EL SECRETO DE LA CATEDRAL

CAPITULO II

Barcelona, otoño de 1943...

Santi Vilamaior, tercero de su nombre en cuanto a generaciones vivas de Vilamaior, miró pensativo la maqueta que su padre le mostraba con interés. Se trataba de una iglesia, una catedral mas bien. De estilo neogótico, con dos torres elevadas y profusión de tallas en las fachadas, resultaba imponente rodeada de minúsculas casitas, y el chico se preguntó cómo seria ver el original. El jovencísimo mago era el alumno mas brillante que había pasado por la Escuela de Arquitectura e Ingeniería mágica de Barcelona en muchos años, y su padre, también ingeniero mágico, estaba por ello muy orgulloso. Santi era el primogénito de una familia mágica gallega muy antigua asentada en un pueblo lucense llamado la Vila Maior, de donde obviamente habían tomado el apellido siglos atrás. Era el mayor de seis hermanos, todos varones, y aunque su padre también era un reputado ingeniero mágico que traía bastantes ingresos a casa, el dinero salía con similar presteza habida cuenta de las necesidades de tanto hijo.

Santi y su padre se parecían bastante. Los dos tenían el mismo pelo oscuro y denso, aunque en el caso de su padre las sienes empezaban a platear; ambos eran altos, aunque el chico mas que el padre; y sobre todo, lo que mas llamaba la atención, eran sus ojos. Unos ojos de un azul intenso y brillante. El chico era serio y responsable, y su padre estaba orgulloso de la ayuda que le prestaba en su estudio de ingeniería mágica cada vez que le era posible.

-Ejem, ejem...

Padre e hijo abandonaron la contemplación de la maqueta de la catedral y bajaron la vista para prestar atención a quién había carraspeado, que no era otro que un enano. En otras latitudes, a los enanos se les denominaba goblins. Los enanos eran seres extremadamente inteligentes, dotados de un ingenio y una magia notables y que gustaban de vivir bajo tierra. Solían decantar sus habilidades hacia el ámbito de la orfebrería y la ingeniería. En las grandes obras de ingeniería y arquitectura mágica solían intervenir. A pesar de su temperamento gruñón y de que por lo general los magos no eran santo de su devoción, era impensable que no estuvieran presentes en la Escuela de Arquitectura e Ingeniería. Precisamente, el profesor Gumersind Estalactitas era el catedrático de "cimentación". Un hueso duro de roer para los estudiantes.

-Es una maqueta notable...- Dijo Santiago padre, con la idea de congraciarse con el enano.- El original debe resultar impresionante.- Añadió a sabiendas de que en la cimentación de aquel edificio, allá por el siglo XIII, los enanos germánicos habían tenido mucho que ver.

-Por eso no la han echado abajo esa colección de bestias humanas que campan por el continente.- Replicó el enano sin molestarse en matizar lo que pensaba de los humanos, enzarzados en los conflictos bélicos – mágico y no mágico – probablemente mas horribles de toda la Historia.

- Precisamente... -Santiago padre no replicó de inmediato. En el fondo, le daba la razón al enano.- por eso nos resulta tan acuciante protegerla...

-¿Por eso, dices? – Le interpeló el enano con sarcasmo.- Os importa un pito que se trate de una de las grandes obras de la Enanez. Lo que os interesan son vuestras reliquias.

- La catedral no es solo el depositario de las reliquias...- Santiago padre volvió a hablar lentamente, midiendo mucho lo que decía.- El Consejo de la Enanez, como todos los Consejos de Criaturas Mágicas Inteligentes, sabe muy bien que también es un Punto Telúrico.

-Subterráneo.- Te olvidas de matizar, Vilamaior.- Y los Arcos en puntos subterráneos son obra y competencia de la Enanez.

-Subterráneo o no, es igualmente importante para todos, Gumersind.- Un mago achaparrado replicó con una voz potente.- Bienvenidos, Santiago padre e hijo.

-Gracias, Marcos.- Dijo el padre hablando por los dos. Marcos Estallos era el Decano de la Escuela, y un viejo amigo.

-Y bien.- El Decano miró al mas joven de los Vilamaior con interés.- ¿Cuál es la primera impresión de nuestro alumno mas brillante?

- Es una obra impresionante, por lo que se aprecia de la maqueta.- Santi contestó sonrojándose un poco. El enano había carraspeado, aunque de forma mucho menos audible, si bien ninguno de los magos le prestó atención. Era bien sabido que a los enanos no les satisfacía que los alumnos mas destacados no fueran otra cosa que enanos.

-Cierto.- El decano le dio un golpecito amistoso en la espalda.- ¿Te han dicho lo que es?

-Pues la verdad...

-Es la catedral de Colonia, hijo.

La catedral de Colonia. Santi estaba mas interesado en la ingeniería y arquitectura contemporánea que en la obra histórica, pero aún así se sintió un poco avergonzado por no haber identificado qué representaba la maqueta. La catedral de Colonia era una obra de referencia para cualquier estudiante de ingeniería y arquitectura mágicas. Situada sobre un Punto Telúrico, es decir, una fuente de magia, en su construcción, que duró 6 siglos, no se escatimaron esfuerzos mágicos. Hasta la gente no mágica lo sabía. Gerardo de Ryle, uno de los primeros arquitectos, tuvo que desviar mágicamente el curso del Rin, hecho que había pasado al inventario de leyendas populares alterando la condición mágica del artífice por un pacto diabólico. Santi ató mentalmente algunos cabos.

-¡Tenemos que proteger un Arco Telúrico!

-Nosotros hicimos el Arco de paso de la energía mágica.- Intervino de pronto el enano.- lo hemos protegido durante siglos, incluidos expolios nazis, bombardeos aliados e incursiones mágicas grindelwaldianas. Vosotros metisteis ahí a los vuestros, y ahora queréis que también os ayudemos a proteger el edificio.

Santi miró con estupor al enano mientras procesaba mentalmente lo que había querido decir con toda aquella perorata.

-Santiago...- Dijo el Decano suavemente.- La catedral de Colonia también es el depositario de una reliquia muy querida y muy importante para los de nuestra clase...

El chico miró al Decano interpelándole en silencio. Pero fue su padre el que se lo aclaró.

-Allí está el relicario que contiene los restos de los Reyes Magos.

-En realidad, ya está fuera del alcance tanto de manos mágicas indebidas como de los no mágicos.- Aclaró el Decano.- Pero cuando el conflicto termine, quiera el Creador que sea pronto, debe volver a su sitio. El Arco Telúrico no funciona plenamente sin esos restos.- Añadió mirando de reojo a Gumersind.- Así que no andabas errado. Tenemos que proteger la catedral. Y cuando digo proteger, incluyo tanto los bombardeos como la magia de los de Grindelwald.