CAPÍTULO 2
Lejanos Murmullos
Lo dicho, el instinto de Konnan era temible. Apenas y había llegado al mediodía en medio de una desazón y resultó que todos sus compañeros se reunieron en la mansión casi de inmediato. No era sorprendente; dentro de un mes comenzarían con la búsqueda de los Jinchuurikis y planeaban tomarse un momento de relajación antes de esta, pero aún así el tener tanta gente en casa era una desventaja para ella, pues tenía que aguantar con cara de palo allá a donde fuera. Se negaba rotundamente a mostrarse débil, el andar con cara de mal de amores no la iba a llevar a buen puerto ante todos esos criminales.
Era la primera vez que se sentía así de impotente respecto a Pein. No era el que le ocultara cosas, al fin y al cabo todos tenemos derecho a guardarnos nuestros problemas, el meollo era que algo que lo tenía estresado parecía tener que ver directamente con ella. ¿Pero qué era? No podía ser que se sintiera atraído… bueno, sentimentalmente hacia ella, no de la manera que le gustaría, porque había mencionado muy claramente "Eres como mi hermana" y sin ningún tipo de tono que le hiciera dudar de ello.
¡Maldición! ¿Quién era el imbécil que decía que las mujeres eran problemáticas? De seguro no conocía a Pein…
Ajenos a la tormenta de emociones de la mujer, los integrantes del Akatsuki llegaban a distintas horas, con distintos grados de cansancio y mal humor. Algo le había dado al Líder que les pidió –mejor dicho ordenó –que pasaran su último mes en la mansión, y la verdad nadie tenía altas expectativas de ello. Meter a un montón de adultos casi totalmente opuestos entre sí, y que para colmo cargaban con toda la paleta de enloquecimientos humanos en un mismo sitio, no era algo muy inteligente que digamos.
-Hola, Kisame no danna –saludó el rubio Deidara con tranquilidad. Parecía haberse revolcado en hollín, con toda la capa hecha una lástima, aunque con un peinado tan impecable (y estrafalario) como siempre. A pesar de su pinta, sus ojos azules brillaban con mucha energía y alegría, como era costumbre. No parecía encajar en Akatsuki cuando no estaba siendo un terrorista, aunque pensándolo bien ninguno de los anómalos que integraban esa formación parecía encajar en ningún lado…
-¿Qué hay?
-Pues llegando, nada nuevo… esas misiones que Kakuzu nos encuentra son un incordio, no puedo esperar la hora en que peleemos con los Jinchuurikis –suspiró con un tono de emoción que le hizo soltar una gota al azul. Pasaron un rato en un agradable silencio, hasta que Itachi pasó por ahí sin mirarlos y con aire de buscar algo -¿Cómo es trabajar con Uchiha Itachi?
-Mmm… pues ya sabrás que es poderoso… –se cortó en seguida, pensando que no era una buena manera de empezar a platicar. El rubio sólo asintió con una casi imperceptible mueca de desagrado, así que prosiguió alegrado de la madurez con la que se tomaba las cosas - …además a pesar de ser tan rígido es agradable estar con él, es cortes la mayoría del tiempo y me toma mucho en cuenta. Somos muy distintos, pero no chocamos entre nosotros como el dúo de zombis. –ambos rieron despacio –tiene muchas cualidades, y siempre las demuestra, es muy sensato y más cauteloso que yo. Y aunque parezca increíble por sus genjutsus, llega a ser un sujeto piadoso de vez en cuando.
A Deidara le costaba mucho imaginar un Uchiha Itachi piadoso. La rivalidad que sentía hacia él desde aquella vez que fue humillado por la ilusión mortal del Sharingan y obligado a entrar a Akatsuki, se había transformado rápidamente en aborrecimiento; había tantas cosas en las que el moreno era mejor que él que comenzaba a perder la paciencia. Era poderoso, temido, respetado, inteligente…
-…Además ese tío es un guaperas –anotó distraído mirando su propio reflejo discretamente y acomodando un mechón de cabello rebelde –debe tener mucho más éxito con las mujeres que… ¿dije algo malo?
-Bueno, es algo lógico, dado que tengo un color de lo más raro –Kisame gruñó más azul que nunca.
-Eso en verdad te preocupa ¿no? – le susurró sintiendo una curiosa mezcla de lástima e hilaridad "no te estaba comparando a ti, pero si te quedó el saco…"
Luego de aquella plática (que arruinó un poco la moral de ambos) se retiraron cada uno a sus cosas. Kisame, aún algo deprimido, se decidió a recostarse un rato afuera de la guarida pensando en la conversación de hacía rato.
En realidad, Itachi tenía demasiadas cualidades, aunque también tenía sus defectos; cuando se apegaba a algo era difícil que lo dejara, se complicaba la vida el solo y a veces por cosas que no valían la pena, y se guardaba tantas emociones con tanta fiereza que a pesar de su semblante frío en cualquier momento iba a estallar. A pesar de doblarle la edad, Kisame congeniaba muy bien con el Uchiha, tan bien que casi le daba miedo. El joven parecía tener un don específico para comprenderlo y parecía que cuando lo miraba a la cara en realidad veía su alma y no sus escamas.
No ser visto como un alien sin sentimientos era algo que irreparablemente lo hacía sentir contento en medio de la masacre que un ninja debía soportar… y había alcanzado un punto en el que deseaba aferrarse a aquellos ojos profundos como la noche para siempre.
Qué cosas tan extrañas podía llegar a sentir…
Volviendo con Konnan, por fin se decidió a salir un rato a pasear en el bosque cercano para evitar un desliz de histeria que amenazaba con obligarla a ir a la habitación de Pein y zarandearlo de las solapas hasta que le dijera qué carajos pasaba ahí. Cogió lo indispensable y se marchó viendo de reojo a un pensativo Kisame; al parecer no era la única con problemas por ahí.
Caminó sin un rumbo propiamente dicho, deambulando por entre plantas gigantes y tierra virgen que sólo Zetsu había explorado, hasta encontrar un lugar cómodo para recargarse a pensar. Era una especie de tronco caído, lleno de suave musgo y rodeado de flores silvestres que brindaba un asiento de primera a un pequeño resquicio en cuyo fondo borboteaba tranquilamente un estanque de agua muy limpia.
Sintió una delicada brisa alborotar sus cabellos, y una presencia cercana muy parecida a la de Itachi. Bufando por su mal tino ese día, se dispuso a hallar otro sitio más privado, pero el moreno la alcanzó a divisar primero.
Se quedó ahí, pensando que sería una ofensa marcharse de pronto. Mientras disfrutaba de la vista, sintió como el adolescente se ponía a su lado en total mutis.
-Tienes una mala cara –su tonó como el de alguien que quiere romper un incómodo silencio
-Tengo mis problemas –susurró el chico –y…
-¿Quieres hablar? –preguntó con un murmullo casi monótono, en el que se colaba un poco de empatía. La oferta pareció sorprender al varón, pero fue más desconcierto para Konnan que él aceptara con una cabezada. "Lo dicho, todos tenemos nuestros problemas, no solo Pein y yo…"
-Es algo muy… -Dios, también él estaba balbuceando. "Insisto ¿Qué está pasado?" –es acerca de Kisame.
-¿Qué sucede?
-Últimamente, yo… bueno… me he –parecía desesperado por sacar la información y al mismo tiempo por guardarla. Él suspiró para aclarar su cabeza y volvió a hablar con más calma –lo he visto hablando mucho con Deidara, y me ha… me ha afectado.
-… ¿Afectado en qué sentido?
-Son… bueno, creo que son celos –recitó muy atropelladamente con la cara fija en el estanque. Ella le dirigió una mirada velada, tomando nota de la expresión avergonzada del joven.
-Al menos sabes qué es lo que pasa –ante la genuina ojeada de interés que le dirigió el chico, ella prosiguió a contarle a muy grandes rasgos su relación de "hermandad" con Pein. Se sentía extrañamente libre al poder soltar eso que la tenía tan preocupada desde hace varios días y que se agudizó esa misma mañana. –… Pero de unos días atrás ha estado en silencio, no me dice nada y lo que me preocupa del problema es que parece que tiene que ver conmigo. Además, me dejó muy claro que me considera su hermana por lo que no creo que tenga cabida en la categoría romántica.
-Mm… no soy un experto en este campo, más bien lo contrario. Y como no lo trato directamente a diferencia tuya, no sabría decirte que le pasa –musitó pensativo –si me ha costado lo mío darme cuenta de lo que me sucede a mí…
-¿Te afecta tanto?
-Cada vez que nos encontramos a Deidara se ponen a cotorrear como abuelas –siseó con veneno y una sonrisa torcida que no cuadraba en su siempre impecable rostro, sorprendiendo de nuevo a Konnan –y eso no es de hoy, es prácticamente desde que "ese" se unió a la organización.
El dolor y la congoja se colaron por primera vez entre sus palabras, evidenciando lo mucho que le carcomía esa cercanía de sus compañeros.
-¿No has pensado en decirle a Kisame lo que sientes?
-Claro que no –respondió con su entonación seria y aburrida de siempre casi recuperada –tiene derecho a conversar con quien se le pegue en gana, y decirle lo que siento sería incómodo para ambos. ¿Y tú?
-Algo parecido me sucede. Creía saber qué tipo de relación compartía con Nagato, pero ahora mismo empiezo a dudar que pensáramos lo mismo
Compartieron un silencio distinto esta vez, más cómodo y tranquilo, aunque cada uno tenía un aire muy alicaído.
Aclaración importante: aquí no hay ItaDei ni KisaDei (aclaro por la escenita de la conversación con Kisame), en este fic Deidara ve a Itachi como un rival, en competencia sana y justa... Bueno, ese enfoque le daré, aunque cada quien piensa lo que se le antoja XD
Oh, sí, por supuesto que en el próximo capítulo pondré lo que le sucede a Pein en realidad…
Siguiente capítulo: Conexión Entorpecida
