Solo la trama y James me pertenecen, Ed, Al, y Win son de Arakawa dono.
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¡Aye Sir!
El extraño bajo el árbol
Una fina chaqueta se posó con delicadeza sobre sus hombros, sabía de quien era y le agradecía pues el viento en esas épocas del año era bastante fuerte.
Los dos jóvenes caminaron en silencio por el sendero de tierra que conducía a la casita amarilla, cuando finalmente llegaron a los escalones de la entrada, James habló.
—Ocúltate Win, ocúltate e intenta descansar—. Se estaba dando la vuelta para marcharse cuando la mano de Winry lo detuvo
—Quédate—, pidió con la cabeza gacha —la tarde es peligrosa incluso para ti James, ya podrás irte mañana—
Siendo completamente honesto, James quería quedarse con ella, Winry era más que solo una amiga; era la chica que amaba -aunque sabía que ella no lo veía de esa manera-. Pero no quería aprovecharse, y menos aun en el estado tan vulnerable en el que se encontraba.
—No te preocupes por mi, voy a estar bien. Recuerda que tengo mi alquimia para protegerme—, y le sonrió intentando transmitirle tranquilidad. Como toda respuesta, un puño se estampó contra su cabeza, ocasionándole un chipote de tamaño considerable.
—¿¡Qué demonios Win!?— reclamó sobándose el área afectada
—¡No seas imbécil! ¡Nadie esta exento de que algo malo le ocurra! Si no lo sabré yo. Ahora cállate y entra a la casa—, ordenó con las manos en la cadera y el seño muy fruncido. James no pudo mas que reír -sintiéndose genuinamente aliviado de verla actuar como de costumbre-, mientras entraba sin protestar. De cualquier forma, no es como si alguien lo estuviera esperando en casa pues sus padres habían muerto hacía algunos años; vivía en centro del pueblo junto con otros jóvenes en sus mismas circunstancias, pero ellos no iban a armar escandalo si no aparecía.
Una vez dentro, Winry le devolvió a James su chaqueta y luego se encamino a la cocina para preparar un té.
—Es duro sabes… es difícil saber que ya no va estar esperando a que me despierte para hacer juntas algún automail— su voz sonaba melancólica y las lagrimas bajaban libres por su rostro. James comprendió que se habia equivocado, ella no necesitaba soledad… necesitaba compañía.
Se acerco a ella por la espalda cuando ésta acomodaba las dos tazas de té en una bandeja, no se lo pensó mucho cuando la abrazo por la espalda.
—No estas sola Win—, le aseguró —estoy aquí para ti, y toda la gente del pueblo también -los que quedan-. Todos somos familia en Rizembull así que nunca vas a estar sola—.
Winry se giró en sus brazos hasta quedar frente a él y así poder abrazarlo cómodamente mientras enterraba la cara en su pecho. Ella lo sabía, sabía que todo lo que James le habia dicho era la pura verdad; pero se habia sentido tan abatida y sola que le reconfortaba la amable voz de él recordándoselo.
—Gracias James—, pronuncio cuando se separaron. Tomaron el té que habia quedado olvidado en la encimera y se sentaron en el pequeño comedor, con la sirena que anunciaba el inicio del toque de queda como fondo.
—¿Cuánto crees que falte?—,a menudo Pinako y ella hablaban de eso cuando escuchaban la sirena, ¿Cuánto tiempo de relativa tranquilidad les quedaba aún?
—¿A que te refieres?—
—Digo que es extraño, aunque había pequeños disturbios a lo largo del país; la guerra estallo plenamente luego de la revuelta en Ishval. Y aunque Rizembull es uno de los pueblos mas cercanos a Ishval, los militares aún no han llegado aquí y aún no se convierte en una zona de guerra en el pleno sentido de la palabra; como lo es Slums, Yous Well o Reole. Pero ¿Cuánto falta para que eso ocurra?—
—Preocuparse demasiado por el futuro te dará dolores de cabeza Win—, aunque lo dijo con cierto tono de burla para intentar aligerar el ambiente; lo cierto es que también estaba preocupado. Las palabras que ella había dicho realmente lo hacían pensar, pero tenia que decir algo para hacerla sentir mejor.
—Rizembull es un pueblo pequeño que, ademas, apoya al gobierno. Cuando vinieron la primera vez en busca de soldados y médicos, la gente acudió al llamado, igual que la segunda vez. También esta el hecho de que todos somos pobres, no es como si los soldados o los rebeldes pudieran venir a quitarnos los recursos que tenemos, el toque de queda es solo por la gente que huye de South City y que pasan por aquí cuando se les persigue, pero solo ocurre por las noches y es, en realidad, para evitar que las pobladores queden atrapados en esos disturbios. Así que no te preocupes Win, que aún falta mucho tiempo para eso, si es que algún día ocurre. Aquí no hay rebeldes, nada malo tiene que pasar—.
Winry deseo con todas sus fuerzas poder creer en las palabras de su amigo. Pero sabía que solo eran eso, palabras; solo el deseo de un chico inocente. En el fondo, ella sabía que les quedaba poco, sentía como si algo estuviera a punto de suceder y que la muerte de su abuela habia sido un presagio, como si alguien no hubiese querido que ella viera lo que venía.
Estuvieron en silencio un poco mas, cada uno metido en sus pensamientos. Luego se dirigieron al sótano que hacía de refugio por la noche y de taller por el día. Los padres de Winry habían sido doctores muy buenos y ella se habia criado leyendo libros de medicina en vez de libros para niños, por esa razón tenía el conocimiento suficiente para ser una buena doctora, solo le faltaba el certificado. Aun así, su pasión eran los automails; ella amaba poder darle a la gente piernas para que pudieran andar por si mismos, brazos y manos para que pudieran sostener su propio futuro en sus propios hombros. Por esa razón el refugio estaba lleno de partes que poco a poco iba ensamblando, el material era caro y difícil de conseguir pero ella se las apañaba reutilizando algunas partes.
—Este lugar es un desastre— reclamo James mientras pateaba un trozo de metal.
—¡Oye no hagas eso!— ¿Cómo se atrevía a patear una de sus valiosas piezas? —Eso bien podría ser la parte final de la pierna de alguien—
—Ya, no te sulfures chica. Oh, veo que ya tienes algunos terminados—. En la mesa -que de milagro no estaba tan llena de herramientas- habia dos piernas y dos brazos listos para ser conectados a sus dueños.
—Si—, pronunció con cariño mientras pasaba los dedos de forma suave y cariñosa por el frio metal —la abuela y yo los terminamos hace dos días, ella tenia prisa en terminarlos porque el chico realmente los necesita—. Su voz se habia tornado melancólica, pero ya no habia mas lagrimas; de nuevo era la chica fuerte que James conocía de antaño, así que decidió seguir hablando del automail para que se animara un poco, después de todo algo le habia llamado la atención.
—¿Quieres decir que los cuatro son para una sola persona?—
—Si… es triste ¿no lo crees? Él perdió todas sus extremidades y, hasta donde se, también algunos órganos internos. Pero mañana tendrá piernas y brazos de nuevo—.
Siguieron hablando de todo y nada durante un buen rato, ignorando los ruidos de afuera y luego ambos se quedaron dormidos.
Cuando James despertó, un rico aroma lo impulso a dirigirse a la cocina. Allí encontró a Winry con un delantal puesto y sirviendo el desayuno; no era la gran cosa pues la comida no abundaba y debía cuidarse bien, pero cuando él la probó, le supo a la gloria misma.
—Me gustaría que me hicieras un favor—, pidió la chica obteniendo un asentimiento como respuesta —Necesito que vallas al pueblo a traer a Cedric—
—¿Cedric?— ¿Quién rayos era ese?
—Cedric Cooper es el dueño de los automails, como usamos muchas partes de los viejos para los nuevos no puede llegar aquí por si mismo. Solo necesito que empujes la silla que la abuela y yo le acondicionamos—, aclaró al ver su rostro, suponiendo que pensaba que tendría que cargar al tal Cedric. Y no es que eso le molestara a James pues había llevado a hombres heridos hasta la casa en ocasiones anteriores, lo que le incomodaba era pensar como tendría que llevarlo pues, obviamente, este no podría sostenerse de su espalda.
El desayuno transcurrió con relativa tranquilidad y luego James se fue al pueblo a traer al cliente, mientras Winry se ponía a trabajar en su taller y al mismo tiempo intentaba recordar los síntomas de algunas enfermedades.
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Mientras James llegaba al centro del pueblo, se dijo que hubiera sido buena idea preguntar a Winry donde podía encontrar al señor Cooper, señas particulares no necesitaba pues se trataba de un hombre sin extremidades -lo decía sin animo de ofender-, y Rizembull tampoco era un pueblo tan grande como para que no lo encontrara… pero tenía flojera de buscar.
Decidió detenerse un momento cuando vio a unos niños jugando cerca de uno de los poco prados que aun estaban verdes. Uno de los niños llamó su atención en especifico, este tenia como unos cinco años y llevaba un gato entre sus manos regordetas -el pobre animal seguro estaba diciendo sus últimos maullidos- y se acercaba a la sombra de un árbol donde otro niño, un tanto mayor, esperaba sentado junto a una silla de comedor.
—¡Ten cuidado Ace! No lo aprietes demasiado o podrías hacerle daño—, el niño; Ace al parecer, se detuvo a ver al pobre gato en estado de seminconsciencia y se echó a llorar.
El desconocido bajo el árbol soltó una carcajada, algo muy raro de escuchar en esos tiempo. James pensó que si hubiera sido una chica habría decidido que el niño reía cono los mismos ángeles… pero como era un chico de diecisiete sacó esos pensamientos de su mente para poder seguir viendo la escena
—No te preocupes que no le has matado, tráelo con el resto para que esté mas tranquilo—.
Solo entonces, James se percató de algunas cosas. La primera: el niño ya no era tan niño pues tenia entre unos catorce o quince. Segunda: estaba rodeado de gatos a mas no poder, gatos flacos y sucios pero que se notaban tranquilos a su alrededor. Y tercera: las mangas de su camisa colgaban inmóviles a sus lados, igual que las piernas del pantalón estaban extendidas frente a él aparentemente vacías; el resto de los niños le confirmaron quien era el desconocido bajo el árbol.
—¡Cedric nii san! He encontrado uno muy pequeño que tiene una patita lastimada—, anunció el que parecía más grande de todos, un niño de unos ocho o nueve años.
—Tráelo junto al resto Demian, ya veremos qué hacer con él—. Todos los niños corrieron hacia el "señor Cooper" y James quiso reírse de forma irónica por su descubrimiento, en otras circunstancias hasta se hubiera dado un golpe en la cara; pero la realidad ya lo habia golpeado como para hacerlo él mismo, y es que estaba seguro de que trataba de un hombre mayor, quizá un ex soldado que habia ido al pueblo en busca de un poco de tranquilidad… nunca se imagino que Cedric Cooper era un jovencito menor que él y que, al parecer, estaba tan solo que no tenía ni quien pudiera llevarlo a recoger sus automails.
La guerra era una maldita perra que gustaba de hacer sufrir a los más vulnerables. Él mismo había perdido a sus padres, el señor Lambert se habia marchado una tarde con la maleta llena de idealismos, pensando que podría marcar la diferencia acabando con algunos rebeldes y ayudando así al gobierno. Unos meses después un soldado con mirada muerta y olor a pólvora llego a la puerta de su casa, anunciado que el señor Lambert habia caído en uno de los primeros enfrentamientos que tuvo lugar en Ishval y que, como su familia, debían sentirse orgullosos del servicio que él habia prestado.
James tenia diez años.
La señora Lambert se mantuvo fuerte por su hijo y apenas y derramo algunas lagrimas durante el funeral, al que solo asistieron algunos vecinos -ningún otro militar presentando sus respetos-. Luego de eso trabajó duro para poder solventar los gastos hasta que, tres años después, contrajo tuberculosis y falleció luego de dos meses luchando con la enfermedad. Para ese entonces se habia mudado a Rizembull y James ya habia aprendido un poco de alquimia. Un año después conoció a las Rockbell y su vida mejoró.
Es cierto que habia pasado por momentos difíciles, pero no habia sido demasiado dramático o tan duro como muchos otros, como seguramente le habia pasado a Cedric.
—Hola— saludó una vez que estuvo cerca de todos los niños, porque todos eran niños —Estoy buscando a Cedric Cooper—.
—Soy yo, ¿en que puedo servirle?—, aunque su tono era curioso tenia una mirada desconfiada, James se sorprendió porque parecía la mirada de un adulto y no de un jovencito.
—Mi nombre es James Lambert y la propietaria de automails Rockbell me ha pedido que te… acompañe a recoger tu pedido— dudó un segundo, inseguro de como decirlo sin ofenderlo; pero el chico no parecía ofendido sino que comenzó a reír de manera sincera, tanto que cuando miro dentro de sus ojos verde olivo ya no eran mas los de un adulto si no los de un niño.
James pensó -de nuevo- que si fuera una chica habría quedado encantada con la tranquilidad que su mirada reflejaba en ese momento. Pero como era un chico se limito a comprender porque los gatos y los niños estaban tan cómodos a su lado, eso y ademas tener un ligero sentimiento de envidia, él mismo no era capaz de demostrar ni una cuarta parte de la tranquilidad que tenía el extraño bajo el árbol.
—Gracias por decirlo de manera amable—, y habia sincera diversión en su voz —Y lamento los problemas que pueda causarte—.
—No es ningún problema amigo—. Cedric lo miró asombrado y él supuso que sencillamente no se lo creía del todo… poco imaginaba que una palabra tan simple -mas tarde apoyada con acciones- podía ser tan importante.
—Bueno niños, tengo que irme pero los veré más tarde—, anunció una vez que superó su asombro, moviéndose con dificultad hacia su silla. James no tuvo que pensárselo mucho para ir a ayudarlo, y se ganó una mirada cautelosa de esos ojos verde olivo seguida de una sonrisa amable… era un tanto contradictorio.
—Cedi nii san ¿Qué hacemos con los gatos?— cuestiono Ace preocupado mientras miraba a sus amigos felinos
—Solo déjalos aquí Ace, si están tranquilos pueden quedarse todo lo que quieran—.
Después de ver como todos los niños se marchaban ambos comenzaron el camino hacia la casa amarilla que era el taller guion consultorio. James descubrió que a Cedric le gustaba mucho hablar con las personas y que ademas era muy educado y amable, que no era de Rizembull y que aunque solo llevaba dos semas allí ya se habia ganado el cariño de muchos y ademas le encantaban los gatos. Pero también descubrió que era un chico increíblemente reservado y, a pesar de su gusto por las conversaciones, no hablaba mucho de sí mismo; cada vez que la conversación se tornaba personal desviaba el tema hacia alguna otra cosa, lo hacía con tanta facilidad que parecía tener practica en eso. Cuando llegaron a la casa Cedric ya tenia el suficiente conocimiento de James como para escribir su biografía completa, pero James solo sabia cosas superficiales y sin sentido, tan fáciles de deducir como que su cabello era rubio de un corte parecido al militar, sus ojos verde olivo y que cargaba con grandes demonios… nada más allá de eso.
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Winry habia pasado gran parte de su mañana atendiendo a algunos pacientes, no tenia la gran cosa en medicinas, pero por lo menos había aprendido lo suficiente sobre hierbas medicinales como para saber cuales ayudaban con la fiebre o los dolores de cabeza.
Las cosas eran extrañas porque la abuela ya no estaba con ella, pero no se sentía tan horriblemente vacía como imaginó, Pinako sabía que no iba a sobrevivir y por esa razón se paso sus últimas semanas preparándola para cuando ella ya no estuviera. Su falta dolía, y dolía mucho; pero lo estaba llevando bien.
Se talló la frente con el ante brazo para limpiarse el sudor, el trabajo era duro para ella sola y la chica que le estaba ayudando aun no aparecía, seguramente se había distraído con algo. Winry se dirigió al refugio guion taller para sacar las piezas de automail pues seguramente James no tardaría en llegar.
Le causo un poco de gracia el pensar que seguramente James creía que Cedric era algún cuarentón veterano de guerra cuando en realidad solo era un niño… un desafortunado niño. Cuando Pinako y ella lo atendieron no pudo evitar sentir lastima pues habia perdido hasta las rodillas y los brazos por poco debajo de los hombros; pero toda lastima desapareció después de hablar un rato con él. Cedric era alguien casi tan positivo como ellas y cuando lo vio a los ojos, un sentimiento de ternura y cariño se apodero de su ser, como si se tratara de su hermano pequeño.
Cuando sacaba la última pieza alcanzó a escuchar una alegre risa en la entrada y de inmediato supo que eran los chicos que estaba esperando, solo Cedric podía reírse como si fuera un ángel. La saludó amablemente cuando llegaron a la puerta y agradeció que enviara a James a buscarlo; después de ayudarlo a desvestirse tanto Winry como James se dispusieron a realizar la dolorosa tarea de conectar loa nervios al automail pues aun no llegaba la chica que le ayudaba.
Para sorpresa de Winry, Cedric no se quejó en ningún momento y ademas se mantuvo conversando con ellos, "por alguna razón que desconozco, no me duele ni un poco" habia dicho luego de ella le preguntara, y su voz se habia llenado de melancolía, pero los mayores decidieron pasarlo por alto. Cedric se habia levantado del sofá dispuesto a probar sus nuevos miembros cuando la puerta de la entrada se abrió, la joven iba a recitar el discursillo de siempre -automails, reparaciones y clínica Rockbell ¿En que podemos servirle?- pero se detuvo cunado vio la piel morena de su aprendiz
—Que bueno que has llegado chica, necesito tu ayuda con algunas cosas... ¿me esta escuchando?— preguntó al percatarse que no se habia movido ni un milímetro y no había saludado como era su costumbre. Solo estaba allí para con la mirada clavada en la espalda del chico que se ponía su pantalón.
—¿Estas bien?— a James también le alarmo cuando el reconocimiento lleno los ojos de la chica y una lagrimas silenciosas comenzaron a bajar por su rostro. Cuando Cedric escuchó la pregunta se giro de inmediato. Sus ojos se dilataron por la impresión de verla, ella por su parte solo callo de rodillas cubriéndose la boca con una mano sin quitarle la vista de encima.
—¿Qué pasa?— cuestiono Winry preocupada mientras la sostenía por los hombros. Aquel chico habia causado una profunda impresión en la morena que ella no podía entender. Pero antes de obtener una respuesta, Cedric comenzó a acercarse con pasos pequeños y vacilantes, ademas de la palpable emoción en sus ojos.
—Soy yo Paninya, realmente soy yo— dijo con la voz inundada de sentimientos. Y solo entonces ella pareció despertar de un ensueño, se levanto y también se acerco lentamente a él, hasta quedar a unos pasos; tan cerca que podía tocarlo si estiraba un poco su mano.
—¿A-Al? ¿Alphonse Elric?—
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Supongo que se debe al nombre de mierda seguido por un resumen de mierda. O tal vez he venido a dar aun fandom que esta en hiatus.
Pero espero que con el tiempo alguien encuentre este fic y decida darle una oportunidad.
¡Aye Sir!
(P.D.T: Me siento estúpida por haber hecho una oferta que nadie respondió… que oso TwT)
