La Dama del Castillo
Los visitantes habían llegado al Paso de Rose hace más de una semana, y seguían instalados en una de las torres que se les asignaba a los huéspedes temporales. En este tiempo, Mikasa había notado que su padre estaba preocupado, que comía poco, y que además mantenía el semblante serio y la mirada triste. Todo esto fue a raíz de la visita de su amigo. En todos estos días, había observado que tanto su padre, así como sus hermanos y los recién llegados no salían por varias horas de la sala de reuniones; los soldados realizaban más entrenamientos de lo habitual, las forjas trabajaban sin pausa, mientras que por otro lado, se preparaban provisiones de comida para un batallón entero. Mikasa no era ninguna tonta, por lo que dedujo que su padre se iría a disputar alguna batalla, ya que esa era la única explicación posible para tanto alboroto.
Nadie le había dicho nada, pero eso sabía que tanto su padre como sus hermanos, irían a combatir. La pregunta que se hacía la joven, era... ¿Contra quién?, ¿Quién sería capaz de desafiar al Gran señor del paso?, si de todos era conocido la buena relación que existía con el gobierno. Sabía que si cualquiera se atrevía a desafiar al Paso de Rose, también desafiaría a todo el reino.
Había atardecido, caminaba sin prisa por uno de los enormes pasillos dirigiéndose a sus aposentos, cuando el joven que había estado todos estos días incomodándola (otra vez), hizo acto de presencia. -Mi Lady, puedo acompañarla- preguntó Jean. -Estoy un poco cansada mi señor, en otra ocasión tal vez- contestó la joven, esquivando perfectamente a Jean. -No le agrada mi presencia, ¿verdad?, no tiene por qué negarlo mi Lady. Si lo desea me retiraré. Siento molestarla-. Se giró sobre sus pasos y se fue caminando lentamente. -No es eso...no me molesta en absoluto mi señor- respondió Mikasa no queriendo herir con su comportamiento al joven.
Jean le confesó a Mikasa que le había estado siguiendo porque quería hablar con ella, quería conocerla mejor, y hacerse amigos. Mikasa lo miró de forma extraña no fiándose de él, pero después notó que su mirada no era para nada falsa, por lo que decidió seguir su intuición y comenzar a hablar con él. Además recordó que su padre le había advertido, que no quería malas formas ni malos comportamientos con las visitas. Por lo que fingiendo que le agradaba la presencia de Jean, lo acompañó e hizo de buena anfitriona, enseñando cada lugar importante de la imponente fortaleza.
El joven visitante, no había dejado de pensar en ella, había escuchado rumores de que la Dama del Paso de Rose, era una mujer bastante complicada, que había rechazado a muchos pretendientes; más ricos o más pobres, nobles de alta cuna e incluso de la realeza. Pero él no era el tipo de hombre que se rendía sin dar batalla. Por lo que convencido de su flechazo, convenció a su padre, para que en cuanto se saldara el asunto de honor con los Ackerman. Le diera su permiso para pedir oficialmente la mano de Mikasa, a su padre Grisha Jaeger.
Sin embargo, antes de que sea su esposa, Jean deseaba que ella también lo quisiera como compañero de vida. Nunca le había gustado las imposiciones, por lo que deseaba casarse con la persona que lo aceptara tal y como él era. Su familia no tenía ni la mitad de las riquezas que abundaban en esa fortaleza. Sin embargo eran de sangre noble, y si ella lo aceptaba, él se aseguraría de que nunca le faltara de nada.
-Y por último esta es la torre donde suele encerrarme mi padre, ya sabe...para corregir mis arrebatos- explicó Mikasa con cierta ironía en su tono. -Debe de ser duro, tener a un padre tan severo, mi Lady- respondió Jean compadeciéndose de la joven. Mikasa contuvo el aire para después lanzar un sonoro suspiro. -Mi Señor, con el tiempo una se acostumbra, deje de mirarme con lástima- contestó, con un gesto orgulloso.
A Jean esa mirada orgullosa y segura le atrajo aún más, era la mujer que siempre había esperado, no era una niña tonta y sumisa que sólo deseaba casarse, ella estaba dispuesta a dar guerra si así lo requería la situación, estaba completamente seguro que si se llegara a casar con ella, jamás se iba a aburrir.
Los dos jóvenes siguieron recorriendo el castillo, y aunque pareciera extraño, a Mikasa le agradó la presencia de aquel hombre, era como si fuera un amigo de toda la vida, al cual le estaba contando todo lo que había sucedido en ese tiempo que no se habían visto. Hannes miraba de cerca la caminata de ellos dos y después de muchos años, se sintió feliz por su señora ya que ahora la veía disfrutando y sonriendo como hace mucho tiempo que no lo hacía...
Jean le contó de los planes que tenía su padre y de porqué habían venido desde tan lejos a solicitar la ayuda de su familia. Le explicó también que en la Región del Sur, se encontraba un enemigo poderoso, cruel y despiadado que no había dudado ni un solo segundo en matar a su propio padre, y que no contento con esto, había ordenado matar a los demás miembros de la familia Ackerman. Además le dijo, que los últimos rumores apuntaban a que iba a tomar a la fuerza la capital del reino y según le explicó, el Rey estaba nervioso, ya que no sabía que hacer, dado que el marchar sobre el sur era el iniciar una guerra, y que lo último que quería en estos tiempos tan revueltos era comenzar una guerra civil. De manera indirecta, Jean culpó al Rey diciendo que tal vez si no fuera un cobarde, hace tiempo que Levi Ackerman hubiera muerto y pagado por el asesinato de su familia.
Sin embargo, aunque para el Rey la muerte de Kenny Ackerman no hubiera significado nada, para su padre y para la familia Kirstein significaba una afrenta en toda regla. Ya que desde hace décadas, las dos familias Kirstein y Ackerman se habían ayudado mutuamente. Los dos niños que por aquel entonces eran, se habían conocido desde pequeños y prácticamente se habían criado juntos; años más tarde aparecieron los Jaeger, con Grisha como primogénito y único hijo.
Las casas en la capital, donde residían en un principio la mayoría de las familias nobles, se encontraban relativamente cerca, por lo que, los niños se veían a menudo, se educaban con los mismos maestros y tenían las mismas amistades. Con el paso del tiempo los tres jóvenes, forjaron una amistad que hasta el día de hoy perduraba.
Y por esta gran amistad ambos patriarcas, no podían tolerar y mucho menos aceptar,
que un "bastardo", se hubiera atrevido a quitarle la vida a Kenny sin el más mínimo honor. Además, Mikasa sabía que su padre, el señor del Paso, era una persona justa, que siempre ayudaba a los de su clase, y que odiaba las injusticias, y que al igual que el padre de Jean, había sufrido con la muerte de su amigo.
Mikasa escuchaba atentamente las razones de la visita, pero se quedó solo con un nombre, Levi Ackerman, no podía creer que alguien cometiera parricidio. Si bien ella y su padre jamás se habían entendido, ella nunca desearía eso para su familia. Definitivamente ese tal Levi, era alguien de quien temer. -Ojalá y nunca lo conozca- pensó Mikasa, dando la razón al joven y a su padre. Es lógico que se quieran vengar, lo que hizo es algo imperdonable, fueron las últimas palabras de la azabache, antes de que la doncella les interrumpiera, diciéndoles que les esperaban en el comedor para empezar a cenar.
Afuera del castillo soplaba una brisa agradable, se escuchaba a lo lejos el sonido de las olas golpeando a las piedras. Aquel lugar era maravilloso, la fortaleza de los Ackerman estaba construida sobre un enorme pedazo de tierra, rodeado de agua por todas partes. El mar era lo que a él desde niño siempre le había acompañado, el lugar en el que se había sentido seguro y protegido y era el lugar donde su alma por fin encontraba la paz...
Sentado en una de las piedras de la más alta torre, se encontraba Levi mirando como las olas iban y venían, como las palmeras se mecían al compás del viento, y como las estrellas brillaban en lo alto del firmamento, pensando en todo lo que había cambiado desde que por primera vez con 10 años subió hasta lo alto de aquella torre, aquel día ya hace mucho tiempo cuando se cumplía un año del asesinato de sus padres. Había llorado como nunca en su vida por todo lo que se le fue de las manos, por todo aquello que le arrebataron: su familia. Tal vez y esa era la razón de su amargura a pesar de contar con incalculables riquezas, ademas de fuerza y poder. Nunca había querido a nadie como a su madre y a su padre, su vida se había convertido en una venganza y aunque al final la había conseguido, no sabía porque su corazón no conseguía encontrar la paz. Jamás se había enamorado y la idea de tener una mujer e hijos no se encontraba en sus planes. No entendía como un hombre era capaz de perder la razón por una mujer, definitivamente a él, eso no le pasaría nunca... Quitó de su cabeza aquellos malos pensamientos que solo lo atormentaban y se concentró en lo que ahora necesitaba su total atención: la conquista del paso. Debía pensar en la mejor estrategia para conquistarlo, sin tener que derramar tanta sangre. Siempre había sido un estratega nato, pero el puente era bastante largo, y las murallas eran más altas que en cualquier otra fortaleza, a lo que se sumaba el maldito clima; tan diferente al resto de la isla.
Hace unos días había enviado varias cartas en las que se ofrecía a ayudar a los Reiss, lo único que les pedía a cambio era más poder militar para su casa, inmunidad ante el asesinato de los miembros Ackerman, y sobre todo pedía que una vez que se instauraran en el poder, se devolvieran las propiedades robadas por los nobles a sus auténticos dueños.
Sabía que tal peticiones eran un poco irreales, sobre todo la última de ellas, ya que aunque fueran otro tipo de monarcas, el quitarle así como así propiedades a las casas nobles, era sumarse enemigos bastante poderosos. Pero él lo había pedido y esperaba que se las aceptaran. Hace días que apenas y dormía, la maldita guerra que se avecinaba lo tenía bastante preocupado. El era muy bueno en el combate cuerpo a cuerpo y eso que era bajo de estatura. Pero en la batalla no se podía confiar en nadie ni en nada y mucho menos menospreciar al enemigo. Sus hombres lo apoyaban y lo seguirían hasta el infierno si era necesario, esa era la única parte buena de todo el asunto: sus hombres, la gente que había confiado en él, era lo único que le importaba.
Regresó a su habitación, y pudo ver que alguien lo estaba esperando. -Hoy no Petra, vete- ordenó sin ni siquiera mirarla. La joven lo miró decepcionada por sus palabras, y salió por la puerta por la que antes había entrado. Levi se quedó mirando como la joven salía de la habitación, habían compartido muchos momentos juntos, pero ahora él no estaba de humor. Necesitaba pensar en un plan para alcanzar y conquistar El Paso con el menor número de bajas posibles. Y para eso necesitaba descansar y pensar en un buen plan. Se tumbó en la cama con las manos detrás de la cabeza, y en poco tiempo se quedó dormido.
Varios golpes en la puerta lo despertaron. Uno de sus sirvientes traía una carta con mucha urgencia. -Viene del Paso de Rose, mi señor- dijo el siervo muy agitado. -Gracias puedes retirarte- contestó, levantándose de la cama y abriendo la carta rápidamente.
Levi Ackerman
Después de los crímenes que ha cometido, si tuviera un poco de honor, se entregaría usted mismo a las autoridades competentes. Pero como sabemos por buenas fuentes que no lo va a hacer. Hemos después de meditarlo mucho, decidido el tomar justicia por nuestra propia cuenta. Por esta razón le informamos, que los ejércitos de varias casas nobles, en conjunto con el ejército del Paso de Rose, nos enfrentaremos a usted en El Valle de Trost, donde le haremos pagar por la vida del Clan Ackerman, del que usted jamás formara parte. Y que si tuviera un poco de honor y decencia, después de los crímenes que ha cometido, hubiera dejado de usar como apellido propio. Pues queda avisado, le esperamos al amanecer de la próxima luna llena.
Grisha Jaeger, el Señor del paso de Rose.
Levi leyó la carta una y otra vez, no pensaba que le declararan la guerra tan rápido. Pero en el fondo eso suponía una gran ventaja, ya que El Valle de Trost estaba bastante cerca de ahí, el lugar era un sitio árido que jamás había servido para nada, sin embargo era el sitio perfecto para una emboscada... y él era experto en crear trampas para sus enemigos. Mandaría a algunos de sus mejores soldados para que revisen el escenario de la batalla, y a otros para que espíen los movimientos de los soldados del paso. Quería saberlo todo: el número de soldados, los caballos que tenían, las armas que portarían, las provisiones... en fin necesitaba analizar a su enemigo lo mejor posible para así descubrir sus puntos débiles.
Aprovecharía de la mejor manera la rapidez con la que ellos habían actuado. Ya que si todos salía como él deseaba, a lo mejor y no era tan lejano su sueño de gobernar El Paso de Rose. El día a penas y comenzaba y él tendría mucho que hacer antes de salir a la batalla, por lo que se fue inmediatamente a reunirse con sus capitanes, para preparar su plan de ataque.
Al Alba del día indicado, varias casas nobles cada una con sus estandartes, soldados y caballos, estaban reunidas y perfectamente alineadas, para marchar hasta El Valle de Trost. El padre de Mikasa, durante la cena del día anterior, había hablado con ella y con sus hermanos para dar las últimas indicaciones. Le explicó que ella junto con varios soldados, se quedarían en el Castillo para protegerlo y cuidarlo. Y le dijo además, que ella se quedaría en El Paso como única representante de la familia Jaeger, ya que por mucho que insistió para que alguno sus hermanos se quedara, ellos dijeron que era de cobardes esconderse detrás de las murallas. Por lo que desafiando la autoridad de su padre, se alistaron para ir a la batalla.
En todo este tiempo Jean, había estado cortejando a Mikasa, diciéndole abiertamente y sin dar más rodeos, que se había enamorado de ella. Le pedía una oportunidad para demostrarle que podía ser un buen esposo... sin embargo la joven lo veía como a alguien de confianza, con quien podías reír sin parar, contarle tus secretos y hablar horas y horas sin aburrirte, en definitiva: un buen amigo. Ya que él no despertaba en ella, aquellas pasiones de las que había oído hablar y que había leído cuando creía en el amor y era una adolescente. No, no veía a Jean con esos ojos, y jamás lo vería de otra forma que no fuera eso. Y aunque ella fuera una persona directa a la hora de hablar, se calló para no herir sus sentimientos.
Grisha había estado observando el comportamiento de ambos jóvenes, y no le hacía mucha gracia que su hija se casara con alguien de clase inferior a él, pero se veía que aquel joven era noble y que la podía hacer feliz. Además escuchó como Mikasa no dijo nada cuando este le confesó sus sentimientos, por lo que el patriarca dedujo que ella sentía lo mismo que él. Así pues estaba todo decidido en cuanto se terminara la guerra, daría la mano de su hija a Jean Kirstein. Cuando vio que el joven se había retirado, Grisha se aproximó hasta donde se encontraba su hija. Quería hablar con ella, ya que sería la ultima noche antes de la batalla, que dormirían bajo el mismo techo.
-Mikasa..yo.. bueno..no sé como comenzar sin que te pongas a la defensiva- Susurró Grisha tomando por sorpresa a Mikasa, que se giró sorprendida.
-Padre...¿qué hace aquí?- Respondió Mikasa. -Quería hablar contigo pero parece ser que ya estabas hablando con otra persona, ¿qué sientes por ese joven..hija?- preguntó Grisha sin más rodeos. -yo..bueno..somos amigos, nada más- respondió con toda sinceridad.
Grisha se giró para verle directamente a los ojos. -Mikasa como te habrás enterado, vamos a ir a combatir con un enemigo muy poderoso, por lo que antes de irme, he decidido dar tu mano en matrimonio a los Kirstein. Y no admitiré un no por respuesta, cuando todo esto termine, te casarás con Jean Kirstein. Hablaré con el cura si es necesario para decirle que la parte en la que te preguntan la omitan. Y de una forma u otra te vas a casar. Por lo que espero que vayas aceptando tu destino una vez que todo esto haya terminado- exclamó Grisha de forma autoritaria, Mikasa se iba a casar sea como sea y él se encargaría de que así fuera.
Mikasa se quedó sorprendida por las palabras de su padre, no pensaba que eligiera a Jean como su yerno. El tono qué había utilizado esta vez le dejó claro que no tenía otra opción, pero ella que jamás daba su brazo a torcer, ya se encargaría de hacer algo para anular la boda. Pero eso ahora no importaba; su padre se iba a ir a una batalla, y aunque siempre tuvieron sus diferencias ella lo quiso y lo quería como sólo se quiere a un padre. Él había sido severo, autoritario y distante con ella...pero al fin de cuentas era quien la había cuidado durante todos estos años.
No dijo nada cuando escuchó los deseos de su padre, solo asintió a modo de haber entendido la orden. Grisha antes de salir le dio un beso en la frente y se retiró hacia la salida. -Cuida del paso-, fue lo último que le dijo al partir.
Continuará...
