, Kate! ¡No entiendes nada!- Y eso es lo único que le escucho gritarme en toda la noche, luego simplemente se calma.- Te juro que te miro y no te reconozco. ¿Qué te está pasando? Dímelo de una vez. Sólo quiero ayudarte, ¿es que no lo entiendes?
- Nada, Castle, no me está pasando nada.- miento descaradamente.- Simplemente tengo mucho trabajo ya lo sabes.
- Ya mucho trabajo ¿no?... Pues piensa que ese trabajo que tienes seguirá ahí todo el tiempo. Pero puede que tus hijos y yo no te estemos esperando eternamente.- Después de decir eso veo cómo sale de la habitación dando un portazo.
Me dejo caer sobre la cama, llorando a lágrima viva, siendo incapaz de controlar el llanto. Lo peor de todo es que Rick tiene razón ¿que se supone que estoy haciendo con mi vida? ¿De verdad me merece la pena? ¿Y si confiara en él y le contara todo?
Muchas gracias por leer. Y gracias también por los comentarios del capítulo anterior. He cambiado varias cosas, a partir de ahora y hasta que llegue de nuevo al capitulo inicial cada capitulo sera narrado en primera persona por Castle o Beckett para que así vayais descubriendo que es realmente lo que ha pasado. :)
