2. Siren's Song

—Vamos, cógelo. Cógelo...

¡Hola soy Lucy! —«¡bien!» pensó Meredy— ¡Y yo soy Loke! —«El maldito contestador...»— En este momento no estamos en casa, prueba suerte más... ¡Para, lo escucharán mis padres!

Terminó de oír las risotadas melosas de la pareja y colgó desesperada. Lucy era la única integrante de la revista con nociones dignas de una superheroína de la moda. A excepción de Jellal, quien conocía gran parte del panorama de ese mundillo gracias a sus investigaciones y —también— por lo cuidado que llevaba siempre su supuestamente casual aspecto. «Aunque si interrumpo la búsqueda de su primogénito, Erza es capaz de abandonar el lecho conyugal para usar mi cara de entrenamiento». Descartó por completo la opción de que su «prima» le demostrara por qué era campeona mundial de Taekondo y pensó en Levy. Aunque la peliazul le resultaba una opción poco viable, primero, porque ambas compartían la sencillez en el vestir; y en segundo lugar, porque últimamente Levy no dejaba de ausentarse con excusas cada vez menos creíbles.

Oteó el armario abierto de par en par y suspiró evitando a toda costa mirar la hora.

—¿Qué se supone que se pone una cuando no sabe dónde va, ni tiene gusto alguno? —reflexionó en voz alta.

—¡Holaaaaa! Ya estoy en casa.

Una bombillita se iluminó en su interior y se encaminó con paso ligero hacia el vestíbulo. Lo primero que divisó fue la larga cabellera verdosa anudada en una perfecta trenza. Freed dejó las cosas y le sonrió con un brillo de ilusión en la mirada.

—Bueno ¿qué? ¿La has conocido? —Meredy asintió. Él abrió los ojos anonadado, acosándola a preguntas, mientras la pelirrosa se fijaba en lo sedosas que parecían sus manos; lo cuidadas que tenía las uñas; lo mucho que brillaba su imberbe rostro; y la elegancia que irradiaba incluso vestido con prendas básicas. El escáner de la chica terminó por incomodarle— ¿Qué estás mirando?

—Sabes arreglarte —contestó absorta; él alzó una ceja divertido—. Quiero decir... Ultear pasará a buscarme dentro de poco y...

—¡¿QUÉ?! —Freed la sujetaba por los hombros— Una... ¿cita? —abrió la boca y meditó para sus adentros— Ahora entiendo tu tembleque de octogenaria... Madre mía es como ser espectador de una peli de bollis adorables. O mejor aun ¡estoy en la jodida premier!

—Nooo —resopló y chasqueó los dedos ante sus ojos buscando su atención—. Ha accedido al proyecto, bueno... lo ha ampliado, creo. Quiere que conozca a su círculo de amistades para incrementar las entrevistas y enriquecer la visión que buscamos trasmitir.

—¡Eso es genial! —exclamó jubiloso. De pronto, su gesto adquirió seriedad y entrelazó las manos a las de su amiga— Gracias. No sé cómo... yo...

—Tranquilo —lo abrazó—, sabes que haríamos cualquier cosa por ti. Crime Sorcière significa familia. Y hablando de parientes... Freed, no sé qué narices tengo que ponerme. ¿Me ayudas? —él asintió encantado— ¿Y a maquillarme?

—Mer que sea gay no significa que me pinte la cara. Nunca lo he hecho.

—Lo sé, no lo digo por eso —lo que menos deseaba es que su amigo se sintiera parte de un cliché—. Tú sabes combinar colores y entiendes de protocolos, yo soy un desastre para eso. Recuerda que en la carrera las presentaciones de los PowerPoint eran cosa de Lucy y tuya, si hubieran dependido de mí todavía estaríamos en primero. Soy una inepta para conjuntar y los niños de preescolar dibujan mejor que yo. Al menos tú tienes gracia y buen pulso —le hizo pucheros—. Por favoooooooooor.

—De acuerdoooo. Vamos, saca lo mejor de tu armario, mientras, iré a buscar las revistas de moda que Lucy siempre se deja por ahí.

Ya en su habitación, Meredy rebuscó entre los cajones viejos maquillajes que en alguna ocasión había comprado, sin embargo, no encontró más que un par de pintalabios de colores carmesí, un rímel reseco que tuvo que rellenar con gotas de aceite de oliva, un lápiz de ojos sin punta y alguna que otra sombra oscura. «Genial, ni siquiera sé si son míos o de cuando la habitación era de Lucy». Freed entró con un par de revistas orientadas al público femenino, en ambas se apreciaba un primer plano de la modelo alternativa del momento: la albina reivindicativa Mirajane Strauss. El peliverde le mostró ambas portadas.

—He pensado que para la noche es mejor un maquillaje oscuro y atrevido, así que me he decantado por estas dos. Además, me gustan los planteamientos de la señorita Strauss, la sigo en sus redes sociales y se implica mucho con los colectivos minoritarios. Así que dada la ocasión, me parece guay hacerte un maquillaje similar —desvió la mirada hacia los potingues sobre la cama—. ¿Solo tienes esto? —Meredy asintió; Freed frunció el ceño— Bueno, me las apañaré... Saca unos tacones y el vestido más largo y formal que tengas.

—¡¿Tacones?! Pero...

—Es rica y famosa. No creo que vayáis a un bar. Estaréis en alguna fiesta vip o algo así. Y de noche el protocolo es traje largo, si vas a codearte con famosos tienes que integrarte para que no desconfíen. Sí, ya lo sé. Es una estupidez de snobs...

Meredy accedió a regañadientes y sacó a la luz la indumentaria que había llevado para la boda de su primo. «Otra vez esos dichosos tacones» meditó angustiada. Para sorpresa del peliverde maquillar a otra persona le resultaba relajante y fue mucho más sencillo una vez dadas las primeras pinceladas. Como perfeccionista que era pintó, borró y repintó sobre Meredy cual lienzo virgen y no cesó en su labor hasta que el resultado se asemejó a la perfecta piel de Mirajane. Después, siguió los pasos de un tutorial de Youtube para recoger el cabello de la pelirrosada en un elegante recogido confiando en que el poder de la laca lo mantuviera intacto. Una vez finalizado, le mostró su nuevo rostro en el espejo.

Meredy se sobresaltó.

Cierto era que para la calidad del maquillaje el resultado era bastante óptimo. Aunque le costaba reconocer a la chica del otro lado del reflejo. Sus labios, ahora rojos como el fuego, habían ganado volumen; sus verdosos ojos de niña eterna eran sustituidos por una mirada felina remarcada por el rímel y sombra ahumada. Una vez lista, su pecho agitado se pegaba a la tela turquesa del vestido de corte griego que portaba.

—Es raro verme así.

—Pero ¿te gusta? —ella asintió e hizo el amago de besarle la mejilla. Freed se apartó y dio una palmaditas en la espalda de Mer— Mejor cuando vuelvas o el pintalabios se quedará en casa marcando mi cara —el sonido del timbre hizo saltar a los amigos—. Es la hora, Cenicienta —la besó en la frente y le guiñó un ojo—. No olvides volver más tarde de la medianoche.

Meredy se levantó nerviosa, cogió su bolso y bajó maldiciendo al idiota que inventó los tacones. Buscó con la mirada algún tipo de vehículo lujoso, mas la calle estaba vacía. Se inquietó, temiendo que todo formara parte de una broma pesada... hasta que oyó una risa mordaz.

—¿Vas a casarte o algo por el estilo?

La pelirrosa sintió arder sus mejillas. Ultear la esperaba en un costado de la acera sobre una Harley-Davidson. Llevaba el casco todavía colocado y otro entre sus manos, pero la reconoció al instante. Para bochorno de la joven, Ultear vestía unos vaqueros grises desgastados y rotos y lo que parecía un body negro escotado cubierto por una chaqueta de polipiel del mismo tono. Meredy enmudeció, sabía que debajo de ese casco la morena dibujaba una jocosa sonrisa mientras ella se moría de vergüenza. Para su sorpresa, Ultear se desprendió de su chaqueta y se la colocó a la pelirrosa sobre los hombros.

—Póntela. En moto siempre refresca.

—Y-y-yo... —titubeó Meredy.

—Tú pensabas que soy una ricachona sin alma que se codea de descerebrados en una sala inundada de cócteles y frivolidades —la joven palideció; Ultear rió más alto—. Suele pasar, no tiene importancia. Son tus pies los que van a sufrir esta noche. Vamos, sube conmigo.

La pelirrosa trató de buscar las palabras adecuadas para explicar el malentendido, sin embargo, la morena la intimidaba demasiado. Con torpeza subió en la moto y se colocó el casco, no montaba en una desde que era una infante curiosa que acompañaba a su padre a las carreras de motocicletas. Ultear agarró las manos de Meredy y las posó en su cintura.

—Agárrate bien, no voy a morderte —ladeó la cabeza, buscándola con la mirada—, aunque si me lo pides... quizá me lo piense —ante el rostro congestionado de la joven, Ultear rió—. ¡Es broma! —alzó la vista antes de arrancar oteando a un joven asomado en el balcón— ¿Ese chico es tu amigo Freed? —la morena se adelantó a su respuesta— ¡Ey Freed! ¿Te apuntas a la próxima?

—¿Y-yo? —miró hacia los lados desconcertado— ¡C-claro!

Ultear alzó su pulgar e hizo vibrar el suelo con el rugido del motor, Freed las observó marcharse desde el balcón con una lágrima de júbilo acariciando su rostro. Toda su vida se había esforzado por ser aceptado por su entorno, hasta que comprendió que una verdadera familia te acepta sin más.

•••

Llegaron a un edificio que Meredy identificó dentro del racionalismo arquitectónico de la primera postguerra gracias a un artículo que realizó en segundo de carrera sobre la arquitectura en el siglo XX. Constituido con la estructura geométrica típica de su estilo, podría haber sido un edificio como otro cualquiera; sin embargo, en la decoración externa infinidad de arcoíris cubrían su fachada. La casa era precedida por un pequeño jardín en cuyo centro se erigía una escultura vestida con una bandera LGTBI. La pelirrosa sonreía admirando la decoración del edificio, cuando Ultear se desprendió del casco dejando caer su extensa melena. Antes de entrar, la azabache se le aproximó hasta definir un reducido espacio entre ambas. Meredy tragó saliva, perdida en la oscura mirada de la mujer, cuya aura de misterio se incrementaba gracias al eyeliner. Los labios rojos de la azabache dibujaron una extraña mueca.

—No sueles maquillarte ¿verdad? Supongo que el artista es tu amigo.

—No... Es decir, sí. Freed me ha maquillado, era su primera vez, yo nunca lo hago. Tú... ¿si? —«¿qué gilipollez estoy preguntando?». Ultear alzó una ceja divertida.

—¿Insinuas qué las lesbianas no somos femeninas? —Meredy volvió a palidecer, y Ultear le golpeó el brazo con camaradería— ¡Estoy bromeando! Joder, empiezo a pensar que te aterrorizo. A tu amigo no se le da nada mal, aunque no son los colores que mejor te quedan. Y sé de alguien que ahí dentro sufrirá un infarto si te ve así —sacó un sobre de pañuelos del bolsillo del pantalón y las humedeció con el agua de una fuente del jardín—. ¿Me dejas?

—C-claro —titubeó Meredy, sin saber bien a qué accedía.

Ultear colocó sus fríos dedos sobre el pómulo izquierdo de la pelirrosa y con la otra mano dirigió el pañuelo para borrar con cuidado el carmín de sus labios. La distancia era tan corta que unos mechones azabaches se deslizaron sobre el escote de Meredy, el fino contacto provocó que bajo la chaqueta el vello se le erizara. Ensimismada, cerró los ojos, guiada por la placentera sensación de tranquilidad que le aportaba un gesto tan simple como dejarse desmaquillar.

—Para la próxima no es necesario que te cubras la cara si no te gusta. Nadie aquí va a juzgarte. Y si lo hacen, que les jodan. Aunque si te gusta, te presentaré a un amigo que te dará indicaciones sobre qué tipo de colores van con tu piel. Bien, sin el pintalabios no queda tan cargado. Aunque yo de ti no me pintaría los ojos tan oscuro, esos tonos apagan tu brillo natural. Tienes una mirada demasiado limpia y trasparente como para mancillarla.

—Gr-gracias —agachó la mirada avergonzada pero Ultear le alzó el mentón y fusionaron las miradas.

—Y cálmate. No soy un ogro, ni te enfrentarás a demonios esta noche. Al menos no con los que asustan a simple vista... Vamos, o nos perderemos la función.

Quiso preguntarle a qué se refería y en su lugar clavó sus pupilas en la noche eterna que simbolizaban los ojos de Ultear. La azabache le mantuvo la mirada por un instante con cierto interés, pero ante la mudez de la pelirrosa caminó hacia el interior del edificio seguida por la joven. Inconscientemente, Meredy posó su mano sobre su pecho, en el lugar donde el cabello de la azabache había reposado y percibió su pulso acelerado. «Estoy comportándome como una niña —reflexionó—. Respira hondo, Mer. Es una mujer de carne y hueso como tú. Compórtate con normalidad, sé natural y todo saldrá bien» No obstante, su meditación interna no palió las rápidas pulsaciones de su corazón.

Entraron sin ningún problema pues nadie custodiaba la puerta, el vestíbulo era un pasillo estrecho y alargado separado del interior de la casa por una gruesa cortina bermellón que a Meredy le recordó a los telones de los teatros. Desde fuera se escuchaba el murmullo de las conversaciones progresivamente apagadas por el aumento de la música instrumental. Ultear apresuró su paso y atravesó las cortinas, apartándolas a un lado para que Meredy pasara. La pelirrosa silbó impresionada, la sala era mucho más grande por dentro de lo que aparentaba por fuera. No sólo en anchura, sus techos eran altos y decorados por lámparas de formas vivas. El inmobiliario parecía sacado de rastros y restaurados por amateurs, hecho que dotaba al ambiente de un toque muy personal. La estancia se organizaba en diversas mesas redondas y asientos de variada tipología, muchos de los cuales iban acompañados por cojines coloridos. Las paredes estaban decoradas con fotos y extractos de revistas del día del Orgullo de años anteriores, así como pinturas que representaban todos los tipos de familia habidos y por haber. Lo que más llamó la atención de la chica fue que a pesar de ser un sitio amplio, había poco más de diez personas en su interior. Antes de que Ultear pudiera indicarle hacia dónde dirigirse la poca iluminación de la sala desapareció dejándolas a oscuras, la luz entonces se dirigió hacia un espacio que hasta entonces pasaba desapercibido.

Una larga y gruesa tela plateada cayó desde las alturas donde descendía, como quien nada tranquilamente sobre las aguas, una joven embutida en un un body rojo, encorsetado y bañado en purpurina. Su voz invadió el ambiente cuando abrió los labios para entonar una dulce y melancólica melodía. Enredó la tela en sus fuertes muslos, giró en bucles con elegante destreza mientras se dejaba caer con sutiliza, aproximándose cada vez más al suelo. Justo cuando se acercaba al límite de la tela frenó, miró al público, sonrió y les dedicó una reverencia seguida de aplausos. De una de las puntas del escenario surgió un joven ataviado con unas mallas doradas que iba montado sobre un triciclo realizando malabarismos, se posicionó hasta la altura de la joven, todavía en el aire. Ella bajó por completo y con la cabeza boca abajo se sujetó de los hombros del chico y agarró impulso para saltar con un giro acrobático y caer en el escenario. Ambos saludaron al público cogidos de la mano y fueron vitoreados. De pronto, un humo blanco los hizo desaparecer y en su lugar surgió una nueva figura vestida con un curioso traje dividido en dos mitades: una femenina; otra masculina.

—¡Damas y caballeros! Sean bienvenidos al espectáculo en primicia del Circo de Saberthooth —Meredy creyó que el presentador era una mujer hasta que escuchó su voz—. Ya habéis conocido la destreza y talentosa voz de nuestra acróbata: Minerva, El Súcubo Feroz; y la destreza de nuestro malabarista y trapecista: Sting De las Mil Luces. Guardad asiento porque sólo os han mostrado un pequeño bocado del banquete circense que os queda por saborear. Esta noche podréis disfrutar de la hermosa danza con aro de la bailarina: Yukino, La Maga de Nieve; el equilibrio en la cuerda floja del también trapecista: Rogue De la Sombra; las demostraciones de fuerza de nuestro Gran Forzudo Olga; las peripecias de nuestros pequeños contorsionistas de legendaria elasticidad gatuna: Los Niño Gato: Lector y Frosch. Y por último, pero no menos importante nuestro ilusionista El Rey de los Espejismos:¡Rufus!

—Será mejor que tomemos asiento ahora que no interrumpimos las actuaciones —mencionó Ultear en el oído de la pelirrosa. La morena la llevó hasta una mesa donde una castaña bebía cerveza acompañada por dos asientos solitarios—. Meredy, te presento a Cana —la aludida saludó alzando su botella—. Voy a ir a saludar al resto, volveré luego.

—¿Así que tú eres la famosa periodista? Ven —dio unos golpecitos a la silla de su lado—, siéntate a mi lado y cuéntamelo todo. No tengas miedo, no muerdo. Salvo si me lo pides —se dirigió a Ultear antes de que se marchara—. Por su cara diría que ya le has gastado esta broma, si que corres lobita —la morena le mostró el dedo corazón con una sonrisa burlona y se esfumó entre las mesas más cercanas al escenario—. ¿Quieres cerveza?

—No, gracias. No bebo alcohol, me he traído una botellita de agua. Eres... ¿Os conocéis desde hace tiempo? —la castaña alzó una ceja.

—¿Su novia? —arrancó a carcajadas— ¡Qué algún puto dios benevolente me libre de ello, joder! Somos amigas desde... ni me acuerdo. Y para ser honesta sí que tuvimos algo hace siglos, una gilipollez de juventud. En menos de una semana vimos que funcionamos mejor como amigas que como amantes. Demasiado distintas; demasiado parecidas —se arrimó más a su interlocutora con pícara sonrisa—. ¿Tanto te interesa la disponibilidad de Ulty?

—¡Nooooooo! —a punto estuvo de caerse del asiento— Y-y-yo no, y-y-yo... la entrevista...

—Ya, ya. Por eso tienes las pupilas dilatadas como si te hubieras metido las montañas de coca de Tony Montana en Scarface. Por no hablar del rubor en tus mejillas cual princesita de cuento y el temblor incesante de tus piernas. Y has venido hasta aquí ¿no has leído los artículos que hablan de las actividades que fomenta en sus antros de perversión nuestra amiga en común? Valiente corderito entrando en la boca del lobo...

—Bueno —desvió la atención por un instante hacia los trapecistas que realizaban proezas en el aire—, los medios buscan trasmitir una imagen peyorativa del colectivo. Pero, no veo ningún comportamiento insano ni personas incivilizadas aquí —Cana dibujó una amplia sonrisa.

—Ya entiendo por qué Ulty deposita su confianza en ti —el rubor de Mer se incrementó—. Aunque conociéndola, sé que no regresará a esta mesa hasta dentro de un buen rato. Supongo que estoy al cargo, jugaremos pues al ¿Quién es quién? —señaló hacia la chica que hablaba con Ultear— ¿Te suena de algo? —Meredy abrió la boca anonadada.

—¡Es Mirajane Strauss!

—¡Bingo! Y los «guardaesapaldas» que tiene a cada lado son su hermano y novio; también ha acudido con su hermana pequeña Lisanna y su pareja Natsumi, esas dos adolescentes de ahí. El rubio es Laxus, actor de teatro y cine de autor. Recientemente ha encarnado el papel de un chapero de los años noventa con sida en una película de cine independiente, veremos aquí el preestreno por si te interesa. Elfman es el único de la familia Strauss sin talento artístico, pero es un cachito de pan aunque cueste de creer con ese aspecto de gladiador destructor. Su prometida, sin embargo, es todo un icono para la moda. Es la que se sienta a su lado y visto que ni te inmutas doy por supuesto que no tienes ni pajolera idea de los referentes en las grandes pasarelas.

—La verdad es que no estoy muy al día con ese mundillo —confesó.

—Oh, pero aunque no reconozcas su extravagante presencia el nombre te sonará, te lo aseguro. ¿Has oído hablar de Los Ángeles de Evergreen's Secret?

—¡¿De verdad es ella?! —Meredy adoraba su tipo de lencería; además, la diseñadora solía escoger modelos con cuerpos más curvilíneos que rompían los rígidos cánones de las pasarelas. «Por eso Mirajane ha posado con sus productos tantas veces».

—Para ser más concisa no sólo está presente la propia diseñadora, también su modelo estrella desde hace cinco años. Es la de esa mesa, la albina que sobetea la espalda de su marido mientras observa a su hermana en el escenario. Su nombre es Sorano y últimamente ha sonado mucho en la prensa —«sí, lo cierto es que me suena»—. Pero no por su exitosa carrera como modelo y sus pinitos como diseñadora en su colección de tacones, sino por su pasado en el porno —Meredy escupió el agua que bebía de la botella que acababa de sacar de su bolso—. Pobrecilla... pero mejor que no te sobresaltes con facilidad que son muchas las cosas que vas a descubrir hoy. Yo te aconsejo que caigas en gracia a Sorano, el mundo del porno es un tema muy amplio a tratar para futuras entrevistas y la visión reivindicativa de vuestra revista nos vendría muy bien.

—¿«Nos»? ¿Acaso tú..? —la castaña rompió en sonoras carcajadas y Meredy temió que el joven equilibrista se desconcentrara y cayera al vacío.

—Creo que no nos han presentado debidamente. Soy Cana Alberona, una bastardilla reconocida de Gildarts Alberona, apodado Mástil de Hierro. Aunque las noticias han hablado de él como ex-actor porno enfermo y resentido después de abalanzarse sobre un ministro corrupto que fomentaba en clandestinidad la pornografía infantil. Claro que a los medios no les interesa hablar de la faceta inhumana de un político y es mucho más sencillo resaltar el pasado de mi padre, sin tener en cuenta que hace años que dejó la industria, limpió su organismo de adicciones y se involucró por completo en la asociación Pink Cross, que por si no la conoces fue fundada por una ex-actriz porno con el fin de dar apoyo psicológico, financiero y vigilar que nadie actúe bajo coacción. También luchan contra la trata de personas, en especial menores, y colabora para que los integrantes de la industria puedan abandonarla si lo desean.

«Y por supuesto, tampoco muestran que Sorano, conocida como Angellica, inició su carrera en el porno porque la cazaron cuando acababa de cumplir la mayoría de edad y estaba sola en el mundo con una hermana pequeña que dependía de ella; tampoco narran que cuando llegó a la casa donde tenía que rodar no tenía ni idea de su papel en la película y se vio coaccionada desde el primer segundo, luego sería todo dinero fácil que tuvo que aceptar en un período de crisis económica donde ningún trabajo aceptaría a una joven sin ninguna experiencia laboral y con una mocosa a su cargo. No obstante, los programas basura no dejan de aprovecharse de la fecha en las que estamos para recalcar que tanto mi padre como Sorano participaron en escenas de contenido homosexual, unos para defenderlo; otros para condenarlo. Pero todos para sacar provecho y banalizar la sexualidad.

«De igual modo que no dejan de resaltar los escándalos de ambos derivados de sus adicciones pasadas con la bebida, fármacos y drogas. Pero oye, no oigo a nadie mencionar que a mi padre lo sacaran a patadas del mundillo sin ofrecerle ningún tipo de ayuda cuando le diagnosticaron sida; tampoco nadie recuerda los rumores de intento de suicidio de Sorano tras participar en una película donde se especuló que habían violado a las actrices. Todo lo contrario, Gildarts es repudiado por la sociedad como si fuera un leproso; Sorano es llamada puta. No son víctimas de un negocio donde los han tratado como ganado, son demonizados y totales responsables de su destino —Meredy lagrimeaba desde hacia rato. Cana posó una mano con dulzura sobre la suya—. Soy seguidora de Crime Sorcière y me encanta vuestra dosis de verdad, así que si os animáis me encantaría que difundierais la verdadera historia tras las cámaras.

—Sabía que el porno tenía una gran vertiente oscura, pero lo que acabas de relatar es horrible. La industria sexual es una aberración.

—El problema es que la gente acaba quedándose con la idea de que el sexo en sí es una aberración. Y nada más lejos de la realidad. Es un acto totalmente natural que no debería censurarse. Lo malo de volverse un producto es que las personas pierden el control y autoridad de su propio cuerpo, eso por no hablar de la mierda de estereotipos y roles de género que establece y la visión del sexo que trasmite. Que luego los pobres críos pajilleros creen que una mujer se corre ochenta veces con cada embestida o que todas las lesbianas necesitamos de un pene para darnos placer. Pero siempre he pensado que podría haber alternativas, igual que en la prostitución. Si los individuos obtuvieran el control total sobre sí mismos y existiera una regulación real; si nos educaran desde pequeños a respetar y escuchar los deseos de la otra persona y potenciaran nuestra autoestima y valor personal, quizá se reducirían muchos de los problemas que el negocio sexual plantea. Pero por desgracia, siempre habrá capullos que quieran beneficiarse de la explotación de otros. Y a esos hay que cortarlos a trocitos.

—Debieron de pasarlo muy mal —murmuró.

—Es agua pasada. Mi padre renació gracias a la asociación, el problema es que ahora está a la espera del juicio por ser tan impulsivo. Y Sorano —miró hacia la pareja que aplaudía orgullosa a los artistas— es más feliz que nunca junto a su marido. Y él también, el idiota se pasó todo el instituto colado por la chica popular de clase. Tuvo que ser una alegría encontrarla en internet en sus noches solitarias, claro que después cuando supo la verdad no le hizo ni puta gracia.

—Que estén bien es lo importante y —cogió de las manos a la castaña— será todo un honor sacar a relucir los trapos sucios de la industria.

—Veo que ya os habéis vuelto muy íntimas —susurró la voz de Ultear a la altura del cuello de Meredy. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la pelirrosa sólo de saber que la tenía tan cerca.

—Noto cierta amargura en tu tono, Ulty ¿tienes celitos? —la azabache le dedicó una mueca y la ignoró.

—¿No vas a beber más que agua, Meredy?

—No me gusta el alcohol.

—No seas tonta, puedo prepararte un cóctel sin alcohol. Acompáñame y eliges lo que más te apetezca.

Cana las observó marcharse con una sonrisa ladina en los labios. Su amiga podría decir misa, pero era evidente que el interés que sentía por la pelirrosa era mayor del que quería aparentar. La conocía demasiado bien. Y debía admitir que Meredy tenía algo especial. «Será buena entrevistando —meditó la castaña—, tiene un don para hacer que la gente confíe en ella. Su rostro trasmite franqueza, es inteligente, empática y trasparente. Justo lo que le hace falta tras tantos desengaños amorosos. ¿Quién sabe? Puede que la bióloga marina haya vuelto a ejercer de casamentera». Rió en solitario brindando con su sombra, deseando que la pequeña periodista le devolviera un poco de la luz que antaño emanaba de los oscuros ojos de Ultear.

•••

Salieron de la estancia y entraron en otra habitación distinta. El habitáculo parecía fuera de lugar dentro de aquella enorme casa: parecía la parte sin alma del edificio, sin inmobiliario, paredes lisas y con una puerta en un lateral que daba a un pequeño almacén desde la cual sacó una mesa y un par de sillas plegables y, a continuación, arrastró hasta afuera unas cajas de plástico que Meredy supuso que contenían bebidas. La azabache la abrió y titubeó por un momento.

—¿Amargo o dulce?

—Mmmmm, supongo que algo intermedio —Ultear sonrió y Meredy sintió que la sala adquiría el alma que le faltaba a la estancia.

—Veo que eres de las mías, yo también me prepararé uno.

Entró dentro de la salita de provisiones y Meredy la siguió para ofrecerle ayuda. Era un espacio reducido cuya poca extensión se intensificaba debido a las estanterías que rodeaban los cuatro costados y la cantidad de cajas amontonadas. Al cruzar la puerta, la chica rozó sin querer uno de los extremos y empezaron a derrumbarse varias botellas de plástico que estuvieron a punto de golpearle la cabeza. Del susto pegó tal salto que ni se percató de que, irónicamente, había arrinconado a la gran Ultear Milkovich contra la pared. Fue entonces cuando descubrió que podía percibir las pulsaciones aceleradas del pecho de Ultear rozando el suyo. Se separó alterada y abochornada.

—P-p-perdón... ¿qué... —Ultear deslizó una mano por la mejilla de la chica, justo por debajo del ojo y la escrutó con mirada curiosa. Sus ojos descendieron hasta la boca entreabierta de la pelirrosada y, durante un segundo, Meredy creyó que iba a besarla.

—¿Has llorado? —la pregunta le desconcertó.

—S-sí. Cana, e-e-ella... me ha contado sobre Sorano y su p-padre.

—Qué tierna —«¿habla de mí o de Cana»?—. Tus ojos pasan de un verde bosque a verde prado cuando lloras. A mi abuela materna también se le aclaraban mucho cuando lloraba. Siempre me llamó la atención. Recuerdo que le preguntaba a mi madre la razón, ya que me moría de ganas de descubrir su truco y alterar el color de mis oscuros ojos. Mi madre me contó que eso sólo le pasaba a las personas que nacían con un gran corazón y que si te portabas bien con los años adquiriría el mismo poder —rió nostálgica—. Era un recurso astuto para controlar a una niña demasiado aventurera e inquieta. Mi abuela dijo que si alguna vez me cruzaba con alguien tocado por el don de la bondad no me apartara de su lado porque esa persona tenía el poder de hacerme feliz. Creía que ese rasgo murió con ella.

Una lágrima acarició el pulgar de Ultear, todavía posado sobre el rostro de Mer. Muda y conmocionada, la pelirrosa cerró los ojos y colocó su mano sobre la de la azabache. Podía percibir el sentimiento agridulce de la mujer, casi alcanzaba a vislumbrar sus recuerdos de la infancia como si también le pertenecieran y sin saber por qué, la abrazó. Ultear tampoco supo qué la empujó a arroparla entre sus brazos.

No pronunciaron ni una palabra, sólo canciones circenses y sus respiraciones acompañaban el abrupto silencio. No supieron el tiempo que permanecieron así, pero llegó un punto en el que la música cesó y originó un coro de aplausos. La función había terminado y junto a ella, aquel extraño momento de intimidad. Ultear se apartó desorientada, como si se liberara del canto de una sirena. A Meredy le quemaban las mejillas al igual que un día bajo el sol.

—Tenemos que volver, te presentaré a la gente de las entrevistas. ¿Todavía quieres algo de beber?

Meredy asintió animada, no recordaba cuándo fue la última vez que estaba tan sedienta; Ultear sacó unos vasos de plástico y vertió varios zumos y licores sin alcohol sobre la mesa; después se lo ofreció y bebieron en silencio. Ultear la contempló dubitativa con sus ojos profundos. La chica tenía algo especial que provocaba un cosquilleo en sus entrañas del que ya estaba poco acostumbrada. A penas la conocía, pero le trasmitía tranquilidad y paz. Sin embargo, no estaba en su mente encapricharse con una chiquilla de dulce sonrisa e ideales comunes. Su tiempo ya había pasado; ella era la Reina de Hielo que daba calor a los suyos, pero que no dejaba abrir su corazón en cuestiones amorosas. Los desengaños le habían instruido en el arte de ser precavida y, si bien oteaba bondad en la muchacha, también sabía que las separaba casi una década y las experiencias vividas y por vivir eran dispares. Tenía que poner distancia y adquirir un tono meramente profesional, ya en sueños la esculpiría en escultura como un recuerdo de lo que pudo ser. Pero, si tenía claro el siguiente paso ¿por qué no podía dejar de mirarla e imaginarse dibujando con sus dedos la silueta de su cuerpo? Cerró los ojos y engulló de un trago el contenido del vaso.

Para cuando los abrió, ya era demasiado tarde.

Meredy también había escuchado aquel traicionero canto de sirena y, embrujada, se había lanzado a los brazos de la azabache. Lo último que vio antes de cerrar los ojos fue el pálido verde de los iris de ella cerrándose a su vez, mientras se llenaba los temblorosos labios del carmín de la boca de Ultear.


N/A:

Aclaraciones:

El racionalismo arquitectónico es una corriente de arquitectura del siglo XX que hace casas rectangulares y cuadradas muy espaciosas en su interior y acompañadas de jardines externos y terrazas, en internet podía buscar imágenes. Aunque por dentro he definido el edificio como me ha apetecido xD

Scarface es una película basada en hechos reales que trata sobre uno de los grandes jefes de la droga, llamado éste Tony Montana.

¿Quién es quién? Es un juego de adivinar personajes; y Los Ángeles de Evergreen's Secret es una alusión a Los Ángeles de Victoria's Secret

Pink Cross es una asociación real formada por una ex-actriz porno cuya función es la misma que he descrito aquí. Estuve documentándome viendo varios documentales sobre el mundo del porno y la verdad es que lo pasé francamente mal y he querido trasmitir muchas de esas ideas aquí.

Si alguien más lo lee y hay algo que no entienda que me lo comente por MP o review, ya que esto es un regalo no tengo en cuenta que nadie más pueda leerlo, aunque mi adorable Darelis sí lo hizo y te lo agradezco por ello mi niña bonita 3

Si alguien más me lee, os recomiendo que leáis la novela original de Dana en Wattpad llamada La Guerra Infinita Es una jodida maravilla 3

Dana... al final he sabido dónde dejar exactamente el capítulo. He de decir que esto no iba a pasar exactamente en este momento, pero los personajes han hablado y han escogido este desarrollo xDDD Espero que no quede muy precipitado, de todos modos es un fic corto y van a pasar más cosas, así que xDD

Espero que te guste y no defraudarte 3

¡Gracias por leer!