DISCLAIMER: El mundo de Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a J.K. Rowling. —Este fic participa en el Segundo Reto Sexy Sepents del foro "El Mapa del Mortífago".
Canción: Sweet child o' mine – Guns N' Roses.
HISTORIAS EN CANCIONES
II. Dulce niña mía
Su mirada castaña fija en el horizonte, se observaba perdida entre las montañas que a lo lejos podían divisarse desde la torre, mientras que a su lado, las notas de una guitarra empezaban a morir y un aroma masculino con un toque de menta, se hacía aún más potente.
Draco dejó el instrumento a un lado y acercándose lentamente por detrás, susurró en su oído —¿En qué piensas?
Hermione se giró lentamente, fijando sus ojos chocolate en los del chico que amaba, antes de poder admirar sus facciones una vez más.
Era perfecto.
Su rostro aunque pálido, parecía haber sido esculpido con demasiada precisión y sus ojos de mercurio penetrante, podían hacer que ella se derritiera al instante con solo una mirada. Sus labios, las puertas de su aliento, eran siempre cálidos y no solo cuando la besaba, sino también, en aquellas ocasiones en que con su maravillosa voz la deleitaba con canciones.
Lo amaba.
Y todos los días se preguntaba las razones que la habían llevado a negar ese sentimiento por tanto tiempo. Era cierto que Draco en el pasado había sido una mala persona y la había lastimado en bastantes ocasiones, pero al corazón jamás se le puede engañar y a pesar de los desplantes que tenga que padecer, cuando se enamora perdidamente, no hay nadie que lo detenga.
Ni siquiera la mismísima razón.
Su relación había sido difícil en un principio. Le había costado creer en él, pero sobre todo habituarse al hecho de estar en la mira de todo el mundo e incluso el ser criticada por todos aquellos que no aceptaban de ninguna manera, una unión de tal magnitud.
Y luego estaban los padres de ambos.
Los suyos al principio no habían visto con buenos ojos el que ella hubiera decidido darle una oportunidad a Draco pues en el pasado habían sido testigos del matoneo al que él la había sometido, pero a pesar de ello, le manifestaron que confiaban en su buen criterio y que si ella había sido capaz de perdonarlo, ellos no tenían por qué guardarle ningún rencor.
Otra era la historia con los Malfoy.
Narcisa Malfoy era una mujer fina, que desbordaba elegancia donde quiera que iba y que en bastantes ocasiones daba la impresión de tener un corazón frio y duro, que le hacía perfecta justicia a su condición social.
Sin embargo, la realidad distaba demasiado de ello pues contra todo pronóstico, era una mujer amorosa que adoraba a su familia y que era capaz de hacer cualquier cosa por su único hijo. Hermione lo había comprobado aquella ocasión en el callejón Diagon, cuando Draco se la hubo presentado formalmente y su suegra con la mayor de las cortesías, estrechó su mano y le sonrió.
Ella pudo ver sinceridad en sus ojos y supo que no todo estaba perdido. Sabía que iba a ser difícil, pero el ver la reacción de la madre de Draco, hizo que se sintiera un poco aliviada.
No obstante, no todo era color de rosa.
Lucius Malfoy por su parte era un hombre déspota, que se vanagloriaba de humillar a quienes consideraba inferiores por su falta de riqueza pero en mayor medida, por el estatus de su sangre.
Cuando se hubo enterado de la relación de su único heredero con una sangre sucia, el mundo mágico literalmente tembló con su ira, pues se sintió traicionado y se encargó de recordarle a su hijo, todo aquello que le había inculcado en su educación.
Draco por su parte terminó por revelarse y al contar con el apoyo incondicional de su madre, dejó muy en claro que no pensaba separarse de ella por el capricho de un hombre que aunque en el pasado había sido su ejemplo a seguir, estaba demostrando ser peor de lo que todo el mundo pensaba.
Ella aun recordaba como este hombre le había gritado a su hijo que era un traidor a la sangre y como se encargaba de ofenderla a ella, en cada oportunidad que se le presentaba.
—Un galeón por lo que estás pensando —la voz de Draco la devolvió a la realidad.
Sus ojos grises fijos en los de ella, le hicieron recordar la razón por la cual había soportado tantos desplantes y le hicieron comprender que lo que representa un mayor sacrificio, es aquello por lo que vale la pena luchar con todas las fuerzas.
—Draco —dijo recargando sus brazos en el cuello del rubio— ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas enamorado de mí?
La pregunta lo hizo sonreír.
Había esperado que Hermione se la hiciera mucho antes porque sabía que ella era una mujer ávida de conocimiento y de control sobre todo a su alrededor, además de que hubiera sido un buen comienzo para que confiara en él, y sin embargo, era la primera vez que le tocaba el tema.
—Pensé que nunca lo preguntarías —Draco le puso las manos alrededor de la cintura y le sonrió— Bueno… déjame ver… —distraídamente fingió hacer memoria— creo que pasó después de aquella vez en que Trelawney te puso en ridículo en clase de adivinación.
—¡Oye! —la castaña le golpeó en el hombro— estoy hablando en serio.
—Igual yo —contestó sonriendo.
Hermione puso los ojos en blanco.
—Está bien —sonrió culpable— te lo diré, pero para ello necesitas acompañarme.
Draco soltó la cintura de la chica y la tomó de la mano, invitándola a sentarse con él en el suelo de la torre de astronomía. Luego tomó su guitarra y empezó a rasgar las cuerdas con suavidad, antes de empezar a entonar la letra de una canción.
She's got a smile that it seems to me
Reminds me of childhood memories
Where everything
Was as fresh as the bright blue sky
Now and then when I see her face
She takes me away to that
special place
And if I stared too long
I'd probably break down and cry
Hermione lo miraba embelesada pues amaba la concentración con que Draco tocaba la guitarra, además de esa armónica voz que tenía el poder de calmarla en sus momentos de desasosiego.
Entonces, cuando solo hubo cantado la primera estrofa, Draco se detuvo y la miró fijamente, dejando su mano aún sobre la guitarra, pero sin emitir más sonido que el de su propia voz —Sweet child o' mine —cantó sin acompañamiento— Sweet love of mine —terminó por recitar.
Ella aplaudió y le sonrió.
—Siempre llamaste mi atención —dijo de pronto, volviendo a colocar su instrumento a un lado— es solo que jamás fui capaz de admitirlo.
Algo dentro de ella se encendió.
—¿Cómo está eso? —preguntó, sintiendo como su corazón empezaba a palpitar fuertemente.
—Casi desde el momento en que te conocí tuve sentimientos por ti —la miró fijamente— aunque no siempre fueron positivos.
Hermione estaba confundida y él pudo percibirlo.
—Siempre fuiste mejor que yo en todo y eso hizo que me fuera imposible no fijarme en ti. —se detuvo tratando de hacer memoria y regresar hasta el tiempo de su infancia en el que interactuaron las primeras veces— le hablaba sobre ti a mi padre todo en tiempo.
—¿En serio?
—Sí, y él me instaba a degradarte porque no era posible que una hija de muggles fuera mejor bruja que su hijo sangre pura.
—Me imagino.
—Al principio me dejé llevar por la envidia, pero luego empecé a prestarte más atención y terminé por darme cuenta de que en serio eres una chica excepcional.
La castaña no podía creer lo que estaba escuchando y sin embargo decidió guardar silencio para que él prosiguiera.
—Te admiraba y no solo por tu inteligencia, sino también porque conseguiste llegar muy alto con tu esfuerzo —Draco dirigió su mirada hacia las montañas que podían verse desde la torre— tuve muchos sentimientos contradictorios respecto de ti e incluso llegué a detestarte por hacerme sentir tan débil—volvió su mirada a ella— Me educaron para odiar a las personas con un origen como el tuyo y en cambio me odié a mí mismo por no poder hacerlo en lo absoluto —rozó su mejilla con la yema de los dedos— te repudié, te traté muy mal y eso solo hizo que me diera cuenta de que estaba irremediablemente enamorado de ti.
El corazón de la castaña latió aún más fuerte con aquella declaración.
Él la amaba, y lo había hecho por más tiempo del que ella hubiera podido imaginar, librando en su interior una agotadora batalla de la cual al parecer salió victorioso el amor.
—Entonces ¿Por eso te comportabas de esa manera?
—El desprecio fue mi mejor escudo, no solo para no flaquear, sino también para mantenerme firme en las creencias que me habían inculcado.
Hermione pudo ver en sus ojos la sinceridad de sus palabras y una vez más se sintió feliz de haber creído en ellas y de haberle dado una oportunidad en aquella ocasión.
Draco volvió a acariciarle la mejilla mientras la mano de ella se posó sobre su hombro, en una caricia íntima que los acercó aún más.
—Dejar de luchar contra lo que sentía mi corazón fue como liberarme de unas cadenas que me estaban ahogando y ahora —acercó su rostro al de ella, haciendo que sintiera su aliento cálido— me siento uno de los hombres más afortunados del mundo.
Entonces la besó.
No fue un beso como los otros pues en él, estaba puesta el alma de un niño que había sufrido infinitamente por ocultar un sentimiento demasiado grande en su interior. La besó con el anhelo de un joven que ha expiado sus pecados y que ahora busca reivindicarse con cada palabra y en cada respiración. La besó con la esperanza que tiene un hombre enamorado de que la mujer que ama le corresponda y lo deje hacerla feliz cada uno de sus días.
La besó con amor.
Al separarse, los ojos de ambos tenían un brillo especial y sus manos, unidas en algún momento del beso, eran la promesa de que se mantendrían juntos todo el tiempo que pudieran y de que cuidarían el uno del otro como no habían podido hacerlo durante los años que tuvieron que odiarse por las circunstancias en las que cada uno vino al mundo, pero que ahora ya no eran más una barrera para su amor.
—Entonces Draco Lucius Malfoy Black, estuvo enamorado de mí todo el tiempo —Hermione sonreía con picardía.
—Veo que te divierte lo que tuve que padecer —contestó él, fingiéndose ofendido.
—Digamos que me da tantito gusto —dijo ella pellizcándole suavemente una mejilla.
—Eres una mujer malvada —agregó él levantando una ceja— bueno, creo que ahora es tu turno.
—¿Mi turno? ¿Para qué?
—Para contestar —dijo con su mirada fija en los ojos chocolate de su novia— ¿En qué momento te diste cuenta de que estabas enamorada de mí?
Ella sonrió con picardía —Tendrás que chantajearme para eso.
Él le devolvió el gesto de la misma manera, al tiempo que acercaba de nuevo su rostro al de ella —¿Un beso bastará?
—Mmmm —se fingió pensativa— solo si es lo suficientemente bueno.
El rubio volvió a sonreírle y de la misma manera que antes, se apoderó de nuevo de sus labios.
¡Hola!
Sigo un poco empalagosa, pero es imposible no hacerlo cuando se ama tanto a ambos personajes. Este es otro Dramione que si bien termina por volverlos diabéticos, espero haya logrado por lo menos entretenerlos en el proceso.
Un beso de menta y chocolate.
Gizz.
