Capítulo uno.

Susan Bones mantuvo su taza de té a medio camino de sus labios cuando al fin conoció la razón por la cual Fred Weasley, el rey de las películas de ciencia ficción, la había invitado a tomar algo en su despacho aquella tarde de marzo.

No se dejó sorprender del todo. Sabia de ante mano que aquella reunión era para algo así. Al fin y al cabo, era co-propietaria de una muy afamada agencia de Madres Subrogadas.

Cuando alguien en Inglaterra quería tener un bebe de esa forma, la agencia "Mom" era la primera en la lista de opciones. Nadie podía mejorar el servicio que ellos ofrecían. Eran, sin lugar a duda, el mejor anexo entre las clínicas y una inmensa base de datos con el listado más completo de las mujeres más profesionales y bien dispuestas a alquilar sus vientres que había en el mercado.

Hubiera sido tonto de su parte pensar que la había invitado solo para recordar los viejos tiempos, cuando eran compañeros en el colegio. Aunque sin dudas, lo que quería Fred era algo que no escuchaba todos los días.

—¿Esto es una broma?—trató de sonreírle, pero la expresión hermética del pelirrojo le aseguró que eso no era ninguna broma. Bebió un poco de té, mientras ordenaba sus pensamientos—Lo que pides es algo inusual.

—Lo sé.

Fred Weasley no solo era considerado el director y productor más prometedor en la industria cinematográfica, sino que también tenía mucha fama de ser divertido y muy relajado, sin mencionar que también era muy atractivo. Susan lo conocía desde los once años, y al fin entendía los rumores que decían que el pelirrojo ya no era el mismo desde la muerte de su gemelo. Aquel "lo sé" había sido tan seco, tan distante, que perecía ilógico que hubiera salido de los labios de Fred.

—¿Entonces sabes que algunas personas pensaran que no es correcto?

—Por supuesto. Por eso te he buscado a ti Susan— Fred se reclinó sobre su sillón de cuero negro. Susan estaba diciendo exactamente lo que él esperaba que dijera.—te conozco y sé que me ayudaras.

La mujer recorrió con la mirada el despacho en donde estaban reunidos. Era el último piso de uno de los edificios más altos de Londres, y la vista que les proporcionaba el gran ventanal que había detrás de Fred, era una de la más increíble que había visto jamás. Los muebles y cuadros que los rodeaban eran muy caros y finos. Susan intuía que para tener un juego de té como el que estaban usando en ese momento, tendría que trabajar todo un año sin descanso. Se sintió indignada. Ese "te conozco y sé que me ayudaras", le había sonado como todo lo que había dicho Fred hasta ahora. Frases de un hombre que había perdido su esencia, su humildad y su amabilidad, y ahora se regía por la cuenta de banco llena de ceros que tenía en algún muy importante banco.

Conocía a ese tipo de personas, trataba con ellas todo el tiempo. "Tengo dinero muñeca, y puedo tener lo que quiera"

—Fred—pronunció su nombre de forma dura, para que sus palabras pudieran colarse en esa coraza en la que parecía estar metido— Me pides algo que se podría considerar poco ético. ¿Tener al hijo de tu hermano? ¿Estás loco?

—No, no estoy loco—tomó aire. Fred sabía que aquella parte seria la difícil, pero también la más importante. Si quería seguir adelante con su plan, tenía que tener a una guía. Y quien mejor que Susan, que vivía de hacer eso.— No estoy loco, solo quiero cumplirle el sueño a mi hermano.

—¡Pero George esta muerto!— escupió la chica con más agresividad de la que hubiera querido. Al instante, su cuello y su rostro adquirieron un tono rojo bastante vergonzoso— Lo siento Fred, no quería…. Tienes que entender, esto no tiene ni pies ni cabeza. Contratar a una mujer para que dé a luz al hijo de tu difunto hermano es una locura. Mi dios, imagina el grito en el cielo que pondría un juez si se enterara de esto ¿recuerdas lo que paso hace unos años cuando una pareja quiso tener un nieto con una muestra de esperma de su hijo muerto?

—Al final lo consiguieron—apunto Fred aireadamente mientras comenzaba a tamborilear con sus dedos la superficie lisa y bien pulida de su escritorio.

—Eso no importa. Fred, eres demasiado famoso, la prensa mundial se hará un festín contigo, con la chica que contrates y con el niño cuando este nazca. ¿Es qué aun no lo notaste? A la gente le encanta este tipo de culebrones.

—Por eso te pedí que vinieras—Ante las palabras de desaliento de Susan, Fred solo se sintió más confiado y entusiasmado que nunca. Ante la mirada sorprendida de la mujer, le dedicó la primera sonrisa autentica que habían formado sus labios en mucho tiempo— Quiero hacer esto de la forma más discreta posible. Nadie debe enterarse de nada, solo lo sabremos tú y yo.

—Pero…—Susan lo miró asustada, eso podría costarle la carrera.

—Por favor, pagare lo que sea necesario, no me escucharas quejarme del dinero jamás.

—Pero Fred…

—Ayúdame Susan, nadie tiene porque saber lo que estamos haciendo.

—¿Tu familia sabe de esto?—preguntó y al instante supo que había dado en el clavo.

Fred se removió en su costoso asiento. En una ocasión trató de buscar la opinión de otro integrante de la familia. Durante un almuerzo con su hermana, sacó el tema en forma de broma. Pero al ver la cara horrorizada de Ginny, supo que tenía que reír mucho y cambiar de tema lo más rápido posible, antes que se diera cuenta de que no era ninguna tomadura de pelo. Fue en ese momento que comprendió que tendría que proceder en el más completo secreto. Su familia jamás lo entendería, y si se enteraban intentarían detenerlo. Lo mejor que podía hacer era hablarles sobre el bebé cuando ya lo tuviera en brazos y no hubiera vuelta atrás. Llegado ese momento nadie pondría cara de espanto, y amarían a su nuevo nieto o sobrino.

—Esto es cosa mía.

—No, claro que no. Esto no es solo un asunto tuyo. Estamos hablando de un niño ¡una vida!—alejó sus ojos de Fred y los puso en el ventanal, tratando de tomarse un momento para que sus emociones no se desataran. A diferencia de su socia, ella si se había rehusado a ofrecerle los servicios de la agencia a más de una pareja, casi siempre cuando se daba cuenta que no eran aptos para ser padres. Estaba asqueada de ver a personas que no entendían la diferencia entre un bebé y una mascota. — No es una posesión. Es una persona que existirá, que…

—¡Que amere como si fuera mi hijo!—Fred se puso de pie. Convencer a Susan estaba siendo más complicado de lo que había supuesto.—¿Qué tiene eso de malo?

Susan sabía exactamente donde estaba lo malo en todo eso. Había trabajado en la agencia más de siete años y en varias ocasiones había visto situaciones similares. Personas desesperadas que perdían a un ser querido muy cercano (casi siempre hijos) y se acercan a Mom para intentar obtener un nuevo hijo con ayuda de una madre de alquiler o un donante de esperma. Buscaban un remplazo.

Fred quería un remplazo para George.

No se atrevió a mirar Fred a los ojos. No quería decirle lo que pensaba. Nunca había conocido a alguien que tomara bien una observación como aquella. A la gente no le gustaban las verdades obvias.

Se mordió el labio inferior. Fred lograría lo que quería, con o sin su ayuda. Los tipos ricos siempre lo hacían.

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Hermione Granger le dio otra mirada a la montaña de facturas que se levantaba ante ella, sobre el diminuto escritorio que había colocado frente a la única ventana que había en la pequeña sala-cocina-comedor.

Jamás hubiera creído que el mundo fuera tan caro. El alquiler parecía más difícil de pagar cada mes y ya tenía un segundo aviso de la compañía eléctrica. Es más, en esos precisos momentos la única iluminación que tenía era la que le proporcionaba una diminuta vela a punto de acabarse. Era un medio desesperado para intentar ahorrar lo más posible.

Se sintió hundir en la silla. Odiaba quejarse. Durante toda su vida había tenido una actitud positiva, pero llegado a este punto, ya no podía sonreírle a la vida.

Desde que sus padres habían muerto, había una sola cosa que comprendía: la vida era un asco. Y ahora era la tutora legal de su hermano de diez años, Bram, cuya infancia no quería arruinar con una montaña de facturas sin pagar.

A veces, y casi siempre durante las noches, se dedicaba a recordar su propia infancia. Recordaba las navidades junto a sus padres, la comida y los regalos, los bailes sobre los pies de su padre y los villancicos mientras su madre tocaba el piano. No podía evitar preguntarse si su hermanito recordaba esos momentos con sus padres. Bram había tenido solo cinco años cuando sus padres murieron y ella aun temía remover algo demasiado doloroso dentro del chico si se ponía a hablar de la época en que eran felices, cuando no había facturas ni gente horrible que los molestaban.

Dejó su bolígrafo y el cuaderno donde hacia sus presupuestos mensuales a un lado, antes de ponerse de pie y desperezarse un poco. Ya era tarde y Bram dormía. Ella tendría que seguirle pronto si quería reponer fuerzas para el siguiente día. Era día de semana y tenía que llevar a su hermano a la escuela antes de correr para alcanzar el tren que la llevaba a su trabajo de secretaria mal pagada en una mini empresa de venta de zapatos al otro lado de la ciudad.

El solo pensar en su trabajo la desanimaba. Aún recordaba las altísimas notas que sacaba en el colegio. Todos los profesores estaban tan seguros como ella misma, de que su futuro seria brillante, lleno de éxitos y un buen sueldo. Claro está, ninguno había contado con un borracho manejando un camión de entregas que se daría de lleno con el auto de sus padres, dejándola a ella al cuidado de su hermano y con un montón de deudas heredadas que la habían hecho abandonar la universidad al igual que la casa donde había vivido, la cual terminó en manos del banco al que sus padres le habían pedido un préstamo.

Aquellos meses habían sido los peores. Primero la muerte de sus padres, luego el anuncio del banco diciendo que la casa ya no seria suya si no pagaba el préstamo. Por aquellos tiempos ella solo era una niña tonta que pensaba que sus padres serian eternos y cuyo único problema era una compañera de cuarto que le gustaba estudiar con la música demasiada alta. Así pues, no tenía ni un penique para pagar nada, ni tampoco contaba con ningún familiar que pudiera ayudarla. Al final Bram y ella habían tenido que empacar y marcharse de la casa donde habían crecido.

Aunque en ese entones Bram solo había tenido cinco años, Hermione sabía que su pequeña mente de niño lo había entendido todo. Había entendido que sus papás ya no volverían, que tenían que irse de su casa porque ya no tenían dinero y que debía ir a una escuela pública porque su hermana no tenía para pagarle el colegio al que iba. Lo había comprendido y aceptado de una forma que hasta el día de hoy Hermione había agradecido.

Jamás pedía nada, jamás que quejaba. Ella sabía que se burlaban de él en la escuela porque usaba ropa de segunda mano. Pero de eso se había enterado por boca de una de sus maestras, no por él. A veces lo miraba y se preguntaba si no se lo decía porque no le tenía confianza o porque simplemente entendía que esa ropa era lo mejor que ella podía ofrecerle.

Antes de irse a dormir trató de ordenar un poco. Lavó los platos y arregló la salita, la cual solo contaba con un sillón de dos cuerpos desgastado, una mesita ratonera que había conocido tiempos mejor y una tv tan vieja que si la dejabas más de dos horas encendida, la pantalla adquiría un alarmante tono verde. "Los extraterrestres regresaron" solía bromear su hermano cuando eso pasaba, justo antes de apagarla.

Mientras limpiaba se encontró con la razón por la que se había mantenido levantada a pesar de que a la mañana siguiente tuviera que levantarse temprano. Al lado del sillón estaba la caja de la playstation 4 que su amigo Harry le había enviado de regalo de navidad a Bram. Apenas había llegado hacia unas semanas. Puesto que Harry no conocía su nueva dirección, había tenido que enviarle los regalos a través de Carla, la antigua secretaria del consultorio dental de los Grangers, una de las pocas personas de su pasado que Hermione aún visitaba con regularidad.

El regalo que le había enviado a ella había sido la última novela que había sacado su autor favorito (la cual no había comprado por estar muy por encima de su presupuesto para cosas personales) y a diferencia de Bram, también había recibió una carta llena de reproches donde la pregunta "¿Dónde están?" Se repetía varias veces y cuyo gran final había sido "… si no das señales de vida juro que te acusare de algún delito para que mis colegas me ayuden a encontrarte, y sabes que soy capaz a de hacerlo."

Sabía que su amigo la buscaba para saber cómo se encontrar, y no para obligarla a pagar el préstamo que le había hecho hacia unos años y ella había sido incapaz de pagarle. Harry había sido muy claro en ese punto en la carta: "no me importa que no puedas pagarme. Por mi hagamos borrón y cuenta nueva, olvidemos que alguna vez te preste algo…"

Pero ella no podía olvidarlo, y se negaba a acercarse a Harry hasta que pudiera devolverle el dinero. Era más que orgullo, ella sabía lo que su amigo haría si se enterase donde vivía y donde trabajaba.

Levantó la caja de suelo y la dejó sobre la mesa ratonera. Bram había demostrado hasta donde llegaba su nivel de madures el día en que ella regresó de visitar a Carla, con los regalos de Harry en las manos. Bram había abierto el paquete con entusiasmo, pero luego su sonrisa se desvaneció y su mirada se volvió calculadora. Hermione había creído tontamente que pensaba en que no tenía donde conectarla o que no tenía ningún juego, pero se había llevado una sorpresa enorme cuando el niño le propuso venderla para pagar alguna de las muchas deudas que tenían.

Habían discutido, porque Hermione se negaba a que su hermano vendiera su regalo. Al final, solo habían logrado que la play terminara en un rincón acumulando polvo, hasta esta misma tarde, cuando Bram le había dicho que había un tipo que trabajaba en la escuela que estaba más que dispuesto a comprársela al precio de las tiendas ya que nunca la había sacado del paquete.

Nuevamente Hermione se había negado y Bram se había ido a dormir sin decir nada. Sabía que el pequeño tenía la mejor intensión, pero aquel regalo había sido mucho mejor que el que ella le había dado por navidad (una novela de Julio Verne de cuarta mano) y no le gustaba que no quisiera disfrutarlo.

Bostezó un poco a camino a su cuarto, pero se distrajo un momento al escuchar que llamaban a la puesta. Encendió la luz eléctrica, la cual titiló un poco antes de encenderse de forma correcta. Ya eran pasadas las once y gracias al televisor a todo volumen de su vecino de arriba, podía escuchar la última emisión de noticias. Ni siquiera se le pasó por la cabeza la idea de abrir la puerta hasta después de echar un vistazo por la mirilla y descubrir que se trataba de su vecina Jane. Soltando un suspiro de alivio descorrió la cadena de seguridad y abrió la puerta para dejarla pasar. Hermione no era tonta, vivía en la zona más insegura de Londres y lo sabía muy bien. Abrir la puerta sin saber quien se encontraba del otro lado estaba en la cúspide de una larga lista de acciones estúpidas.

Jane entró al departamento a paso tranquilo, tratando de disimular una cojera que Hermione aún no sabía de donde procedía. Alta y voluminosa, aún llevaba su uniforme azul de camarera, y su cabello negro caía en cascada sobre sus hombros. Estaba ojerosa y su maquillaje barato no la ayudaba a ocultar las primeras arrugas de la edad que comenzaban a formársele a los lados de los ojos y la boca.

—Ha llamado 5 veces desde que llegué del trabajo hace media hora y ha dejado como 20 mensajes en el contestador— le informó con voz cansada. Hermione no tuvo necesidad hacer preguntas, sabía a quien se refería su vecina y se sintió culpable al conocer las molestias que le había causado su estupidez a una de las pocas personas que la ayudaban sin esperar nada a cambio.

— Lo siento mucho Jane. Debió tomar tu numero de la oficina de mi jefe, es el que les di si necesitaba contactarme.

Jane agitó la mano, como si tratara de quitarle peso a esa parte del asunto.

—No importa, ya le he dicho que llamaré a la policía si sigue llamando. Y además tengo la cinta donde ha dejado grabado los mensajes... Hermione deberías llevársela a la poli ¿tienes un amigo poli, no? deberías mostrársela. Ese tipo se pasó de mano con los mensajes que dejó. Parecía como loco.—La mujer parecía preocupada mientras se sentaba en la mesa que separaba la cocina del living. Hermione le sirvió un vaso de té helado antes de sentarse a su lado.

—Solo está un poco molesto—Trató de tranquilizarla, aunque sabía que cinco llamadas en menos de treinta minutos y veinte mensajes en el contestador no era algo que hacia una persona que simplemente estaba un poco molesta.

—No niña, ese tipo no está solo molesto. Me puso la piel de gallina, me preocupa lo que podría hacerte a ti o tu hermano.

—¿Mencionó a mi hermano?— alarmada se inclinó sobre la mesa sin quitarlos los ojos de encima a su vecina. La mujer dudó un momento antes de contestar.

—Lo odia, Hermione.— Escupió con voz ronca, como si decirlo la volviera una persona malvada— Jamás en mi vida vi a alguien odiar tanto a un niño, y menos a uno tan dulce como Bram.

—Stephen cree que lo dejé por culpa de mi hermano, por eso lo detesta.

Jane lo pensó un momento mientras bebía su té helado. Al final dejó el vaso sobre la mesa y dijo con total firmeza y seguridad.

—Deberías pedir una orden de alejamiento para ese tipo, antes que los lastimen a ti y a Bram.

—No puedo—resopló Hermione, derrotada— Trabajamos en el mismo lugar.

—Entonces búscate otro trabajo. Aléjate de él, Hermione. Está loco, y yo sé mucho de locos.

Cuando Jane lo decía parecía tan sencillo. Buscar otro trabajo y extirpar de una vez por todas al peor error amoroso que había tenido en su vida. Pero le había costado mucho conseguir aquel empleo y le daba miedo pensar en tener que salir a buscar uno nuevo. Si los de servicios sociales se enteraban de que se había quedado sin trabajo, le quitarían a Bram. Y por nada en el mundo podía permitir que él terminara en un orfanato o con una familia adoptiva. Aunque tal vez Bram estuviera mejor con otra familia, ella era demasiado egoísta, su hermano era todo lo que le quedaba y no iba a permitir que lo alejaran de su lado.

—No te preocupes Jane, yo me las arregló con Stephen, puedo con él.

Su vecina agitó la cabeza de forma negativa, al tiempo que le daba una palmadita en el hombro. La miraba con pena.

—Eso decía yo de mi ex marido y terminé con una pierna que aun hoy no puedo estirar del todo.

Hermione la miró sorprendida, pero Jane no digo nada más al respecto. Se levantó apoyando una mano en la mesa, y después de desearle una buena noche de sueño, se marchó.

Permaneció sentada unos momentos mientras pensaba en lo que su vecina le había dicho. Stephen era el contador de la pequeña empresa donde trabajaba, y además también era el sobrino del jefe. Era un hombre poco interesante que sabía mucho de números pero casi nada de personas. Arrogante y bastante tonto. Era el tipo de sujeto al que solo accederías a tener una cita con él por lastima.

Jane exageraba, se dijo a si misma mientras volvía a pasar la cadena de seguridad de la puerta, y también aseguraba un par de trancas de refuerzo que había en la parte superior y la inferior de la puerta. Stephan era enojón, pero no peligroso. Apagó la luz y se fue a la única habitación con la que contaba aquel apartamento, mientras trataba de alejar todos sus pensamientos de Stephan o de las facturas que la esperarían hasta la mañana siguiente sobre su escritorio. Entró con cuidado para no hacer ruido. Bram estaba acurrucado en un rincón de la cama. La luz de la calla entraba por la ventana y pudo notar el cabello castaño y su nariz respingona.

Suspiró mientras se sacaba los zapatos y se ponía la ropa de dormir. La parte de la habitación de Bram estaba empapelada de dibujos de castillos y lagos. Se quedó parada contemplando los dibujos por un momento. Se mordió el labio al tiempo que recordaba las cosas que su padre le contaba sobre el colegio al que él había asistido de joven. Hogwarts, el mejor internado del país.

Le sorprendía lo bien que había logrado Bram dibujarlo basándose en un par de fotos y un montón de historias que ella le había contado.

Ella también había empapelado su habitación con dibujos de Hogwarts el año antes de entrar a él. Había sido una tradición en su familia asistir a ese colegio, muchas generaciones de la familia de su padre habían estudiado allí. Sus padres se habían conocido en sus pasillos. Y ella había ido y sacado las mejores calificaciones de su generación.

Hermione había sido muy feliz en Hogwarts. Estaba completamente segura que Bram también soñaba con ir allí el próximo año escolar. Aquella idea hizo que el estomago se le revolviera. Aunque no se lo dijera, él albergaba la esperanza de ir. Eso la hacía sentir una completa fracasada. Su salario era demasiado bajo como para pagar la matrícula de un colegio de ese tipo.

Aunque todavía albergaba una casi moribunda llama esperanza, puesto que hacía unos meses había mandado una carta solicitando una beca completa para Bram, pero hasta el momento no había aparecido ninguna respuesta.

Se acostó junto a su hermano en la cama grande que le había regalado una vecina del piso de abajo antes de mudarse a un sitio mejor. Bram se movió un poco y Hermione pudo ver algo que brillaba entre sus manos. Se inclinó un poco para ver y se sorprendió al ver un portaretratos. Lo tomó teniendo mucho cuidado en no despertar a su hermano. En la poca luz pudo distinguir los rostros sonrientes de sus padres, el de Bram y el suyo propio. Era la foto que habían tomado en la última navidad que tuvieron juntos.

Miró a su hermano y luego al retrato. A veces sentía que hacia todo mal, que no le daba a su hermano lo que este se merecía. Que metía la pata demasiadas veces.

Pasó un brazo sobre Bram, abrazándolo a él y al retrato de la familia feliz que alguna vez habían sido.

Estaba segura que sus padres estaban allí, en algún lugar, mirándola y odiándola por no poder cuidar mejor a su pequeño hijo.

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Hola! Espero que hayan tenido una linda navidad.

Siento mucho no haber actualizado antes, pero la verdad estos meses han sido muy difíciles para mí y de verdad espero que este año que empieza sea mucho mejor. No puedo decir mucho sobre el capítulo, la verdad es deprimente (como para agarrar un arma y dispararme, no?) lo cierto es que cuando la idea llego a mí, fue sin dudas como una comedia ligera, pero después de pensarlo mucho y de reescribir todo lo que tenia, decidí que quería escribir algo más que comedia. No creo equivocarme cuando digo que será algo del estilo de Save You (el que leyó ese fic entenderá) Espero de verdad poder actualizar pronto (este y todos los demás fics que tengo) Muchas gracias por el apoyo que me han dado con sus comentario, de verada los aprecio :)

Besos grandes

Elly