Autor: Claudia Medina

Por Claudia Medina

"Y llegaste tú, una bendición… caída del cielo"

Mini Albert-Fic

Capítulo 2

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Tú sabes en donde está y no quieres decirme- dijo Neal al acercarse ya desesperado a Tom, quien estaba sentado

En su escritorio del consultorio.

-Te aseguro que te digo la verdad, solo me dejo este recado- buscó en su cajón y sacó un papel con la letra de Candy impresa pidiendo perdón por su forma de actuar pero justificándose arguyendo que necesitaba tiempo para estar sola.

-Mira- dijo al sentarse frente a su "futuro" cuñado y buscando algo de tranquilidad- Yo la amo, aunque parezca que no, entiendo y a mi no me interesa que no sea del circulo social que quiere mi madre, entiendo que quiera su carrera, créeme que yo en lo personal no tuve nada que ver

con lo de su solicitud denegada, yo solo le dije que ella no estaba poniendo de su parte para sacar todo esto adelante, en dos meses será nuestra boda y ella desaparece, mi madre es la que se está haciendo cargo de todo lo de la boda y ella solo se la pasaba encerrada en el hospital y ahora este berrinchito de lo de la actualización si ya se va a casar…¿Qué más quiere?

-¿Se lo preguntaste Neal?- dijo Tom en tono serio, controló las ganas de soltarle un golpe en su cara de niño bien, como cuando la defendía en la infancia -Lo que le hicieron no se le hace a nadie y menos a quien dices amar… con la excusa que quieras… tal vez tu no lo entiendas pero para mi hermana el avanzar por si sola es muy importante. Piénsalo, - dijo el doctor de cabello rubio y ojos verdes dándole una palmada en la espalda al comprender que ese muchacho también estaba sufriendo a su manera- Piénsalo, te prometo que si sé algo te lo diré, Flammy y yo también estamos muy preocupados por ella- abrió la puerta para darle acceso a la salida.

-Ay Candy, ¿Dónde estás?- dijo suspirando.

Después de disculparse mutuamente por lo del incidente del baño, Albert la invitó a la cena de los Cronwall, sería como una junta previa para planear lo de la feria anual del pueblo de Riverdale. Como médico debería estar presente, solo unos cuantos estarían, el alcalde, su esposa, Patty Ann que ya fungía como secretaria de Albert, Stear el encargado de todo lo que a mecánica se refería, Archie quien era la mano derecha de su papá en lo referente al manejo monetario aunque también estaba Steve Cartwright el tesorero del pueblo y bueno el médico que era Candy, que hasta entonces estaba su silla sola y claro Luther Smith el primer oficial.

-Yo me voy con la Tía Elroy, tío Al las cenas de la señora Cronwall son… mas bien…

-¿Apestan? – completo Candy la frase

-Que bueno que tu lo dijiste me salvaste de una semana sin X-Box, ya aprenderás a vivir con el reverendo- sonrió la chiquilla y corrió en dirección de la hermosa casa frente a la plaza central del pueblo. Albert solo la miró callado, movió la cabeza y medio sonrió pero ella pudo sentir que había hecho mal, suspiró y siguió caminando.

Para su sorpresa el carro que vio en la mañana justo cuando llegó a la escuela estaba estacionado y recordó lo sucedido con Aisha. Antonella no se equivocó parecía un Dejavú en la casa de los Leegan, la mesa las personas del servicio… el aire le empezó a faltar y se excusó, Albert quiso acompañarla pero insistió en que no era necesario. Al salir escuchó una conversación ahora si reconocía la voz femenina, era Aisha, parecía que suplicaba o lloraba, se mantuvo detras del arbusto justo frente a la puerta para no ser vista

-Bien gracias- dijo con cinismo el hombre- pero a mi no me intimida tu hermano, y ya te dije, lo confirmes o no, yo no estoy seguro de yo ser el responsable, y ya vete.

Candy escuchó los pasos y aparentó estar saliendo justo cuando el hombre subía los escalones de madera. Como estaba medio-oscuro él solo se limitó a saludar con la cabeza ya que no sabía quien era la rubia. Ella vio como la figura ágil de Aisha se movía rápidamente por la plaza. Minutos después entró a la casa, estuvo atenta a la junta pero sin participar mucho. Archie la veía con insistencia y ella solo sonreía cortésmente. Se excusó de su temprana partida por estar cansada todavía del viaje y el accidente, Albert la secundó y también se despidió.

La observó aún con la poca luz que había y vio como dio suspiros profundos.

-Antonella y yo casi ganamos el año pasado el concurso de chili, nos ganó una viejita del pueblo vecino, Anto lloró tres días, solo había pasado un mes de la partida de Rosemary y ella era una gran cocinera.

-¿Chilli?- preguntó emocionada- Yo tengo la receta ideal… era el platillo delicatessen de la hna. María. Además de muy rendidor. Eramos muchos niños- sonrió.

-Bueno pues creo que tenemos que empezar a experimentar desde mañana mismo Anto no me lo perdonaría de nuevo.- observaba con detalle los gestos que ella hacía.

-Ok, empezamos mañana para la cena, haremos buen equipo y gracias por aceptarme

-Oye ni siquiera te invité- dijo él al abrir la puerta de la casa.

-Que bien me gusta estar donde no me invitan, las invitaciones son demasiado formales para mi- sonrió y se fue directamente a su recamara.

Las semanas habían pasado, la rutina ya estaba asentándose en la vida de Candy, el doble turno no le era pesado ya que contaba con la ayuda de Patty Ann que ya se le estaba haciendo costumbre ir a la casa pastoral que por coincidencia era cuando Stear estaba presente o viceversa. Aisha visitó varias veces la enfermería y Candy le sugirió un examen de rutina en el que incluyó uno de embarazo sin que ella se diera cuenta. Las tardes de relax en el asilo eran una fiesta, los jueves de bingo eran de karaoke después de las nueve aunque Albert solo dio permiso una hora y media. Los partidos de baseball con los niños de la escuela los sábados por la mañana eran obligados y las visitas compartidas médico-ministro eran para matar dos pájaros de un tiro. Al único lugar donde no iba Candy era a la iglesia, prefería levantarse tarde el domingo era una costumbre arraigada desde que salió de la casa-hogar.

Ya estaban en la última carrera, Candy era la capitana de las niñas y Albert de lo niños. Antonella era la mejor carta de su equipo podía batear y hasta lanzar hits si se lo proponía, su debilidad, Jared Hernandez, un chico moreno de ojos negros y grandes, un "adonis latino" como lo describía ella, era el chico nuevo del pueblo su papá era el ingeniero encargado de la construcción de la nueva alcaldía y como buen latino, buen pitcher…

-Ese niño debió apellidarse Valenzuela- dijo Candy a regañadientes porque le habían ponchado a dos de sus chicas.

-No puedo Candy – dijo Anto en confesión de mujer a mujer puedo batear con cualquier otro pero lo miro y me tiemblan la piernas y fallo,- Candy comprendió perfectamente lo que la chica decía, ella misma lo experimentaba cuando veía a Albert.

-Está bien, yo no he bateado.

Se acordó que Albert sería el pitcher para no dar ventajas a las chicas…

-No les daré ninguna ventaja- advirtió el reverendo al ponerse la cachucha al revés. Era algo que le gustaba a su sobrina feminista.

De alguna forma se acomodaron las cosas que Candy se vió corriendo como si fuera por su vida para alcanzar la preciada almohadilla de home. Albert dio unas cuantas zancadas para alcanzarla pero ella se aventó y logró tocarla. Una ovación por parte de las niñas festejaron el empate, marcador final, pero, al momento de levantarse Candy sintió que su brazo le dolía mucho, lo mas seguro era una luxación, se quedó en el suelo y Albert la levantó y la llevó cargada a la enfermería de la escuela.

Como abejas a la miel el grupo de niños iban tras ellos por lo mismo Candy trataba de no expresar a pulmón abierto lo que estaba sintiendo, tenia que dar el ejemplo y no parecer "niña llorona". Albert la sentó en la camilla de aoscultación mientras le pidió a todos que salieran al pasillo.

-Lo siento, discúlpame, me siento tan mal de haberte provocado esto- le dijo avergonzado-¿qué hago? ¿Te duele mucho?

-No te preocupes, así es el juego alguien siempre sale lastimado… esta vez me tocó a mi- dijo adolorida.

-Dime – dijo esperando instrucciones.

-Vas a tener que quitarme la camiseta.

-Bien – dijo serio y dándose valor después de dudar por un segundo, con inseguridad llevó sus manos a la orilla inferior de la camiseta de Candy -Te va a doler un poco al estirarte el brazo, aguanta.- agregó mientras con delicadeza empezó a subir la prenda.

Patty Ann llegó apresurada atendiendo el llamado de algunos niños y se detuvo antes de abrir el biombo de la enfermería, seguida de Stear lleno de grasa porque estaba trabajando en revisar los huelgos mecánicos para la feria.

-Dijo el reverendo que no abriéramos escucháramos lo que escucháramos. Pero está muy divertido, parece que pelean.- dijo una niña desde el pasillo. Tanto Stear como Patty Ann se acercaron para escuchar.

-¿Así despacio?- oyeron la voz de Albert

-Si, tranquilo, primero va uno y después el otro, no me pidas más- dijo pausadamente Candy.-Por Dios, está completamente afuera- exclamó,-ya no aguanto, tienes que meterlo, por favor, decidete, tú o nadie…o me quedaré así-contestó Candy con un jadeo en su voz.

- Tuve algunas experiencias en el ejército. Recuéstate con cuidado esta camilla está muy vieja…Espero que nos aguante a los dos… A ver si me acuerdo. No te garantizo nada.

Patty Ann y Stear se vieron a los ojos asombrados, no daban crédito a lo que estaban escuchando, tenían la ligera sospecha de que había atracción entre ellos pero esto… y en la enfermería de la escuela… Patty ann se puso roja e inmediatamente con señas le pidió a los niños que salieran al patio, quienes a regañadientes obedecieron.

-¿Lista?- pregunto el reverendo.- Vamos a ver si eres una chica valiente, ya lo voy a hacer, una, dos…

Patty se apenó frente a Stear , quien le preguntó si abría el biombo, él sacudió la cabeza y recordó porque le habían pedido ayuda los chicos. Tu, dijo con señas la tímida chica a su engrasado amigo.

-tres- dijo Albert.

-Maldición- gritó Candy. Un ruido fuerte se escuchó la camilla no aguantó el peso… Stear abrió el biombo y pudieron ver al ministro a horcajadas sobre Candy recostada en la camilla, solamente con su sostén deportivo de color negro. Él tenía las manos sobre el hombro derecho de la rubia.

-¿Ya quedó?- preguntó después del susto.

La pareja de morenos de quedó sin habla

-Si, creo que si- dijo ella adolorida. Albert cayó en la cuenta de su comprometida posición- ¡Que bueno que están aquí, ayúdame amigo!

-No, como crees?- dijo indignado el hombre de lentes

-Reverendo!- gritó Paty ann

-El reverendo me acomodó el hombro, Alistear- dijo con autoridad Candy viendo a los ojos a su salvador por segunda vez, indicándole que podía bajarse de tan incomoda posición. El se bajó y le ayudó a incorporarse.

-¿Cómo estás? ¿Sirvió de algo?

Candy se exploró el hombro primero con cuidado y después con más confianza. Movió su hombro en forma circular lentamente y después rápido.

-Perfecto- sonrió- como nuevo.- dijo triunfante- aunque creo que tenemos que reponer la camilla.

-Hablaremos después de sus mentes y sus pensamientos- dijo el ministro a sus amigos con una sonrisa de comprensión pero si algo dura al saber de lo que eran capaces repensar de él.

Experimentaron y perfeccionaron la receta del chili, agregando, quitando de los ingredientes originales por 15 días. Ya no había otra cosa de comer, aunque hacían cantidades pequeñas. Antonella estaba feliz, entre los invitados diarios a cenar a parete de Stear y Patty ann ya se había sumado Jared, quien se prestó a ser su compañero de equipo en la escuela, ya que ella por consejo de Candy se propuso a ser quien lo integrara al grupo de ayuda en la iglesia también… poco a poco. Y el chico, era de noble corazón así que se integró rápido en las actividades incluso del asilo.

La noticia del embarazo de Aisha fue un golpe para ella aunque no una sorpresa, su hermano Luther era demasiado estricto con ella. La chica vivía en la casa de su hermano ya casado con una buena chica que pertenecía al coro de la iglesia y cantaba como los propios ángeles. Ambos trataron de ser lo más parecido a unos padres para ella, pero con la disciplina algo dura a consideración de Candy. Se sentía muy identificada con la con la chica… Pero Tom jamás fue tan duro con ella, al contrario siempre fue comprensivo y le enseñó que sus decisiones tenían consecuencias y que cuando estuvo en la high school la celaba de cualquier chico que pareciera querer ir más allá.

Primero se ganó la confianza de Aisha y le demostró que podía contar con ella, guardó su secreto y trató de orientarla, por lo pronto no le confirmarían sus sospechas a Luther a cambio de ser asistente de Paty ann en todas sus actividades. Quería tenerla cerca y ver la reacción de Archie, si la buscaba, o la rechazaba… empezar a buscar junto con Albert, tal vez, un refugio para madres solteras.

Una tarde, al llegar al consultorio del asilo Aisha ya la esperaba sentada en la silla del consultorio hecha un mar de lagrimas, quería decirle que Archie jamás aceptaría el nacimiento de ese bebé, que al hablar con él, le dejó muy claro varios puntos entre los que se encontraba que si la amaba pero que él estaba empezando desde abajo para hacerse un nombre en su profesión y que un matrimonio acelerado por un bebé iba a cambiar mucho las cosas. Que era preferible que ese bebé no naciera para que ella pudiera hacer su vida y si quería pues esperarlo a él para reanudar sus relaciones, claro siempre y cuando muy bien cuidadas de todo a todo.

Cual cohete de la nasa, se fue directo a la alcaldía y pidió hablar con Archie Cornwall, la recibió con toda cortesía y amabilidad que para Candy era la peor de las hipocresías. Después de hablar con él y dejar bien claro que apoyaría a Asiha a mantener la vida de ese bebé a pesar del escándalo que lo involucraría a él y su familia, sintiéndolo por Patty Ann. Salió de ahí también con una amenaza sobre sus hombros. La firma para que trabajaba Archie en Chicago era la de la familia de Neal, por un momento dudó pero al conocer someramente la historia de la nueva doctora del pueblo confirmó que se trataba de la prometida perdida de su jefe, esa información le daría muchos puntos a su favor y se quitaría un dolor de cabeza con respecto a Aisha y su bebé.

Después de cenar en el porche, el cual últimamente lo estaban usando seguido, antes Anto corría a su cuarto y Albert se iba a su recámara también o se refugiaba en la oficina de la iglesia, la charla había sido larga con respecto los comentarios de la señora Mcquency, quien había conocido a Albert desde pequeño y que según sus palabras exactas "… era la misma piel de judas, junto con Antonio el padre de Anto y Alistear. Con la cabeza de Anto en su regazo, ella le acariciada el cabello de la cara con familiaridad, trató de agarrar fuerza para confesarle quien era en realidad ella y su poco, casi nulo interés por regresar a su vida de antes.

Al día siguiente después de pensarlo mucho se decidió a hablar con él y pedirle ayuda con la amenaza d Archie y ver la manera de ayudar a Aisha. Entró a la iglesia y vio como estaban los integrantes del coro ensayando, parecían ángeles, con disciplina ninguna nota fuera de tono, se quedó por un instante admirándolos para después llegar a la oficina de Albert, hablaba por teléfono volteado a la pared y con una carta en sus manos, pedía prorroga para unos pagos.

-Si ya lo sé señorita, pero me gustaría hablar personalmente con el señor Leegan, me gustaría que nos hicieran una visita para que supieran en las condiciones en que está el asilo… de verdad tenemos un par de miembros más y los ingresos pues no son muchos pero yo solo estoy pidiendo un poco de tiempo, por favor comuníqueme con el señor Leegan. Está bien, espero.

El apellido Leegan le cayó como una bomba en el estómago a Candy pero se quedó para oír de que se trataba. Al parecer tenían que dar pagos para una hipoteca que era del asilo o de la iglesia, ahora menos podía decirle quien era y qué la ligaba a ese apellido. Salió por un momento de nuevo a la puerta porque sintió la necesidad de respirar antes de hablar con él.

-Bueno pues en eso quedamos, recibiremos la visita de su enviado… pues se lo agradezco mucho señor Leegan, la feria del pueblo será este fin de semana y bueno la mayoría de lo recaudado será para cubrir esto… bien gracias y que Dios lo bendiga.- dijo al mirar a los ojos a la chica de ojos verdes frente a él con una sonrisa de medio lado que la paralizó, había un leve dejo de esperanza en su cara. Colgó el teléfono y le hizo la seña a Candy de que cerrara la puerta y se acercara, se levantó de su vieja silla de piel y tomó a Candy de los brazos

-Gracias al cielo que eras tú… puedo confesarte algo como amigos?

-Claro

-Si no lo hago reviento

-Dime

- Me retrasé en los pagos de la hipoteca del asilo, son 8 meses, la semana que viene ya se cumplen 9… solo le pedí tiempo y la visita a nuestro asilo para que viera las condiciones queseamos y que nos de un nuevo plazo, es que tuvimos que pagar los aparatos del señor Sakato .. Yo se que Dios proveerá pero siento que a veces se tarda un poco- sonrió,-pero bueno logre esta pequeña prorroga

-No te preocupes reverendo, eres un hombre de fe y tienes todo para que con ayuda de tu jefe, puedas salir adelante como lo has hecho hasta ahora.- dijo al palmearle el hombro

Se quedaron viendo por un instante y se observaron el rostro mutuamente, la cercanía de ambos les dio una sensación de tibieza en su cuerpo, las miradas se concentraron en los labios de quien estaba enfrente. ¡Cuántas ganas de que la besara! ¡Quería sentir esos labios rosados y varoniles en los de ella!

-¿Qué te pasa Candice White?- se regañó ella misma en su mente… fíjate bien con quien estás y en donde estas.-Quiero confesarme- dijo con rapidez

Lo que hizo que Albert despertara de su letargo.

-¿Confesarte?- preguntó y la vio algo indeciso

-si

-Está bien,-aceptó- salgamos de aquí – dijo al pasar los ojos por el lugar en donde estaban. Candy salió tras él pero se fijó en el escritorio y tomó sin permiso la carta que estaba leyendo Albert mientras hablaba por teléfono.

-¿en el jardín?- preguntó Candy

-si sabes tengo una teoría, creo que para esto hay que estar lo más cómodos posible.

-¿No se va a poner esa cosa morada?- le empezó a hablar de usted para darle formalidad al asunto

-Ah,- dijo el reverendo despistadamente- si un momento y entró casi corriendo al templo y vio una matilla larga y lila que adornaba debajo de un florero- Ya está – dijo sentándose frente a ella

Candy lo vio algo extraña pero bueno Albert no era que digamos cualquier ministro.

-Bueno, - suspiro-me acuso de varias cosas… la primera de haber dejado a mi prometido casi en el altar, yo estaba muy…- titubeo- bueno, ahora que lo veo de otra forma… algo, si, algo ilusionada con mi boda, él era un caballero detallista, rico y muy dominante… yo quería hacer una especialización en pediatría, él quiso adelantar la fecha de la boda y bueno mi curso quedaba a mitad de la luna de miel… y el dijo que me iba a apoyar en todo pero no fue cierto… como su familia es influyente sobre todo en el hospital donde trabajaba habló con mi jefe y casi le ordeno que cancelara mi solicitud para el curso que casi estoy segura que hubiera calificado… yo valoro mucho mi carrera porque en primer lugar amo lo que hago y segundo porque mi hermano Tom también es médico y a los dos nos ha costado tener lo que tenemos y ser lo que somos. Yo la verdad no quiero regresar, quiero seguir aquí… pero algún día tendré que enfrentarlo…su madre no me acepta, por mi origen, me soporta, pero me dijo que me invitaba los viernes a tomar el té… para conocernos mejor y la verdad eran clases de buenos modales, no quería que los dejara en vergüenza con sus familiares y en algunas ocasiones me dejó entrever que no era bueno que yo trabajara, que me dedicara completamente a mi casa y a ser una esposa modelo para hacer feliz a… mi esposo. Si vieras que difícil era para mi estar en lugar como ese, todo estirado, cada movimiento que hacía sentía que era lo incorrecto… de hecho dejé que mi suegra decidiera todo lo de la boda, yo escogía algo y ella me miraba con esa mirada… usted sabe… esa que no dicen nada con las palabras pero con los ojos…- movió la cabeza como muestra de disgusto- Eso de la solicitud fue como la gota que derramó el vaso.

Albert la veía con interés, escuchaba cada palabra, veía con atención cada movimiento de su cara, cada expresión.

-Y bueno, hay otra cosa… que es lo que más me inquieta es lo que le voy a decir…

-Díme- dijo para darle confianza

-Yo,… desde que lo vi en el río… y después en ese incidente…

-¿Cuál incidente? –preguntó restándole importancia

-Ese, el del baño- dijo con la cara viendo al suelo y un rubor en sus mejillas.

-Por tu profesión ya habías visto hombres desnudos ¿no? ¿Qué tiene de particular?- dijo frunciendo el ceño con curiosidad para disimular su expectación mezclada con orgullo y vanidad masculina.

-Si claro… pero bueno, pues ahí va…- dijo con resignación- no vaya a pensar mal de mí pero desde entonces… esas imágenes aparecen en mis sueños… de pronto… sin querer.

Albert forzó a su labios para que no explotaran en una gran sonrisa, pero el brillo de sus ojos no fue tan discreto, aunque Candy no lo vio porque estaba tan ocupada en su propia vergüenza jamás imaginó decirle eso a un hombre y a ese hombre que la miraba y le daba tanta paz y seguridad.

-Bueno, Candy, no te avergüences, creo que es normal…

-Normal con cualquier chico… con un modelo de ropa interior de Calvin Klein pero… ¿con usted?- dijo alarmada.

- Bueno pues muchas gracias creo que mi orgullo masculino acaba de ser lanzado por los suelos- dijo con una sonrisa propia de él y pretendiendo indignación.

-No, no es eso… si es muy guapo- contestó de inmediato, luego cayó en la cuenta de lo que había dicho- ay Dios, cada vez lo empeoro más—dijo avergonzada sin poder salir de ese embrollo.

Albert volteo los ojos hacia arriba pidiendo sabiduría a los cielos para manejar esto.

-Mira, Candy, yo soy un hombre como cualquiera, no tengo alas cultas en mi espalda ni aureola sobre mi cabeza…

En eso Antonella llegó corriendo y alarmada los interrumpió

-Tio, Tío, llegó la bruja del este… está en la casa- dijo al tomarlo de las manos- te está esperando

Una cara de angustia se dibujó en el rostro del reverendo esto se trataba de algo mucho más valioso para él que el asilo… de Antonella.

Se levantó indeciso, pensó por un momento levantó su cara al cielo pidiendo ayuda y murmuró – No me abandones por favor- sus pasos fueron más firmes y decididos hacia la casa pastoral como un torero al enfrentarse al toro.

Antonella se abrazó a Candy ella sintió como la niña temblaba.

-¿Qué pasa Anto?- preguntó preocupada.

La niña le hizo una señal de que no hiciera ruido la tomó de la mano y se fueron a la puerta de la cocina y se escondieron detrás de la puerta de vaiven para escuchar bien. La tía Elroy la abrió para pasar por la jarra de limonada y fue complice de las chicas, las tapó con su cuerpopara que no fueran vistas por la trabajadora social que estaba sentada en el sofá con porte duro e inflexible, su chongo de bailarina de ballet tan restirado que el rojo de su cabello parecía la pintura de un auto.

-¿Cómo ha estado Srita Elisa Schwarzeneger?

-Stallone- dijo seria

-Perdón- dijo Albert con una sonrisilla- es …

-ya me sé su chascarrillo … reverendo- dijo casi sin inmutarse- estoy aquí porque ya habíamos quedado en que mi visita sería un mes atrás y por consideración a usted y a su profesión pues quise dejar para el último esta visita… espero que me tenga buenas nuevas.

Albert no encontraba que decirle, pedía la cielo una respuesta -Tía, gracias que amable por el té helado… - al ponerse de pie para tomar el vaso con hielos y servirle- tome con confianza… hace mucho calor- sonrió.

-Es la trabajadora social- dijo Anto en voz casi audible- tiene a mi Tío amenazado.

-¿amenazado?- dijo asombrada

-Sshshshsh- la cayó la niña poniéndole la mano en la boca- si, mi tío tiene por lo menos, estar comprometido con alguien porque sino me llevarán a mi a un orfanatorio, y yo no quiero separarme de él, él es mi papá.

La información que escuchó no la podía asimilar, Candy se quedó muda

-Pero ¿Cómo le pide eso al reverendo si él es…?

-Candy ¿no has ido a la iglesia verdad?- preguntó Anto con autoridad y haciéndola sentir más tonta de lo que ya se consideraba.- Candy, mi tío es un ministro protestante, evangélico o como quieras llamarlo… los pastores se pueden casar… y mi tío "debe"- dijo acentuando esta palabra- de casarse porque si no nos separan… es más mira como lo mira- dijo al señalar a la pelirroja sentada frente a Albert. Cruzó la pierna con algo de coquetería dejando que la abertura de su falda dejara ver su muslo bien trabajado en el gimnasio- parece que quiere ser ella la opción ¿no crees?

-Parece que lo está cazando, acorralando- dijo con un destello en lo ojos y con un hueco en el estómago- ven vamos, sígueme la corriente- le dijo al mostrarle que salieran por la puerta de atrás. Mientras recorrían el patio Candy le preguntó a Antonella

- Y los reverendos como Albert ¿confiesan?

-¿Qué?- dijo la chiquilla

-Nada- dijo al entender la respuesta de la niña al ni siquiera saber que era eso. "Reverendo Andley… pagará por esto" pensó… pero algo se liberó dentro de ella, y una esperanza se albergó en su corazón. Revisó su mano izquierda y se cercioró que su anillo de compromiso estuviera ahí. Antes de subir al porche se acicaló y le preguntó a Anto como se veía, levantando el pulgar le aseguró que bien

-Sígueme la corriente en todo OK?- Anto afirmó con la cabeza y copió la postura de Candy acomodándose el cabello como la doctora antes de entrar así como también su carraspeo para aclararse la voz.

Candy abrió la puerta del mosquitero haciendo ruido intencionalmente.

-Hola buenas tardes- dijo con una cara iluminada- Hola tía Elroy, creí que no ibamos a llegar a tiempo, gracias por ayudarnos con la comida, te prometo que no volverá a suceder- dijo aparentando no haber visto a la trabajadora social.- pero llegamos ¿verdad Anto?- dijo al dejar pasar a la niña.

-Hola mi amor- dijo al colgarse del cuello de Albert y plantarle un beso demasiado cerca de la comisura de los labios. Albert desconcertado de todas formas no rechazó el efusivo saludo de la doctora, además de sentir que su sistema nervioso tuvo una descarga de electricidad.

-Hola, disculpe pero en casi todo el día no había visto a mi "baby bubu" – dijo al tomarlo de la mejilla y apretársela con meloso cariño.

-¿Honey?- dijo algo inseguro al verla a los ojos y prosiguió al ver afirmación en su verde y pícara mirada- ella es…

- Ay si, no me digas no me digas … pelo rojo, elegante, falda sexy,- volteo hacia Albert y le dio un golpecillo en el en brazo- me voy a poner celosita… mmm ya sé… la señorita Schwarzeneger ¿verdad?

-Stallone- contestó la mujer asombrada de la intempestiva llegada de esa rubia.

-Ay como eres baby bubu, es que es un niño grandote, discúlpelo por favor,… perdón no me he presentado, yo soy Candice White, la prometida de Albert- dijo al extender su mano… -bueno y la nueva doctora del pueblo-añadió mientras demostraba su anillo de un gran diamante en su mano izquierda.

-Ah si, tengo entendido que usted solo tiene unos meses aquí, ¿Cómo es que se comprometieron tan pronto?

-ay, Baby… que no le has contado nada a la srita. Stallone…

La verdad es que nos conocemos desde hace tiempo, yo vivía en Chicago… pero estabamos algo indecisos… pero fue amor a primera vista… verdad Baby bubu?

La trabajadora social los miro con cierta desconfianza, pero aceptó ese "compromiso" salido de la nada y la fecha de boda que sería a vuelta de año.

Todos respiraron cuando Elisa Stallone salió de la casa. La tía Elroy agradeció a Candy haberse prestado para esa "mentirilla blanca" y se fue a su casa. Al despedirla, Candy también deseaba irse a la cama, no quería quedarse a sola con Albert ya lo había hecho sufrir mucho masajeándolo, apretándole las mejillas llamándolo Babybubu y siendo la novia más melosa y fastidiosa que se haya imaginado ser

frente a esa mujer y él sin poderse defender. Antonella se fue a la cama feliz al despedirse de su tío y su nueva "tía".

-Bueno, ¿Estas seguro que tu te encargarás de la cocina…? ¿No necesitas ayuda?

-No- dijo sonriendo mientras ponía los trates en la máquina lavatrastes.

-Pues.. buenas noches… baby …

-Ni lo menciones…Candice-dijo al aventarle el trapo de la cocina lo cual ocasionó una gran carcajada de la chica rubia.

Al avanzar a la escalera escuchó su nombre desde la cocina

Se regresó y se topo con el reverendo en el último escalón de la escalera

-Candy- respiró profundo- gracias, muchas gracias por lo que hiciste… espero que nadie más se haya enterado de nuestro "compromiso"- sonrió algo nervioso al sentir a la chica que se acercó quedando justo frente a él se veía tan hermosa con los pocos rayos de la luna que se colaban por la ventana de la sala.

-De nada, fue hermoso mientras duró, lo siento… no eres tú soy yo… - dijo en tono burlón acentuando su broma. Lo vio hacia arriba, en ese momento se dio cuenta cuan alto era y sus ojos lucían tan azules que daban ganas de perderse en ellos. El silencio reinó por unos segundos, Albert accionó rápido, la tomó por la cintura, la vio a los ojos y dio una leve ojeada a la cara expectante de Candy y buscó sus labios como quien demanda lo que es suyo, con aplomo con autoridad…los labios de Candy no pusieron oposición al contrario lo recibieron como si ya lo estuvieran esperando.

Continuará…

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