— VARIOS PASOS POR DELANTE —
2
— ¡ ¡ ¡NO PUEDE SER! ! ! —grito fuertemente el mejor detective adolescente del Este.
Nunca se le había visto tan alterado.
Por los pasillos escuchó unos apresurados pasos que se acercaban a la habitación, alertados por su grito. Segundos después, el profesor Agase, un tanto golpeado y totalmente manchado de yeso, abrió la puerta precipitadamente. A sus espaldas colgaba un prototipo de mochila propulsora con una correa desprendida.
— ¿Qué te ha ocurrido, Shinichi? —le preguntó seriamente preocupado, como si el hecho de que él mismo se encontrara en el lugar, y en ese estado, fuese normal.
El chico le miro, levantandose de la cama aun con algo de shock grabado en su rostro, también mezclado con preocupación por el hombre. Durante un segundo no entendió lo que sucedía ahí, hasta que recordó. La mañana del día en que él se transformó en Conan, Agase se había estrellado contra la pared de su biblioteca, por culpa de un prototipo inestable de mochila propulsora. Así que el despertador no estaba mal. Él realmente se encontraba... ¡en el pasado!
— Yo estoy bien —habló, tratando de esconder el asombro en su tono y en su rostro. Pero no lo logró. No por nada el profesor lo había criado. Le miró de arriba a abajo, observando el estropicio y suspirando—, pero tú...
Entonces, Agase entendió mal el comportamiento del joven. Trago saliva. No tenía ni idea de como se había dado cuenta de que había destrozado la pared de la biblioteca de la mansión, sin ver el destrozo. Por otra parte, era el mejor detective del Este...
— ¡Lo siento de veras, Shinichi! —quiso excusarse, pensando equivocadamente que el chico estaba enfadado con él por el estropicio— Me conoces, sabes que no fue intencionado. ¡Te juro que los libros de tu padre y los de Holmes están intactos! Yo pagare el arreglo...
Shinichi poso una mano en el hombro de Agase, sonriendo sacudió la cabeza de un lado a otro, dándole a entender que no estaba enfadado. El hombre no pudo evitar el suspiro de alivió que salió de su garganta.
— Ya está. De seguro que lograrás inventar algo que funcione decente un día de estos —eso él lo sabía bien—, ahora, por favor, déjame intimidad para poder vestirme. Después iré contigo para curarte las heridas —suspiró, recordando— y de paso a ver el estropicio.
El hombre asintió y se dejó arrastrar a la salida, dejando que el chico le cerrara la puerta bruscamente, casí en las narices, repitiendo "te lo pagaré, prometo que te lo pagaré". Por suerte, confundiendo el comportamiento fuera de lo común de Shinichi como una grande sorpresa por su colosal metida de pata.
No notó que, tras cerrarse la puerta, Shinichi se dejó caer en el suelo, espalda pegada a la pared.
"¿Y ahora cómo salgo de está?"
Antes le había pasado algo parecido, recordaba, cuándo tomo un antídoto provisional estando enfermo y terminó 10 años en el futuro. Pero aquella vez todo había sido un sueño, a pesar de que se había sentido muy vivido. Esperaba con todo su ser que esto también lo fuera.
El boquete, que iba del suelo al techo, la estanteria empotadra de madera de roble, hecha astillas en el suelo y los libros manchados de yeso y desperdigados por todas partes, estaban peor de lo que recordaba.
Shinichi, vestido ya con el uniforme escolar, le ponía alcohol y suero a las heridas del profesor, procurando no mirar mucho hacía ese lado. Le quedaba el consuelo de que los vecinos no preguntarían, tan acostumbrados como estaban a Agase.
— ¡Ay, ay, ay! —se quejaba el hombre— Más cuidado, Shinichi. ¡Que escuece!
— ¿Y a mi qué me cuentas? —le rebatió— Haberlo pensado mejor antes de usar esa cosa sin comprobar que funcionaba como era debido.
La primera vez que había hecho eso, estaba más concentrado en hacerlo rápido para llegar pronto al instituto y que Ran no le regañase. Pero después de llevar casi un año sin asistir (porque, en su defecto, debía asistir de nuevo a la primaria como Conan en su lugar), ya no le importaba tanto.
— Y si crees que esto es malo —prosiguió, aprovechando que el hombre se había quedado callado por su verdad de peso—, solo espera a que Haibara te coja el cuello...
Agase le dedicó una mirada de confusión. Se tensó en el acto, un muy mal presentimiento gestándose dentro de él. El profesor abrió la boca para hablar.
"No —pensó desesperadamente Shinichi—. Por favor, no preguntes lo que creo que vas a preguntar"
— ¿Quién es Haibara?
Fue como si el mundo le callese encima, todavía más.
Por supuesto. Shiho Miyano, la científica de los Hombres de Negro, todavía no había sido traicionada, todavía no se había convertido en Ai Haibara. Su querida compañera... aun estaba en las manos de esos bastardos.
Apretó los dientes y los puños tan fuerte, que el bastoncillo que sujetaba se partió con un "clac" ahogado por su mano.
— Shinichi —Agase se veía seriamente preocupado por su cambio brusco de actitud. El joven miraba el agujero del lugar, como si de repente se hubiera transformado en una persona a la que él, aun odiando a los asesinos con todo su ser, deseara por encima de todo desmembrar poco a poco—, ¿de verdad te encuentras bien?
Él salió de su trance poco a poco, no lo suficiente.
— No —dijo con la boca tensa—. Por favor, profesor, vayase.
Agase parpadeó.
— ¿Cómo?
Shinichi le clavó unos ojos azules como cuchillas.
— Dije que se vaya, necesito un momento en soledad.
Asintiendo preocupado y nervioso, estuvo a punto de colocarse de nuevo la mochila mortífera, pero Shinichi, recordando que haría eso, le detuvo a tiempo.
— Si usas eso te estrellaras de nuevo —le dedicó una sonrisa forzada.
— Verdad... —el hombre no se atrevió a decir más, mientras se acariciaba la nuca y el pelo blanco que le quedaba— Adiós, Shinichi...
Y sin más salió de la habitación, dispuesto a usar la salida y entrada convencional de la mansión. Decidió que llamaría a Ran. Aunque la chica ya no le fuera a buscar de camino al instituto porque a él no le gustaba, esta vez se notaba que necesitaba a su mejor amiga. Shinichi no estaba tan loco como para ponerse en ese plan delante de Ran, que bien le bajaría los humos con un golpe bien dado de karate en donde no llega la luz del sol.
Apretó el paso cuándo el ruido de otras cosas siendo volcadas con violencia le llegó desde la biblioteca, preguntandose quien sería Haibara. Lamentaba no ser un detective para averiguarlo por su propio pie.
