Antes que nada, las canciones al inicio son muy importantes, ya que son mi playlist de la pareja. Si quieren que la suba, lo haré en 8tracks o algo.

La principal es Nicotine de Panic! at The Disco, la cual dio vida a este fic y el nombre.

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Capítulo 2

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Tú propones, yo acepto

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«Las manzanas no son siempre una disculpa apropiada; el dulce de azúcar y mantequilla y los chicles

son agridulces para mí.

Me llamas niña, mientras sigues contando todas tus monedas, pero tú no eres mi papi y yo no soy tu muñequita, y tu diccionario está destruido.»

Sus sentidos, en dicho momento, se habían nublado completamente. Sus manos habían apretado la cintura de la pálida chica, mientras sus labios se movían lentamente sobre los de ella, aumentando el ritmo cada segundo.

Si le hubiesen dicho que besar podría ser tan placentero, lo habría hecho más seguido. Sus besos anteriores habían sido roces babosos y repugnantes, de vez en cuando algo agradables. Pero ese beso con Sarada Uchiha era un cocktail de sensaciones, formando sentimientos libidosos en su parte baja, quemando su piel.

Cargando a la joven kunoichi sin dificultad, caminó por el corto pasillo de su casa, sin alejarse de los labios rosados y carnosos de la chica. El único momento en que se alejó fue cuando la botó en la cama y se acomodó encima, para luego unir sus labios nuevamente.

—H-Hey... —balbuceó la de lentes cuando la boca del Nara bajó hasta su cuello, lamiendo rápidamente y con dificultad para mantenerse sobre sus brazos.

Este no se inmutó ante su llamado, siguió besando su cuello de porcelana, cerrando los ojos para permitir hundirse en la satisfacción que le otorgaba tener a la kunoichi en sus brazos.

A Sarada no le importaba realmente, quizás por beber tanto. Pero el estar en esa situación no le incomodaba en absoluto, y en su lugar introdujo sus manos dentro la oscura camisa del Nara, sintiendo su torso marcado por tantas horas de entrenamiento.

El tacto caliente de la Uchiha era demasiado, y lo hizo tensarse con los ojos semi abiertos. Pero cuando las manos de ella se fijaron en su trasero y sus labios se hicieron presentes en su clavícula, la entrepierna del Nara no pudo quedarse tranquila como ya lo había hecho.

—Puedo parar, pero solo ahora, mujer. Luego no me vas a ir tachando de que violé o no sé qué mierdas —gruñó con una voz rasposa, pasando su lengua por el nacimiento de sus pechos.

—Solo hazlo, idiota —se mofó, con el ceño fruncido.

Y ahí, en esa fracción de segundos, comprendió la belleza de los Uchiha. No era una belleza como la de Himawari y Sakura, adorable, grácil y brillante. Ni como su prima Yodo, o Chōchō e Ino, esbelta, curvea y despampanante.

La belleza de los Uchiha, aquella de la que tanto se hablaba debido a la presencia de Sasuke Uchiha en su época como galán de la aldea, estaba a base de elegancia, la frialdad e inexpresividad de sus personalidades, que los hacían parecer reyes y reinas del hielo, en ese brillo en sus ojos, llenos de sentimientos a flor de piel.

Recordó la charla con su padre, dónde le contó la historia del Clan Uchiha luego de que preguntara por qué tenía solo cuatro miembros, contando a Sakura, Sarada y el hermano menor de esta, Daisuke. Los Uchiha eran personas que sentían todo al extremo, que amaban con tanta fuerza que podía convertirse en un gran odio con facilidad.

Y todas esas emociones tan intensas se veían en los ojos ónix de los tres Uchihas de nacimiento con vida.

Entre gemidos y jadeos unidos, y rápidas estocadas en su momento, probablemente durante media hora, ambos ninjas habían quedado dormidos por la bebida, con sus mejillas sonrojadas completamente.

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Cuando abrió sus ojos, un claro dolor de cabeza lo recibió. Solo recordaba haber bebido mucho y tenido sexo sin decoro, quedando mullido a decir verdad.

Se acercó a la mujer que dormía junto a él, observando su espalda sudorosa y blanquecina. Al ver su rostro, hizo una mueca. Realmente se había acostado con Sarada Uchiha.

No es que la chica le asqueara, pero no le parecía lo suficientemente bonita para él. Tampoco le gustaba su carácter. ¿No pudo haber sido Himawari, o Yodo? Incluso hubiese preferido que fuese Mirai, a quien trataba como una hermana mayor.

Eso era demasiado problemático y no quería lidiar con eso. Movió a la chica por el brazo, quizás demasiado bestia.

—¿Qué demon...? Déjame en paz —gruñó la adormilada chica, restregándose los ojos.

Al levantar su rostro hacia él, parpadeó, y tuvo que buscar sus lentes en la mesa de noche para ver correctamente. No, su vista no le fallaba, Shikadai estaba a su lado con esa mueca característica de él. Y el dolor en sus caderas y cintura, y el escozor en su entrepierna le dejó muy claro lo que había pasado.

—Dime que es una mala broma —gruñó nuevamente.

—No. Bebiste más que los ancianos y te arrastraste a mi cama. ¿Te puedes ir? —masculló, estirándose como si fuera un gato.

El rostro de Sarada Uchiha era un poema. Sí, estaba bastante molesta y probablemente lo golpearía. Pero luego cambió a una mueca imperceptible y una expresión algo dolorosa en sus ojos detrás de los marcos de sus lentes.

—Ya lo recordé... Y no parecias muy molesto —musitó en un hilo de voz, apretando sus manos.

—Estaba ebrio, no suelo beber. No quería y prefiero olvidar que eso pasó —gruñó el Nara, colocándose el interior con una mueca—. No es tan tarde, con las siete de la noche. Puedes irte sin problema.

—Eres un idiota —bufó Sarada, vistiéndose para largarse de allí.

Era un patán, de eso estaba clara. Se había atrevido a robarle su primera vez, y su primer beso de hecho, solo para luego mirarla como si le asqueara. Quería golpearlo, llorar, perderse de ahí mientras canalizaba sus sentimientos.

Pero aunque era explosiva, no tanto como su madre. Usando la cabeza fría de los Uchiha se vistió y salió de allí.

Mientras, Shikadai solo pensaba en lo problemático que sería levantarse y cerrar la puerta con llave.

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Al llegar a su casa, fue acribillada a preguntas por su madre. Por qué tenía cara de haber llorado, por qué había llegado tan tarde, por qué tenía tan mal aspecto.

Mientras su padre leía unos informes de futuras misiones en la mesa, comiendo un tomate sin determinar mucho la situación. Había aprendido a no meterse en los regaños de Sakura.

Y su hermano menor, Daisuke de trece años, arreglaba su cabello rosa debido a que tendría una cita si mal no lo recordaba. Su hermano siempre había tenido más actividad social y amorosa que ella.

—... Llamé a Naruto y ni siquiera tenías una misión hoy, ¿¡Dónde diablos estabas, shānnarō!?

—Estaba en casa de Chōchō, mamá. No es la primera vez —gruñó, sirviéndose un vaso de agua.

No estaba de humor. Primero, el asunto de Boruto. Y segundo, el asunto de Shikadai. Había sido un día de mierda.

—¿Y por qué esa mala cara? Además, te ves como si hubieses llorado por una semana —cuestionó molesta, con sus manos en su cintura.

Sasuke subió su mirada hasta el rostro hinchado de su hija, y vio que era cierto. Devolvió su mirada a los informes; tendría que extender alguna misión para poder dar caza a quién sea que haya roto el corazón de su hija.

—Está llorando por Boruto, mamá —chismeó Daisuke, sentándose en la mesa mientras esperaba la hora de irse—. Eso ya es noticia vieja.

—¿Eh? —musitó la matriarca del Clan Uchiha, mientras su padre fruncía el ceño.

Recordándose mentalmente ahorcar a su hermano y arrancarle los ojos para tener el Mangekyō Sharingan Eterno, le lanzó una mirada cansina a su madre.

—No quiero hablar de eso, mamá. Hablamos mañana.

Subió las escaleras rumbo a su habitación, sintiendo nuevamente esas ganas de lanzarse a llorar.

Al entrar, metió el seguro para evitar algo intrusión nocturna por parte de su entrometida pero preocupada madre, o que Daisuke volviera a sacarle dinero del bolso.

Se dejó caer contra la cama, soltándose a llorar nuevamente. Ella no eran tan sentimental como su madre, pero cuando su cerebro decidía que ella debía llorar, lo hacía con una gran facilidad.

Ya, a los minutos, no sabía por qué lloraba. ¿Era por el idiota de Boruto que no se había dado cuenta de sus sentimientos y había saltado a los brazos de Midori? ¿O era por haber sido humillada de esa forma por Shikadai?

Quizás era más el hecho de lo mal que le había hecho sentir ambas situaciones. Muchas personas hablaban de la belleza de los Uchiha, sobretodo de su padre en su juventud. Pero ella no se sentía así. Con Sakura y Sasuke como padres, debía ser una persona de facciones perfectas, cuerpo esbelto y elegancia nata.

Pero no. Ella era la simple Sarada, frentona, simplucha y con lentes cuadrados, cuyo cabello parecía una cosa extraña cuando era niña y ni al crecer había mejorado.

Suspiró mientras se levantaba, rumbo al baño. Quería darse una ducha y fingir que ese día no existía, que nada había pasado y todo seguía normal, como siempre.

Al caer en su cama ya bañada y acomodada con su pijama de tomates regalo número quince de su padre, Sarada Uchiha cayó profundamente dormida con sus ojos hinchados.

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Una parte de él le decía que era un suicida, el otro decía que era un completo idiota. Y una pequeña, casi inexistente parte de él le decía que estaba haciendo lo correcto —aunque muy en el fondo sabías que no.

Había pasado una semana luego de su encuentro con Sarada Uchiha en su departamento, y hasta el día anterior es que la almohada había perdido el aroma de su loción de flores de cerezo, tan suave, limpio y casi cítrico.

La había invitado a almorzar en su casa, debido a que se consideraba un buen cocinero. Por supuesto, la respuesta fue un no rotundo, pero luego de tanto insisterle había aceptado milagrosamente.

La curiosidad era un rasgo de la Uchiha que le impedía negarse ante ese tipo de cosas. Había preparado panes con sabor a té negro y bistec. De beber, té negro con limón.

Fue divertida la expresión de Sarada al oler la comida. Sabía que amabs el té negro.

—Uh... Pasa —la invitó con un tono de voz cordial, haciéndose un lado.

Esta con una mirada desdeñosa y el ceño fruncido se abrió paso a aquel apartamento que tantos malos recuerdos le daba.

Tenía puesto un vestido simple hasta el muslo rojo, muy corto, debido a que sus piernas estaban cubiertas por medias ninja negras. Este tenía solo la manga derecha, la cual tenía una apertura en su hombro, y sus guantes negros de siempre. También tenía unas zapatillas ninja que la hacían verse más alta.

Él tenía ropa algo más moderna. Una musculosa negra, debajo de una sudadera gris y pantalones de mezclilla, junto a zapatos deportivos. Su cabello estaba suelto, debido a que el frío le había hecho soltárselo por si le ayudaba a disminuir el frío en su cuello.

Al contrario de su padre, él si no tenía molestia en dejar su cabello ser libre.

Cuando se sentaron a comer, Sarada lo miró, aún emocionada por la comida, pero igual de molesta por su presencia.

—¿Para qué me invitaste? —preguntó bruscamente, cruzándose de brazos. Notó que su comida había disminuido rápidamente.

Tragó en seco, tomando algo de té para aclararse la garganta.

—Solo quería disculparme por como te traté... Y no sé, hacerte una propuesta —dijo distraídamente, mirando hacia otro lado mientras sus ojos amenazaban con cerrarse. Tenía sueño, algo normal en él.

La ceja de Sarada se enarcó peligrosamente, mientras volvía a mordisquear su bistec.

—¿Qué tienes entre manos, Shikadai? Tengo una misión de ANBU en la tarde —masculló, y aunque fuese una excusa era cierto.

Llevó sus manos a su rostro, sosteniéndolo con pereza mientras mordía el trozo de pan.

—Qué problemático... Pues, primero te pido que no me golpees —avisó, recostándose en su silla para mantener cierta distancia—. Mi propuesta era que, si no tienes ningún problema, repitiéramos lo de 'ese' día sin ningún compromiso ni ataduras.

¿Era cosa de su mala visión o el Nara se estaba sonrojando? Quería quitarle ese sonrojo con un puñetazo.

—¿Disculpa? —masculló, rechinando sus dientes—. ¿Me estás pidiendo tener sexo sin estar en una relación luego de que me trataras como una babosa que te asqueaba y me echaras de tu casa luego de aprovecharte?

—No me aproveché —se defendió con un gruñido—. Y si te traté así, es porque esperaba estar en esas situación con alguien que me gustara —se cruzó de brazos, dejando su comida de lado. Se le había quitado el apetito—. Te seré franco: no me gustas, tampoco me atraes. Simplemente hubo conexión y lo haces bien. Para mí es suficiente.

Era demasiado descaro como para soportarlo más. Estampó sus manos sobre la mesa, mirándolo con molestia.

—Escúchame bien, colega: no soy una cualquiera, te odio, no me gustarías ni aunque te hicieras un transplante de físico, porque tú, amiguito, tienes otro problema; tu personalidad es una mierda —escupió con odio, y en ese momento supo que los rumores de que los Uchiha eran rencorosos y vengativos eran ciertos—. Eres insoportable, cruel y arrogante, un bebé llorón que se cree mucho por humillar a los demás pero solo eres patético y por eso solo tus padres te soportan. Eres un vago sin futuro que se la pasa mirando las nubes y contando ovejas, ¡No me jodas!

Nunca nadie, en todos sus diecisiete años, le había hablado de esa forma, con tanto veneno en sus palabras. Anotó mentalmente: Sarada no era tan parecida a su madre como todos decían. Sí, era violenta, pero más como un perro herido, que reaccionaba de esa forma para defenderse cuando lo lastimaban.

Suspiró, bajando la mirada. En sí, ella había dicho muchas verdades, y eso le había dolido. Estaba actuando como un patán y lo sabía, pero ella también había cruzado la línea.

Sarada apretó la mirada, desvaneciendo el sharingan que se había formado en sus ojos debido a aquella explosión que había tenido.

—Lo lamento, pero no retiro lo dicho. Puedo aceptor tu propuesta, porque yo también lo disfruté, pero no mientras sigas actuando como un imbécil.

Y con esas palabras, la Uchiha se fue de su casa como un torbellino, dejándolo con la mirada fija dónde ella había estado segundos atrás.

Sarada Uchiha daba miedo, decidió.

La había cagado. E iba a ser muy problemático pararse a cerrar la puerta con llave.

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N/A: Ahhhh, este capítulo fue algo difícil. Lo escribí y borré como dos veces.

Está la versión del lemon completo, y esta versión. Si quieren leer el lemon entero, puedo editarlo y ponerlo, pero a mi parecer quedó muy explicito —demasiado— y muy largo, así que al final decidí dejarlo implicito.

Shikadai es cruel, viperino y vago. Soy fiel partidaria de que se parezca más a Temari, y Sarada más a Sasuke pero con rasgos de su madre.

Me recuerdan a Jean y Sasha de SNK *sighs*

Como la única personalidad definida en esta generación es la de Boruto, me tomé libertades con Sarada y Shikadai. Me imagino a Sarada con su esencia Uchiha y Haruno, que mezclada hace que sea similar a Temari. Y obvio, Shikadai es una mezcla perfecta de sus padres. Amo el Shikatema, es mi OTP suprema junto SuiKa, y verlo reflejado sobre estos dos tortolos me da la vida.

Pronto habrá aparición de Shikatema, Midori y Boruto, e Himawari por supuesto. Y pueden irse acostumbrando a Papasuke celoso, porque habrá mucho ?).

¡Gracias por los comentarios! Really, no dejen de hacerlo, me encantan. Esta vez los responderé por inbox, pero ya me dirán si prefieren que los responda por PM o aquí públicamente.