CAPITULO 2 "A 30 CENTIMENTROS DE TI"

-KOSHIMAEEE!

Kintaro corrió hasta el puesto de Echizen, que era hasta el final del salón. Todos los alumnos miraban asombrados, ya que aunque muchos admiraban al capital, con los años habían aprendido que no era bueno armar jaleo cerca del denominado príncipe y actual pilar de Seigaku.

-Koshimae estamos en la misma clase jajaja! – Kintaro estaba que no cabía de felicidad.

Había salido seleccionado dentro de su instituto para un programa de 6 meses de intercambio y al saber que su equipo de destino era el Seigaku de Koshimae, no dudo en decir que sí. Tomo sus pertenencias y salió disparado rumbo a Tokio. Aun no sabía muy bien donde viviría, pero eso era lo que menos le importaba.

-Cof cof joven por favor, venga conmigo – Indico el profesor un poco molesto por el comportamiento de Kintaro – Tengo que asignarle un puesto y comentarle sobre su estadía; Srta. Ryusaki acompáñeme también por favor – Señalo antes de salir del salón.

La mencionada se levantó de su asiento más rápido de lo que hubiera querido, por lo que tropezó con su propio pupitre.

-¡Cuidado!

Cuando pensó que caería directo al suelo, fue interceptada por unos brazos que la afirmaron con seguridad por la cintura; lo que provoco un intenso sonrojo en la chica, cosa que no pasó inadvertida por una afilada mirada dorada.

-¿Estas bien? – Pregunto el pelirrojo.

-Hai, muchas gracias – respondió Sakuno levantando la mirada.

Al alzar la vista se encontró con una gran sonrisa por parte del chico, se separó un poco de él y correspondió la sonrisa en forma de agradecimiento.

-Ahh! Eres tú! – Dijo de pronto el súper novato del oeste – La chica de las bolas de arroz!

Sakuno recordó por fin de donde conocía al chico, era quien se había comido las bolas de arroz que le preparo al príncipe cuando solo tenían 12 años. Qué recuerdos aquellos.

Recordar toda esa situación, hizo que la mirada de Sakuno se entristeciera; este cambio fue notado por el pelirrojo, quien no entendió el porqué de la amarga mirada de la chica.

Desde la entrada, el profesor les llamo la atención a ambos por no hacer caso a lo que ya les había indicado y muy "amablemente" les pidió una vez más que lo acompañaran.

Toda la clase quedo muy curiosa respecto a lo que había pasado. Porque el profesor se había llevado también a Ryusaki?... Esa pregunta rondaba en la mente de más de alguno. Pero había un alumno en particular que no logro volver a dormir sobre su escritorio ya que estaba más intrigado que todos los demás y se sentía muy inquieto con la situación.

Ryoma se sentía intranquilo con los últimos hechos; que hacia el pelirrojo ahí? Porque se habían llevado también a la chica? Esas eran algunas de las palabras que rondaban de forma insistente por su cabeza.

En la tercera planta de Seigaku se encontraba la oficina del director. Dentro de esta, estaba el maestro titular de Sakuno, su abuela Sumire, el pelirrojo, el Director y la misma Sakuno; esta última no entendía muy bien lo que estaba sucediendo y su mente divagaba en la mirada que le había dado Ryoma cuando se sentó a su lado.

-Como les iba diciendo – prosiguió el director, un hombre de mediana edad de canosos cabellos y áspera voz – Toyama-san es parte del nuevo programa de intercambios para alumnos sobresalientes en algún deporte, este programa contempla una estadía de 6 meses en Seigaku, durante los cuales el joven debe vivir con el profesor titular del deporte que practica – hizo una pausa mirando a sus espectadores – Por ende, Toyama-san vivirá en la casa de la entrenadora Ryusaki por lo que dura su estadía en Seigaku.

Sumirecita no parecía nada sorprendida con la noticia ya que estaba al tanto de la situación pero su nieta era otra cosa. Estaba de piedra debido a lo que había escuchado. Un hombre iba a vivir en su casa por 6 meses.

-Sakuno es por eso que pedimos que vinieras – comenzó su oba-san – Necesitamos que ayudes a Kintaro a ambientarse y como vivirá con nosotras quería que escucharas toda la situación – termino Sumire viendo como su nieta se sonrojaba con la noticia. Aquello divertía a la abuela, sabía que toda aquella situación haría un remezón al mundo de su nieta y de cierto gruñón capitán.

-Ppeero Oba-san commo ess posible… - Trataba de ordenar sus pensamientos la castaña de largas trenzas.

Antes de terminar/intentar hablar volteo su mirada hacia el chico y no pudo evitar sonrojarse. Este la miraba de forma muy insistente y con una radiante sonrisa, aquello incomodaba un poco Sakuno ya que no estaba acostumbrada a esa cantidad de atención. Por esto decidió dejarlo correr y hablar luego, en privado, con su abuela.

-Bueno ya que están claras las cosas, pueden retirase a su salón – Les indico el director – Sumire, quédese por favor para que veamos el papeleo del Joven Toyama-san.

Los menores y el profesor titular, que se había mantenido en absoluto silencio, salieron de la oficina del Director y se dirigieron al salón de clases.

Ryoma fue el primero en alzar la vista, discretamente claro, cuando ingresaron al salón los jóvenes y el profesor. Sakuno camino nerviosamente hacia su asiento, tan roja que le hacía competencia a un tomate; aquello no le gustó nada a nuestro príncipe. Kintaro se quedó adelante con el profesor esperando que le asignara un puesto.

-Bien, veamos, delante del puesto la Srta. Ryusaki hay un asiento libre, puedes acomodarte ahí – Le dijo el profesor a un pelirrojo que estaba en camino a su puesto – Después de todo pasaran mucho tiempo juntos y será bueno que estén sentados cerca – Finalizo, dejando con una gran interrogante al salón.

El príncipe tenía más sentimientos aparte de curiosidad; se sentía muy impaciente y ansioso. Necesitaba saber que estaba pasando pero ya no podía preguntarle a la castaña que estaba a su lado por lo que debía esperar.

Toyama tomo asiento en el lugar que le habían designado y el profesor dio por fin comienzo a su clase. En mitad de ésta, Kintaro se había girado un par de veces para entablar conversación con la castaña. Lo que había molestado al profesor, quien finalmente se rindió. Ya estaba advertido que el chico era muy hiperactivo.

-Ne, Sakuno-chan… - Inicio el dueño del tenis salvaje.

-¿Sakuno-chan?/¿Sakuno-chan? – Fue la exclamación mental de la pareja que se encontraba detrás del pelirrojo. Claro que una de las exclamaciones fue con sorpresa y la otra con un deje de recelo. Adivinen a quien correspondió cada una de las expresiones.

-Ne, ne, Saku-chan? – Insistió Toyama al verse ignorado por una absorta Sakuno.

Ryoma casi muere atorado por algo inexistente.

-Diimme Too-oyama-san – Comenzó la cobriza.

-Toyama-san? Jajajajaja – estallo en carcajadas – Puedes llamarme Kin-chan, no es necesario que seas tan formal ajajaja, después de todo vamos a vivir juntos – Remato el chico.

Ahora si Ryoma perdió la poca cordura que le quedaba, se levantó precipitadamente de su asiento llamando la atención de toda la clase.

-¿Sr. Echizen tiene alguna duda? – Cuestiono el profesor, un poco cansado de tanta interrupción.

-Practicas – Fue lo único que pronuncio y salió rápidamente del salón, con un tic en su ojo derecho que le era imposible calmar.

Hace un año que habían autorizado a los alumnos a retirarse antes de sus clases si sus prácticas así lo requerían. Por lo que los profesores ni se molestaban al respecto.

Sakuno pestañeo sorprendida por la actitud de Ryoma; ella sabía perfectamente que no tenía prácticas a estas horas. Miro al frente y se encontró con una alegre sonrisa, aquello provoco que una sincera sonrisa se posara sobre sus labios; ¡Lo del pelirrojo era contagioso!

En la azotea del edificio de Seigaku, se encontraba un ojiambar echando humos. Generalmente iba a ese lugar a dormir, pero en ese momento se encontraba demasiado molesto. No entendía nada, porque el chico mono viviría en la casa de Ryusaki; aquello era estúpido. Tendría que averiguarlo de alguna manera.

Ryoma sonrió pero aquello no se reflejó en su mirada; no era una sonrisa arrogante como acostumbraba, era una sonrisa melancólica. Sakuno lo había afectado a tal punto que a veces no se reconocía a sí mismo. Obviamente, para el resto del mundo él no había cambiado en nada; seguía siendo el frio y arrogante príncipe del tenis. Pero la verdad es que ahora tenía emociones en su interior que lo impulsaban a hacer cosas que para él antes eran impensadas.

Ryoma no volvió por el resto de la clase de Matemáticas y aquello preocupo a Sakuno; quizás le había sucedido algo. Aunque ahora no tenía el derecho de preguntar, ella lo seguía amando por lo que la inquietaba cualquier cosa que tuviera que ver con él.

-Ne, Saku-chan – menciono el pelirrojo haciendo volver a la tierra a la castaña.

-Dime Kintaro-kun – respondió con un poco más de confianza.

-Aún no puedo participar de las prácticas de tenis por los papeles de mi traslado – le conto el muchacho mientras caminaban a la cafetería – Por lo que me gustaría ir a conocer un poco la zona donde viviré, ¿tú podrías acompañarme? – termino con una gran sonrisa.

Aquello tomo por sorpresa a Sakuno, no estaba acostumbrada a andar por ahí sola con algún muchacho; salvo por Ryoma. Bueno, Toyama iba a vivir con ella y su abuela por seis meses, por lo que suponía estaba bien acompañarlo.

-Claro Kintaro-kun, no hay problema –

-Gracias Saku! – el chico estaba muy feliz, tanto que no se dio cuenta de lo que hacía.

Estrecho a la muchacha fuertemente contra su pecho, de una forma bastante comprometedora. Cualquiera que los viera pensaría que había algo más que una amistad entre ellos.

-Toyama-kun – llamo Sakuno mientras se separaba un poco sin romper el abrazo, coloco sus manos en su pecho para mantener la distancia y alzo la mirada.

Aquello no había sido buena idea. El mencionado inclino su cabeza en dirección a Sakuno, en el mismo momento que la chica alzaba la mirada. Ambos quedaron estáticos, sus rostros se encontraban muy cerca. Sakuno por unos segundos se perdió en la miraba de Kintaro, le llamaba la atención como podía ver a través de ella tanta honestidad e ingenuidad. El chico comenzó lentamente a acercarse, atraído sin darse cuenta. Sakuno se espantó ante aquello, no sabía cómo huir.

De un momento a otro, estaba lejos del pelirrojo. Había sido bruscamente alejada.

-Ryusaki – menciono fríamente el recién llegado – Ven conmigo.

Sakuno estaba muy nerviosa, Ryoma muy furioso. Seguro las cosas iban a acabar peor entre ellos. El príncipe caminaba rápidamente por el pasillo de Seigaku en dirección a la azotea.

-¿Qué demonios fue eso? – Pensaba Echizen – Si hubiera llegado 1 minuto después…

Por fin llego a su destino, ingreso a la azotea aun echando humos y sosteniendo fuertemente a la chica. Ni cuenta se había dado que estaba apretando con demasiada fuerza la muñeca de Sakuno.

Se giró enfrentado a la castaña y sin soltarla en ningún un momento. Lo que vio Sakuno la dejo helada; Ryoma la miraba con furia. Pero había algo más en su mirada… había dolor. Primera vez que había visto aquella expresión en los ojos de su príncipe. Se alarmo, que podría haber pasado para que tuviera aquella mirada tan poco común en él.

-Así que por eso rompiste – escupió el chico

Sakuno pestañeo confundida, al no entender a qué se refería Ryoma y él por supuesto que conocía esa mirada de la castaña.

-Te veías muy cómoda en los brazos de ese idiota – volvió a atacar – Ahora entiendo todo – continuo Ryoma entrecerrando sus ojos.

Ella lo miraba aun sin comprender, hasta que le cayó la teja. Ryoma hablaba de Kintaro y al parecer había mal entendido lo que había visto; bueno quizás la vista de Ryoma no estaba tan mal...

-Estas equivocado Echizen-san – replico la muchacha – Kintaro-kun es solo un compañero.

-Mpfh – fue el único sonido de parte de él, aludiendo a que no creía en sus palabras.

-Echizen no entiendo porque estamos hablando de esto ahora, nosotros ya no… - La frase quedó en el aire.

Ella no podía continuar hablando, pues un nudo se había formado en su garganta. Llevaba días ansiando poder hablar con su ex novio, pero no así, no quería eso.

-Echizen-san Echizen-san – remendó mordazmente Ryoma mientras se acercaba a Sakuno.

Aquello había provocado que ella retrocediera hasta que su espalda quedara pegada al muro junto a la puerta y con Ryoma invadiendo su espacio personal. A pesar de que la poca distancia entre ellos le gustaba demasiado, ella sabía que no estaba bien. El chico se veía muy ofuscado.

-Ryo... Echizen-san – se corrigió Sakuno – Suéltame, por favor…

-No quiero, mada mada dane Ryusaki – dijo el chico con una arrogante sonrisa.

Y antes que se diera cuenta estaba siendo besada salvajemente por él. Ella intento zafarse de aquello, pero no lo logro. Ryoma la tenía inmovilizada con su cuerpo y ni siquiera podía mover sus manos ya que eran fuertemente sujetadas por las de él.

Poco a poco, el beso pasó de ser salvaje a dulce y tierno; como los que compartían cuando aún eran novios, como el que se dieron la primera vez que Ryoma se atrevió a besarla. Sakuno cerró lentamente los ojos y dejo de luchar. El chico soltó sus muñecas y poso su mano derecha en la cintura de la chica atrayéndola aún más, mientras que su mano izquierda acaricio la mejilla contraria. Sakuno por su parte y presa de la necesidad que tenia de ese beso, coloco sus manos sobre el pecho de Ryoma. Se aferró fuertemente a la camisa del muchacho, como si no quisiera dejarlo ir jamás. Estaban llenos de ansiedad el uno por el otro, jamás habían compartido tal cercanía.

El aire comenzaba a escasear y empezaron a separarse lentamente, agitados con el corazón latiendo a gran velocidad. Sakuno estaba segura que a esa distancia Ryoma podría escuchar su alocado corazón y aquello la hacía sonrojar.

El chico apoyo su frente en la contraria y se quedó ahí, tranquilizando su respiración. Había querido probar esos labios desde hace tres malditas semanas y su memoria no le hacía justicia a lo que sentía cuando besaba a Sakuno.

Ambos abrieron los ojos lentamente para ver la mirada del otro. Los ojos de Sakuno brillaban, incluso se encontraban un poco acuosos. Los de Ryoma estaban llenos de tranquilada. Ya no había rastro de dolor en ellos.

-¿Por qué…? – Pronuncio ella con temor a romper el momento que estaban viviendo.

Con sus palabras, el muchacho se puso tenso. No quería responder aquella pregunta, su orgullo no se lo iba a permitir; no podía decirle que la extrañaba a tal punto que no había sido demasiado consciente de sus actos cuando la beso.

Ryoma rompió todo contacto físico que había entre ellos. Se alejó de ella y le dio la espalda. Sabía que si la veía a los ojos no podría decir lo que venía; sus sentimientos no se lo iban a permitir pero su orgullo le recordaba cada segundo que ella había terminado con él.

-Puedes irte Ryusaki… - Medio ordeno y pidió Ryoma.

Su voz se encontraba llena de indecisión pero Sakuno no noto aquello; abrió sus ojos sorprendida. Aquello le había dolido, le había dolido demasiado. La muchacha se encerró en su pesar y solo logro ver la actitud fría de Ryoma. Salió de ahí lo más rápido que sus lágrimas le permitieron; finalmente comprendió que él no la quería y solo jugaba con ella, había tomado la decisión correcta al terminar aquella relación unilateral.

CONTINUARA...


Gracias por sus comentarios! Los Voy a responder apenas pueda.

Espero que les haya gustado el nuevo capitulo. Gomen si hay algunas fallas ortograficas!

Nos leemos!